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martes, 29 de noviembre de 2022

Hellraiser



 

La espera ha sido larga, muy larga, pero, finalmente, ya está aquí una de las cintas más esperadas de este 2022, año bastante prolijo en cuanto a lanzamientos tanto a nivel cinematográfico, como televisivo. La noticia era de esas que corren como la pólvora: una nueva versión de Hellraiser, clásico ya de culto que vio la luz allá por el año 1987, estaba por llegar, y además con un nuevo lavado de cara. Carne de polémica.
    
    Muchos fuimos los que, en un primer momento, esperábamos una nueva versión de la famosa novela de Clive Barker, piedra sobre la que está fundamentada el primer film, dirigido por el propio autor, pero cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que se trataría de un reboot, o lo que es lo mismo: un reinicio, aunque, eso sí, basado en los mismos conceptos. Pero antes de que este proyecto pudiese salir a flote, Barker estuvo inmerso en una interminable batalla por los derechos de la franquicia, y en el arduo intento de sacar a la luz otros proyectos inconclusos como una serie para HBO que terminó siendo cancelada (ignoro si el proyecto ha vuelto a retomarse). 

    La historia que nos presenta esta nueva versión, no tiene nada que ver con la novela original, aunque respeta su espíritu: Riley McKendry está en terapia debido a sus adicciones, pero no consigue remontar gracias a la mala influencia de su novio, Trevor, quien termina convenciéndola de robar en un almacén, donde se encuentran objetos de incalculable valor. Para su sorpresa, dan con una antigua reliquia, íntimamente relacionada con el excéntrico millonario Roland Voight. Estamos hablando, cómo no, de la famosa Configuración del lamento o Caja de Lemarchand. 

    El primer e interesante cambio, radica en la figura de los Cenobitas, verdaderos protagonistas de esta historia. La imagen de Pinhead, también conocido como Sacerdote del infierno, se acerca bastante a la original figura andrógina, descrita por Barker en su novela. Incluso la voz comparte similitudes con tono femenino que figura en el libro. En esta ocasión, las vestimentas de látex desaparecen, para dar paso a unos diseños más orgánicos con malformaciones, cortes y desfiguraciones varias pero, eso sí, más sofisticados que los diseños de antaño. La alargada sombra de Doug Bradley, nuestro Pinhead predilecto, no impide que el trabajo de Jamie Clayton (Sense 8, The Neon demon) en la piel nuevo y sibilino sacerdote, pueda ser valorado como se merece. Igualmente, cabe destacar lo acertado del casting a la hora de representar al resto de tan siniestras figuras, haciendo especial hincapié en el nuevo diseño de Chatterer, con un impresionante Jason Liles tras la máscara.

    El director David Bruckner (El ritual, The Night House), mantiene un más que correcto pulso narrativo, en este sentido se nota su experiencia y superioridad por encima de la de Barker, algo caótica debido a su condición de director amateur. Muy acertado, también, el guion de David S. Goyer aunque, por sacarle un pero, sí que es cierto que anda algo cojo en cuanto a sangre, a pesar de lo estelar de la última escena. En el aspecto visual, no se le puede poner pega alguna, pues la fotografía de Eli Born es tan preciosista como destacable. Otro punto a tener en cuenta es la excelente banda sonora de Ben Lovett que, ¡oh sorpresa! sigue manteniendo la partitura de la pieza original, compuesta por el gran Christopher Young. Para rematar, tenemos un reparto más que solvente, encabezado por Odessa A´zion (Nashville, Grand Army) en el papel protagonista, así como el aliciente de sus magníficos efectos visuales.

    El estreno mundial de Hellraiser se llevó a cabo el pasado 28 de septiembre en el Fantastic Fest de Austin, poco antes de su estreno, el 4 de octubre, a través de la plataforma Hulu, con gran éxito. No es para menos, puesto que se trata de un reinicio excelente y, podría decir incluso, la mejor entrega desde Hellbound, el único título decente antes de que la saga cayese en un pozo de mediocridad bastante profundo. 






NIEVES G. BRIONES




domingo, 1 de mayo de 2022

La pata de mono: una broma macabra

 

Imagen sujeta a derechos de autor



Aunque pueda parecer lo contrario, hoy no o, no vengo a hablar expresamente de literatura, mi intención es analizar el fondo de una de las obras más brillantes, arquetípicas y simbólicas de los últimos tiempos. Se trata, como no podía ser de otra manera, de La pata del mono, el famoso relato escrito en el año 1902 por el humorista inglés William Wymark Jacobs. Resulta paradójico, y a la vez una rareza, que precisamente sea Jacobs, autor reconocido entre los más brillantes humoristas, quien escribiese uno de los mejores cuentos de terror de la historia de la literatura. La obra de Jacobs está plagada de personales viles y marginales, como ladrones o chantajistas. También es sobradamente conocida su propensión a ridiculizar el miedo a lo sobrenatural al igual que los fenómenos de esta índole. Como no podía ser menos, aquí sucede lo mismo. Para explicarlo, es bueno que recordemos la sinopsis y algunos pasajes de esta magnífica obra:

    Los protagonistas, la familia White, compuesta por el señor y la señora White y su hijo, tienen una vida feliz hasta que, una noche, reciben la visita de un militar: el sargento mayor Morris, gran amigo del señor White. La familia al completo se reúne con Morris en el salón y este comienza a hablar de sus viajes y aventuras. Uno de esos viajes fue a la India y Morris, ciertamente incómodo, saca una pata de mono disecada. Recordemos la escena en a que el sargento y la familia hablan del talismán:


    -A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular -dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.

    La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.

    -¿Y qué tiene de extraordinario? -preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.

    -Un viejo faquir le dio poderes mágicos -dijo el sargento mayor-. Un hombre muy santo… Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.

    Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.

    -Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? -preguntó Herbert White.

    El sargento lo miró con tolerancia.

    -Las he pedido -dijo, y su rostro curtido palideció.

    -¿Realmente se cumplieron los tres deseos? -preguntó la señora White.

    -Se cumplieron -dijo el sargento.

    -¿Y nadie más pidió? -insistió la señora.

    -Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.

    Habló con tanta gravedad que produjo silencio.

    -Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán -dijo, finalmente, el señor White-. ¿Para qué lo guarda?

    El sargento sacudió la cabeza:

    -Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.

    -Y si a usted le concedieran tres deseos más -dijo el señor White-, ¿los pediría?

    -No sé -contestó el otro-. No sé.

    Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.



    Desde el mismo momento en que el señor White decide conservar la pata de mono, la desgracia se cierne sobre la familia. Cierto es que el talismán concede los tres deseos, pero a un precio muy alto. 

    Tras el primer deseo de White: la cantidad de 200 libras, la familia recibe una terrible noticia: su hijo, Herbert, muere en un accidente laboral y se les entrega tal cantidad a condición de eludir la responsabilidad de su muerte. 

    Tras noches de remordimiento, la señora White decide, en estado de locura, pedir el segundo deseo: la resurrección de su hijo muerto. Amedrentado por la esposa, el marido decide hacer caso. Y aquí es donde comienza una de las escenas más emblemáticas y angustiosas de la literatura de género: ese momento en el que la esperanzada señora White anhela la llegada de su hijo mientras el aterrorizado marido se arrepiente de haber deseado la resurrección de un monstruoso cadáver.

    Si nos fijamos, por un lado la obra analiza el fenómeno del subconsciente. Y lo hace del modo que hemos visto anteriormente, barajando la posibilidad de que una historia fantástica y supersticiosa hubiera podido crear un condicionante que pudiese desencadenar los trágicos sucesos. Por otro, utiliza símbolos que logran que su resultado esté sujeto a interpretaciones. Su título, La pata del mono, es ya de por sí revelador. 

    Tenemos una mano abierta que bien podría relacionarse con el símbolo Jamsa, si nos remontamos a la antigüedad este símbolo ha estado vinculado con el poder desde diferentes épocas históricas. Se identificaba con La mano de Dios, recordemos que es también conocido como mano de Fátima y que la religión judía y la musulmana lo utilizaban a modo de protección. Para los Cartagineses era un amuleto. Pero, ¿por qué un mono? La elección de este símbolo está sujeta a varias interpretaciones, una de ella podría ser el significado espiritual de esta especie. Es un símbolo ambivalente, que tiene un significado de bondad, de valentía e incluso de protección, pero también alude a la falta de prudencia y la tendencia a actuar de forma irresponsable. Evidentemente, aquí se está poniendo de manifiesto la dualidad humana y el influjo negativo que ejerce el poder sobre un carácter benévolo


Jamsa




    Si recordamos el origen del amuleto, Morris alude a un viaje a la India, recordemos que en la mitología hinduista, Jánuman es un dios mono adorado no solo en la India, sino en más rincones de Asia. Si examinamos diferentes libros especializados en antropología o religión, podremos encontrar la leyenda de la sirvienta del dios Brijaspati, condenada a ser transformada en mona. Supuestamente, el dios Shiva se habría reencarnado en el vientre de esta sirvienta con la forma de un mono. Los monos saltarines o Langures son una de las especies sagradas de la India, y es bien sabido que campan a sus anchas por diferentes ciudades convertidos en un divertimento y, en ocasiones, amenaza. Una vez analizado el carácter simbólico de la obra, podemos sacar la conclusión de que su título es sinónimo de poder, de fuerza, de generosidad, así como también lo es de irresponsabilidad e irracionalidad.


Mono Langur gris


     Para finalizar ya este análisis, viene bien recordar el pasaje final de este angustioso drama, un pasaje sujeto a libre interpretación, pues por un lado puede tomarse como escena sobrenatural ligada a un significado de corte fantástico y esotérico mientras que, por otro, cabe la posibilidad de que sentimientos como la culpabilidad o el miedo sean los que hayan conducido a unos dolidos padres a la locura. Este último pasaje corresponde al momento en que el aterrorizado señor White decide pedir al talismán el tercer y último deseo. Un talismán destrozado y maldito por causa de la ambición humana. Sin duda, uno de los finales más terroríficos que jamás han existido.


NIEVES





sábado, 25 de diciembre de 2021

Mi princesa

 




¡Han llegado por fin las navidades! Esas épocas mágicas, familiares, y, sobre todo, esas épocas tan disfrutables para los más pequeños de la casa. Y precisamente para ellos es que va dedicada esta entrada. Hace ya algún tiempo, no sé si lo recordaréis, os traje un cuento de cosecha propia que escribí con motivo de la invitación de Toni López a su espacio radiofónico, espacio que hoy día se ha convertido también en mi casa. La princesa y el demonio, que así se llamaba el cuento en cuestión, es una historia con una envoltura infantil pero aderezada con tintes muy oscuros. Hace ya unos meses tuve que desarrollar un proyecto de cuento motor, y con esa escusa hice una nueva versión de este relato, mucho más infantil y con instrucciones para que pudiera ser interpretado por los pequeños. Hoy os traigo aquí esta versión, por si os apetece llevar a cabo este divertido juego con vuestros hijos, leerlo o, simplemente, escucharlo en la maravillosa voz de Toni López (al final del texto os he dejado el enlace de escucha). Espero que disfrutéis de esta pequeña creación y, sobre todo, deseo de corazón que tengáis unas cálidas fiestas familiares. Con todo mi cariño. 





Era como un bello y exótico pajarito. Un pajarito encarcelado en una jaula de oro llena de caprichos y maravillas procedentes de todas partes del mundo. La hermosa princesita lloraba sabiéndose esclava, sintiéndose sola. (Aquí el educador o educadora pregunta: ¿cómo lloraba la princesita? Y los niños deben imitar el llanto)

 Los amaneceres le regalaban la luz de un sol radiante y cálido que proyectaba sus rayos a través de la ventana de piedra. Cada vez que abría los ojos contemplaba la belleza de su cuarto. Lo primero que veía era el hermoso tocador donde, día a día, peinaba su abundante melena (aquí se pregunta: ¿cómo se peinaba la princesita? Y los niños imitan la acción de peinar). En la mesita reposaban horquillas doradas, un peine de cristal con forma cuadrada y un montón de collares de plata y otras joyas preciosas. Lo primero que hacía al despertar era vestirse con un precioso vestido de seda y tratar de abandonar la tristeza cantando una hermosa canción. (Aquí: ¿cómo cantaba la princesita?: y los niños tararearán).

  No recordaba cuánto tiempo llevaba encerrada en aquel torreón, solo sabía que cada vez que miraba por la ventana el alma le dolía al comprobar la terrible distancia que la separaba de la verde hierba. Le gustaba escuchar el canto de los pajaritos (¿Cómo cantaban los pajaritos? Y los niños imitan el canto de los pajaritos).

  Muchos fueron los príncipes que acudieron con intención de rescatarla, pero la suerte de todos ellos era la misma: ¡una terrible y feroz bestia alada abría sus tremebundas fauces y se los tragaba enteritos! (¿Cómo rugía la bestia? Los niños imitan el rugido).

  ¿Qué era esa terrible criatura que la privaba de libertad?

  Tuvo que esperar mucho pero, un día, por fin comprendió los planes que les tenía reservado el destino. Una luna llena de color fuego se recortaba en el cielo oscuro. La noche estaba iluminada por millones de estrellas que parecían brillantes y lejanas luciérnagas. Los grillos cantaban con insistencia: “Cri, cri, cri”. (¿Cómo cantaban los grillos? Los niños deben imitar el sonido). Se asustó y notó cómo se le aceleraba el corazón. Escuchó un ruido fuerte y lejano, como el sonido de unos tambores: “Pum, pum, pum”. (¿Cómo era el ruido? Los niños deben imitar el sonido de los tambores) seguido de un coro de cantarinas voces (Los niños deben emitir cánticos).

  Corrió hacia la ventana con el rostro lleno de lágrimas. La visión que tuvo fue hermosa: los planetas se alineaban en círculo, formando una curiosa mezcla de colores. Las estrellas bailaban entre hermosos destellos.

  Una brisa cálida acarició su rostro. Contempló una enorme sombra recortada en la oscuridad. La sombra emitió un tremendo bramido. (Los niños emiten un bramido). Entonces la sombra dejó de ser sombra y se presentó ante ella una criatura enorme en cuyo lomo podían verse dos alas de gran tamaño. El ser le tomó la mano y, curiosamente, ella no tuvo miedo. Después la condujo en brazos hasta su tocador. Sus pasos hacían “pom, pom” (Los niños imitan el gesto de andar y hacen ruido con sus pies).

  La princesita se miró en el espejo; su rostro se había vuelto afilado y su piel era casi transparente. Descubrió el brillo de sus pupilas amarillentas y alargadas. A pesar de todo, se sentía hermosa. La criatura resopló en el oído de la niña (los niños imitan el sonido del soplido) y pudo escuchar su voz grave:

  —Sé libre. Ahora conoces la verdad que se esconde dentro de ti.

  Siguió el ritmo de los tambores: “Pom, pom, pom” (los niños imitan el sonido) y corrió hacia la luz. Sus alas se desplegaron: “¡Plaf!” (imitan el sonido de las alas y el gesto al desplegarlas) como dos gigantescas velas púrpuras y la convirtieron en una lejana estrella.


NIEVES.



VERSIÓN AUDIORELATO. VOZ: TONI LÓPEZ







sábado, 11 de diciembre de 2021

Moby Dick: de mares y venganzas

 





Llega el fin de semana y, como siempre, llega una nueva entrada. Hoy os traigo literatura y cine con mayúsculas, hoy os hablo de una de mis obsesiones: Moby Dick, una de las obras más completas jamás escritas que, a su vez, cuenta con una de las adaptaciones cinematográficas más épicas de todos los tiempos. ¿El por qué de mi obsesión? Motivos desde luego tengo, y os los explico en el siguiente artículo. Espero que disfrutéis de esta entrada tanto como yo con su escritura.



Si existe una novela que, por decirlo de algún modo, predijo el destino que su autor, sin duda esa es Moby Dick. Todo, absolutamente todo en ella es sobrecogedor, desalentador y terrorífico. Todo en ella es exceso, quizá por eso se ha convertido para muchos en una de las obras más farragosas de leer a lo largo de la historia. Escrita por Herman Mellville en el año 1849, y creada a través de las experiencias del autor durante un largo viaje a Europa, supuso para el autor un claro fracaso además de su descrédito literario. Las páginas de Moby Dick están compuestas por una temática diversa que va desde la ciencia hasta la política, pasando por la venganza e incluso la religión. Toda esta amalgama de cuestiones pudo ser, fácilmente, la culpable de su estrepitoso fracaso. Acuciado por las deudas, Melville hubo de vender la granja donde vivía en una pequeña localidad de Massachussets. Granja que, por cierto, se encontraba a pocos metros de la residencia de otro grande la literatura universal: el autor Nathaniel Hawthorne, con quien el escritor compartió una gran amistad. Tras la venta del terreno se trasladó a Nueva York, donde malvivió gracias al empleo de inspector de aduanas. Su final fue triste, llegó en el año 1891, tras arrastrar varios problemas físicos y psíquicos llegados a causa del suicidio de uno de sus hijos. Paradójicamente, incluso su nombre fue escrito de forma errónea en la tumba donde descansa junto a su esposa. Su legado es extenso y gracias a sus fans, actualmente es considerado como uno de los más valiosos dentro del ámbito literario.


Herman Melville. Imagen sujeta a derechos
de autor.




  Pero si hubo algo que transformó la travesía del ballenero Pequod en un hecho mítico, sin duda fue la versión cinematográfica llevada a cabo por el aclamado director John Huston en el año 1956. Cabe recordar que ya existían versiones anteriores. La primera de ellas, muda, del año 1926 titulada The sea beast





  A esta seguiría otra del año 1930 con el mismo título. Sin embargo, ninguna de ellas contaría con el profundo calado de la obra de Huston, que además de director fue productor ejecutivo de su propio film. Esto fue lo que le dio la libertad para trabajar el guion junto a otro de los más grandes autores contemporáneos: Ray Bradbury, quien leyó el libro ocho o nueve veces antes de completar este guion. Como apunte curioso, cabe añadir que los escenarios elegidos para su rodaje fueron la bahía de Las palmas de Gran canaria y la playa de Las Canteras. La elección del reparto para dar vida a la tripulación del Pequod pasará a los anales de la historia como una de las más acertadas: Como bien es sabido, en el papel protagonista, el obsesionado capitán Ahab, cuya pierna ortopédica estaba construida con la mandíbula de un cachalote, tenemos al gran Gregory Peck, convertido ya en un icono a pesar de ser considerado por muchos como un actor de registro limitado. Richard Basehart adquirió el rol de Ismael, el marino mercante que narra esta historia. El resto del multicultural cónclave, como los arponeros Quequeg, Tasthego y Daggoo, amén de Starbuck, Stubb o Peleg, llegaron encarnados por Friedrich Von Ledebur, Tom Clegg, Eric Connor, Leo genn, Harry Andrews, y Mervyn Johns entre otras muchas estrellas del momento. 





  Evidentemente, si nos fijamos en el interminable simbolismo de esta novela, acertaremos al comprender que el ballenero, cuyos pescantes están conformados por huesos de estos cetáceos, representa el género humano en el amplio sentido de la palabra. Sin embargo, esto no fue un problema a la hora de plasmar el espíritu de la obra en la gran pantalla. Sí lo fueron otras cuestiones, como la poca popularidad del argumento, las críticas al actor principal, catalogado como un Ahab demasiado joven, su altísimo presupuesto para la época, y un guion que toma un carácter más épico para alejarse de la carga filosófica de la obra. Su director, John Huston, hizo unas declaraciones al respecto:

  Se ha discutido demasiado sobre el sentido último de Moby Dick, al que se prefiere considerar como un libro secreto, enigmático. Pero en lo que a mí concierne se trata, negro sobre blanco, de una gran blasfemia. Ahab es el hombre que ha comprendido la impostura de Dios, ese destructor del hombre, y su búsqueda no tiende más que a afrontarle cara a cara, bajo la forma de Moby Dick, para arrancarle la máscara. (...) La película era una blasfemia extraordinaria. No creo que ningún crítico escribiera la palabra blasfemia, pero, no obstante, es el tema central del filme. (...) Esta película representa sencillamente la más importante declaración de principios que yo haya hecho nunca. Es más, diré que Moby Dick es mi película más importante. Melville se distingue por la afirmación de una filosofía que no tiene igual en ninguna otra narrativa. Moby Dick es una blasfemia. Estoy estupefacto de que nadie haya protestado. Pero la blasfemia es tan esencial en el relato que es preciso aceptarlo forzosamente. Ahab es el hombre que odia a Dios y que ve en la ballena blanca la máscara pérfida del Creador. Considera al Creador como un asesino y se encuentra en la obligación de matarle.


  Y lo cierto es que esta idea provocó que la censura no tuviese piedad. Recordemos ese famoso pasaje del libro en el cual Ahab, a punto de usar el arpón, pronuncia una formula contraria al bautismo: Ego non baptizo te en nomine Patris, sed in nomine diaboli. Es decir, Yo te bautizo no en el nombre del padre, sino del diablo. Evidentemente, este contrasentido era intolerable en la época, por lo que no apareció en la película. Igualmente, el hilo argumental se centró más en la obsesión del viejo lobo de mar que en otras cuestiones más ideológicas o biológicas. También ciertas escenas de corte sangriento que aparecían en la novela, no lograron pasar la criba.

  Sin embargo no hay nada, absolutamente nada que impida que esta superproducción se haya convertido en una epopeya inolvidable, firmada por el espíritu del mejor Huston, que ganó el Oscar a mejor director, impregnada por la gélida y desoladora atmósfera del gran fotógrafo Oswald Morris y llena de sentimientos que logran que el espectador se deje llevar por la ira,  el dolor y la obsesión de su protagonista. Una joya épica repleta de momentos dignos de gloria.




NIEVES.




sábado, 23 de octubre de 2021

Forever




Me dispongo a redactar esta entrada a medio camino entre la estupefacción y el enfado conmigo misma. Estupefacción porque, quién me iba a decir a mí que fruto del aburrimiento, iba a ser capaz de encontrar una serie tan original, divertida, bien escrita y llena de interrogantes que encajan con mi modelo de lo que es un entretenimiento profundo y, al mismo tiempo, adictivo. Enfado porque, me pregunto, cómo es posible que no hubiese reparado antes en esta particular maravilla que, por cierto, no es una novedad, sino que fue presentada en el año 2018 (y yo sin darme cuenta...) 

    Me lancé a degustar Forever, como os digo, fruto de la mera casualidad. Acababa de terminar unos trabajos de madrugada, y buscaba algo ligero y de corta duración. Tras bucear entre el amplio y bien surtido menú de las plataformas Streaming, reparé en la corta duración de los episodios de Forever, no más de media hora, ¡era una opción perfecta! y decidí darle una oportunidad. No me arrepiento en absoluto. 

    Antes de empezar con mi apreciación os diré que no voy a contar demasiado, si todavía no la conocéis es mejor que la veáis sin saber absolutamente nada. Encabezada por un maravilloso reparto, nos encontramos de bruces con sus protagonistas: Oscar (Fred Armisen) y June Hoffman (Maya Rudolf). Se trata de un matrimonio con 10 años a sus espaldas, encerrado en una rutina anodina que para June resulta cada vez más insoportable, aunque enseguida nos damos cuenta de que Oscar no tiene el mismo carácter. Pero, de forma inesperada, sucede una terrible tragedia durante las vacaciones de nuestros protagonistas, y Oscar fallece en un desafortunado accidente. Y aquí es cuando nos encontramos con el factor sorpresa, que empieza con una June destrozada y perdida, en pos de encaminar su nueva vida. Hasta aquí puedo leer, y os he contado demasiado...

    Al timón de esta producción llena de giros ingeniosos y sorpresivos, tenemos a Alan Yang, cocreador de Master of none, trabajando mano a mano junto a Matt Hubbard (Parks and recreations). Para haceros salivar un poco y animaros a que os decantéis por su visionado, os diré que se trata de una "falsa comedia" que a un mismo tiempo transmite incomodidad y paz en determinados momentos. Sí, os estoy hablando de una producción extraña en la que el espectador avanza capítulo tras capítulo sin saber qué carajos (con perdón) se va a encontrar. Una trama existencial, llena de maravillosos diálogos, momentos de lucidez, aún a pesar de sus incursiones dentro del fantástico, y unas actuaciones infartantes, terminan de cerrar este círculo perfecto, capaz de seducir a cualquier amante de lo aparentemente sencillo, pero trascendental. 

    Todo esto en tan solo 8 episodios de 30 minutos cada uno. Podéis disfrutar de ella a través de la plataforma Amazon prime vídeo, os aseguro que el tiempo se os pasará volando. ¡Venga, dadle una oportunidad!



NIEVES.



viernes, 17 de septiembre de 2021

Silvina Ocampo o el terror más cotidiano

 



Son muchos los cuentos y novelas que he podido leer en los cuales la inquina, el dolor la envidia u otros sentimientos negativos han conducido a sus protagonistas a situaciones extremas e incluso terroríficas. Sin embargo, si existe un relato que refleja como pocos, un sentimiento irracional, sin duda es este Radamanthos, un excelente cuento corto de la escritora y poeta argentina Silvina Ocampo. La menor de las seis hermanas Ocampo, familia perteneciente a la aristocracia argentina, ha pasado por méritos propios a ser considerada como una de las grandes figuras de la literatura argentina, a pesar de que su figura fue injustamente relegada por la de su hermana, Victoria Ocampo, una también reconocida intelectual. Premio municipal de literatura en el año 1954 y nacional de poesía en el 62, destacó por una imaginación inigualable, mordaz y surrealista. Precisamente, si hay algo que la marcó profundamente fue el surrealismo, ya que antes de comenzar sus andanzas literarias, Silvina estudió dibujo en París donde conoció a dos de los principales precursores del movimiento surrealista: Fernand Léger y Giorgio de Chirico. Los temas más recurrentes a lo largo de su obra son la infancia, el autoconocimiento o la transformación de sus personajes en otros personajes o incluso en objetos. Tal ha sido la influencia de esta autora en el ámbito artístico que existen varias películas y telefilmes, la más reciente de 2017, titulada Los que aman odian, dirigida por Alejandro Maci.

  Tras haber repasado de forma necesaria la trayectoria y características de la obra de Silvina, me referiré a una obra que me encandila especialmente, Radamanthos, un relato donde lo absurdo e irracional toma forma en una resolución patética e inesperada. ¿Quién podría escribir cartas de amor para emponzoñar la memoria de una muerta? ¿Quién podría sentir envidia por una muerta o, mejor, por el recuerdo de una muerta? La protagonista, Virginia, podría ser perfectamente la propia narradora de esta historia, ya que el narrador o narradora cuenta con la presencia de este personaje en la mayor parte del relato. Es por eso que podemos pensar que se trata de un análisis interno de la propia Virginia. Tal vez, lo que más nos desvele los motivos de la insana relación entre la protagonista y la difunta es el propio título de la historia: Radamanthos, en alusión a Radamantis, hijo de Zeus y Europa y hermano de Minos y Sarpedón. 

  Radamantis fue Rey de Creta antes que Minos y llegó a ser un monarca querido y admirado. Es por eso que Minos lo expulsó, lleno de celos. Fue Virgilio quien habló por primera vez de Radamantis como juez de las sombras. La vengadora Tisífone sería la encarga de azotar a los culpados por este. En ambos casos advertimos un sentimiento de revancha, aunque no conocemos el motivo. Mediante expresiones como : Yo he sufrido tanto, soy pura, no me he suicidado y nadie vela por mí, lo vemos mucho más claro. Se trata de la historia de una rivalidad posiblemente de clases, ya que ciertos detalles revelan la posición social de Virginia y de la difunta, aunque sin duda existen otras rencillas abiertas de las que jamás tendremos conocimiento.

  Como podéis ver, el terror que encontraréis en los cuentos de Silvina no es un terror hacia lo desconocido, sino a todo lo que nos rodea. Sin duda, os recomendaría también que leyeseis La casa de azúcar, El mal, La red o la sorpresiva Los funámbulos.

  Si todavía no la conocéis, os dejo aquí en forma de audiorelato su cuento titulado Los funámbulos, en la voz de una servidora. Disfrutad.





viernes, 13 de agosto de 2021

Crónicas marcianas, o crónicas de una humanidad imperfecta







Con la llegada del verano, las vacaciones de los colaboradores y un sinfín de pormenores más, me veo obligada a desarrollar más contenido propio y rescatar antiguos textos del cajón. Lo importante es no parar. hace algún tiempo, os preparé un especial sobre el gran autor Ray Bradbury para el programa Informe Enigma, y hoy publico aquí una revisión del contenido que desarollé para este especial. No os perdáis el enlace del final, si sois fans del formato audiorelato. 



Crónicas marcianas es una antología publicada en el año 1950 y considerada uno de los mejores libros del autor. El común denominador de todas estas historias es el mismo: La conquista de Marte por parte de los humanos.

  El primer relato que la compone se titula El verano del cohete que, a su vez, pertenece al apartado titulado Las cuatro expediciones. La primera vez que El verano del cohete vio la luz fue en el año 1947 en la revista Planet Stories. Se trata, como veis, de la poética historia de un invierno que se convierte en verano debido a la temperatura extrema que emite el cohete al despegar. El cuento actúa como prólogo para el resto de historias que están por llegar, como, por ejemplo, Ylla, una de las que más me apasionan, publicada por vez primera en el año 1950 en Maclean´s. Ylla, es la historia de una marciana que sueña con la llegada de la primera expedición al planeta. Su celoso marido tramará una venganza ciertamente esperada por los lectores, venganza que hundirá a nuestra protagonista.

  A continuación analizaré la estructura de la obra y los temas que subyacen de fondo, más allá de su tono de ciencia ficción. Tras el primer capítulo dedicado a las cuatro expediciones, podemos disfrutar del apartado: Humanos en Marte, compuesto por 13 relatos, que comienza con la llegada de los primeros Colonos a Marte. En este apartado podemos encontrar una crítica más que notable y ácida a la colonización y el racismo. 

  La última parte, titulada La guerra, nos muestra la destrucción del planeta tierra por causa de un terrible conflicto nuclear. Cuando los humanos viajan de nuevo a la Tierra para ver por última vez a sus familiares y amigos, Marte se queda completamente desolado. En esta parte queda evidenciada el ansia destructiva del hombre, su despreocupación y su nulo respeto por todo lo que le rodea. Aunque la primera edición contaba solo con estos tres apartados, en el año 2005 Hill house publicó una nueva edición con un último apartado titulado Nuevas Crónicas Marcianas, en la cual se incluían varias historias inéditas. Según dijo el biógrafo oficial de Bradbury, Sam Wellers, existen cuatro capítulos más del libro que todavía no se han publicado.

  Suponemos que desengañado por a condición humana, Bradbury quiso presentar con pesimismo, la expansión del ser humano por el universo y las fatales consecuencias de su espíritu destructor. A decir verdad, conceptos no muy alejados de nuestra problemática actual, aunque sí plasmados por la elegancia derivada de la pasión del autor por Las uvas de la ira de Steinbeck.

   A continuación os dejo aquí el enlace de escucha del programa número 44 de Martes de terror, donde pueden escucharse los relatos El verano del cohete, como os dije al inicio, la primera historia que compone esta antología, e Ylla. ¡Disfrutad!







viernes, 6 de agosto de 2021

Manteca de cacahuete

 




En más de una ocasión, he colaborado con la amabilísima gente de Revista Tundra, un punto de encuentro para autores de gran calidad. Hace ya algún tiempo, fui también contactada por Revista Tártarus como escritora invitada gracias, precisamente, a la recomendación de los amigos de Tundra. Acepté el reto y escribí este humilde cuentecito por encargo que apareció, por vez primera, en el número 15 de susodicha revista, correspondiente a Junio de 2019. reitero mis agradecimientos tanto a Tundra por la recomendación, como a Tártarus por la publicación. Y a partir de hoy, podéis disfrutarlo también en Caosfera, su casa, el refugio de esta mente loca, ni más ni menos que donde debe estar...




Hace mucho, mucho tiempo, en la China imperial vivía un emperador bueno, muy querido por su pueblo. El hombre era feliz, pero le quitaba el sueño que su hija no mostrase interés alguno en contraer matrimonio. Desesperado, le pidió a la princesa que pusiese una única condición para escoger un marido. La joven adoraba a su padre, por lo que accedió a su petición. La condición que puso era pretendidamente imposible: se casaría con aquel caballero que le regalase una rosa azul...


  —Jo, mamá, nunca he visto una rosa azul...

  —Yo tampoco.

  —¿Existe alguna en el mundo?

  —No puedo saberlo.

  —¿Algún príncipe encontró una rosa azul?

  —¿Quieres que te siga contando el cuento o no?

  —Vale vale. Perdona.


  Los caballeros del reino se rindieron ante esta petición imposible. Sólo tres de sus pretendientes se propusieron encontrar la codiciada flor. El primero de ellos era un guerrero que marchó a tierras lejanas. Ordenó a un orfebre que tallara un zafiro azul con la forma de una rosa. La princesa se mostró agradecida, pero rechazó el presente al no tratarse de una flor.

  El segundo de los pretendientes era un jurista que mandó fabricar un vaso de cerámica con una preciosa rosa azul dibujada en el centro. Evidentemente, también fue rechazado.

  Llegó el turno del tercero, un mercader que había acudido a la mejor floristería del reino para conseguir la preciada flor al precio que fuese. Al no conseguirlo, decidió teñir una rosa blanca y consiguió engañar a la princesa. Pero una mariposa se posó sobre la flor y murió envenenada.


  —Jo... Entonces nunca se casó.

  —Ay hija, déjame terminar el cuento.

  —Vale vale.


  Un día conoció a un apuesto trovador que cantó bajo su ventana. El joven le sonrió y alabó su belleza. Emocionado, le tendió una flor blanca y la princesa dijo que esa era la única y verdadera flor que había estado buscando toda su vida. Se marchó con su amor a las montañas y jamás se supo de ambos. Se dice que ambos son inmortales, ya que su amor prevalece convertido en una rosa azul, la única que existe en el mundo y que los hombres jamás podrán encontrar.

 —Entonces, ¿la princesa se convirtió en una rosa a

 —Ajá.

 —¿Y las rosas azules pueden convertirse en princesas?

 —Bueno, primero hay que encontrar una para saberlo...

 —¿Y se riegan igual que las demás flores?

 —Pues...digo yo

 —¿Y seguro, de verdad de la buena, que hay solo una en el mundo?

 —Eso parece.

 —Pues no me lo creo.

 —Bueno hija, que ya es tarde.

 —Yo quiero una rosa azul.

 —Ya hablaremos, ahora acuéstate.

 —¿Tendré mi rosa azul, la tendré, la tendré?

 —Si no te acuestas no.

 —Vale vale vale, ya me duermo.


 Soñó con princesas que se convierten en flores y con flores que se convierten en princesas. Pronto se acercaba su cumpleaños y tenía claro lo que quería: una rosa azul, así se lo había hecho saber a su mamá y así se lo haría saber a su papá. Cuidaría la rosa azul día y noche, para que se convirtiese en la princesa más hermosa del mundo entero.

  Así fue como al final tuvo su preciado regalo el día que cumplió los siete añitos. Papá y mamá habían encontrado la única rosa azul del mundo para ella, y se la entregaron en una maceta rosa que venía envuelta en una pequeña cúpula de cristal. Al principio no entendió por qué, pero su mamá le dijo que era una flor mágica y que estaba prohibido regarla. Evidentemente, la flor era sintética y no deseaban que la niña se llevase una desilusión.

  Puso la flor en su cuarto y esperó, pero los días pasaban y no daba señales de convertirse en princesa. Comprendió que faltaba algo. Quizá unas palabras mágicas, o puede que algún tipo de ingrediente secreto. Hasta que una noche, mientras mamá le contaba uno de esos preciosos cuentos que tanto le encantaban cayó en la cuenta: sin un príncipe no hay princesa, ¿cómo no lo había comprendido eso? Si un príncipe besaba a la princesa esta se despertaría de su letargo.

  Necesitaba un príncipe guapo, porque a las princesas solo les gustaban los príncipes guapos. Pero no conocía ningún principe, así que pensó que tal vez un chico guapo podría despertar a su princesa. E inevitablemente pensó en Javi, un niño de su clase con los ojos verdes.

  —Te invito a merendar a mi casa.

  —Pues no.

 —¿Por qué no?

 —Porque eres tonta.

 —Pues tú te lo pierdes, porque te iba a enseñar una cosa que no ha visto nadie.

 —¿El qué?

 —Pues no, ya no quiero.

 —Quiero verlo.

 —Pues no, porque no quieres merendar conmigo.

 —Venga vale, voy.


  Sus papás no estaban esa tarde y la abuela llegaría un poco más tarde, así que dejó que Javi la acompañara. Sonriente, abrió la puerta y llevó al niño a su cuarto.


 —Mira, es mi regalo de cumpleaños.

 —Es solo una flor.

 —Pues no, listo, es una princesa.

 —Mentirosa, es solo una flor,

 —Si le das un beso verás cómo se convierte en princesa.

 —No pienso besar a una flor.

 —No besarás a una flor, besarás a una princesa.

 —Eres tonta. Me voy.

 —Mi mamá ha traído nocilla, y te he dicho que te invito a merendar.

 —Bueno, pero después me voy.


 Bajó a la cocina y preparó una par de emparedados. Subió al cuarto y le dio uno a Javi, que se había sentado sobre el colchón. El niño mordió el pan con despreocupación, pero al segundo bocado comenzó a sentir algo extraño.


 —Sabe a cacahuete, puaghhh


 El niño comenzó a mostrar ronchas por todo su cuerpo, le faltaba el aliento y la glotis se le había inflamado. Cayó al suelo con los ojos en blanco. Ella sonrió, sabía perfectamente que Javi era alérgico al cacahuete.


 Ya no tenía ni princesa ni príncipe, solo un par de sandwiches de nocilla con manteca de cacahuete...




viernes, 12 de marzo de 2021

Magia con plumas (Parte 9)

 




¡Nueva entrada! Después de varias semanas, aquí tenéis un nuevo episodio de la sección Magia con plumas. ¿Qué nueva especie os presentaremos hoy? Leed lo que sigue a continuación:





ALCA TORDA


1.Fiel

2.Ágil

3.Protectora

4.Competitiva



  Perteneciente a la familia Alcidae y con una envergadura alar en torno a los sesenta centímetros, este ave es común en las colonias marinas, a pesar de ser única en su especie. Siente gran predilección por las islas y zonas rocosas, en nuestro país es raro encontrarla, mientras que es común la proliferación de ejemplares en Islandia, América del Norte, la costa Atlántica o Francia. Son criaturas buceadoras, muy ligadas al mar, y teniendo en cuenta que en esta sección hemos recalcado más de una vez el simbolismo del agua como representación del mundo de los sentimientos, podemos afirmar que en el campo de la mageia se tienen por un tótem profundamente sentimental. Tanto la hembra como el macho se hacen cargo del cuidado del nido y sus polluelos, por lo que se trata de criaturas eminentemente protectoras. También tienen un cortejo muy elaborado, lo que las designa como entregadas en el amor. La tonalidad de sus plumas es oscura, con una raya blanca muy delgada por detrás. En el resto del cuerpo pueden apreciarse tonalidades blancuzcas o tostadas. Las plumas de Alca con ideales para personas que recién han ascendido en el campo laboral y se encuentran ante nuevos retos, para padres primerizos o para personas que se encuentran emocionalmente vulnerables. Vamos a trabajar con estas tres cuestiones. 


RITUAL PARA EL ASCENSO LABORAL

  Para llevar a cabo este ritual, hoy vamos a apoyarnos también en el uso de especias, ítems muy valorados en este campo. En esta ocasión utilizaremos el perejil, amuleto de protección contra la mala suerte e ideal para la atracción de buenas energías. 

  Depende del color que sea la pluma de Alca que nos hemos encontrado, procederemos de una forma u otra. Si es negra vamos a dejar que absorba la luz lunar durante una noche completa, mientras que si es blanca la cargaremos de luz solar durante un día. En caso de que sea negra, es preferible que la coloquemos junto a la ventana durante una noche de luna en cuarto creciente, para potenciar la idea de ascensión en nuestros objetivos. 

    Una vez la tengamos recargada, la colocaremos, con la mano izquierda, en el centro de una habitación donde pasemos la mayor parte de nuestro tiempo, cortaremos el perejil en trocitos y lo esparciremos sobre la pluma. Para que el ritual funcione es importante que nos concentremos en nuestros deseos y nos libremos durante un momento de todas y cada una de nuestras preocupaciones. Solo cuando nos sintamos completamente tranquilos sabremos que nuestra ritualística se ha llevado a cabo con éxito.


RITUAL PARA PADRES PRIMERIZOS

  Para llevar a cabo esta segunda incursión nos vamos a valer del poder del centeno, que simboliza la entrada del sustento en el hogar. 

  Igual que en el caso anterior, recargaremos la pluma en función de su color y también la colocaremos en el centro de una habitación que nos ofrezca seguridad. Lo único que cambiaremos será el proceder, depositando las semillas de centeno sobre la pluma. En esta ocasión además de permanecer un rato en periodo de relajación, daremos tres vueltas en torno a la pluma, tres en alusión al significado de este número como crecimiento familiar y espiritual.


RITUAL PARA LA VULNERABILIDAD EMOCIONAL

  Vamos a utilizar en este caso una ramita de laurel en alusión a la felicidad perenne.

   Tras recargar la pluma, vamos a envolverla en un paño blanco simbolizando la transparencia de nuestros sentimientos. Junto a esta envolveremos la ramita de laurel y, cuando lo tengamos todo, procederemos a colocarlo cuidadosamente bajo la almohada. Notaremos sus efectos a través de nuestros sueños, ya que cada mañana nos despertaremos plenos de energía positiva. De no ser así, es que estamos fallando en algo.



OBSERVACIONES


  La importancia de las especias nos llega desde los albores de la historia, allá por el siglo XIV, protagonizado por malas cosechas, guerras, miseria y hambre, tenían una importancia crucial a la hora de aromatizar alimentos en mal estado para que fueran comestibles. Ni más ni menos que ingenio ante la escasez. De ahí, que su importancia a nivel mágico tenga igualmente un carácter importante. Como ejemplo de su valía hablaremos brevemente de las aquí citadas:

  Perejil: En la época de Grecia y Roma, era costumbre colocar en las tumbas una ramita de perejil para facilitar el transito del espíritu hacia el otro mundo. Es también sabido que los gladiadores portaban una ramita en su armadura para asegurarse buenos augurios y la victoria. 

    Centeno: Aunque no es una especia, ha sido utilizado aquí como símbolo del sustento del hogar, dado que su uso está muy extendido en la fabricación del pan, omnipresente en todas las mesas.

    Laurel: Ya hemos hablado de él en alguna ocasión. Consagrado al dios Apolo, en la antigua Roma el laurel era considerado como símbolo de victoria y gloria. Esta asociación se conserva incluso durante la Edad Media. Resulta un gran aliado a la hora de llevar a cabo nuestros objetivos.


NOTA FINAL


  Nuestro aspecto psicológico es muy importante a la hora de que estas acciones surtan efecto. Jamás debemos intentar nada con desesperación y escepticismo, igual que no debemos hacerlo durante etapas depresivas o cargadas de negatividad. Intentemos no complicar más las cosas y, si vemos que algo nos afecta demasiado, lo mejor es alejarse.



NIEVES


Magia con plumas parte 1

Magia con plumas parte 2

Magia con plumas parte 3

Magia con plumas parte 4

Magia con plumas parte 5

Magia con plumas parte 6

Magia con plumas parte 7

Magia con plumas parte 8




viernes, 19 de febrero de 2021

Solve et coagula

 




¡Viernes de relato! Escribí este texto hace unos años con motivo de una convocatoria en la que se pedían textos relacionados con el esoterismo y/o brujería. Finalmente, este cuento terminó publicado en la excelente web almas oscuras allá por el año 2016. No obstante, al revisarlo años después quedé muy descontenta con el resultado y es por eso que hoy os traigo esta versión revisada y corregida en la que mejora tanto la historia como el aspecto narrativo. No os voy a decir nada, tan sólo os invito a que leáis y saquéis vuestras propias conclusiones...




Más de seis decenios revelaban su iniquidad sobre aquella frente protuberante y surcada de pliegues apergaminados, síntomas de la senectud que comenzaba a encorvar su imponente figura. El amplio rostro abrigaba la luz de una mirada inquieta y desafiante. Contraídos en una mezquina mueca, sus labios se fruncían hasta casi desaparecer entre la cenicienta foresta que se extendía a lo largo de aquel mentón prominente. El peso de los años se cebaba en la persona de Alphonse, hombre de intenso temperamento que prefería aceptar con dignidad los estragos propios de la inevitable vejez.

  Anclado desde su niñez en el impulso vocacional de sus inquietudes religiosas, el incombustible Alphonse había luchado en pos de encontrar un sustento en su completa entrega a la fe, vocación que había logrado satisfacer aún a pesar de la dificultad devenida de la humildad de sus orígenes. Aceptaba la religión como una parte incorruptible e ineludible de su ser, pues apreciaba en ella una nueva y confrontada visión de las debilidades competentes a la raza humana. Su mente rememoraba, con emoción, los primeros años de estudio en Saint-Nicholas-Du-Chardonnet, cuando tan sólo era una imberbe criatura de quince años sin un ápice de picardía, un muchacho fácilmente impresionable por la austeridad de aquellos muros lineales y sagrados situados en pleno centro de París. En aquellos momentos la ciudad se agitaba por los excesos de la fiebre liberal que sacudía una Europa heredera de los principios de Rousseau. Corría el año mil ochocientos veinticinco por aquel entonces, fecha imprimida en su alma como el inicio de una prometedora carrera. Bien era cierto que Saint Nicholas había sido sólo el primero de los seminarios en los cuales había completado su formación, pues los nada desdeñables años en Issi y Saint sulpice habían acabado de brindarle la fortaleza y experiencia necesarias para alimentar aún más su necesidad espiritual, sin embargo sentía especial predilección por la figura de aquel lugar consagrado donde se había iniciado su despertar. Con setenta y tres años a sus espaldas, Alphonse podía preciarse de una vida tan erudita como asombrosa. Su corazón había experimentado sentimientos como el amor terrenal y divino, el desengaño, la rendición y, en definitiva, toda una suerte de intensas emociones que habían curtido su frágil espíritu.

  La victoria estaba escrita en su sangre, o al menos eso decía siempre su querida madre cuando tan sólo era un niño inquieto. El pequeño Alphonse, una mente prodigiosa como pocas surgida del alimento de sus propias convicciones, había crecido tanto física como espiritualmente. Tal fue su esfuerzo que logró  un puesto privilegiado entre los principales sectores de la sociedad parisiense del momento. Su compañía era solicitada, sobre todo, en el marco de las más altas esferas culturales, donde se le consideraba un osado profeta capaz de remover el mundo al grito de sus nuevas y revolucionarias doctrinas propias de un hereje. Curiosa definición para aludir a un hombre amante de la integridad que, aferrado a unos principios rayanos al socialismo utópico, pretendía rescatar los dogmas de la cristiandad de su tumba institucional. Alphonse sólo vivía para defender aquella fe bajo cuyo escudo se le había mostrado una realidad tergiversada por el sectarismo de epígonas doctrinas.

  Absorto en el empeño pragmático que comenzaba a ocupar el primer plano de sus dedicaciones, no tardó en verse seducido por la extraña petición de aquel aclamado y extravagante círculo que, conocedor y admirador de sus censuradas obras, rabiaba de morbo ante la necesidad de nuevas emociones.

  Esclavo de la debilidad humana, así era como el bueno de Alphonse podría haberse definido en aquellos momentos, tanto como para entrar en la espiral de aquel juego macabro que sólo alimentaba su resurgida vanidad; por momentos, una temible inseguridad parecía brotar en sus pensamientos a la velocidad del elegante trotar de los caballos sobre el empedrado de las calles de aquel foco de miseria. Con emoción, recordaba la impresión que la caótica Lvtetia le había causado en su primera visita, el espanto que sus ojos experimentaron ante la contemplación de aquella mundanidad desaforada. Su ilusión se desvanecía ante la máscara de sofisticación que disfrazaba la miseria que se adueñaba de una parte importante de la urbe: pestilentes y estrechos suburbios colmados de insalubridad donde proliferaba la pobreza a la par que el rancio olor a excrementos. Mientras contemplaba este cuadro de decadencia se había llegado a preguntar, en más de una ocasión, si su Dios era realmente tan misericordioso como quería creer. Es por ello que sentía un inmenso alivio ante el positivo cambio orquestado por las ansias modernistas de Napoleón III, lo único que consideraba valorable de la política del emperador al cual se había atrevido a comparar abiertamente con Calígula, atrevimiento que pagó enclaustrado durante meses entre los muros de una infecta prisión. Sin embargo, Alphonse jamás se amedrentaba ante las malas experiencias que, lejos de derrumbarle, parecían insuflarle un valor desaforado.

  Aquella noche, el anciano había sido presa de agitadas y nerviosas ensoñaciones que inconscientemente interpretó como un posible augurio. Sea como fuere, lo cierto es que estas elucubraciones no habían supuesto impedimento alguno para que Alphonse cayese rendido a mitad del viaje, siendo, horas después, arrancado de su letargo por las insistentes sacudidas del joven cochero que, haciendo gala de un  francés mancillado por su agudo tono de voz, le indicaba el final de su destino. Asombrado, contempló la magnífica villa rodeada de una amplia extensión sembrada de exótica flora e hileras de árboles frutales. La clara influencia de los preceptos neoclásicos revestía la fachada principal con su excesiva sobriedad. En contraste con aquel ampuloso conjunto lineal precedido por un amplio soportal de columnas corintias, destacaba la verticalidad de dos torreones laterales rematados en pináculo que aportaban un toque siniestro al ya de por sí asombroso conjunto. Aunque, sin duda, lo que más sorprendió a Alphonse era la destacada tonalidad rojiza que engalanaba aquellos muros bordeados de hiedra trepadora. Nunca había estado en aquel lugar, pero no dudaba de la autoría de tan extravagante desfalco.

  Con paso lento y distraído, dirigió sus desgarbados andares hacia el portón principal que, lentamente, comenzó a abrirse para dar paso a la elegante anfitriona. La altiva Judith salió al encuentro de su avejentado huésped, ofreciéndole amablemente el brazo en señal de apoyo a su visiblemente deteriorado estado físico.

  —La pugna del clasicismo en su afán por desgarrar los nuevos valores de estos tiempos tan estrambóticos, ¿qué opina, Monsieur?

  El hombre se limitó a sonreír ligeramente al tiempo que aplicaba inofensivos y amistosos golpecitos sobre la delicada mano que sostenía su brazo tembloroso. La disparidad de las ideas de Judith siempre le había parecido inusualmente descabellada.

  Extasiado ante tal cúmulo de lujosas liviandades, Alphonse quedó enmudecido frente al magnífico trabajo orfebre que testimoniaba la regia entrada de roble tallada con motivos silvestres. Al poco de irrumpir en el interior, un fastuoso recibidor labrado en oro anunciaba la grandeza resguardada bajo aquellos amplios artesonados. Con elegancia y lentitud, la dama asió el dorado candelabro de cuatro brazos que reposaba sobre la marmórea superficie y, al amparo de aquel tenue fulgor anaranjado, pidió a su invitado que la siguiese entre la inmensidad lineal de aquel vestíbulo a cuyos lados se abrían un sinfín de lujosas estancias.

  —Tal vez estemos a punto de reescribir nuestro destino, ¿no está decididamente nervioso?

  La pregunta fue liberada con un tono de voz entre divertido y grandilocuente, teatralidad muy propia de aquella mujer tan inquieta como soberbia. Judith estaba acostumbrada al hermetismo de su invitado, pues sabía por experiencia que los hombres inteligentes como Alphonse solían manifestar cierta parquedad oratoria.

  —Prepárese para cruzar el umbral de lo prohibido.

  Sentenció con suprema gravedad al tiempo que sus manos trémulas giraban la bronceada manija con forma de laurel que daba paso a una de las habitaciones alineadas a la derecha, concretamente situada antes de llegar al enorme salón en el cual desembocaba aquel amplio pasillo. Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios al contemplar la irreal escena que se abría ante sus ojos: la estancia había sido desprovista de mobiliario, mostrando una vacuidad siniestra e hilvanada de sombras. Sobre las diminutas y coloristas teselas que componían la superficie se apreciaban unos trazos negruzcos que formaban la perfecta figura de un tetragrámaton que ocupaba el centro de la sala. Alphonse sintió cómo una profunda emoción recorría sus venas al observar cada perfecto detalle de la ilustración; su vértice superior delimitado por los ojos de Júpiter, el símbolo de marte colocado en cada una de sus terminaciones laterales, el tótem dorsal situado en el centro junto a los signos de Venus y Mercurio y, a sus pies, la marca de Saturno. La lineal conjunción había sido rodeada por un círculo de sal traslúcida que, al contacto con la tenue luz de una docena de cirios dispuestos en derredor del círculo, liberaba cristalinos destellos.

  —Como puede comprobar, todos y cada uno de los detalles revisten el mayor de los cuidados —inquirió a modo de recibimiento el mayor de los dos hombres que, pacientemente, aguardaban su llegada en el interior del habitáculo. Acto seguido, extrajo del bolsillo interior de su chaqué lo que parecía una pequeña y sencilla caja de madera— .La orientación en base a los cuatro puntos cardinales ha sido exhaustiva —recalcó con seriedad al tiempo que mostraba la brújula resguardada, con celosía, en el interior del secreto compartimento.

 Alphonse y Víctor, pues así se llamaba el segundo interlocutor, habían tenido el placer de conocerse durante una de las interminables recepciones de Judith. Digna descendiente de Theophile, uno de sus más fervientes amigos, la muchacha ensombrecía con sus aptitudes y brillantez a las más altas cúspides de la sociedad intelectual del momento. Sus arranques de inteligencia eran consecuentes y estudiados, tanto que al conocer las inquietudes de ambos hombres había predispuesto la situación con vistas a que se forjase una amistad entre ambos, y no una amistad cualquiera, sino un sentimiento de inquebrantable y mutua lealtad. Pues aún hoy día, resulta irrebatible el hecho de que las causas unen los caracteres más contrarios.

  El tercer miembro que componía la misteriosa comitiva no era sino Catulle, el compañero sentimental de la aclamada anfitriona. Al igual que ésta, compartía su musical pasión por Wagner a la par que la creciente aversión por el malogrado Luis Napoleón.

  —Si les parece bien, creo que deberíamos de dar comienzo ―inquirió Alphonse con la solemnidad que solía caracterizarle—. Les explicaré de qué forma deben colocarse para completar el rito.

  Acto seguido, indicó a la mujer que presidiese el vértice superior, orientado hacia el Norte, y ordenó a ambos hombres que se situasen uno en cada saliente lateral, cuyos puntos cardenales correspondían con Este y Oeste. Alphonse tomó lugar en la zona sur, custodiando los extremos inferiores. Una vez la disposición se hubo completado, pidió absoluto silencio, entornó los párpados y, sumido en una absoluta concentración, entreabrió los labios:

  —Spiritus Dei ferebatur super aqua, et inspiravit in faciem hominis spiraculum vitae…

  Sus palabras retumbaban como un pálpito, estremeciendo el silencio con su fluidez impía.

  —In isto sale sit sapientia el ab omni corruptione servet mentes nostros et corpora nostra, per Hotchmael et in virute Ruach Hochmael, recedant ab isto…

  El fulgor anaranjado de las titilantes llamas oscilaba ante las exhortaciones.

  —Caput mortuum imperet tibi Dominus per vivum et devotum sepentem…

  La incertidumbre se grababa a fuego en los corazones de los presentes, poseídos por una mezcla de expectación y pánico. Alphonse se movía con una gran teatralidad, unas veces parecía que se estuviese apuñalando el pecho, otras que un atisbo de locura invadía sus desencajadas facciones. Su discurso se tornaba en un retruécano indescifrable y creciente.

  —¡Chaiot ha Qadosh gritad, hablad, mugid, Qadosh, Qadosh, Qadosh, Shadai, Adonai, Iod Chavah, Eheieh Asher Eheieh… ¡te ordeno que tomes la forma que te corresponde y obedezcas las ordenes de quienes te invocan!

  Tras la exhortación, se sumió en el más estricto de los silencios, convirtiéndose en el epicentro de aquel coro de abrumadoras miradas.

  —Ahora es momento de esperar, ¿no? —preguntó Judith resaltando la obviedad de su galopante escepticismo.

 Sin embargo, Alphonse permanecía absorto en su hermetismo emocional, ajeno a la irrespirable tensión de aquella habitación, devorada por una titilante negrura.

  —Se acabó. Esta valiente necedad ha llegado hasta aquí. Está visto que esto es un vulgar disparate…

  Repentinamente, los párpados de Alphonse se abrieron, revelando el horror concentrado en aquellas pupilas inflamadas de rosácea maldad. Un grito incontenido escapó a los labios de Judith que, ofuscada ante la estremecedora visión, abandonó el círculo en un despavorido alarde de locura.

  —¡No, Judith, no! —vociferaron Hugo y Catulle al unísono, polarizando su atención sobre la temblorosa y agitada figura.

  Un tempestuoso bramido brotó entonces de la nada y, segundos después, el cuerpo de la mujer fue embestido con una brutalidad estremecedora. En un alarde de valentía, Catulle abandonó su correspondiente lugar para socorrer a la esposa. Sus oídos permanecían sordos ante los inconexos balbuceos de Víctor que pugnaban por convertirse en advertencias. Catulle ni siquiera había logrado acercarse al cuerpo exánime de la mujer cuando otro descarnado ataque se cebó sobre su alargada figura. El rostro de Víctor palideció al contemplar los cuerpos inconscientes de sus compañeros. Enmudecido por el pánico, no acertaba a responder ante la voz cavernosa de aquella presencia, que ahora usurpaba la identidad de su admirado Alphonse.

  —¿Inquietud, venganza, dominio, cuáles pueden ser las motivaciones de un hombre para transgredir las leyes de lo ignoto? Ignoro la realidad de vuestros objetivos, deploro vuestra obsesión por la manipulación de voluntades, débiles y sujetas a esa simplicidad corrosiva. Vida, poder, ambición, deseáis exorcizar como sea esa angustia que siembra de hostilidad vuestros corazones. Y pensáis en vuestra ignorancia que el camino a recorrer es asombrosamente fácil, tanto como unas simples palabras pronunciadas por la boca de un débil anciano

  El avejentado rostro se tensó en una mueca terrible, y Víctor sintió cómo cientos de insidiosas punzadas se apoderaban de su desprotegida y temblorosa piel.

  —Os mostráis orgullosos ante la criba de esa máscara que os condena al más absoluto de los oscurantismos, consentís regodearos en la miserable lacra que os empequeñece. Pero vuestro ego se acrecienta, aún a pesar de que jamás lograreis aprehender una cuarta parte de aquello que presumís acaparar. Podéis continuar vanagloriándoos de vuestro papel de marionetas torturadas por la mano de la más vil ignorancia, bestias regocijadas al amparo del carnal abismo. Las puertas están abiertas, burlando la ceguera perpetua que os oprime. Os convertís en el enemigo propio, ardiendo de rabia. Tomad la fe encerrada en que disolución y esencia se dan la mano. ¡Oh, mártir de la concordia, abraza la comunión de lo terreno y lo prohibido, pues causa y efecto caminan de la misma mano!

  Embelesado ante la verdad que brotaba de aquellos enardecidos labios, el hombre se abandonó al magnetismo que le provocaba la sutil invitación. Obediente, se aferró con fuerza a la temblorosa mano de su amigo, la misma que se mantenía extendida con las palmas hacia arriba, buscando saciar su desaforada ambición.

  —Acepta esta sutil permuta y rebélate contra la insignificancia. La disolución significa el germen de una esencia restaurada…

  Sus manos agarrotadas se contrajeron al sentir el violento tirón que le arrebataba la lucidez. Entreabiertas, las heridas de su cordura rezumaban el peso de enmascaradas realidades. Rogó porque su conciencia dejase de tejer aquel horror. Sus ausentes retinas, anegadas en lágrimas, testimoniaban la crueldad más devastadora.

 —Queríais luz, iniciación, privilegios, escuchar el eco reverberante de lo prohibido. Disfruta de las conclusiones que con tanta valentía habéis osado abordar.

  Trató de zafarse de aquella opresión que le precipitaba al peor de los abismos, pero fue inútil.

  —Dado os es lo que lo que ya teníais y no habéis sabido ver, mas os será arrebatado lo que atesoráis con tanto empeño. 
  
  La bestia humana que otrora se conociese por el nombre de Alphonse, lanzó el desdichado cuerpo contra la puerta entrampada, que resistió la crudeza del golpe. El desdichado Víctor abrió los ojos con lentitud, pero el golpe había afectado su capacidad de visión. Sólo acertó a discernir una sombra abstracta que reptaba y se acercaba peligrosamente.

  —Alphonse —acertó a esbozar entre balbuceantes siseos—. Alphonse, amigo, nunca te faltó voluntad, tú has sido siempre para mí el mayor símbolo de perseverancia, antes y después de conocerte…

 Con ternura, el monstruo observó el brillo renovado que luchaba por aflorar a la ausente mirada de su amigo. La negrura de aquella oscuridad vítrea parecía querer esfumarse.  

 ‹‹Toda causa tiene su efecto y todo efecto parte de una causa››, pensó Víctor para sus adentros obviando la clarividencia en la afirmación. Se sintió algo mejor y supo enseguida que sobreviviría. Había sido elegido.

  Entonces, observó lo poco que quedaba del rostro de Alphonse y acertó a comprender que el tiempo se había detenido para depositar toda la luz del universo en aquellos iris acerados.