viernes, 14 de diciembre de 2018

M.F.A









Título original: MFA 

Director: Natalia Leite 

Nacionalidad: EE.UU 

Intérpretes: Francesca Eastwood, Clifton Collins Jr., Leah McKendrick 

Año de producción: 2017



Recientemente tuve la oportunidad de ver un documental que me dejó absolutamente boquiabierto. Su título es Audrey and Daisey, y lo encontraréis disponible en Netflix. Saco esto a colación porque tiene mucho que ver con M.F.A. y porque considero importante matizar que hay situaciones que pueden ir mucho más allá que la ficción. Resulta increíble que a la víctima de una violación se la culpe de la misma o que, según bajo qué circunstancias, determinados hechos no sean punibles. Pero esto es así tanto en España como en EE.UU. Películas como M.F.A no son para nada inverosímiles respecto a lo que cabría esperar de las legislaciones vigentes en varios países, entre ellos el nuestro. 





  Creo que M.F.A es un film con mucho poder, porque es un rape and revenge que cuenta historias que a día de hoy podrían ser perfectamente noticia. La película comienza cuando una joven estudiante de arte llamada Noelle, interpretada por Francesca Eastwood, acude a una fiesta donde bebe alcohol, coquetea con un compañero de clase y es finalmente violada por el susodicho. Entonces entra en estado de shock, no logra recordar si se negó a mantener relaciones, al igual que tampoco sabe cuánto bebió ni cómo acabó en la cama del agresor. Cuando la chica cuenta su experiencia, la machacan a preguntas bajo unas condiciones denigrantes y que claramente no son las idóneas. A raíz de esto es cuando en el interior de Noelle comienzan a gestarse unas terribles ansias de venganza. Vamos, que no es nada que no hayamos visto antes, ni tampoco es una gran película, pero sí voy a recalcar algo muy importante y es la acertada forma en la que está retratada la violación; sobre todo la situación en la que se dan los hechos, de forma muy acorde con los tiempos actuales. La transformación de Noelle en una asesina en serie, similar a la mostrada en el film Ángel de la venganza, es disfrutable. Sin necesidad de grandes alardes ni apenas una gota de sangre, propone una variedad de situaciones y muertes lo suficientemente buenas para que el visionado merezca la pena. El único contratiempo reseñable, y que por desgracia se está convirtiendo en algo común, es la maldita obsesión que tienen los guionistas americanos de introducir una estúpida investigación policial en sus películas. Incluso cuando la cinta devalúa y empieza a jugar con ciertos factores interesantes, estas “fantásticas” investigaciones —maravillosamente rodadas, entiéndase la ironía— matan cualquier tipo de tensión o interés sobre la trama. Preguntas como si la protagonista será descubierta y encarcelada o, por el contrario, se saldrá con la suya, pierden totalmente interés por obra y gracia de esa manía de bombardear al espectador con interrogatorios, o cada nueva pista encontrada por el insípido inspector de policía, fatalmente interpretado por Clifton Collins Jr. Lógicamente, cuando lleguéis a cierto punto de la película os darán ganas de quitarla porque deduciréis a la perfección cómo terminará.





  A nivel argumental hay poco más que añadir. Lástima que una película que prometía ser mucho más realista —incluso capaz rememorar testimonios tan desgarradores como los de las adolescentes Audrey o Daisy— se transforme en la minucia de un telefilme noventero. Hasta qué punto es recomendable o si es mejor prescindir de su visionado lo dejo a vuestro criterio. Personalmente, en esta ocasión me posiciono a favor. Insisto en su potencial y en las buenas formas de Eastwood para crear un personaje que se respira real. 




A favor:

-Francesca Eastwood 
-Su rollo noventero, nostálgico y entrañable. 
-Su primera hora llena de acción y de locos discursos… no tan disparatados como parecen. Interesante trabajo de Leah McKendrick como guionista y actriz. 
-Es como la secuela de American Psycho, ese telefilm insoportable pero bien escrito. 



En contra: 

-Los últimos minutos son absurdos y aburridos, principalmente porque la película debía haber acabado veinte minutos antes. 
-La investigación policial es insufrible y los diálogos entre poli y criminal parecen sacados de un episodio de C.S.I. Horrible. 





6/10

Fdo: Redrum





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viernes, 7 de diciembre de 2018

Wisconsin forever







Badger Hannibal estudió historia antigua en la Universidad de Barcelona y es experto en esoterismo. Su trayectoria como investigador de lo oculto le ha granjeado notables colaboraciones en medios relacionados con el medio, como el programa Informe Enigma. Hoy, comparte con nosotros una divertida crónica de su visita a la tumba del asesino serial más famoso del siglo XX: Ed Gein.

Imaginaos una pareja de frikis que no han podido celebrar su viaje de novios y que de repente se encuentran con el dinero para celebrarlo... ¿A dónde irían un apasionado de la crónica negra y una canadiense? ¿Cuál es el lugar más bizarro del mundo? Está claro: Wisconsin. 

  ¿Qué tiene Wisconsin de especial?... 

  Es el estado más encantado de Estados Unidos, la capital de los sombreros de queso, el tejón y el garrulerismo extremo y, sobre todo, morada de célebres asesinos caníbales. 

  ¿Por qué todo esto? Tiene cierta lógica: mi esposa, Margot, que es antropóloga, y yo mismo, licenciado en historia y apasionado de la crónica negra, fascinado por la figura de los asesinos en serie y sobre todo por la historia de Ed Gein, no podíamos encontrar un destino más perfecto que éste. 

  Recuerdo con cariño cuando le conté a mi hijo de tres años, Fernando —un tipo realmente brillante para su edad—, el porqué de este viaje. La conversación fue algo muy parecido a esto: 

  —Fernando, el papá se va de viaje a Wisconsin. 

  —¿A qué? 

  —A visitar el sitio donde vivía el tio Eddie... (siempre he llamado tío Eddie a Ed Gein, básicamente porque mis continuados estudios sobre el personaje le convirtieron en alguien familiar). 

  —¿Quién es? 

  No sabía qué decirle y, finalmente, tras pensármelo un instante —¿que vas a contarle a un niño de tres años?— le respondí: 

  —Un señor que comía señoras... 

  —No... 

  —Sí... 

  Siempre recordaré su respuesta, la respuesta de un niño inocente pero inteligente al mismo tiempo y con una lógica aplastante: 

  —Pues yo como pollo... 

  La preparación del viaje no es necesaria contarla, basta con decir que tomamos un avión de Barcelona a New york —donde en el aeropuerto JFK, mientras esperábamos el cambio de vuelo y comíamos algo en un Mac Donalds roñoso, a Margot le robaron el carnet de conducir—, de New York a Atlanta y de Atlanta a Milwaukee, donde descubrimos que Wisconsin era uno de los lugares más acogedores que habíamos conocido... Gente simple y franca, buena cerveza y comida abundante. 

  La inesperada pérdida del carnet de conducir nos privaba de la movilidad necesaria para los planes que teníamos en mente, de modo que durante varios días nos dedicamos a conocer la ciudad de Milwaukee, incluido el lugar donde había estado situado el apartamento de Jeffrey Dahmer, actualmente un aparcamiento donde grabé un vídeo depositando un caganer —un cagón dirían los no catalanes—, y lugar del que tuve que salir corriendo, pues el vigilante del parking, al verme grabando un vídeo allí, apareció a la carrera mientras llamaba a la policía. 


Imagen sujeta a derechos de autor. Jeffrey Dahmer

  Nuestras correrías por Milwaukee nos hicieron entablar amistad con un taxista de origen marroquí de la compañía Yellow Cab, cuyo hermano vivía en Alicante. Los dados estaban echados... Cada día le llamábamos para que nos moviera por la ciudad, ya fuera para llevarnos al Safe House, un increíble pub ambientado en el mundo del espionaje, o al museo público de la ciudad para ver la sirena de Fiji del circo de P.T. Barnum. En una de estas le pregunte si podría desplazarnos a varios lugares fuera de Milwaukee, concretamente a Bray Road en Elkhorn —el sitio donde se han contabilizado más avistamientos del licántropo conocido como la bestia de Btay Road— y, por supuesto, Plainfield. Es aquí donde planeamos visitar la granja y la tumba de Edward Theodore Gein. ¿Cuánto nos cobraría? No hubo problema: lo hizo en su día libre a cambio de la comida y 125 dólares. En aquel momento el dólar se encontraba muy bajo en respecto al euro... Así que realmente era un chollo perfecto. 

  Aquel domingo nos levantamos y desayunamos pronto, nos esperaba un viaje de más de 200 kilómetros hacia el norte hasta Plainfield, en el condado de Wausara, cruzando un buen trecho del estado de Wisconsin, bien. 

  Revisé los mapas; primero visitaríamos el cementerio local, donde descansan los restos de la familia Gein: George, el padre, Augusta, la madre y en parte responsable de los crímenes del archiconocido asesino, Henry, el hermano mayor y supuestamente una de sus víctimas, y, naturalmente, Edward Theodore Gein , más conocido como Ed Gein, quizás el criminal más influyente en la cultura popular del siglo XX. 


Ed Gein bajo detención

  En aquel momento me fije en la fecha... ¿De qué me sonaba? ¡Mierda, era el aniversario de la detención de Ed Gein! Plainfield es un pueblo pequeño y seguramente la policía estaría pendiente de los frikazos que en aquel día pensaban visitar la tumba de aquel personaje... Cambio de planes, visitaríamos primero la granja y luego la tumba. 

  Tomamos la autopista esquivando los cadáveres maltrechos de venados atropellados mientras saciaba la curiosidad del conductor sobre el lugar al que nos dirigíamos. Éste me miraba con cara de no comprender nada de todo aquello que le contaba, pero dinero manda. 

  A poca distancia de llegar a las afueras de Plainfield, deteniéndonos a medio camino en un área de servicio para comprar algunas bebidas, incluida una cerveza Miller que consumí en el asiento de atrás ante los ojos de espanto del taxista. 

  —¿Que ocurre? 

  —No se puede consumir alcohol en un coche. 

  —Pero si no conduzco... 

  —Es igual sino conduces, no se puede beber en un coche. 

  En fin, pensé, los yanquis y sus leyes absurdas, como la que prohíbe cruzar la frontera del estado con un pato en la cabeza (juro que es autentica.), así que apure la cerveza de un largo trago y deposite la lata en la bolsa de papel que nos habían dado en el área de servicio. 

  Pronto llegamos a un camino sombrío y enmarcado por poderosos arboles, en uno de los cruces podíamos ver la entrada de la granja cortada por una cadena con la leyenda colgando de: Propiedad del Estado, prohibido el paso. 

  Le pregunté al taxista si quería acompañarnos, pero se negó, diciendo que prefería esperarnos en el coche. Se me ocurrió aconsejarle, con mi humor habitual, y porque no decirlo, curioso, que si se le acercaba un tipo con gorra a cuadros y una motosierra, saliera corriendo... Los ojos con que me miró el hombre fueron realmente todo un poema. 

  Arranqué a correr dejando a mi mujer atrás, saltando la cadena a la carrera y no deteniéndome hasta encontrar los restos de lo que un día fue la casa de los horrores del Goul de Plainfield, actualmente solo un montón de madera amontonado de cualquier manera en una hermosa extensión de prado bordeada de arboles. 

  Me arrodillé y besé el suelo. Al levantar la cabeza, pude observar como mi mujer se acercaba cámara en mano, seguida por el taxista, que había decidido que era mejor acompañar a aquella pareja de locos que quedarse solo en el solitario camino a la espera de algún asesino en serie... 

  Después de eso, nos dirigimos al pueblo de Plainfield, y tras cruzar la interestatal, encontramos el cementerio de Plainfield, un lugar que me sorprendió, ya que me había hecho a la idea que se trataría de un camposanto oscuro y siniestro... Pero nada más lejos de la realidad, nos recibía un cementerio muy bien cuidado y acogedor, con un césped espectacular. No nos costó encontrar la tumba de Ed Gein. Estaba situada casi en frente del acceso. Bajamos del taxi —esta vez el conductor no nos siguió y recorrimos el corto trecho hasta un conjunto de cuatro tumbas, una de ellas sin lápida hacía poco tiempo un tipo de Seattle había robado la lapida de la tumba de Ed Gein para venderla a trozos por internet, aunque la policía la había recuperado, y por lo que había averiguado, en aquel momento se hallaba en la oficina del Sheriff de Plainfield. La primera de ellas pertenecía a George Gein, el padre de nuestro protagonista, la segunda al mismo Ed, y las siguientes a Augusta y su hermano Henry. 

  Siguiendo mis intenciones, intercambié una piedra de la tumba sin nombre por un caganer sí, un caganer ¿Qué pasa?

  El ruido de un motor me sacó de mis pensamientos, un 4X4 del departamento del Sheriff venia hacia a mi por entre las tumbas. Un agente descendió y vino hacia mí con la chulería típica de los policías yanquis que solemos habitualmente ver en las películas americanas mientras me preguntaba a gritos la razón de estar nosotros allí. 


Antigua lápida de Ed Gein. Imagen sujeta a
derechos de autor

  Entre mi mujer y yo conseguimos que entendiera que estábamos para escribir un artículo sobre Ed Gein y que no queríamos molestar ni cometer ningún desaguisado ¡Menos mal que no vio el caganer!. Finalmente atendió a nuestras razones y se marchó, eso sí, no sin antes advertirnos de que no estuviéramos mucho rato y que fuéramos respetuosos. 

  Mientras mi mujer y yo comentábamos entre nosotros la chocante aparición del agente del sheriff, dos hombres se acercaron, saludándonos. Se trataba de un padre y su hijo provenientes de Texas y que, como nosotros, venían a visitar la tumba de Ed Gein. Entablamos conversación y ello derivo en una competición a ver quien sabia más sobre asesinos como no

  La charla terminó con ellos narrándome la historia que Truman Capote reflejo en su famoso libro «A Sangre Fría», yo contándoles sobre el «Arropiero», asesino spanish por experiencia y, supuestamente, con cuarenta y ocho muertes sobre sus espaldas. Los tejanos me miraban con una cara extraña... ¿Podía ser posible que un país tercermundista como España tuviera asesinos como los de USA? Su mirada era de entre incredulidad y rabia, aquello les estaba enfadando y molestando Orgullo patrio, y yo realmente me estaba divirtiendo con ello. 

 De vuelta a Milwaukee cruzamos por la Main Street de Planfield, para descubrir que la tienda donde Ed Gein había asesinado a Bernice Worden aun existía. Se alzaba ante nosotros como un edificio rectangular de una sola planta con un letrero con la leyenda: Worden´s. 

  Naturalmente, tenía que hacer una foto de aquello sí o sí. Bajé del taxi, crucé la carretera y realicé una serie de fotos. Un grito llegó a mis oídos: un anciano venía a toda la velocidad que le permitían sus piernas... ¿Sería quizá el hijo de Bernice? 

  Decidí no quedarme a comprobarlo, montamos en el taxi amarillo y nos marchamos de allí. Se notaba que, aún tras cincuenta años, aquellos hechos seguían escociendo en el pequeño pueblo. 

  El Viaje terminó, como todos. Mi mujer por desgracia fue víctima de aquella enfermedad que empieza con una C mayúscula, pero aquellos recuerdos no se borrarán nunca, y menos cuando veo una camiseta, una de mis joyas, donde se puede leer: 


Wisconsin, home of the cannibal killers and happy days.





viernes, 30 de noviembre de 2018

Sangre más allá del matadero





¡Nuestro amigo y colaborador Samir Karimo vuelve a la carga con un nuevo trabajo a cuatro manos junto al autor Teodomiro de Moraleda! ¿Queréis conocer algo más sobre este nuevo lanzamiento? Samir nos habla brevemente sobre su creación y las influencias que la inspiraron:



     «Matadero es un pequeño homenaje a Kafka, pero también, y sobre todo, al género splatterpunk. Decimos Kafka porque el mecanismo "sectum" se basa en uno de sus relatos: "En la colonia penal". Sin duda, el splatterpunk es un género injustamente marginado que nos apasiona, y que merece algo de justicia. Con este mecanismo llamado "sectum", el lector se sumergirá en sangrientos relatos plagados de caníbales, vísceras a raudales, insectos mutantes, pactos demoniacos y todo tipo de horror bizarro...»


¿Os gusta lo bizarro, delirante y sangriento? ¿Os gusta el universo de Samir Karimo? Si aún no lo conocéis aquí tenéis una muestra:


Podéis encontrar Sangre más allá del matadero AQUÍ en formato papel o bien VERSIÓN KINDLE






viernes, 23 de noviembre de 2018

Entrevista a Juan Enrique Soto Castro



Imagen sujeta a derechos de autor

Juan Enrique Soto Castro, doctor en psicología, Inspector Jefe del cuerpo Nacional de Policía, Director de la Sección de Análisis y conducta, además de escritor, responde hoy nuestras preguntas.Y hablamos, como no, de psicología, de reinserción social, de crímenes, de literatura y de un largo etc. Una extensa y más que interesante entrevista que no os podéis perder  por nada del mundo...





1. Además de doctor en psicología, es usted jefe de la Sección de Análisis de Conducta, fundada en el año 2000. ¿De dónde viene su interés por la psique humana? 

Esa es una pregunta complicada. Bien empezamos. Elegí estudiar Psicología como primera opción. Supongo que como otros muchos, pensaba aplicármela a mí mismo. Han pasado varias décadas y no he avanzado mucho en el análisis personal, pero me ha abierto caminos para el análisis del comportamiento del resto de personas, jeje. 

  El caso es que ya era psicólogo cuando entré en la Policía, con lo que las posibilidades de aplicar esta ciencia a la investigación criminal fue una realidad desde mi primer destino, hace más de veinte años. 



2. Como psicólogo criminalista, ¿qué respondería usted a la famosa y polémica pregunta sobre si el delincuente nace o se hace? 

Es imposible separar la genética del ambiente. Generación tras generación se transmite información biológica a través de los genes que sólo mediante la activación correspondiente, y en gran medida por la influencia del ambiente, se convierte en lo visible, mucho de ello a  través de la conducta. La frase creo que debería ser otra: en determinadas circunstancias, cualquier persona es capaz de cualquier cosa. ¿Qué no haría un padre o una madre por su hijo en una situación límite? 



3. ¿Diría que los procesos de reeducación social y de reinserción son efectivos? 

En general, sí. El problema está en que cada persona tiene sus propias circunstancias, sus desencadenantes y sus influencias (genéticas y ambientales). Si el proceso no logra adaptarse completamente a esos requerimientos, puede que fracase. En la incapacidad del sistema por adaptarse a cada individuo es donde veo yo la fuente de los fracasos que a veces se producen. Tratar a todos igual no es lo más aconsejable. 



4. ¿Propondría usted algún otro método alternativo a estos procesos que asegurase una efectividad del 100%? 

Si lo conociera, ya lo habría compartido. 



5. Y hablando de métodos, es usted creador de una severa metodología deductiva conocida como método V.E.R.A. Mediante este método, su equipo ha participado en la resolución de varios crímenes. Háblenos de la base y características de esta metodología. 

Es un método que pretende mantener controlado el proceso lógico de elaboración de hipótesis. Otorga un código sencillo a cada dato que se emplea y ese código permite rastrear cada una de las inferencias que se realiza. 

  Cada día quedo más sorprendido de las repercusiones que tiene el método. Según va siendo conocido, se aplica en ámbitos tan distintos como la Psiquiatría o la Inteligencia Artificial, pasando, por supuesto, por la investigación criminal. 



6. Explíquenos también el concepto de evidencia conductual y huella psicológica como herramientas fundamentales en el proceso de investigación. 

La materia prima del analista de conducta es… la conducta. Cada comportamiento puede tener repercusión visible en el entorno. Piénsese en una escena del delito cuando el cadáver es encontrado con evidentes signos de violencia. Cuando digo “evidentes signos de violencia” me refiero, obviamente, a indicios físicos que hacen pensar en conductas determinadas. Eso es una huella psicológica o evidencia conductual. Es el rastro de que se ha producido un comportamiento. Lo malo de este material es que siempre será inferido, no es físico como lo puede ser un rastro de sangre o una vaina percutida. Lo bueno es que siempre, pero siempre siempre, hay conducta (no siempre hay vainas, más jeje). 



7. El fallecido Robert K. Ressler formuló una clasificación de los asesinos en serie que comprendía dos vertientes: los organizados, que utilizan secuencias lógicas, y los no organizados, sin lógica y con problemas psiquiátricos. ¿Está de acuerdo con estos paradigmas? 

Están ya superados, como los mismos miembros del FBI especialistas en análisis de conducta saben. No hay rasgos puros y el propio Ressler tuvo que incluir la categoría mixta. No obstante, esta clasificación forma parte del comienzo de una disciplina a la que le debo mucho. Ressler, al que conocí en persona y me hizo alguna confidencia al respecto de nuestro trabajo, será siempre el referente en el criminal profiling.



8.¿Cuáles son los rasgos que calificaría usted como genéricos en cualquier perfil criminal? 

Ahí sí que soy taxativo: cada caso es único y cada vez que investigo un caso me lo digo una y mil veces. Cada caso es único, cada caso es único, cada… 



9. Ha redactado obras literarias y otras de corte científico y divulgativo, que le han proporcionado diferentes premios y colaboraciones en varios medios. ¿Cuál de estas dos vertientes le resulta más gratificante? 

No puedo separarlas aunque las obras científicas han tenido más repercusión que las literarias. El Manual del Método V.E.R.A sigue siendo superventas en su disciplina, va por su segunda edición y le espera mucho recorrido. Sin embargo, las obras literarias me proporcionan esa salida terapéutica que supone el desligarse de vez en cuando de la realidad y abrazar al cuenta cuentos que me hace vivir mundos imaginados. 



10. Si nos centramos en el terreno científico, además de lanzar un manual de investigación del delito que explica en profundidad el método V.E.R.A, del cual nos habló anteriormente, se ha introducido en el ámbito del terrorismo yihadista con su obra Humillación y agonía. ¿Qué fue lo que le llevó a introducirse en estos terrenos tan abruptos?

Son abruptos, sí, pero son conducta también. La razón fue intentar comprender cómo unos asesinos metódicos y despiadados eran capaces de crear una estrategia implacable a través del horror. En la medida en que traté de desentrañar sus métodos y las motivaciones que había detrás de ellos, lograba combatir sus presupuestos y dar argumentos para una correcta contra narrativa, hoy por hoy una herramienta fundamental para combatir este terrorismo tan brutal. 



11. Sus novelas El silencio entre las palabras, Molino de Sangre y La barca voladora, son obras dotadas de conflictos psicológicos, realismos y perfiles psicológicos bien trabajados. ¿Cuál de ellas diría que es la más lograda? 

El silencio entre las palabras fue la primera y eso la hace muy especial. Fue muy cuidada y sus conflictos psicológicos los podría tener cualquiera de nosotros. La barca voladora, no me preguntéis por qué creo que tiene lo necesario para convertirse en una obra de culto porque tiene múltiples lecturas. No sabría decir si es una novela de aventuras filosóficas o una obra de filosofía aventurera. En cualquier caso, su proceso creativo aún me sigue asombrado. Molino de sangre es un recopilatorio de relatos ambientados en la batalla de Verdún, durante la Primera Guerra Mundial y en ellos lo que menos hay es guerra, aunque sí mucha humanidad, o, al menos, eso pretendí. 



12. Háblenos brevemente de cada una de ellas y de lo que pretenden transmitir. 

Como ya contesté a esto en la pregunta anterior, la completo con las dos novelas siguientes, El espectro de Ileón Jacq (La Fábrica de Sueños, 2017) y El Museo del Olvido (Baile del Sol, 2018). La primera fue ganadora del Primer Certamen de Novelas de Terror La Fábrica de Sueños y es terror psicológico (vaya sorpresa). Un joven enfermo se hace cargo de una mansión heredada en una isla inhóspita. En la casa, tras un muro, encuentra un diario escrito por un loco, al parecer, y que narra hechos inenarrables (¡toma eso!). Esta narración le introduce en un mundo donde le cuesta distinguir lo real de lo fantástico, la vigilia de la pesadilla, la vida de la muerte. Muy a lo Allan Poe. 

El Museo del Olvido es mi primera (muchos dijeron: ¡por fin!) incursión en la novela negra. De hecho, los protagonistas son un analista de conducta veterano y un inspector de policía, que tendrán que luchar contra sus propios demonios a la vez que trata de descubrir a un asesino en serie que lleva matando más de cuarenta años. Técnicamente, es mi mejor novela y creo que le queda mucho por ofrecer. Es el comienzo de la que espero sea una fructífera saga. 



13. Y ya por último, cuénteme los futuros proyectos en los que está embarcado. 

Escribo esto un miércoles 21 de noviembre. Este viernes, por tanto, sale publicada una nueva novela, también de género negro, titulada El abismo, en una editorial tan original como prometedora, Black & Noir, con novelas exclusivas para leer en el smartphone y por entregas semanales. Aporta aún más original porque cada entrega semanal se acompaña de vídeos y material extra sobre los autores de las novelas, de tal modo que el lector no solo lee una historia, sino que se introduce en el proceso creativo y los secretos mejor guardados de sus autores. Me hace muchísima ilusión. 

  ¿Futuro? Soy Mister Proyectos, es decir, un montón de ellos en la cartera y poco a poco los trabajo hasta que uno me engancha del todo. Incluye trabajo científico, que no puede faltar, literario novelero, algún que otro ensayo y hasta Batman anda por ahí metido. Ilusión y más ilusión.




viernes, 16 de noviembre de 2018

Libertad





Un viernes más Caosfera amplía su estupenda lista de invitados. Hoy tenemos el placer de contar con el escritor y guionista Isaac Barrao, que nos trae un relato de su antología Salvaje, un compendio de terror salvaje y brutal que podéis conseguir AQUÍ. ¿Sois amantes de las emociones fuertes? Entonces habéis llegado al lugar que buscabais...



Toda mi vida he intentado encajar en la sociedad, en este mundo imperfecto dominado por… ¿quién sabe? Desde que tengo uso de razón, los límites dictatoriales de nuestra democracia me han dicho lo que tengo que hacer, me han enseñado a seguir unos parámetros concretos que dictaminan lo que está bien, recalcando con sumo esmero las prohibiciones y el castigo que conlleva transgredir las normas. Me han obligado a ir al colegio, al instituto e incluso a la universidad. No es que esté en contra de aprender, pero sí aborrezco la manera que tienen de obligarte a formar parte de la colmena, a esclavizarte, a robotizarte como si fueras el engranaje de una máquina diseñada por esos “quién sabe”, para llenar sus arcas. Sólo desean maximizar su ego y poder.


  Desde mi punto de vista, durante los cuarenta años de vida que llevo habitando este mundo bajo mi condición de mujer, me he amoldado al orden establecido con la fe absoluta de que era mi deber y mi razón de existir. Me han vendado los ojos con reality shows de máxima audiencia, he seguido los programas del corazón hasta altas horas de la madrugada, absorbiendo las vidas de esos famosos que no dejan de ser más que simples marionetas incrustadas en la misma maquinaria que nos maneja a todos. He trabajado duro, horas y más horas, día tras día, con el “estigma” democrático tatuado en mi corazón, ilusionada con llegar a ascender la pirámide capitalista para reunirme con “ellos”. He visto cómo nuestra sociedad, estructurada con la deliberada intención de servir y enriquecer a las altas élites, es engañada por “ellos”, esos dioses de carne y hueso que nos tratan como marionetas y que, por razones que no puedo o no quiero entender, se esconden, se difuminan, se integran sibilinamente en nuestra sociedad e incluso entre nuestras familias. Controlan y espían cada uno de nuestros movimientos, pretendiendo estar siempre un paso por delante de nosotros, haciendo y deshaciendo. ¡Joder! He visto cómo padres de familia, madres, abuelos y hermanos, priorizan el poder económico. Es triste el egoísmo del ser humano y su bajeza con tal llegar a escalar ese ficticio nivel de felicidad material; se convierten en monstruos capaces de abandonar a sus seres queridos, para ellos meros obstáculos insignificantes. He visto cómo los arcángeles manipuladores cortan los hilos que nos mantienen dentro del rebaño y acabamos destinados a comedores sociales. No tienen vergüenza, degradan y humillan la creencias que nuestras familias nos inculcan con tanto amor, nos explusan de nuestras propias casas y se jactan sin pudor de su poder mientras muchos no podemos pagar la luz ni alimentar a nuestros descendientes. He visto recortado nuestro bienestar, el triste cierre de quirófanos, la migración de los médicos en busca de una mejor suerte. He llorado al pensar en la muerte de amigos y familiares por culpa de largas listas de espera. Todo por falta de dinero, un dinero que desaparece por culpa de tarjetas opacas que sólo sirven para despilfarrar en yates, fiestas, cenas, prostitutas o joyas. Y permitimos que el sudor de nuestra frente sea despilfarrado de una manera obscena. He visto cómo después de permitir, ignorar y convivir con todo esto, intentamos seguir dentro del redil. Sin embargo lo peor de todo, lo más escabroso del asunto, es que continuamos instruyendo a nuestros hijos del mismo modo que “ellos” hicieron con nosotros. 

  ¿Qué más os voy a contar? Todo lo que pueda decir o pensar, la mayoría ya lo sabéis. Al igual que yo, lo habéis visto. 

  Sí, hemos visto y vivido. 

  Mi nombre es lo de menos. Ahora la vida es diferente, y me doy cuenta de que esto carecía de importancia, la verdad. Todo se ha ido a la mierda. No lo digo de forma metafórica, refiriéndome a esa asquerosa crisis que nos azotó hace unos ocho años y barrió nuestros ideales y creencias como un huracán. 

  Hoy es 1 de enero de 2015. ¿Cuándo empezó todo? No lo sé, pero a decir verdad no me importa, a nadie le importa. Las campanadas del reloj de la Puerta del Sol sonaron mientras las cadenas retransmitían un sonido peculiar. Pero nadie las escuchó, al menos del modo en que estamos acostumbrados. 

  Hace cuarenta y ocho horas que estoy sentada en el tejado de mi casa, a las afueras de la ciudad. Empuño la escopeta de caza de mi padre; él me enseñó a utilizarla. Estoy segura de que nunca se hubiera imaginado que le reventaría la tapa de los sesos con ella. No me malinterpretéis, vosotros en mi lugar hubiérais actuado del mismo modo. Con mi madre hice lo mismo después de que mi marido le desgarrara la yugular a mordiscos, transformándola en uno de esos monstruos sin alma ni sentimientos. Todos ellos tenían un único objetivo reflejado en sus ojos opacos: devorar mi azucarada y tierna carne. Para ella, aquello fue un instinto primario. Sin titubear, descargué el arma dos veces sobre la mujer que me dio la vida, la misma que me instruyó para encajar en la sociedad del mismo modo que hicieron con ella. La primera expansión de plomo le acertó de lleno en el estómago y desparramó sus intestinos en la moqueta del suelo. Su avance se ralentizó unos segundos y me dio tiempo a subir las escaleras que dan al tejado. La segunda vez le apunté desde las alturas y le acerté en la cabeza, aliviando su sufrimiento para siempre. 

  Mi querido marido sigue ahí abajo, apostado en la escalera. Hace horas que escucho cómo sus dedos rasgan la trampilla de madera por la que entré. Puedo imaginarme sus uñas descarnándose bajo las astillas y la sangre deslizándose entre sus dedos. 

  No estoy segura de que lo que estoy escribiendo en esta pequeña libreta llegue a ser leído por alguien. Pero si se diera el caso, espero que entienda mis sentimientos. 

  No me juzguéis. Voy a deciros una cosa: me siento bien, feliz. 

 A pesar de haber vivido esa falsa vida que “ellos” me concedieron con la exclusiva finalidad de contribuir a su riqueza, también tuve la suerte de estudiar una ingeniería que me permitió trabajar en la central nuclear que puedo ver de lejos en este momento, aunque un poco borrosa debido al agotamiento de mis ojos. 

  Es irónico, ¿sabéis? En sus películas, Romero sólo tenía razón en una cosa: los muertos caminaban sobre la tierra. Pero ellos no son lo único que hay que temer. Cuando los generadores auxiliares de emergencia se apaguen para siempre, no habrá nada que refrigere el combustible. Entonces la radioactividad de más de doscientas mil bombas atómicas será liberada de la planta. No hace falta que entre en absurdos tecnicismos para que podáis entender el final de la humanidad o el principio de algo mejor, según se mire. 

  Soy libre. Por una vez en mi vida, ¡soy libre! ¿No lo entendéis? ¡Somos libres! Jamás en nuestra miserable y programada existencia nos habíamos librado de “ellos”. Doy gracias a Dios y rezo para que los pocos que quedamos en este mundo sintamos la manifestación de la verdad antes de que esas aberraciones que anhelan nuestra carne acaben con nosotros. Rezo para que respiréis la libertad que se os brinda, para que saboreéis el libre albedrío sin miedo a equivocaros, para que sintáis vuestra alma recorriendo cada centímetro de la piel del mismo modo que lo estoy viviendo yo en este momento. Seamos felices antes de abandonar el infierno y dirigirnos a un lugar mejor, tal vez un universo que destierra el egoísmo, la ira, el odio, la carne, la envidia…, donde el amor es aceptado como única alternativa viable hacia la salvación. ¿Os imagináis que hubiéramos descubierto esta absoluta verdad antes de que sucediera la catástrofe? No sé, puede que nuestro paso por aquí fuese obligatorio, antes de que se nos concediese la ascensión… 

  Mi querido y amado marido acaba de atravesar la trampilla de madera. Ruge como una bestia salvaje, dominado por el rojo elixir que corre en mis venas. En su desfigurado rostro se dibuja un pensamiento: clavar sus dientes podridos en mi piel. Pero ¿sabéis qué? Yo sigo viendo su alma, el dulce reflejo amoroso que eclipsa la tormentosa maldad que le obliga a atacarme, a devorarme, a seguir sus instintos primarios sin ataduras, sin reglas, atendiendo egoistamente a su felicidad… Pensadlo. 

  No voy a resistirme. 

  Prefiero morir entre los dientes de mi amor. Sé lo que la radioactividad provocará en mi piel, sin embargo, no es la manera de morir lo que me asusta. No estoy segura de poder aguantar el peso de nuestros pecados como especie ni la destrucción de la madre Tierra, que nos acogió como sus hijos más amados. Hicimos caso omiso de sus constantes advertencias a pesar de que nos guardó y alimentó incluso sabiendo que nos convertiríamos no sólo en sus verdugos, sino en los nuestros. 

  Mirad hacia atrás, hacia el mundo que permanecerá para siempre atrapado en una destructiva telaraña, desfigurado por el interés y los prejuicios de unos pocos, y decidme: ¿cómo os sentís? 

  Ahora… Ahora soy libre. Sois libres. 



viernes, 9 de noviembre de 2018

Jack de Jacks




Retrato de Mary Jane Kelly. Imagen sujeta a derechos de autor

El 9 de noviembre del año 1888 el cadáver de la Joven Mary Jeannette Kelly fue hallado a las 10:45 de la mañana en la habitación número trece de Mille´s Courts. El crimen fue brutal: le habían seccionado la nariz, los senos y las orejas; tenía el vientre abierto y los órganos habían sido extraídos y esparcidos alrededor del cuerpo. Algunos pedazos de carne arrancados de los muslos y de la faz descarnada flotaban sobre la sanguinolenta mezcla. Hoy se cumplen ciento treinta años de este terrorífico suceso, que conmocionó a todo Londres. El último y más depravado crimen atribuido a uno de los asesinos más enigmáticos de la historia: Jack el destripador. 

  Muchas han sido las conjeturas vertidas alrededor de este turbio y enigmático suceso. Fueron varios los testimonios registrados en la encuesta judicial, uno de los más notorios  el del obrero George Hutchinson, amigo de la víctima, además del último en verla con vida, que fue considerado altamente sospechoso. Hutchinson se presentó en comisaría cuatro días después del macabro descubrimiento, y este retraso fue tomado por las autoridades como un intento de malograr la investigación. Fue el sargento Edward Badham el encargado de tomarle declaración, en la cual el denunciante asegura haber visto a la víctima poco antes de su muerte: con un señor de aspecto respetable, muy elegantemente vestido y con pinta de extranjero. Quién sabe, tal vez un judío

  El cuerpo de Kelly fue examinado a conciencia por dos médicos forenses de alto prestigio: Thomas Bond y George Bagster, quienes redactaron un detallado informe. 

Certificado de defunción en el que la víctima fue registrada como Marie Jeannette Kelly Davis



Documento real de la escena del crimen. Imagen sujeta a derechos de autor.



  Con motivo de la conmemoración de este ciento treinta aniversario, en Caosfera hemos decidido recurrir al buen hacer de Gabriel Pombo, como ya sabéis, colaborador habitual además de uno de los investigadores más prestigiosos en torno al tema. Recordemos el fragmento que Gabriel dedicó a este emblemático suceso en su novela El animal más peligroso:

  Aquella madrugada varias vecinas y colegas de oficio la vieron entrar y salir incansablemente de su pieza, llevando a ésta candidatos muy diversos. La señora Mary Ann Cox, una viuda de treinta y un años, también prostituta, la halló asida del brazo de un sujeto desarreglado, bajo, gordo, de mejillas sonrosadas por el exceso de alcohol y bigote rubio. Para tornarlo más ridículo aún, el cliente aferraba una jarra de cerveza. Jeannette abrió la puerta del número 13 y lo hizo pasar, pero antes de entrar ella misma vio a Cox que se retiraba de su habitación –que quedaba próxima a la ocupada por la pelirroja– y le anunció: –Amiga, te voy a dedicar una canción – tras lo cual se puso a entonar una balada titulada «Una violeta que arranqué de la tumba de mi madre». Aparte de que la melodía era triste, la intérprete desafinaba. Al rato la viuda volvió a verla salir en busca de otro cliente. El último testigo que la habría avistado en esa velada fue un obrero amigo suyo: George Hutchinson, quien más tarde describiría al presunto último acompañante que esa noche ella tuviera como un individuo muy elegantemente vestido y «con pinta de extranjero, tal vez un judío». El domingo 9 de noviembre era un día festivo para los londinenses en el cual se celebraba la fiesta del Lord Mayor, distinción que recibe el alcalde de Londres, York y otras ciudades importantes del Reino Unido. Pero no todos se sentían de espíritu alegre esa mañana. Mientras oía el paso de la carroza que transportaba al Lord Mayor y los vítores de la muchedumbre, John McCarthy –locador de aquella joven meretriz, y dueño de un bazar con frente a las covachas del edificio designado «La Corte del Molino»– refunfuñaba al revisar sus cuadernos de cuentas. Ocurría que, desde semanas atrás, los números no le cerraban y únicamente se venía sosteniendo gracias a las ventas de su negocio. En una situación normal sus ingresos primordiales derivaban de las habitaciones que alquilaba a las prostitutas en el edificio del número 26 de la calle Dorset, y ahora la mayoría de ellas le estaban adeudando. 

  Al reflexionar acerca de la razón que provocaba esos atrasos masculló para sí: «¡Es por culpa de ese maldito de Jack el Destripador! Las mujerzuelas tienen miedo de salir a las calles a trabajar, y cada vez consiguen menos plata. Por eso les cuesta tanto pagar ahora.» El arrendador se consideraba un hombre razonable. Entendía que había surgido una causa que justificaba que sus inquilinas ganaran menos, y por el momento haría la vista gorda y no las acosaría. Sin embargo, al puntear con su lápiz repasó la deuda que mantenía la pensionada del número 13. El valor ascendía a una libra y nueve chelines. Eso era mucho dinero. Por poco que estuviera trabajando le parecía claro que la irlandesa se estaba pasando de lista. –¡Indian Harry! – voceó, identificando por el seudónimo a Thomas Bowyer, su empleado de cobranzas, que había salido del bazar para contemplar el desfile. –Ven aquí de una vez hombre, que te necesito. –Sí señor, a la orden – contestó aquél, entrando con paso desganado y encaminándose hacia el escritorio donde su empleador hacía las cuentas. –No te voy a mandar lejos. Quiero que cruces la calle y vayas hasta lo de la Kelly para que, de una vez por todas, me pague el alquiler que me debe – levantó el cuaderno, y apuntando con su dedo índice señaló el importe que la muchacha adeudaba. –Si no puedes obtener el total cuando menos no regreses con las manos vacías.

  El otro asintió y fue hasta el perchero en procura de su abrigo. No es que hiciera mucho frío esa mañana, pero el gabán oscuro que ahora se ceñía completaba su apariencia de hombre serio, y él se figuraba que lo volvía más digno de respeto ante los morosos. A las 10.45 el cobrador aporreó a la puerta número 13. Tres, cuatro veces. No hubo respuesta. ¿Estaría la mujer adentro y fingiría no escuchar? A efectos de salir de dudas, Indian Harry se dirigió hacia la parte lateral de la vivienda para husmear por la ventana. El vidrio tenía una rotura que permitía introducir la mano y descorrer la cortina. Cuidando no lastimarse apartó la sucia tela, y aplicó un ojo a la abertura con el fin de escrutar hacia el interior. Lo que vio le hizo proferir un grito de terror, y retiró tan rápido su mano que se raspó el dorso, el cual empezó a sangrar levemente. Su miedo estaba justificado. El macabro hallazgo, que tuvo la desgracia de hacer, resultó uno de los más espantosos y depravados que consignan los anales de la criminología mundial. Encima de la cama bañada en sangre reposaban maltrechos despojos de aquella que en vida fuera una sensual cortesana. Únicamente llevaba puesto un menguado camisón, que dejaba ver el atroz estropicio infligido a su organismo. Su estómago lucía abierto en canal, y habían seccionado su nariz, sus senos y sus orejas. Trozos de su muslo y fragmentos de piel de su cara yacían junto al cuerpo descarnado. Los riñones, el hígado y otros órganos se esparcían en torno al cadáver y sobre la mesa de luz. El dantesco cuadro llenó de horror al cobrador, quién fue corriendo hasta el bazar de su patrón y le comunicó el espantoso descubrimiento. Ambos hombres se dirigieron a la pensión y, escudriñando desde la ventana, volvieron a comprobar el hecho. El dueño envió a su empleado a buscar ayuda a la comisaría de la calle Comercial, mientras él se quedaba montando guardia. Al rato, arribaron los inspectores Beck y Abberline, y el superintendente Arnold. También convocaron a los forenses Phillips y Bond. Entre otros agentes sin rango, se hizo presente Barrett de la división H de Whitechapel. Ninguno de los detectives se decidía a impartir la orden de forzar la puerta para acceder al teatro del crimen, pues aguardaban instrucciones de Sir Charles Warren. Pasaban las horas sin tenerse noticias de éste, hasta que se supo la sorprendente novedad de que el jefe supremo había presentado su dimisión esa misma mañana. A las 13.30 por fin el superintendente asumió la responsabilidad de mandar quitar la ventana para fotografiar el interior. Una vez concretada esta medida, se requirió al propietario que rompiera la puerta a fin de hacer posible el ingreso; labor que éste hizo valiéndose de una piqueta. «¡Parecía más la obra de un demonio que de un hombre!» exclamó McCarthy al testimoniar en la instrucción subsiguiente

  Con esas palabras dejó constancia de la tremenda impresión que le produjo el monstruoso hallazgo, que estremeció incluso a los más endurecidos policías que concurrieron a la tétrica habitación.


Reseña de "El animal más peligroso" Aquí


  Por supuesto, no podíamos olvidarnos de preguntarle a Gabriel su opinión sobre los posibles móviles y sus conclusiones al respecto de este espantoso hallazgo como perfecto cierre de este artículo:


  El espeluznante crimen de la bella Mary Kelly, con el atroz ensañamiento ejercido por el homicida sobre el cadáver, deja la sensación de que el victimario actuó poseído por una visión apocalíptica. En su mente perturbada no estaba destrozando un cuerpo humano sino realizando una especie de ritual sólo comprensible para él mismo, lo cual condice con lo que la actual criminología conoce sobre los asesinos en serie. Visto desde el ángulo de los actuales estudios criminalísticos y de las opiniones de los perfiladores de la talla de Robert Ressler, John Douglas y otros expertos del FBI no resulta extraño que el asesino haya considerado que con ese acto daba "culminación" a la "misión" que se impuso a sí mismo al acometer su sanguinaria serie criminal. Este crimen, donde el victimario dispuso de suficiente tiempo y de la tranquilidad de estar a solas con su víctima en un lugar a resguardo (no en la vía pública como sucediera en sus anteriores homicidios) le permitió concretar a pleno su fantasía de dominación y le indujo a creer que su "obra" ya estaba concluida, y que ya ningún nuevo crimen que perpetrase podría superar a éste. No sería causal entonces que no se detectasen más asesinatos atribuibles a Jack the Ripper. Este psicópata (fuera quien fuera) ya no volvió a asesinar, porque ya no tenía "motivos" para hacerlo. No volvió nunca más, tras consumar este crimen, a arriesgarse a ser atrapado in fraganti, y así fue que se pudo mantener impune y desconocido hasta nuestros días.



viernes, 2 de noviembre de 2018

Relatos extraños Vol.1 y Vol.2



 

 

                                                                               
  «El infame Teodomiro nos acerca aquello que no se ve a simple vista, lo que no queremos mirar. Es una sacudida de los cimientos de la razón, que demuestra, una vez más, la inconsistencia de la realidad que nos rodea.» 


Benjamin Stiglitz 

(Profesor de física cuántica, investigador y científico de campo) 




En octubre del pasado año por fin vio la luz Relatos Extraños, antología editada por la Editorial Gradiente. Se trata de una recopilación de historias cortas escritas por su autor entre los años 2007 y 2016. El primer volumen llegó compuesto por veintisiete relatos y gozó de singular éxito al poco de su lanzamiento. 

    El próximo 22 de noviembre -tras un descanso por parte del autor, inmerso en otros proyectos literarios- verá la luz, si Satán quiere y Dios no lo remedia, el segundo volumen de esta colección, que promete convertirse en saga. 

   Este segundo volumen llega compuesto, ni más ni menos, que por un total de treinta y nueve relatos cortos con un tono más gamberro, desprejuiciado e irreverente que los incluidos en el volumen anterior. Una apuesta arriesgada que cuenta, nuevamente, con el apoyo de la editorial Gradiente, famosa por su afinidad con el vanguardismo y las propuestas de corte underground

  A quienes tuvieron la oportunidad de leer el primero y disfrutaron tanto la variedad de su temática como de su estilo poco ortodoxo o sus elementos y pasajes propios del realismo mágico, les podemos asegurar que este nueva inmersión literaria no les defraudará. Y, por supuesto, quienes no lo han leído, están a tiempo de hacerlo. Pueden encontrar el primer volumen en Amazon y librerías como Casa del Libro o El Corte Inglés, en impresión bajo demanda. Y por supuesto, también en formato digital. 


  Debido a la proximidad del lanzamiento de este segundo volumen, en Caosfera hemos decidido hablar con su autor, Teodomiro de Moraleda, para pedirle que nos explique la génesis de su obra:


  Reconozco que Relatos extraños fue una aventura singular, ya que lo tenía todo en contra. Pero por suerte aún hay editoriales que se arriesgan con autores considerados “malditos”. Para mí, la escritura responde casi a un acto compulsivo. Escribo porque necesito plasmar de una manera u otra todo lo que fluye en mi “caja de ideas”. De alguna forma misteriosa, la hoja en blanco es mi escenario, el bolígrafo es mi cámara , y las letras mis actores… Y así , la cosa va tomando forma, entre todos creamos un conjunto. ¿Nuestra propia película, tal vez? Sí. La verdad es que yo quería ser director de cine, pero escribir es mucho más sencillo; no tienes que comunicarte con un montón de gente ni coordinarlos para contar tu historia. Simplemente la escribes y listo. Al final, en cierto modo, todos somos contadores de historias, ¿o no es así? 

   En este segundo volumen de la saga Relatos extraños, el lector podrá encontrar un total de treinta y nueve historias cortas de muy diversa temática e índole que también cuentan con multitud de elementos dispares: hoteles encantados, asesinos, snuff movies, personajes extraños, zombies, canibalismo, insectos, fantasmas, mentes alteradas, licántropos, porteros automáticos, bombas, niños traviesos, dimensiones alternativas, misteriosos cambios de sexo, diarreas masivas…y un largo etcétera. Todas ellas historias procedentes de viajes sin avión, equipaje, ni LSD. Espero que puedan disfrutarlas, o al menos no sufrirlas demasiado. Que las amen o las odien ya es cosa suya, me conformo con que no les dejen indiferentes.



PODÉIS ENCONTRAR EL PRIMER VOLUMEN DE RELATOS EXTRAÑOS AQUÍ