viernes, 17 de enero de 2020

En nombre de la ciencia



Imagen sujeta a derechos de autor




¡Viernes! Y en esta ocasión os traemos una nueva entrada literaria. Podéis disfrutar de otro de los relatos que leímos durante la convocatoria splatterpunk, que nos llega de la mano del autor Tomás Pacheco Estrada, redactor en las revistas Dekada virtual, Katarsis celuloide, Revista fantastique y MiNatura, amen de otros muchos espacios. Su trayectoria está muy ligada al mundo del cine, ya que fue ganador en un concurso de un taller de guión para cortometrajes y ha participado en varios proyectos cinematográficos y cursos de actuación. Sin más, dejo a vuestra valoración el esfuerzo de Tomás. 




Un avión aterrizó en la isla. En su interior viajaba un grupo de criminales de alta peligrosidad, sobre los que pesaba una condena a muerte. Ese mismo día, otro avión arribó lleno de mujeres condenadas a la esclavitud sexual. Ni los hombres ni las mujeres sospechaban lo terrible que era ese siniestro lugar. Habían llegado al mismísimo infierno. Tanto los hombres como las mujeres pertenecían a diferentes razas. Sus orientaciones sexuales, sobre todo las poco productivas para la especie, también habían sido señaladas, ya que la misión de sus degenerados captores era velar por un mundo libre de imperfecciones.

    En aquel pedazo de tierra, abandonado en medio del océano, habitaban el dolor y la miseria. Sólamente se veían soldados que ocultaban sus rostros con caretas y  lucían orgullosos la cruz gamada en sus uniformes. Ninguno de los desafortunados prisioneros reconoció al líder del siniestro cónclave: el científico Josef Mengele. Mengele había recibido inmunidad diplomática a cambio de proseguir sus diabólicos experimentos y entregar al estado los resultados de sus estudios. Los "conejillos de indias" fueron encerrados a sus celdas. El llamado Ángel de la Muerte se regocijaba de gusto; un nuevo cargamento de carne fresca para ser sometida a pruebas inhumanas. Pasaron horas hasta que  un grupo de soldados acudió para sacar a algunos hombres de sus celdas. Las miradas de los prisioneros desprendían compasión, algunos hasta derramaban lágrimas al imaginar su terrible e incierto futuro. Fueron conducidos a un patio interno, donde se les ató a unas estacas de madera. El primer prisionero fue quemado con un lanzallamas entre terribles gritos y estertores. Atento, Mengele tomaba notas en su libreta. El segundo reo fue usado a modo de blanco por un arquero, que agujereó su cuerpo hasta transformarlo en un alfiletero. El tercer convicto se meó encima y suplicó piedad, las tropas nazis hicieron escarnio y colocaron una granada entre sus ropas. El patio quedó regado por una mezcla de fluidos y trozos de carne reventada. El último de los reos permaneció con el rostro enloquecido. Impasible, Mengele pidió que le cortaran las manos, para comprobar cuánto tardaría en morir desangrado.

  Pero esta sólo era una muestra de las atrocidades cometidas por aquel enjambre de psicópatas. Al no sentirse satisfecho, Mengele ordenó que un grupo de mujeres fuese conducido al laboratorio. La más joven fue encerrada en una cámara frigorífica con el objeto de averiguar durante cuánto tiempo resistiría las altas temperaturas. Lleno de curiosidad, el doctor decidió congelar los brazos de otra de las mujeres y  esperar a que se descongelasen. La gangrena acabaría con ella, proceso que sería convenientemente seguido y documentado.

  Otro de los experimentos consistía en atar a un prisionero a una silla y colocar cables por todo su cuerpo para que muriese electrocutado entre terribles sufrimientos. 

  Mengele recorría los pasillos que aquella sombría prisión acompañado de una enfermera rubia de rostro particularmente duro y siniestro. La mujer entraba en las celdas e inyectaba a los reos enfermedades de todo tipo Algunos se resistían, por lo que trataba de engañarles diciéndoles que eran vacunas. Tras una larga agonía, los hombres perecían bajo la mirada tranquila del siniestro Doctor y sus secuaces. Mengele lo tenía claro: en nombre de la ciencia todo estaba justificado. Además, se trataba de razas inferiores que, de un modo u otro, debían ser erradicadas. 

  No hubo inconveniente para el doctor en que las mujeres fueran tratadas como esclavas sexuales. Inevitablemente, algunas de ellas quedaron encinta, lo cual lejos de ser un problema supuso una nueva fuente de investigación, o más bien sadismo vestido de investigación. Cuando sus vientres estaban hinchados, eran llevadas a quirófano y se les hacía una cesárea sin anestesia. Los fetos eran extraídos y colocados en frascos llenos de formol. Respecto a las madres, nunca más se supo, aunque se dice que la que no murió desangrada durante el proceso recibió una muerte lenta y dolorosa abandonada a su suerte con el vientre abierto sobre la mesa de operaciones. 

   Durante años los terribles experimentos continuaron. Cientos de prisioneros fueron conducidos a la isla. Muchos de ellos terminaron encerrados en cuartos y atacados por perros infectados con la rabia con el objeto de valorar los efectos de esta enfermedad en el cuerpo humano. Otros muchos,  fueron conducidos a salas donde se estudiaban los efectos de la radiactividad en los tejidos orgánicos. Según Mengele, era una forma de buscar la cura contra el cáncer. También se comprobaron los efectos del gas sarín y el gas mostaza en el sistema nervioso. Todos y cada uno de los terribles resultados fueron anotados, estudiados y expuestos por el doctor. 

   La vivisección se convirtió en otra de las técnicas predilectas del Ángel de la muerte. Pero su nivel de sadismo aumentó, y no contento con extraer los órganos de sus víctimas mientras aún permanecían con vida, amputó sus miembros para dejarlos convertidos en sanguinolentos muñecos rotos. Le gustaba recordar el pasado, cuando todavía estaba en Auschwitz. Sonreía mientras recordaba la cámara de gas en la que había acabado con la vida de tantos y tantos inocentes. Recordó también el día en que se le ocurrió coser a dos gemelos para convertirlos en siameses. Sí, debía continuar su trabajo y para ello utilizaría los últimos avances, y continuaría demostrando los efectos de diferentes sustancias y enfermedades en el cuerpo humano. Era un anti hipocrático reconocido.

  Pensaba que cualquier tipo de enfermedad podía ser curada. Entre las denominadas enfermedades, para él primaba la homosexualidad, que pensaba erradicar de una vez por todas.  El Ángel de la Muerte se frotaba las manos, mientras pensaba en sus planes y en el que era el sueño de su vida: crearía el ejército perfecto, legiones de muertos vivientes hambrientos y siempre dispuestos a atacar. Lo tenía todo pensado, para ello debía engañar a algunos de los reos bajo la promesa de que dejarían de ser torturados a cambio de vivir encerrados en una habitación para siempre. Aterrorizados, cedieron y entraron en la habitación con una mesa repleta de comida. En medio de su desesperación, sonrieron. Pero las escasas muestras de alegría duraron poco cuando la estancia comenzó a ser gaseada. Sin embargo, este gas era diferente. Lejos de debilitarse, los convictos enloquecieron, se atacaron unos a otros con los ojos inyectados en sangre mientras sus gargantas proferían imposibles alaridos. Al cabo de unos días, Mengele ordenó que varios soldados convenientemente protegidos fuesen a comprobar el resultado de su soñado experimento, y así se hizo. La escena que encontraron fue repugnante y dantesca; los prisioneros se revolvían entre una fétida mezcla de carne, sangre y excrementos, la mezcla resultante tras fagocitar los restos de sus compañeros. Aquellos no eran seres humanos, sino bestias famélicas. Rápidamente, trataron de abalanzarse sobre los soldados y algunos fueron acribillados. Otros fueron reducidos, encadenados y llevados ante Mengele quien, satisfecho con su creación,  sonrió malignamente; estaba logrando su sueño. Continuaría con sus experimentos y lograría finalmente crear el ejército más poderoso del mundo bajo el amparo de aquellos gobiernos que tanto necesitaban de sus avances científicos...


viernes, 10 de enero de 2020

Amaltea y Gritos sucios: una antología muy especial




El pasado 8 de enero, la web Filmtropia dio a conocer los ganadores de los II premios Amaltea, iniciativa de esta web cultural para insuflar bríos y visibilidad a obras de género alumbradas por editoriales independientes. Este fue el resultado:


  • Martín Felipe Castagnet, Premio Amaltea de ciencia ficción como autor de Los cuerpos del verano, libro publicado en España por Sigilo Editorial y por Editorial Pesopluma en Perú.

  • Nieves Guijarro Briones, Premio Amaltea de terror como coordinadora de Gritos sucios, una antología splatterpunk, libro publicado por Ediciones Vernacci.

  • Beatriz García Guirado, premio Amaltea de fantasía como autora de La tierra hueca, libro publicado por Editorial Aristas Martínez.

  • Alberto Chessa, Premio Amaltea Los otros autores, como traductor de El pescador (John Langan), libro publicado por La biblioteca de Carfax.


Estar entre los ganadores es un auténtico honor. Gracias por este maravilloso reconocimiento.

   Gritos sucios ha sido una auténtica aventura de principio a fin. Por eso voy a hablaros, sin dilatarme mucho, de su proceso de creación.

  La idea llegó por dos cauces principales: El primero, un relato que me encantaba pero que no tenía la extensión suficiente para ser publicado como novela, me refiero a Amor de dioses, de Bob Rock, incluido finalmente en la antología. El segundo, que este relato perteneciese al género splatterpunk, lo que me llevó a recordar una antología precisamente de este género que tuvo un importante éxito a nivel europeo: la italiana Juventud Caníbal. Pese a la tentación inicial de proponer una reedición de dicha antología, una charla con el editor Rafael Lindem me convenció de que éste sería un proceso demasiado farragoso, y que la edición de una nueva obra que siguiera la senda de la original (y que incluso fuese más allá en algunos aspectos) podía resultar mucho más interesante. Por supuesto, la inclusión del mencionado relato estaba asegurada, pero era necesario encontrar compañeros de viaje que supiesen adentrarse en este subgénero tan desconocido todavía por muchos. Para este fin decidí organizar una convocatoria que me permitiese seleccionar lo que terminaría convirtiéndose en el resto del volumen. Este cuerpo estaba compuesto por once relatos de diferentes temáticas pero unidos por una misma sensibilidad. La que buscábamos. La que necesitábamos. 

  Después llegaron las revisiones y el proceso de diseño. Fue un camino largo, sujeto a modificaciones de todo tipo para que las piezas acabaran encajando en el mismo puzzle. Gracias, Rafael Lindem, por tu gran labor y tus consejos en este campo. 

  Precisamente fue Rafael quien, conociendo mi apego por la obra del reconocido cineasta Robert Morgan, se puso en contacto con él para que aceptara diseñar la cubierta de la obra. Robert aceptó de buena gana y facilitó mucho todo el proceso. Gracias, Robert Morgan, por portarte tan bien con nosotros y por este pedazo de cubierta.

  La cuestión prólogo/epílogo era otro frente. Fue una verdadera aventura dar con el texto adecuado, que nos llevó a contactar con gente realmente interesante en el mundo del terror tanto literario como cinematográfico. Tras muchos dimes y diretes, fue el escritor y editor Alberto Ávila Salazar el encargado de afrontar el encabezamiento de la obra, demostrando su amplio conocimiento del género.  Gracias por tu ayuda, Alberto. Y gracias también al autor del epílogo, Vicente Garrido Genovés, uno de los criminólogos más prestigiosos de España, que se lanzó sobre el proyecto sin pensarlo.

  Pero todavía necesitábamos una guinda. Soraya Murillo Hernández se encargó de proporcionarla. Sabíamos de su amistad con el desaparecido Jack Ketchum y de las largas conversaciones que había mantenido con él durante sus últimos años de vida. La idea de incluir un pasaje sacado de una de estas conversaciones nos sedujo profundamente. El pasaje procede de la última conversación, y en ella, el malogrado genio de Nueva Jersey nos define lo que es para él el miedo. Gracias por tu generosidad, Soraya.

  Y por supuesto, gracias a las vísceras de la obra: Bob Rock, Francis Novoa, Lou Wild, Juan Díaz Olmedo, Sergi Soler Blanch, Ariel S. Tenorio, Fran Mateu, Jose Ángel conde, Francisco Negrete y Tetsuo Kochi. Gracias por vuestra febril imaginación y vuestro trabajo. 


GRACIAS A TOD@S DE CORAZÓN.



  

viernes, 3 de enero de 2020

Operación Anthropoid, terror y represalia







Un viernes más, nuestro colaborador David López Cabia nos sumerge en la historia más cruda. En esta ocasión, nos trae uno de los más terribles episodios de la Segunda Guerra Mundial, la Operación Anthropoid, que desembocó en la terrible represalia nazi con el pueblo de Lídice. La historia nunca deja de aterrarnos y sorprendernos...



Las ansias expansionistas de Hitler llevaron a centrar su atención en la vecina Checoslovaquia. Ya en marzo de 1938, Alemania se había anexionado Austria y la amenaza nazi pendía sobre los checoslovacos. 

  Con las tropas alemanas haciendo maniobras cerca de la frontera, Checoslovaquia puso en alerta a su ejército. Sin embargo, la política de apaciguamiento de Chamberlein y Daladier tuvo como resultado lo que sería conocido como los acuerdos de Munich. Así, Gran Bretaña y Francia permitían a Alemania la anexión de la región de los Sudetes. Sin embargo, las ansias expansionistas de Hitler no estaban saciadas y en marzo de 1939, ante la falta de respuesta de Francia y Gran Bretaña, las tropas alemanas ocuparon la totalidad de Checoslovaquia. 

  El país centroeuropeo era de gran importancia para el Tercer Reich, pues su industria era fundamental para el esfuerzo bélico alemán. Había una guerra mundial en ciernes que terminaría por estallar el 1 de septiembre de 1939 con la invasión alemana de Polonia. 

   A medida que transcurría el tiempo, la ocupación alemana de Checoslovaquia se hacía más difícil. Los alemanes sufrían actos de sabotaje, la resistencia checa se había convertido en una china en el zapato, la productividad de los trabajadores era insuficiente y la comida escaseaba. Para atajar aquellos problemas, Hitler sustituyó a Konstantin von Neurath como gobernador de Bohemia y Moravia y envió a Checoslovaquia a uno de sus más despiadados hombres, Reynhard Heydrich. Prueba de la crueldad de Heydrich serían sus sobrenombres como: el hombre con el corazón de hierro, la bestia rubia y el carnicero de Praga. 


Reynhard Heydrich


   Así, el 28 de septiembre de 1941, Heydrich tomó posesión de su nuevo cargo en el castillo de Praga. Durante su etapa como Reichsprotektor, Heydrich aplicaría la política de la zanahoria y del palo. En este sentido, aumentó las raciones a la población y ofreció ciertos beneficios sociales a los trabajadores, pero también aumentó la represión, intensificándose la persecución a los judíos. 

  Paralelamente al terror que Heydrich sembraba en Checoslovaquia, se abordó la cuestión judía. Reunido entre otros con Adolf Eichmann, planeó la denominada Solución Final, el exterminio masivo de los judíos. 

   Mientras el temido Reichsprotektor actuaba impunemente, en suelo británico se planeaba el asesinato de Reynhard Heydrich. La misión se bautizó con el nombre de Operación Antropoide. Dos comandos checos saltarían sobre su país. Sus nombres eran Josef Gabcik y Jan Kubis. 

  En la tarde del 28 de diciembre de 1941 despegó un bombardero Halifax desde Inglaterra. A primeras horas del 29 de diciembre, Gabcik y Kubis saltaban del avión y tomaban tierra en Checoslovaquia. Pero los dos comandos checos habían caído fuera de su zona de aterrizaje, por lo que deambularon hasta encontrar refugio en una cantera. Allí, fueron encontrados por un hombre llamado Baumann, que les puso en contacto con la resistencia. 

   Con la ayuda de la resistencia, Gabcik y Kubis llegaron hasta Praga. Una vez infiltrados en la capital, se escondieron en distintos pisos y se pusieron manos a la obra. Con discreción, se encargaron de estudiar las rutinas de Reynhard Heydrich. Ambos hombres descubrieron que Heydrich era muy descuidado en su seguridad, pues viajaba únicamente escoltado por su chófer en un Mercedes descapotable y siempre seguía la misma ruta. Así pues, encontraron una curva muy cerrada en la que el chófer de Heydrich siempre se veía obligado a reducir considerablemente la velocidad. Ese sería el lugar del atentado, situado en el suburbio de Liben. 

   La resistencia checa se percató de las intenciones de Gabcik y Kubis. Sabían las terribles consecuencias que podía acarrear el asesinato de Heydrich. Las represalias alemanas serían implacables, por lo que solicitaron a Londres la cancelación de la operación. Sin embargo, acabar con el sanguinario Heydrich estaba por encima de cualquier consecuencia. Así, Gabcik y Kubis decidieron que el atentado contra el Reichsprotektor se llevaría a cabo el 27 de mayo de 1942. 

   Aquella mañana, Heydrich se retrasaba y Gabcik y Kubis, situados en la curva fijada para el atentado, empezaban a perder la paciencia. Con demora, el Mercedes negro descapotable de Heydrich avanzaba inexorablemente hacia la fatídica curva. 

   Así pues, el tercer hombre que colaboraba en el atentado, Josef Valcik, hizo señas a Gabcik y Kubis para advertirles de la llegada de Heydrich. El momento de la verdad había llegado. Ambos comandos se dirigieron hacia la fatídica curva al tiempo que llegaba un tranvía. 

   Gabcik se situó ante el Mercedes y de su maleta extrajo un subfusil Sten, pero en el momento clave, el arma se atascó. El Mercedes se detuvo y Heydrich y su chofer desenfundaron sus armas para repeler el ataque. Kubis actuó inmediatamente lanzando una granada. El artefacto explotó hiriendo a Heydrich. Ambos comandos pusieron pies en polvorosa para abandonar la zona del atentado. 


Mercedes de Heydrich tras el atentado


   Heydrich fue trasladado al hospital de Bulovka y las tropas de las SS se desplegaron para asegurar el hospital. Solo el personal alemán podía entrar en las instalaciones. Aunque Heydrich estaba vivo, preocupaban sus heridas. El Reichsprotektor tenía una esquirla metálica en la columna vertebral y una herida con crin de caballo procedente de la tapicería del coche alojada en el bazo. 

   Himmler envió desde Alemania a un médico de las Waffen-SS para tratar las heridas de Heydrich. Así, se inició un tratamiento con sulfamidas, pero la infección se había extendido al torrente sanguíneo. Tras una larga agonía, Heydrich terminaría muriendo el 4 de junio de 1942. Finalmente, el cadáver de Reynhard Heydrich fue enviado a Berlín, donde fue enterrado con los máximos honores. 

  Furiosos, los alemanes desataron una oleada de represalias. Comenzaron las detenciones, los interrogatorios, las torturas y las ejecuciones. Los pelotones de fusilamientos disparaban incesantemente contra los condenados y en la prisión de Pankrac, la guillotina hacía rodar cabezas. 

  Mientras tanto, Kubis y Gabcik habían logrado pasar desapercibidos. Los alemanes, desquiciados y furibundos, eran incapaces de dar con los dos comandos checos. Sin embargo, un ultimátum pendía sobre la aterrorizada población civil. El 18 de junio era la fecha límite para la captura de los autores del asesinato de Heydrich. Nadie imaginaba en qué podía consistir la venganza que podían desatar los alemanes. 


Kubis y Gabcik

  Karel Curda, otro comando checo, horrorizado por desenfrenada orgía de violencia nazi que había causado el atentado contra Heydrich, decidió delatar a sus compañeros. El 16 de junio, Curda se presentó el cuartel general de la Gestapo en Praga y desveló la identidad de Gabcik y Kubis. 

    Los nazis no tardarían en hacer hablar a los detenidos y en dar con la red de contactos de Gabcik y Kubis. Poco a poco, esta red se deshizo y las investigaciones llevaron a los alemanes hasta la iglesia de San Cirilo y San Metodio. 

  La noche del 18 de junio, asediados en la iglesia, resistieron bravamente durante horas ante cientos de soldados alemanes, hasta quedar encerrados en la cripta. La batalla en la iglesia concluyó con el trágico suicidio de los comandos checos. 

   Pero las consecuencias del asesinato de Heydrich no se limitan a lo sucedido en la iglesia de San Cirilo y San Metodio. Las represalias se hicieron sentir en forma de atrocidad en la pequeña localidad de Lídice. 

   El 10 de junio de 1942 tuvo lugar la matanza de Lídice. Los alemanes habían llegado allí para hacer pagar al pueblo checo por la muerte de Heydrich. Poco importaba que el pueblo no guardase ninguna relación con el atentado contra Heydrich. En Lídice, todos los hombres fueron fusilados, mientras que las mujeres y los niños fueron enviados a campos de concentración. En cuanto al pueblo, todas sus casas fueron destruidas, siendo literalmente borrado de la faz de la tierra. 

Memorial de la masacre de Lídice





BIBLIOGRAFÍA 

Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández 

Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial, Manuel J. Prieto 

La resistencia contra los nazis, Hervé Barre 

Eso no estaba en mi libro del Tercer Reich, Jesús Hernández 

Comandos y raids, Pere Romanillos

viernes, 27 de diciembre de 2019

The banshee chapter: explorando los laberintos de la mente









Cuando hace algo más de un año me pidieron una colaboración para la revista "Alacrán", no sabía qué demonios escribir. Por eso decidí optar por el camino seguro y adentré en uno de los temas que más me apasionan: el control mental, las capacidades humanas y el cine. Por eso auné estos temas y aproveché para referirme a una producción con una de las premisas más originales de los últimos 10 años: The banshee chapter. Ahora queda esperar que mi invitación os guste:





Durante los años 50, la agencia central de inteligencia de Estados Unidos, C.I.A, llevó a cabo uno de los experimentos más crueles de la historia: la operación MK ultra. Iniciado en el año 1950 por Allen Welsh Dulles, director civil de la organización en aquel entonces, el programa consistía en una serie de procedimientos bioquímicos y psicológicos destinados a lograr que cualquier ser humano dijese toda la verdad durante un interrogatorio. La segunda piedra angular de este proyecto fue el químico y también psiquiatra Sidney Gottlieb, encargado de la formulación de una droga lo suficientemente eficaz para lograr este objetivo. El proyecto consumió cerca de un 5 o 6% del presupuesto de la C.I.A, y su programa fue ampliamente modificado hasta el punto de contener actividades que aún a día de hoy permanecen en el más estricto anonimato. Ante la imposibilidad de encontrar reclutas que participasen de motu propio en en el proyecto, se decidió recurrir a la experimentación con indigentes, criminales, prostitutas, y un largo etcétera que fueron sometidos a todo tipo de torturas (electroshock, aislamiento, pruebas con LSD...). La operación no finalizaría hasta el año 74, año durante el cual se revelaron públicamente escalofriantes datos sobre la crueldad e ilegalidades de las que fueron víctimas miles de seres humanos. A día de hoy poco más se sabe. 

  El el año 2013 el director Blair Erickson utilizó esta premisa para la realización de su debut cinematográfico: The Banshee Chapter, una cinta a medio camino entre el terror y la intriga que cuenta con tintes Lovecraftianos: 

  La periodista Anne Roland decide investigar la desaparición de su amigo y compañero de proyecto, un universitario que consigue acceso al DMT-19, la sustancia con la cual se llevó a cabo la investigación. Durante la búsqueda, logra contactar con un excéntrico escritor que fue el enlace mediante el cual su amigo tuvo acceso a la droga. Durante el camino descubrirán una verdad mucho más escalofriante de la que esperaban. 

  Rodada en clave Found foutage, la ópera prima de Erickson muestra cierto estilo sobre todo en los momentos iniciales. Su presentación es prometedora, igual que la representación de las supuestas imágenes de archivo donde se muestran los efectos de la investigación. Pero no hay que confundirse: la pretensión de Erickson no ha sido, ni mucho menos, crear un thriller científico, hecho que parece haber sido el germen de las críticas negativas de las cuales ha sido pasto. De hecho, buena parte del film está influenciado por From beyond, un relato escrito por H.P. Lovecraft en los años 20 en el cual se habla de la percepción sensorial desde la perspectiva filosófica que aseguraba que la epífisis cerebral funciona como “asiento del alma”, denominación procedente de la teoría Descartiana. Dicho de otro modo que viene a significar lo mismo, la epífisis o glándula pineal podría ser un portal intermedio entre la realidad concebida y otros universos inexplorados. No en vano, parece ser que esta perspectiva tiene cierto grado de verosimilitud, pues en unos estudios llevados a cabo entre los años 1990 y 1995 en la universidad de Nuevo México, se revelaron resultados asombrosos. Para llevar a cabo estos experimentos se utilizó DMT, el mismo preparado de origen vegetal utilizado por la C.I.A en sus programas. Este preparado con propiedades alucinógenas fue administrado por vía intravenosa a 60 voluntarios. Todos ellos aseguraron haber sufrido encuentros con entidades ultraterrenales a las cuales dieron diferentes interpretaciones (ángeles, demonios, fantasmas...), incluso algunos afirmaron haber sufrido experiencias relacionadas con encuentros extraterrestres. Rick Strassmas, el profesor que llevó a cabo esta tesis, se postula al respecto afirmando que durante el sueño REM se produce en la glándula pineal una liberación de DMT, igual que sucede cerca del momento del fallecimiento, y esto explicaría tanto estas experiencias como las denominadas cercanas a la muerte. 

  Es cierto que acompañar a Anne Roland en su viaje no es ni mucho menos sencillo, que existen fallos de ritmo y que, sobre todo, la segunda parte del film se torna algo confusa y vacía. Sin embargo, la presencia de Ted Levine, magistral como “Buffalo Bill” en la película El silencio de los corderos (1991, Jonathan Demme), en el papel del trastornado escritor Thomas Blackburn, logra que el producto se consolide y adquiera unos magníficos y delirantes niveles. Seguramente sea esta otra de las razones por las cuales la cinta ha salido perjudicada, ya que no se ha sabido comprender muy bien cual ha sido la intención de Erickson ni el porqué en la inclusión de elementos sobrenaturales. 

  A pesar de ser un trabajo que pasará sin pena ni gloria, The banshee chapter es una original iniciativa, algo compleja y fallida por momentos pero diferente al fin y al cabo. Sólo hay que abrir la mente un poco. 




viernes, 20 de diciembre de 2019

Entrevista a Rebeca Tabales






¡Viernes de entrevista! Siempre es un placer presentaros nuevos talentos, y en esta ocasión os traemos uno especial. Se trata de Rebeca Tabales, premio La estación azul de Radio 3 en el año 2001 y Ateneo joven de Sevilla en el año 2008. Muchas gracias, Rebeca, por tu amabilidad, tu humildad y por permitr que te conozcamos un poquito mejor.


1. ¿A qué edad se desató por vez primera tu capacidad creativa? 

Era muy pequeña, todavía no sabía leer ni escribir. Creaba ficción con dibujos, una especie de cómic sin diálogos. Otra cosa que hacía era usar juegos de cartas. Las barajaba, las iba echando al azar e inventaba historias con lo que salía. 


2. ¿Recuerdas que sentiste la primera vez que tuviste una pluma entre tus manos? 

No puedo recordar la primera vez. 


3. Cuéntame, ¿cuál fue la primera historia que se gestó en tu cabeza? 

Aparte de esas historietas muy sencillas que dibujaba, lo primero que recuerdo haber escrito con cierta conciencia literaria fue un sueño que tuve con ocho años. Yo tenía muchas pesadillas, y descubrí que de esa forma podía convertirlas en algo valioso. Utilicé una de aquellas hojas de olor con colores pastel que las niñas solían intercambiar entonces, y recuerdo que la historia empezaba: “No creas que lo que te voy a contar tiene nada que ver con este papel tan bonito.” Me hace mucha gracia recordarlo. 


4. ¿Influyó en tu decisión algún autor o título en particular? 

Han influido muchos a lo largo de mi vida. Mis lecturas hasta bien entrada la adolescencia fueron cuentos de tradición oral recopilados por los románticos (lo típico de los Grimm, Afanasiev, Bécquer) y sagas nórdicas y celtas. También leí la Biblia bastante pronto. Creo que lo que marcó la diferencia y me lanzó a la literatura contemporánea fue la revelación absoluta que supuso para mí el Peer Gynt de Ibsen, que está como a caballo entre sus primeras obras fantásticas y filosóficas y lo que haría después, tipo Casa de muñecas. Yo seguí ese mismo camino y empecé a leer cosas literariamente más sofisticadas, como a los realistas franceses y españoles, por ejemplo. Por la misma vía que me llevó a Peer Gynt, llegué también a Hoffmann y a Poe. 


5. Y ya que estamos, ¿tienes actualmente algún autor o libro que consideres fetiche? 

Siempre digo que Borges, porque es el único autor que conozco que fue absolutamente generoso. Hablaba de todo lo que leía y relacionaba los autores, las literaturas, con esa especie de ramificación por la que se va pasando de unas ficciones a otras. Me siento muy identificada con esa forma de explorar y esa necesidad de enseñar a otros los tesoros que descubres. Además es el único autor al que he leído hablar de Peer Gynt con el mismo entusiasmo que a mí me produjo. 


6. ¿De entre todos los géneros literarios que existe, cuál piensas que reviste mayor complejidad? 

El cuento, sin duda. Aunque ahora mismo estoy muy enamorada del teatro y escribirlo bien también me parece un reto enorme. 


7. ¿En cuál te sientes más cómoda? 

Poesía. La novela es lo que más he escrito, pero sigo sin estar del todo cómoda en ella. En la poesía puedes bajar absolutamente las defensas y perderte. 


8. Y a la hora de elegir una lectura, ¿por cuál de ellos te decantas? 

Leo de todo, pero creo que lo que más me gusta es el cuento. 


9. En el año 2001 quedaste finalista del premio La estación azul, de Radio 3 con Llanto por El descenso de J.J. Puedo imaginar la emoción que sentiste al enterarte de tamaña noticia. ¿Qué consejo les darías a todos los autores que luchan por tener un estatus en el mundo literario? 

No puedo dar consejos, porque nuca he tenido un plan. Más bien puedo hacer una reflexión. Primero hay que ser humilde, observar y escuchar, recolectar información e impresiones. Luego debes volver al trabajo, y entonces convertirte en un ser soberbio que desprecia lo que le han enseñado. No dejes que ninguna orientación te desvíe. No hay guías. Tu camino no lo han caminado antes ni lo recorrerá nadie después de ti. Y si algo puede resultarte útil se infiltrará solo. Eres un árbol, no necesitas pensar lo que es agua y lo que es luz, solo necesitas que haya agua y que haya luz. 


10. Fuiste también premio Ateneo Joven de Sevilla en el año 2008 por tu obra Eres bella y brutal. Háblanos sobre la génesis de este proyecto. 

Empecé a pensar en ella con 16 ó 17 años, y empecé a escribirla con 25. Yo ya había escrito una novela, de género fantástico, que no se publicó, y poesía. En Eres bella y brutal por primera vez se fundieron mi necesidad de contar una historia y la de expresar emociones. La protagonista es una niña de trece años muy muy friqui, y la usé para reflexionar sobre el despertar de muchos conflictos que yo había sentido durante la adolescencia. Todavía hoy no he conseguido crear un personaje que conecte con la gente tan bien como aquella niña, con su miedo a los demás y a sí misma. Me siguen escribiendo lectores sobre ella y a veces alguien cita una frase en Twitter, en su blog o por ahí. Fue muy grande todo aquello. 


11. Tu novela Seis hermanas. Los años de la inocencia, vio la luz en el año 2015 por obra y gracia de la editorial Planeta. Pero no solo eso, sino que fue emitida en la 1 de Televisión Española. En mi opinión, los guiones no están siempre a la altura de las obras literarias que los inspiran, ¿crees que el papel brinda más ventajas que cualquier secuencia? 

En este caso fue al revés, la serie ya estaba hecha y yo tuve que novelarla. Me pidieron que contase la historia de los padres de las protagonistas de la serie, que escribiera la precuela, digamos. Es uno de estos trabajos que a veces un escritor tiene que hacer, usar la materia prima de otro. De todas formas estoy contenta con el resultado. He leído tanto del siglo XIX que casi me sale solo. 


12. Tu novela actual se titula Sangre de mi sangre, editada por Ediciones B. Dale a los lectores uno o varios motivos por los que deberían leerte. 

Es una novela contradictoria. La protagonista quiere resolver un misterio, pero es un misterio que solo ella ve. Ha sido la historia que más me ha costado escribir, pero la que tiene un estilo más directo y sencillo. La han ubicado en género negro, thriller psicológico; un editor inglés dijo que era un argumento de horror puro con un tratamiento policiaco superficial. El caso es que mis novelas hablan de la gente, y la gente suele ser contradictoria. Gente perdida, que explora la oscuridad. Si lo que más te interesa de una novela es la peripecia, es posible que te decepcione. Si quieres personajes que puedas sentir que realmente viven y respiran, ese es mi fuerte.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Factoría bizarra presenta su primer lanzamiento: Defenestrados







¡Se acercan las fechas más familiares del año! Y con ellas los regalos y la ilusión. Y decidme, ¿qué mejor que regalar autores indie? Por eso os presentamos este nuevo proyecto dedicado en exclusiva a la edición de cómics indi que rompen con los estereotipos. Los amigos de Factoría bizarra nos hablan de su primer lanzamiento: Defenestrados.



Defenestrar : Del lat. de- 'de arriba abajo' y fenestra 'ventana'. 1. Arrojar a alguien por una ventana. 2. Destituir o expulsar a alguien de un puesto, cargo, situación, etc. 
  
  Defenestrados es el primero de una serie de cómics con historietas cortas de índole surrealista, absurdo, violento y fantástico que, bajo este nombre, proponen una ruptura con lo políticamente correcto. A los guionistas Teodomiro De Moraleda y Samir Karimo se añade el arte gráfico del dibujante Diego Lozada para dar cuerpo a estas ideas con un estilo a medio camino entre el cómic indie y el manga. Dotado de un sello muy propio, este solo es el primer producto de una serie de ediciones que irán viendo la luz en esta Factoría bizarra que acaba de ponerse en marcha. Si sois amantes del cómic alternativo, de las tramas delirantes  y de lo políticamente incorrecto, sin duda este es vuestro cómic.


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viernes, 6 de diciembre de 2019

Él, ella






¿Qué os parece un buen relato splatterpunk para terminar el viernes? Hoy os traemos otro de los relatos que pudimos leer durante la convocatoria de nuestra antología "Gritos sucios". Su autor es el bogotano Santiago Alberto Serna Caicedo, finalista en varios certámenes literarios y autor de las obras El cielo de los caídos y El despertar, entre otras. Sin más, os dejo con esta perversión no apta para pusilánimes. 



Mordió uno de sus senos mientras la despojaba de la ropa interior. Pudo notar que el calzón estaba húmedo, esto le excitó y se masturbó. Después de que el pene le colgara flácido entre las piernas, comenzó el ritual que le tomaría toda la noche para alcanzar el clímax. La vistió con una diminuta prenda negra de satén que se perdía entre sus nalgas. Después de atarla ella lloró, lo que le puso de mal genio. La golpeó por segunda vez e hizo que el labio superior sangrase. Él no pudo resistirse y lo lamió de forma perversa, mordió con fuerza, para que la sangre siguiera brotando e inundara su boca. Su pene de nuevo se puso duro y la penetro con fuerza, la mordaza le impedía gritar, pero las lágrimas en sus ojos demostraban el dolor que sentía al ser follada de esa forma fría y brutal. Él se detuvo, la magia de la noche estaba rota. Aunque no era tan simple y no quería admitirlo, la mujer que colgaba de los amarres, desnuda y asustada, era diferente. Las lágrimas que recorrían ese rostro blanco empezaban a surtir cierto efecto y esto lo hizo dudar. Los deseos de cortarla, morderla, golpearla y masturbarse con su dolor, no surgían, parecían apagados. Algo en él se había roto y esta noche no era igual a las demás, en donde había traído tantas mujeres que todos los rostros le parecían iguales, para que terminaran destrozadas bajo sus instintos más básicos y perversos. La abofeteó con fuerza haciendo que el labio sangrara de nuevo, uno de sus dientes escapo de la boca y él no sintió nada por primera vez, no se excitó por el dolor de su presa. 

  Ella pudo sentir cómo se humedecía la prenda que apenas cubría sus partes, cómo la orina bañaba sus piernas y el cuerpo le temblaba. Su boca estaba llena de sangre. La garganta le ardía. No tenía fuerzas, si no fuera por las ataduras que le impedían cambiar la posición obscena y cómica en la cual estaba colocada, habría caído de rodillas al suelo. Los meados se mezclaban con la sangre que brotaba de su culo, se sentía mancillada, acabada, humillada. Jamás pensó que su vida acabaría de ese modo. Recordaba muy poco de lo sucedido. Hacía un momento estaba haciendo fila para entrar al cine, cuando aquel extraño hombre se acercó a ella y sopló el humo del cigarrillo que fumaba con desespero sobre ella. Desde ese instante todo se volvió negro en su memoria. Cuando recuperó la conciencia se vio casi desnuda atada con unas cadenas que la mantenía en pie. Esto la sorprendió, quiso gritar pero fue interrumpida por el dolor cuando la verga del hombre entró entre sus nalgas. Intentó soltarse y decir algo, pero el tipo le metió su ropa interior en la boca para evitar que hiciera algún sonido. La penetró con tal fuerza que pudo sentir como era desgarrada por dentro. Una lágrima nació en sus ojos cuando sintió el filo del metal cortando su piel. Al entender lo que sucedía creyó tener una revelación divina. Algo en su mente agotada cambió, empezó a sentirse bien, tranquila, al fin la muerte llegaría después de tres intentos de suicidio. 

  —Eres tan hermosa. Las voces han enmudecido y no lo entiendo, no sé qué debo hacer ahora, sé que debería cortarte y jugar con sus intestinos, beber tu sangre, acariciar tu corazón mientras que con tu mirada me ruegas que termine ya. No escucho nada, mi cabeza se ha quedado en blanco. Por primera vez no quiero lastimar a nadie. No deseo jugar con la chica que trata de sonreír mientras decido mi próximo paso. 

  Ella revivió su terrible pasado:

  —Al fin mis suplicas han sido escuchadas. Esta puta vida acabará. Podré olvidar cuando mi padre metía su sucia verga dentro de mí y su putrefacta lengua recorría cada uno de mis hendiduras. También olvidaré que él asesino a mi madre para quedarse sólo conmigo, su hija, su amante, su mujer. Fue una noche cualquiera hace cinco años, él estaba borracho y aún sujetaba una botella de cerveza a la mitad. Mi madre, con su cara de vaca estúpida, se acercó para darle un beso en la mejilla y preguntarle si quería comer. Él la empujó con fuerza y la tiró a un lado de la sala. 

  —Déjame en paz, puta —le gritó y volvió a clavar sus ojos en el televisor para seguir mirando como su equipo del alma perdía un partido por sexta vez consecutiva. Ella se golpeó contra el borde de una mesa que estaba al lado del sofá, la madera le cortó la frente, haciendo que sangrara mucho. Mientras trataba de limpiarse el rostro, mi padre fijó su atención en ella. 

  —Ahora qué sucede, ahora le dirás a la niña que fui yo, para que me tenga más miedo. Ella es mía y no cambiarías eso.

  Escupió una gran bola verde contra el rostro de mamá, luego bebió otro sorbo de cerveza. 

  —No es nada, no te preocupes amor —dijo ella con la voz rota. 

  Yo estaba en la cocina. Lavaba los platos, ya que sus tontas discusiones no me interesaban. Sabía cómo terminarían, él eyacularía en sus calzones y vendría a mi cuarto por el segundo de la noche, pero esa noche todo cambio. Mi padre se levantó y estrelló la botella en la cabeza de mi madre, que se desplomó como una paloma muerta. Ahora tenía otra herida, intentó levantarse pero él se lo impidió con una patada en el estómago. Volvió a abofetearla y le dio de nuevo con la botella, esto hizo que tres de sus dientes volaran. Mi madre no gritaba, no rogaba a pesar de que su ojo derecho le colgaba de la cuenca ocular. Ella solo esperaba a que se detuviese, para poder incorporarse y limpiarse las heridas, como hacía siempre cada vez que tenían una discusión. Pero él no quería detenerse, cuando se dio cuenta de que podía cortarla con la botella rota, se centró en su pecho. Se había sentado sobre ella, así que la botella entró y salió destrozando la piel, salpicando la sangre por las paredes, el suelo y la camisa de mi padre. Paró cuando mi madre era una masa sanguinolenta y uniforme de carne. Se levantó, su verga se había puesto dura y se acercó a mí. Me tomó con fuerza del brazo, rompió mi ropa interior y me penetró duro. Me dolió mucho, ahora él se había robado mi virginidad de atrás. Con tres empujones se corrió, dejándome sucia con su semen y la sangre de mi madre. Hace un mes le di fin a cinco años de concubinato con el hombre que me dio la vida. Mezcle varias drogas en su bebida y, cuando intentó chuparme las tetas, cogí el cuchillo y de una sola cuchillada le separe el pene del cuerpo. Después, le asesté un tajo en la garganta. No sé si debo decirlo, pero me masturbé mientras él se desangraba en nuestra cama. Así que estoy feliz, porque cuando acabe esta noche, todo acabara. No era la forma enque quería hacerlo, pero qué mierda, es una forma de terminar con todo. 

  
  Supo que él era diferente cuando sostuvo a un pequeño sapo en el laboratorio del colegio, apretó y apretó hasta que los ojos y las tripas del animal brotaron entre sus dedos. Se sentía pegajoso y esto le gustó, fue una sensación que llamó su atención. Empezó a experimentar con otras criaturas para descubrir por qué tenía esos sentimientos cuando les causaba daño. Al sapo le siguieron pequeñas aves a las cuales arrancaba las alas para después contemplar su agonía. Después vinieron ratas, gatos, hámster, también puede incluirse un enorme perro, el san Bernardo de su vecina. Le aplastó la cabeza con una roca, por primera vez observo los sesos esparcidos de un ser vivo y eso le dio satisfacción. A los dieciséis los animales ya no calmaban el ansia que atravesaba su pecho, comenzó a crear formas distintas de torturarlos y matarlos. Por seis meses planeó la muerte de un hombre de la calle, lo hizo de un solo tajo en la garganta, el hombre murió tan al instante que no pudo disfrutarlo. Dos meses después fue una prostituta a la que violó, y apuñaló más de 32 veces. Ese día las voces en su cabeza surgieron, para guiarle paso a paso en el ritual en que se convirtió el deseo de sexo y sangre que le producían sus víctimas. Deaseaba violarlas por todos ladosy y destriparlas para masturbarse sobre sus órganos antes de cortarles la garganta. Deseaba ver como morían ahogadas en su propia sangre. Después de la sexta víctima, a la cual despedazó con una sierra y para dársela de comer al perro nuevo de la vecina, decidió escuchar las voces que le decían que era el momento de llevar a su madre al lugar sagrado donde su hijito pasaba las noches una vez al mes. Quería mirar a los ojos de uno de sus seres queridos mientras la chispa de la vida se desvanecía. La desnudó con cierto respeto, no la tocó, pero la despellejó viva. Después de dos horas de dolor la mujer perdió el conocimiento, jamás volvió abrir los ojos. Dos días después tuvo que hacer lo mismo con su hermana. El policía que descubrió el cuerpo vomitó, le había practicado la llamada muerte vikinga: el águila de sangre. Después de cuarenta y dos mujeres creía que había llegado el momento de detenerse, por primera vez no quería cortar y cortar, era como si se hubiera enamorado, ese pensamiento lo hizo reír. 

  —El amor es una excusa para meter la verga en la vagina o el culo de las mujeres —pensó. 

  Él se saltaba todo el proceso del cortejo, las citas, las charlas, e iba a lo importante que era llegar a lo que tenían en medio de las piernas. Pero ella, la última, la que lo miraba y de algún modo le rogaba a que continuara era especial, así que decidió soltarla. Ella lo miró estupefacta, sin entender qué sucedía, cuando le entregó los leggins y el sostén para que se vistiera de nuevo. 

   —Perdón —dijo él. 

  Ella no podía creerlo, se vistió despacio, tratando de entender que sucedía. No podía creerlo, el idiota se había detenido. La cara le ardió de la ira que sentía. Apenas se puso el pantalón se acercó a él, que la observó y se masturbó con el tanga que ella dejó en el suelo. Lo abofeteó. 

  —¿Que sucede?, no entiendo, ¿no es lo quieres? ¿Acaso no es tu deseo vivir? Ellas, las que viven en mi cabeza, no me han dicho nada, te ha otorgado el don de la vida. Así que vete. 

 —¿Eso es todo?, tanto preámbulo para un pajazo con mi tanga, lo hubieras pedido desde el principio maldito pusilánime. 

  Tomó una de las cadenas con las que la había atado y golpeó el rostro del hombre, este se derrumbó mirándola con asombro. Golpeó su pene y él fue el primero en gritar esa noche. Ella le pegó varias veces seguidas, lastimándole la cara, la cabeza y la espalda. 

  Ella cogió el cuchillo y se lo clavó en la pierna, lo giró más de cuatro veces rompiendo venas y arterias. Él volvió a gritar, su sangre empezaba a ensuciarlo todo. 

  —Estás orgulloso de tu pequeña verga —le dijo mientras se la metía en la boca. 

  A pesar de que el dolor era insoportable, su pene se volvió a poner duro. Ella cerró sus dientes alrededor y se lo arrancó de un solo mordisco. Él no salía de sus asombro, por primera vez tuvo miedo, sentimiento que había olvidado cuando mató al perro san Bernardo. Supo que la muerte vendrá esa noche por él. Ella recordó a su padre, lo que la enfureció más. Agarró el trozo de carne y la metió en la boca de su atacante. Con la perfección de un carnicero le abrió el pecho dejando al descubierto todos sus órganos. Los fue arrancando uno a uno: el hígado, el estómago, los intestinos, los pulmones y el corazón. Este último lo destrozó con sus dientes.  Tuvo un orgasmo y su entrepierna se humedeció. Las piernas le temblaron y casi cae al suelo. Colocó cada uno los órganos alrededor del hombre. Mutiló uno de sus dedos y se lo llevó. Subió las escaleras del cuarto de tortura. Se bañó, se vistió y comió. Al llegar la madrugada abandonó la casa. Algo en ella había cambiado, sus labios dibujaron una sonrisa. Sentía que la depresión al fin la había abandonado. 

  Tres meses después la policía encontraría el cuerpo de un abogado tirado en la calle, con el pecho abierto, el pene cercenado y los órganos dispuestos alrededor del cadáver.