martes, 29 de noviembre de 2022

Hellraiser



 

La espera ha sido larga, muy larga, pero, finalmente, ya está aquí una de las cintas más esperadas de este 2022, año bastante prolijo en cuanto a lanzamientos tanto a nivel cinematográfico, como televisivo. La noticia era de esas que corren como la pólvora: una nueva versión de Hellraiser, clásico ya de culto que vio la luz allá por el año 1987, estaba por llegar, y además con un nuevo lavado de cara. Carne de polémica.
    
    Muchos fuimos los que, en un primer momento, esperábamos una nueva versión de la famosa novela de Clive Barker, piedra sobre la que está fundamentada el primer film, dirigido por el propio autor, pero cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que se trataría de un reboot, o lo que es lo mismo: un reinicio, aunque, eso sí, basado en los mismos conceptos. Pero antes de que este proyecto pudiese salir a flote, Barker estuvo inmerso en una interminable batalla por los derechos de la franquicia, y en el arduo intento de sacar a la luz otros proyectos inconclusos como una serie para HBO que terminó siendo cancelada (ignoro si el proyecto ha vuelto a retomarse). 

    La historia que nos presenta esta nueva versión, no tiene nada que ver con la novela original, aunque respeta su espíritu: Riley McKendry está en terapia debido a sus adicciones, pero no consigue remontar gracias a la mala influencia de su novio, Trevor, quien termina convenciéndola de robar en un almacén, donde se encuentran objetos de incalculable valor. Para su sorpresa, dan con una antigua reliquia, íntimamente relacionada con el excéntrico millonario Roland Voight. Estamos hablando, cómo no, de la famosa Configuración del lamento o Caja de Lemarchand. 

    El primer e interesante cambio, radica en la figura de los Cenobitas, verdaderos protagonistas de esta historia. La imagen de Pinhead, también conocido como Sacerdote del infierno, se acerca bastante a la original figura andrógina, descrita por Barker en su novela. Incluso la voz comparte similitudes con tono femenino que figura en el libro. En esta ocasión, las vestimentas de látex desaparecen, para dar paso a unos diseños más orgánicos con malformaciones, cortes y desfiguraciones varias pero, eso sí, más sofisticados que los diseños de antaño. La alargada sombra de Doug Bradley, nuestro Pinhead predilecto, no impide que el trabajo de Jamie Clayton (Sense 8, The Neon demon) en la piel nuevo y sibilino sacerdote, pueda ser valorado como se merece. Igualmente, cabe destacar lo acertado del casting a la hora de representar al resto de tan siniestras figuras, haciendo especial hincapié en el nuevo diseño de Chatterer, con un impresionante Jason Liles tras la máscara.

    El director David Bruckner (El ritual, The Night House), mantiene un más que correcto pulso narrativo, en este sentido se nota su experiencia y superioridad por encima de la de Barker, algo caótica debido a su condición de director amateur. Muy acertado, también, el guion de David S. Goyer aunque, por sacarle un pero, sí que es cierto que anda algo cojo en cuanto a sangre, a pesar de lo estelar de la última escena. En el aspecto visual, no se le puede poner pega alguna, pues la fotografía de Eli Born es tan preciosista como destacable. Otro punto a tener en cuenta es la excelente banda sonora de Ben Lovett que, ¡oh sorpresa! sigue manteniendo la partitura de la pieza original, compuesta por el gran Christopher Young. Para rematar, tenemos un reparto más que solvente, encabezado por Odessa A´zion (Nashville, Grand Army) en el papel protagonista, así como el aliciente de sus magníficos efectos visuales.

    El estreno mundial de Hellraiser se llevó a cabo el pasado 28 de septiembre en el Fantastic Fest de Austin, poco antes de su estreno, el 4 de octubre, a través de la plataforma Hulu, con gran éxito. No es para menos, puesto que se trata de un reinicio excelente y, podría decir incluso, la mejor entrega desde Hellbound, el único título decente antes de que la saga cayese en un pozo de mediocridad bastante profundo. 






NIEVES G. BRIONES




domingo, 20 de noviembre de 2022

Monster: The Jeffrey Dahmer Story

 


Imagen sujeta a derechos de autor


El último producto televisivo que nos llega bajo la rúbrica de Ryan Murphy, se ha convertido en toda una sensación. Un fenómeno que ha logrado, inclusive, desbancar a productos de primera línea como la exitosa serie El juego del calamar o la queridísima Stranger things. Murphy ha sabido hacerlo, algo que francamente era fácil de deducir, no obstante a lo largo de su carrera ha sabido mantenerse en la línea del éxito con títulos como American Horror Story, American Crime Story, u otros títulos que nada tienen que ver con estas series antológicas, como la reconocida Nick/Tup, Glee o Scream Queens, entre muchas otras. En definitiva: estamos ante un director con interesantes proyectos y buenas ideas que, además, ha trabajado junto a una interesante caterva de guionistas, actores, directores y gente del mundo de la producción. Por lo tanto no, no era difícil imaginar que este hombre nos traería un true crime como mandan los cánones.

    Puede decirse que el estreno de Dahmer ha sido toda una sorpresa, pues no ha gozado de grandes campañas publicitarias, sino todo lo contrario. A finales de septiembre pudimos disfrutar de su enigmático tráiler y, pocos días después, Netflix nos la ponía en bandeja. Las andanzas del carnicero de Milwaukee han despertado verdadero furor, tanto que su figura, ya de por sí mediática hasta el extremo, se ha vuelto a convertir en foco de controversias. Tratándose de un producto tan exitoso, la polémica no se ha hecho esperar: familiares de las víctimas han explotado contra su director, vertiendo contra él acusaciones de lucro, reprochándole el no haber intentado ponerse en contacto con ellos. Incluso, según algunos medios, el propio padre del asesino aseguró tener motivos de sobra para querellarse contra Netflix ya que, según sus propias palabras, al igual que el resto de familias, nunca fue contactado. No obstante, Murphy lanzó un comunicado asegurando que, tres años atrás, cuando nació la idea del proyecto, intentó ponerse en contacto con más de una veintena de personas involucradas en el caso, pero jamás obtuvo respuestas. Estas declaraciones, por el momento, parecen haber silenciado a todas las partes afectadas.

    Durante los tres años de gestación de esta serie de diez episodios, se llevó a cabo un completo trabajo de investigación. Según el propio director, un equipo de investigadores privados sacaron a la luz detalles de la vida de Jeff Dahmer que, en sus propias palabras, ignora cómo pudieron encontrar, y lo cierto es que todo ese trabajo de investigación está magníficamente representado a todos los niveles. Su puesta en escena es excelente, los escenarios están muy bien recreados y a nivel técnico se ve impecable. Si hay algo que me ha llamado la atención, especialmente, es su ambiente malsano, un ambiente que contrasta con la elegancia de ciertas escenas en las que más que mostrar, sugiere, aunque esta decisión se nota premeditada, pues no es una serie que busque única y exclusivamente el morbo.

    Pero si hay algo especialmente destacable, sin duda, es el magnífico trabajo de Evan Peters en la piel del asesino. En todo momento, Peters resulta terrorífico y gélido como un témpano. Ayuda bastante el hecho de que su caracterización sea impecable, así como su forma de involucrarse en el papel de Dahmer, según sus palabras, uno de los papeles más difíciles de su vida. Aunque no es la primera vez que vemos a Peters en estas lides, pues hasta el momento se ha puesto en la piel de un buen número de personajes perturbados. El resto del reparto también resulta convincente, haciendo especial hincapié en el maravilloso trabajo de Richard Jenkins como Lionel Dahmer. 

    Desde un punto de vista objetivo, pocos peros se le pueden sacar, tal vez su ritmo pausado y su montaje, algo complejo, fundamentado en saltos temporales. En definitiva, estamos ante uno de los mejores trabajos de los últimos años, no exento de florituras, como algunas licencias narrativas, pero que cumple con su intención o, mejor dicho, intenciones: ofrecernos una historia fascinante, dar protagonismo a las víctimas y, sobre todo, cargar contra la incompetencia de las autoridades. 

    Aprovechando el éxito desmesurado de este true crime, la plataforma decidió lanzar, con carácter inmediato, una docuserie de tan solo tres capítulos, dirigida por Joe Berlinger. Conocemos bien a Berlinger por su serie antológica Conversaciones con asesinos, estrenada en dos temporadas anteriores con Las cintas de Ted Bundy y Las cintas de John Wyne Gacy. Esta nueva temporada, titulada Las cintas de Jeffrey Dahmer, se estrenó el pasado siete de octubre, también con gran éxito. No es para menos, pues se trata de un documento excepcional que contiene fragmentos de entrevistas, algunos de ellos inéditos, con el asesino en cuestión, así como testimonios de psiquiatras, forenses, juristas y, en definitiva, personas que tuvieron una importante implicación en el caso. 

    Hemos de reconocer, para bien o para mal, que hablar de la figura de Dahmer es hablar de un icono en toda regla, recordemos que no todos los iconos tienen por qué ser positivos, y sería imperdonable terminar esta reseña sin hablar directamente de ella. Es esta la excusa perfecta para traer de vuelta a Caosfera a uno de nuestros más queridos colaboradores: Gabriel Pombo, abogado de profesión, experto en la figura de Jack el destripador, pero, sobre todo, un hombre a que le fascina desmenuzar las mentes de los más depravados asesinos en serie. Será, pues, Gabriel, quien nos ponga tras la pista del asesino, con una cuidadosa cronología. 




    Y para todas aquellas personas que deseen conocer los pormenores del proceso judicial al que fue sometido Dahmer, Caosfera les trae una grata sorpresa: Gabriel Pombo nos habla de las particularidades de este proceso, analiza la estrategia de defensa llevada a cabo por sus abogados y la actuación fiscal. Todo un lujo.





BIBLIOGRAFÍA

El hombre que no mató lo suficiente (Schwartz, Anne)

Asesinos en serie (Ressler, Robert)

Dentro del monstruo (Ressler, Robert)

Mi vida con los asesinos en serie (Morrison, Helen)

Perfiles criminales (Torre, Raúl)

Homicidios seriales (Silva, Daniel-Torre, Raúl)



LEER AQUÍ

Historias de asesinos. Gabriel Pombo

                                  ENTREVISTA A GABRIEL POMBO



domingo, 13 de noviembre de 2022

Historias de Dämon Schwarze & Ópal Mond Volumen 6

 



¡Nueva entrada semanal! Ya tocaba un nuevo relato de nuestra saga favorita, a cargo del imaginativo Sergio Vargsson. Disfrutad de vuestra ración mensual de sensualidad y horror...


Era verano y en mi apartamento, situado a escasos metros del mar, decidí pasar unos días. Deseaba esa escapada ya que últimamente me habían sucedido demasiadas cosas. Necesitaba tiempo para mí misma, para aceptar y asimilar. Jamás me hubiese imaginado lo que allí sucedería y ni mucho menos lo que iba a descubrir...

    Bueno, todo había comenzado desde aquel sueño en el que …

    Era de noche, pero la oscuridad que me envolvía poseía un brillo especial. Yo me había despertado al entrar, por la mañana, la fresca brisa del mar. Me incorporé lentamente de la cama y dicha brisa envolvió mi cuerpo como si quisiera dibujar mi figura. Agitó mi cabello y lo dejó caer pacientemente a lo largo de mi espalda.

    Tras abrir los ojos, me hallaba frente a un espejo de grandes dimensiones donde mi imagen, se reflejaba nítidamente. Casi parecía que fuese yo misma de nuevo, como dos cuerpos separados de uno mismo.

    Mi imagen reflejada descubría de forma especial el rojo vivo de mis retorcidos cabellos, la misma mirada profunda de mis grandes ojos verdes y aquellos labios ni demasiado grandes ni demasiado pequeños pero a su vez, cargados de múltiples deseos.

    Alargué la mano y acariciando el frío cristal pude percibir la suavidad de mi piel. Sí, mi piel, ya que a la vez que acariciaba mi reflejo, notaba como algo acariciaba mi ser en la misma zona y tiempo que yo. Incluso juraría que con la misma intensidad.

    Mis pezones se endurecieron dándole un excitante aspecto a mi voluminoso, turgente y redondo pecho. Al volver a mirarme en el espejo pude contemplar la muerte de mis padres. No reflejaba cómo ni cuando, más bien era la imagen de sus tumbas repletas de preciosas flores violetas, y allí, a sus pies, estaba yo.

    Llevaba un vestido blanco y me acompañaba un hombre de tez pálida, cabello rubio y completamente vestido de negro. Lo más morboso fue que no sentía pena ni dolor en mi sueño ni en mi interior. Tan sólo en mi reflejo, una lágrima azulada resbaló por mi mejilla. Entonces, aquel hombre se aproximó a mí y tras tomar mis manos y besar aquella extraña lágrima depositó en ellas una peculiar caja de madera.

    Y tras esto, sin llegar a un final definido, me desperté con los ojos brillantes y con extrañas sensaciones que jamás habían recorrido de forma igual mi cuerpo. Durante una semana tuve el mismo sueño y noche tras noche lo sentía de forma más real hasta que... sucedió. Mis padres sufrieron un accidente de tráfico en el que ambos perdieron la vida. Siempre había pensado que nunca podría superar algo así pero, como en mi sueño, no me sentía dolida.

    Tras la ceremonia y todo lo demás me quedé sola, allí, frente a ellos. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo al divisar cómo lentamente se acercaba hasta mí un hombre de tez pálida, cabellos rubios y completamente vestido de negro. Llevaba algo entre las manos y sus ojos no dejaban de mirarme fijamente.

    Llegó hasta mí y como si nos hallásemos en otra época pasada, tomó mi mano y la besó. Después depositó en ellas una vieja caja de madera. Ésta parecía latir al contacto con mi mano, como si algo vivo y con mucha fuerza habitase dentro de ella.

    Suavemente alzó mi cara y con voz grave me dijo...

     Eres distinta. No perteneces a esta precaria especie —,giró su cuerpo y señalando las tumbas de mis padres continuó diciendo...)—. Ellos no son tus padres biológicos, sólo tenían la misión de cuidar de ti y darte unos elevados conocimientos. Tan sólo ha sido un proceso en tu vida y es por ese motivo por el que no puedes sentir dolor por su muerte.

    Sus palabras eran crueles pero sabía que tenía razón, al menos en lo que se refería a mis sentimientos. En ese momento, sin saber cómo ni por qué, una lágrima se escapó de mis ojos y aquel intrigante hombre, mojando sus labios en ella, besó mi mejilla. Tras esto continuó diciendo...

    Tenemos un vínculo en común y destino que cualquier noche descubrirás. Ahora, abre la caja porque... todo llegará a su tiempo.

    Segura de mí misma y sin comprender muy bien lo que estaba sucediendo, sentía cómo se precipitaba mi destino. Abrí la caja y algo se despertó en mi interior al contemplar aquella joya arcana con sendos lazos de cierre rematados por lo que parecían trenzas de cabello humano. En cada extremo de la misma, había una figurita parecida a un escorpión. Se trataba de un ciclópeo, escamoso y bípedo, con vagas reminiscencias humanoides. Dos alas de murciélago se mantenían desplegadas desde su espalda y el lugar que debía ocupar su rostro, justo debajo de dos amatistas de un venenoso color violeta que representaba su cruel mirada, una acumulación de tentáculos serpentinos se desenroscaba hasta su pecho. Mientras contemplaba la joya, aquel hombre de negro rompió su silencio.

    Sientes su fuerza. Perteneció a tu pasado más lejano y generación tras generación ha continuado su existencia.

    Sin poder apartar la mirada de aquella peculiar joya le dije...

    Creo entender todo lo que esto significa. Sólo que, todo está sucediendo tan deprisa...

    Tras un breve silencio él me respondió

    No necesitas comprender, ya lo sabes. Hace tiempo que esperabas este momento. Inconscientemente tu verdadera identidad se está revelando. Sólo debes saber que en el momento que aceptes esta joya, tendrás que estar dispuesta también a aceptar las cosas tal y como vengan. Sin fijarte ningún tipo de límite vivirás plena y conscientemente sin sujetarte a más leyes morales que las que tu te marques.

    Sólo pude responder...

    Lo sé, No sé cómo pero lo sé...

    Y así, sin más, pasó a través de mí, desapareciendo de misma forma extraña en que había aparecido. Me dieron una semana libre en mi trabajo por todo lo sucedido, así que decidí pasar el tiempo entre el sol, el agua salada y sobretodo en pensar e mi verdadera existencia.

    Mis sueños también cambiaron. Solían ser perversiones sexuales en las que yo era la protagonista, la que aportaba toda la fuerza y decisión. Todos ellos, tenían un nexo en común: el extraño hombre de negro y aquella joya.

    En uno de aquellos deslumbrantes atardeceres, cuando el sol estaba casi ahogado en el océano, decidí desnudarme y dirigirme hacia la playa para introducirme en el mar. Pero justo antes de poder caminar hacia la playa alguien llamó a mi puerta...

   Hola! Y mirando asombrado mi cuerpo desnudo continuó—. Creo que... he llegado en un momento un poco... ¿inoportuno?

    ¿De veras lo crees así? respondí sutilmente.

    Bueno... y sin poder apartar su mirada de mi cuerpo continuó—, soy vendedor de seguros y...

    Pero, pasa. No te quedes en la puerta le dije inocentemente tras interrumpir su explicación.

    Él, entró en mi salón y mientras se acomodaba decidí cubrir mis encantos con algo de ropa. Ya había caído la noche y el mar perecía enfadado. Todas las ventanas del apartamento se hallaban abiertas por el exceso de calor, a pesar de que tras el enfurecimiento del mar, soplaba una suave brisa.

    De repente se fue la luz. Tome diversas velas de color rojo y las distribuí por el salón. Su luz emitía ligeros parpadeos ya que la suave brisa trataba de acabar con ella. Mientras, mi joven invitado se acomodó familiarmente en el sofá y yo rompí el silencio...

    ¿Quieres tomar algo?.

    No gracias —.Respondió inmediatamente y como si no esperase más que yo le prestase atención a sus palabras continuó hablando—, como te decía, soy vendedor de seguros y traigo varias propuestas.

    ¿Has asegurado tu vida? —le interrumpí de nuevo mientras me acomodaba sobre unos grandes cojines en el suelo. Justo enfrente de él.

  No, ni mi vida ni mi cuerpo sonrió y continuó ¿Y a ti?, ¿Te gustaría hacerlo...?.

    Le miré a los ojos y sin pensarlo ni un segundo me alcé del suelo y colocando mi cara frente a la suya le dije...

    Sí. Quiero hacerlo ahora mismo. Pero, antes quisiera que vieses una antigua joya. Quizás la asegure y luego... podemos hacerlo.

    Le tomé de la mano y acompañados por una de las velas le conduje a mi alcoba. Una vez allí saqué la joya de la caja y mientras mis ojos cobraban un brillo especial, se la mostré. Él totalmente sorprendido dijo...

    No sé que valor puede tener pero, como reliquia debe costar una fortuna —se acercó a mí y apartando mi cabello me la puso—. Se amolda a ti perfectamente. No realza tu belleza porque en ti no es necesario. Pero si parece como si ambas formaseis un mismo cuerpo.

    Me tomó de la cintura y tras despojarme de la única prenda que llevaba puesta, besó mi cuerpo. Le tumbé sobre la cama y lentamente, con dientes y uñas, le desgarré la ropa.

    Comenzamos a excitarnos cada vez más. Él deseaba con fuerte pasión poseerme y yo, me resistía a ello proporcionándole más juegos eróticos y con ellos, mayor excitación. Ya no se oía al mar enfurecido sino jadeos incontrolados de dos fieras que buscaban sin descanso saciar su apetito.

    Totalmente extasiada noté que unos enfurecidos ojos me observaban, Miré hacia la ventana y tras una sombra oscura se hallaba la luna llena. Aquella sombra era él. El hombre de negro. Sin poder controlarme y tras emitir un fuerte rugido, como si de un fiero felino se tratase, incruste mis uñas en su pecho, arranqué su corazón y tras mancharme con la sangre que escupía su cuerpo, salté de la cama dirigiéndome hacia aquello ojos de indescriptible color.

    Ambos, uno frente al otro, con una malévola sonrisa en los labios, comenzamos a devorar sensualmente de ambas bocas el corazón aún latiente de aquel vendedor de seguros. Una vez devorado, comencé a desnudarle y mientras una extraña magia nos envolvía, comenzamos a poseernos.

    Me entregué a su juego más que erótico, del cual, palabras menores que perversión, sólo definirían un breve cuento de niños.

    Mientras amanecía, desperté entre los brazos de aquel perfecto amante, y tras morderle dulcemente en el cuello, me desperecé sensualmente entre las poderosas caricias de sus manos. Camino de la ducha, contemplé mi cuerpo desnudo en el espejo. Estaba magullado, pero me causaba un morbo especial el acariciar aquellos finos arañazos y desgarros de mi piel. Tras ducharme y salir del baño pude comprobar que en mi alcoba no quedaba nada más que, sobre la cama, un corazón de cristal transparente con algo parecido a una lágrima azul en su interior.

    El resto de la habitación desvelaba la presencia de mi amante, a pesar de que él, ya no estaba. Se había desvanecido. Recordé que mi primer acompañante fue... sencillamente, devorado mientras apagaba mi sed con aquellos malévolos ojos. No quedaba nada de él y me resultó divertido pensar que mi pobre vendedor de seguros no hubiese asegurado su cuerpo.

    Tras recoger un poco el apartamento, regresé a la ciudad y a mi trabajo. ¿Ya conocía mi verdadera identidad y estaba dispuesta a aceptar mi destino. Pero, sin marcar ningún límite, es más pasaría por encima de todos ellos.




¡¡Buenas noches habitantes nocturnos!! Os saludo acompañada de mi joya arcana y deseando seguir relatandoos, lo que en las noches de luna llena, me cuentan de forma tan real ambos escorpiones.

Saludos a todas las criaturas de la noche, pero en especial a ti, Dämon Schwarze. Mi cuerpo espera con ansia tus poderosas caricias.


P.S. Cuidad la existencia de vuestro cuerpo y mente, ya que son los únicos que os aportarán placer en vuestra escasa vida...


Ópal Mond


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domingo, 6 de noviembre de 2022

Entrevista a Laureano Clavero

 

Laureano Clavero, en el centro de la foto


¡Nueva entrada semanal! Como ya os avisé la semana pasada, aquí os traigo una muy grata sorpresa: tengo el gusto de presentaros al escritor, cineasta, investigador y un largo etc. Laureano Clavero. Es para mí todo un honor presentaros a un hombre multidisciplinar, como Laureano, y mucho más lo es el sumergiros en sus últimas investigaciones. ¡Disfrutad!




1. ¿Quién es Laureano Clavero?

Nací en Buenos Aires en 1980. Digamos que soy un “ochenter”. Viví en muchos lugares del mundo, entre ellos Los Ángeles, Barcelona y la mencionada capital porteña. En todos estos sitioss por los que pasé, a parte de cursar estudios varios, siempre estuve rodeado de libros y películas. Tal vez esto es lo que me llevo a ser fotógrafo, director de cine y escritor. Actualmente también soy profesor de matemáticas, química y física. También, puntualmente, doy charlas sobre historia. Creo que sea con la cámara, la pluma o la palabra me considero un comunicador o contador de historia. Después de todo, antes de la televisión, antes de la radio, antes del teatro y los libros los hombres y mujeres de las cavernas el único entretenimiento que tenían era contarse historias entre ellos de lo que habían visto o vivido en la jornada. Como dijo Stephen King: “Todo el mundo tiene algo que contar. Todo depende de cómo se cuente…”


2. ¿De dónde nace tu pasión por la historia, el misterio y la investigación?

Creo que el disparador de mi pasión por indagar en los enigmas históricos nace cuando tenía unos diez años, cuando fui a vivir con mi familia a un pequeño pueblo llamado Mar del Sud en la costa atlántica argentina. Yo venía de una ciudad agobiante como Buenos Aires y de repente pasé a hacer vida en una villa balnearia de un centenar de habitantes. Ahí me crié en medio de la naturaleza y tomé contacto con la paleontología y la historia. Buscaba fósiles con mis hermanos, encontrábamos restos arqueológicos de los aborígenes que habían vivido en la zona hace miles de años, escuchaba historias de submarinos nazis que habían llegado a la costa en secreto entre muchas otras cosas. Obviamente estos temas siempre vienen cargados de misterio. Esto alimentó mi imaginación y la curiosidad de un niño como era yo en ese entonces. Esta atmosfera fue la chispa que me llevó a sumergirme en casi todos los temas que trabajé y estoy trabajando hoy en día. Por ejemplo, el tema de la paleontología me llevó a trabajar en el departamento de vertebrados del Natural History Museum de Los Angeles, California. A parte de haber excavado en varios desiertos y haber colaborado para National Geographic. Esto también me llevó a trabajar una breve temporada en los estudios Stan Winston donde se construyeron los dinosaurios de la saga de Jurassic Park como así también los robots de Terminator. Justamente en esa época, finales de los años 90, es cuando descubro las entrañas del cine y la fotografía a partir de haber entrado en contacto con dichos estudios y el National Geographic. Esto me llevó a estudiar guión, fotografía y dirección de cine en Barcelona.


3. Eres escritor ¿Qué fue lo que te animó a plasmar tus historias sobre el papel?

Cuando comencé a realizar mis primeros films documentales me di cuenta que grababa muchas horas de entrevistas a diferentes personajes históricos pero a la hora de editar el material ponía en la película una parte de esas entrevistas. Quedaba mucho material fuera que también tenía mucho valor documental e histórico. Así fue como decidí con ese sobrante comenzar a escribir libros sobre esas mismas historias. Podríamos decir que mi vertiente de escritor es producto de mi trabajo cinematógrafico. Lo mismo o parecido me pasó con la fotografía. Aquellas cosas que retrataba quería que hablasen y contasen más cosas. Así fue como me metí en el cine documental. Digamos, como profesor de matemáticas que soy, que la ecuación cronológica sería: dirección de cine es el producto de la fotografía y ambas sumadas dieron como resultado mi pasión por la escritura.


4. Si te pidiera que me nombraras un referente literario ¿cuál sería?

No tengo referentes literarios. Más bien tengo libros y cuentos que me marcaron en una época y un contexto determinado. Como son unos cuantos haré una selección de los que ahora se me vienen a la cabeza: “Viaje al centro de la tierra” del maestro Julio Verne, “Moby Dick” de Herman Melville, “El Aleph” un clásico argentino de J.L. Borges, “Aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, “Ciudad de huesos” del angelino Michael Conelly, “El silencio de los corderos” de Thomas Harris, “Del caminar sobre el hielo” del director de cine alemán Werner Herzog. También tengo comics de referencia como “El eternauta” de Germán Oesterheld, “El sueñero” de Breccia o “El almanaque de mi padre” del japonés Jiro Taneguchi. También me apasionan los cuentos para niños. Podría nombrarte “La alcancía del sol” del ruso Makhail Prishvin o clásicos como “Soldadito de plomo”. La lista es eterna pero más o menos ahí creo está mi base.


5. De todas las historias en las que te has embarcado, ¿Cuál es la que más te ha apasionado?

Pregunta dificil de responder. A todas mis historias les pongo la misma cuota de pasión cuando trabajo. Sí debo admitir que aquellas historias en las cuales investigo los hechos o indago a las personas involucradas en el mismo tienen algo más de emoción ya que vas narrando los hechos a medida que vas arrojando luz sobre el tema en cuestión. Me gustan mucho las entrevistas cara a cara con la grabadora o cámara en mano. Cuando entrevisté a expiloto de la Luftwaffe, Peter Brill fue apasionante ya que casi al final de la conversación él me confesó que había sido entrenado en secreto para bombardear Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. Esto derivó en mi película “El diario de Peter Brill”. Otro ejemplo es mi primer largometraje “1533 Km. hasta casa”, en este trababajo tuve que entrevistar a muchos veteranos de la Guerra de Malvinas. Sus experiencias y vivencias me sirvieron mucho para madurar como documentalista cinematográfico.



6. De todos tus libros, ¿cuál es la que más te ha costado escribir?

Todos me han costado más o menos lo mismo escribirlos. Las investigaciones previas son lo más complicado. Creo que mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” fue el más tiempo de investigación me ha llevado ya que he tenido que indagar en disciplinas que nunca había tocado como la criminología y la investigación policial. Tuve que leer mucho sobre crímenes, revisar autopsias y asesorarme con policías y criminólogos que me dieron una mano a la hora de entender todos los documentos.


7. ¿Por qué esa fijación con la Segunda Guerra Mundial?

Como dije anteriormente me crecí en un pueblo muy pequeño llamado Mar del Sud el cual fue testigo de la aparición de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado también fue refugio de algunos espías nazis durante los años del conflicto. Todos estos hechos históricos, y en un pueblo pequeño, crearon muchas leyendas y mitos. De alguna forma yo viví “rodeado” de estas historias las cuales fueron la chispa que encendió mi interés por la Segunda Guerra Mundial.


8. ¿Tienes algún tipo de ritual o costumbre antes de comenzar a escribir?

Sí, poner algún disco de vinilo en mi tocadiscos. Puede ser la trompeta de Miles Davis, el piano de Theloniuos Monk o alguna banda sonora que encaje, según mi criterio, con los que estoy escribiendo. Por ejemplo, con mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” ponía la banda sonora de “El silencio de los corderos” de Howard Shore.


9. ¿Podrías recomendar, en unas pocas líneas, cada una de tus obras para que nuestros lectores se animen a conocer tu producción?

Para los interesados en la Segunda Guerra Mundial les recomiendo leer “Segunda Guerra Mundial 10 historias apasionantes”, este es un compilado de algunas de mis investigaciones. Para los amantes de la fotografía y también la Segunda Guerra Mundial les aconsejo “Enfocando la Segunda Guerra Mundial” con textos de David López Cabia y prólogo de Dale Dye, asesor histórico y técnico militar de Steven Spielberg. Para los amantes del cine documental y los temas bélicos pueden ver en Amazon Prime Video “1533 Km. hasta casa” y “El diario de Peter Brill”. En la plataforma No Ficción pueden ver también “Buenos días, Sr. Presidente”. Volviendo a mis libros, para los apasionados de las investigaciones policiales, crímenes y misterio recomiendo “El enigma del Paso de Dyatlov”. Para los amantes del rugby y el deporte para leer, “Ginesta històries del rugbi català”.


10. Ahora una pregunta muy interesante: tu último libro se titula "El enigma del paso de Dyatlov", que narra un suceso acontecido en el año 1959, uno de los más extraños de las últimas décadas, diría yo. Pero quiero que seas tú quien nos hable de lo que vamos a encontrar en este libro.

El libro sobre el misterio del Paso de Dyatlov aborda uno de los enigmas más apasionantes de la antigua Unión Soviética. A finales del invierno de 1959 nueve alpinista universitarios se adentran en una expedición a los montes Urales. Su objetivo: conquitar el monte Otorten. Dicha montaña no presentaba muchas complicaciones pero las condiciones climáticas sí. Para resumir y sin spoilers diré que un mes más tarde los cadáveres de los nueves alpinistas aparecen congelados en un radio de un kilómetro cerca de la montaña que tenían que conquistar. A algunos le faltan los ojos, a otros la lengua, la tienda de campaña que llevaban aparece rasgada por los lados, los cadáveres están con poca ropa y muchos descalzos. La investigación de los hechos fue breve y el caso se cerró sin una respuesta clara. En mi libro reconstruyo el día a día de los alpinistas a partir de sus diarios de viajes, analizo las autopsias y documentos desclasificados de la investigación de 1959. También trabajo sobre algunas de las más de cien teorías que hay sobre el caso. Como dije anteriormente, un libro que recomiendo para los amates de los casos policiales sin respuesta.


11.El año pasado, sobre el mes de marzo, un articulista afirmó que dicho enigma había sido resuelto. No sé si has leído el artículo, pero, ¿qué opinas?

Siempre aparece en la prensa que alguien ha encontrado la respuesta al enigma del Paso de Dyatlov. En mi libro yo no intento resolver el caso. Sería muy soberbio que en unas cientos de páginas resuelva el caso así sin más. Lo que pretendo es trabajar con toda la evidencia empírica y hacer una decantación de las teorías que no llevan a ninguna parte. A la tragedia del paso de Dyatlov le faltan pruebas que deberían estar ahí pero por alguna razón no están. Ahí es donde hago incapié en mi trabajo. Es muy dificil completar un puzzle que le faltan piezas. Valoro el trabajo de muchos que han estudiado el tema pero creo que son todas aproximaciones a lo que podría haber ocurrido. He de decir que algunos se aproximan más que otros. De momento el caso sigue abierto y no hay una respuesta sólida.


12. Háblanos acerca de tus futuros proyectos.

Tengo muchos proyectos. Los podríamos dividir en tres grupos. Por un lado tengo muchas ideas en la cabeza que van desde temas históricos hasta temas relacionados con la astronáutica. Después está el grupo de los proyectos que tengo bocetados y los cuales en un futuro se transformarán en un libro o film documental. Y por último los proyectos que ya tengo empezados o, en el caso de las películas, en posproducción. Aquí sí te puedo dar títulos como el film documental “Road to Normandy. Reenacting D-Day” o “Hürtgen. Into the muddy battle” relacionados con la Segunda Guerra Mundial, en los cuales ya ha puesto el ojo la distribuidora hollywoodense Adler & Associates Entertaiment, Inc. y la BBC de Londres. Con respecto a libros en proceso de escritura tengo varios relacionados con el rugby (mi deporte de toda la vida), alguna cosa relacionada con crímenes reales y otro sobre la lápida de un jerarca nazi que encontramos escondida y enterrada en el jardín de una casa abandonada. Obviamente todos estos proyectos que tengo en marcha no serían posibles si la colaboración de investigadores, periodistas e historiadores que me dan una gran mano. En el tema de proyectos cinematográficos siempre están detrás mi productora MIRASUD Producciones y la productora SG Audiovisuales.


Gracias por responder esta entrevista.



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domingo, 30 de octubre de 2022

Nazis en Mar del Sud

 



¡Ya tenéis disponible la nueva entrada semanal! David López Cabia nos habla nos habla de la investigación llevada a cabo por Laureano Clavero, Julio Mutti y el periodista Facundo Di Genova. Esta interesante entrada, es un magnífico entrante para lo que os traeré la próxima semana...



A primera vista, Mar del Sud es un pueblo apacible, remoto, donde nunca ocurría nada. Sin embargo, ¿quién iba a decir que la pequeña localidad argentina iba a ser puerta de entrada y refugio de nazis fugados de Europa? Gracias al incansable trabajo del cineasta e investigador Laureano Clavero, arrojaremos luz sobre este gran enigma.

    Todo comenzó la noche del 10 de junio de 1945. Por aquel entonces, el Tercer Reich ya había sido derrotado y, misteriosamente, el submarino alemán U-570 salió a la superficie frente a las costas argentinas. Dos días después, el también sumergible alemán U-977 emergió a la superficie. Los comandantes de ambos submarinos terminaron entregándose a las autoridades argentinas en la localidad de Mar del Plata.

    Pero, ¿qué hacían los temibles submarinos germanos merodeando tan lejos de su patria cuando Alemania ya había perdido la Segunda Guerra Mundial?

    Otto Wermouth y Heinz Schäffer, los oficiales de la Kriegsmarine que comandaban el U-570 y el U-977, negaron haber desembarcado a nazis en territorio argentino. Pero los periódicos, los testigos y la documentación disponible evidenciaba una realidad muy distinta. Un claro ejemplo es el testimonio de Osvaldo Aramendi, que afirma haber visto cómo, en julio de 1945, un submarino alemán emergía cerca del pequeño pueblo de Mar del Sud.


Otto Wermouth


Heinz Schäffer

 
    No era la primera vez que los agentes alemanes ponían pie en las playas de Mar del Sud. Ya en 1943 los espías alemanes Wilhelm Seidlitz y Friedrich Wolff llegaron a Argentina y descubrieron en Mar del Sud la clase de enclave apartado que buscaban, la puerta perfecta para la entrada de nuevos agentes nazis.

    Ambos agentes se pusieron en contacto con el empresario de ascendencia alemana Karl Gustav Eickenberg, cuyas propiedades en Mar del Sud servirían como escondrijo para los alemanes que desembarcasen en Argentina.

    De hecho, durante el invierno austral de 1945, el ciudadano argentino Justo Rodolfo Charra recordó haber visto cómo grupos de hombres salían de los submarinos para subir a bordo de los botes y echar a correr al llegar a las arenas de las playas de Mar del Sud. No solo eso, sino que también vio cómo los fugitivos se ocultaban en las propiedades del mismísimo Eickenberg.

    Pese a que era más que evidente la presencia de los nazis en Mar del Sud era más que evidente, se ordenó a los campesinos que llevaban alimentos a las propiedades de Eickenberg que mantuvieran en secreto la presencia de los misteriosos huéspedes alemanes.

    Mucho tiempo después de la llegada de los alemanes a Mar del Sud, la hija de Eickenberg fue preguntada por los desembarcos de nazis huidos de Europa. Inngeborg, la hija mayor de Eickenberg, cargó la culpa sobre alguien a quien conocían como “el piernas” debido a las prótesis que utilizaba. Ingeborg añadió que “el piernas” acusó a Eickenberg de refugiar a nazis, circunstancia por la que fue condenado a un año de cárcel.

    Más allá de los desembarcos clandestinos de nazis en Mar del Sud, el pequeño pueblo también fue lugar de residencia de un destacado jerarca nacionalsocialista.

   Todo comenzó mientras estaban realizando reformas en una apartada casa de Mar del Sud. El albañil se percató de que su taladró no le permitía perforar la superficie. Bajo el suelo halló una lápida con dos nombres alemanes Clara Probst y Richard Schmidt.


Registros del partido nazi argentino en los que figura Richard Schmidt



    Pero había más piezas de aquel inquietante rompecabezas, pues bajo el salón fueron descubiertos desgastados libros en lengua alemana. No cabía duda de que aquellas evidencias habían sido escondidas a conciencia por algún oscuro motivo.

    Fue así como Laureano Clavero decidió seguir indagando. En su investigación contó con la inestimable colaboración de Julio Mutti, quien conoce en profundidad la historia de los nazis fugados a Argentina. Así pues, Mutti se zambulló en archivos y documentos. Fue entonces cuando hallaron el nombre de Richard Schmidt en los registros del Partido Nacionalsocialista argentino.

    Schmidt era mucho más que un simple militante, pues llegó a ser el número dos de las finanzas del Partido Nazi argentino. Más aún, su nombre también figuraba en la documentación de la Sociedad Alemana de Gimnasia, una organización con estrecha relación con el nazismo.

    Laureano Clavero prosiguió atando cabos y solicitó las escrituras de propiedad de la vivienda en la que se encontró la lápida. Uno de los anteriores propietarios era Juan Jorge Leopoldo Augusto Erico Erdmann, militante del sindicato nazi DAF.






Más pruebas fueron halladas, pues dieron con numerosas fotografías de los 60 y de los 70 de los propietarios alemanes. Tras examinar los documentos relacionados con Schmidt, dos nombres llamaron la atención de Julio Mutti: Max Ratlaff y Karl Ratlaff. Ambos habían sido los primeros nazis en llegar a Sudamérica y en difundir la ideología nazi en el continente.

    Desde luego, la investigación sobre la lápida hallada en la apartada casa de Mar del Sud no termina ahí y Laureano Clavero, Julio Mutti y el periodista Facundo Di Genova aún deben ensamblar las piezas de este complejo y enigmático rompecabezas.







domingo, 23 de octubre de 2022

Díptico experimental de Marian Dora: "Peste de la humanidad" y "El deseo de María D.”

 



¡Estrenamos por todo lo alto! Jose Ángel Conde regresa a Caosfera, y lo hace para hablarnos de las dos últimas producciones firmadas por el controvertido director Marian Dora. Un artículo "exquisito" para los amantes del cine más crudo y difícil de digerir...



Marian Dora sigue ofreciendo una de las filmografías más incómodas, polémicas y transgresoras de lo que llevamos de siglo y que, pese a sus excesos formales y sus mixtificaciones promocionales, se nos revela cada vez más coherente y madura. En este mismo blog ya le dedicamos un extenso artículo, “Marian Dora, la melancolía de lo extremo”, donde analizábamos en profundidad el estilo y las principales obras del director de La melancolía del ángel (Melancholie der Engel, 2009), la película de culto que dio a conocer su universo extremo. A ese texto remitimos para ampliar más sobre su figura, la de un autor con devoción por los límites. El lector también encontrará muy útiles dos entrevistas en inglés publicadas por la web especializada Severed Cinema: Bending morality: the world of Marian Dora y Blight of morality: the world of Marian Dora, de la cual reproducimos algunos extractos a lo largo de este artículo.

    Las dos películas que analizamos a continuación, Peste de la humanidad (Pesthauch der Menschlichkeit / Blight of humanity) y El deseo de Maria D. (Das Verlangen der Maria D. / “The yearning of Maria D.” / “Dead center of desire”) fueron rodadas en 2018 y estrenadas en 2020 en el BUT Filmfestival de Holanda, para luego ser distribuidas en un cuidado mediabook de edición limitada a 666 copias, siendo como es el disco digital casi el único canal para un tipo de cine plenamente consciente de vivir al margen del gran público. El contenido incluye abundantes extras, como los dos documentales dedicados a cada una de las películas firmados por su productor ejecutivo y también influyente cineasta del underground alemán, Rene Wiesner: Tribut Der Unmenschlichkeit (2020) y Shooting underground (2020). El díptico supone el esperadísimo regreso al largometraje de Marian Dora tras Carcinoma, producida en 2014, un lapso de tiempo relativamente largo en el que sin embargo el realizador alemán no ha dejado de estar activo: mientras la deseada y ya maldita antología colectiva The Profane Exhibit (2013) sigue posponiendo su lanzamiento, el alemán aprovecha para pedir la retirada de su segmento Mors in Tabula, por “haber ido demasiado lejos y esto quizás podría tener graves consecuencias en Estados Unidos”, así que rueda un nuevo corto más “digestivo” y sin el material real que incluía el anterior; después de la congelación de otra película de episodios, Grimms Kinder, recupera algunas escenas de su capítulo Hänsel & Gretel y, tras la muerte de su maestro Ulli Lommel, las remezcla con escenas de la cuarta secuela de su saga Boogeyman, Boogeyman: Reincarnation (2016), donde Dora había trabajado en los efectos especiales bajo el pseudónimo “Marian Dallamano”, resultando la pieza Morbid Montage (2018), la cual se incluirá en una nueva versión extendida de Melancholie der Engel en Bluray; por último, este mismo año 2022 ha tenido lugar la premiere del que es hasta la fecha su último largometraje, Thomas und Marco, en el que vuelve a trabajar con el temperamental actor teutón Thomas Goersch.

    La idea del presente díptico es fruto de la perenne vocación experimental del director alemán. Según el propio Marian Dora, su intención era forzarse a rodar dos películas aprovechando una misma localización, una de las cuales se desarrollase de forma íntegra en exteriores y la otra en un escenario interior, un poco siguiendo las premisas que dieron origen a Reise nach Agatis (2010), que se filmó en pocos días en un yate navegando por aguas de Croacia. “Otra idea era llevar el concepto del minimalismo fílmico hasta sus extremos. Es prácticamente imposible emplear escenarios más reducidos: una película sólo con una actriz en una casa, la otra película con tres personas caminando en la naturaleza”. De hecho cada una de las dos películas comparte una secuencia que sirve de bisagra entre los dos espacios, al aparecer los personajes de ambas observándose y siendo observados a través de una misma ventana, cada grupo en su campo diegético correspondiente, un curioso y elegante juego de espejos metanarrativo que establece una unidad intencional y conceptual entre los dos relatos. Y esto es porque su objetivo común, bien que plasmado con tonos distintos y muy marcados como veremos, no deja de ser el mismo de toda la filmografía de Dora, a saber: la suspensión del juicio moral del espectador, una epojé que subvierta su sistema de valores habitual y le transporte a un estado de catarsis negativa donde todo es aceptado y los polos desaparecen para entremezclarse en una suerte de lucidez o inocencia oscura de la que no se puede escapar. El contrapunto deviene de nuevo la opción estética más lógica, en un sentido si se quiere brechtiano pero de facto más bien eisensteiniano, puesto que el montaje dialéctico es la principal arma técnica para llevar a cabo esta labor de extrañamiento, a base de promover la mayor colisión posible entre todos los elementos fílmicos a su disposición. A su cine se le suelen achacar elecciones formales ambiguas y el hacer gala de una truculencia tremendista, forzada y gratuita, y es seguro que estas dos nuevas películas no van a cambiar esa posición, pero a la hora de juzgarlo es imprescindible entender que la economía de medios resulta aquí decisiva, no menos el carácter minoritario de su cine. Porque Marian Dora se declara un creador de cine underground y esto para él significa seguir fiel a una filosofía que establece unas premisas muy concretas: autoría total (por la que el realizador lleva a cabo la mayor parte de los procesos de producción, incluida la música pese a carecer de formación en este campo, ya que al componerse ésta de forma intuitiva se consigue una mayor unidad expresiva y emocional), minimalismo técnico (ausencia de sonido directo, equipos ligeros y manejables), rodaje en continuidad (grabación espontánea y continua, es decir, filmarlo todo para luego darle sentido mediante el montaje), fisicidad en la interpretación de los actores (explotando su anatomía al máximo, fluidos incluidos) y anonimato (no sólo por razones de seguridad sino para que la obra sea apreciada por sí misma y no se vea enturbiada por el reconocimiento de la persona que la crea). La citada entrevista Blight of morality: the world of Marian Dora recoge detalles técnicos muy valiosos en torno a estas ideas y al proceso de producción de sus películas, lo que la hace muy recomendable para cineastas independientes, además de dejar en evidencia a la escolástica cinematográfica y mostrar un sabio escepticismo hacia el cine profesional, conceptos ambos con los que Dora siempre pretende (y consigue) establecer una separación militante y radical.





El deseo de Maria D.

(Das Verlangen der Maria D. / The yearning of Maria D. / Dead center of desire 2018)

Aunque el orden de visionado del díptico no debería ser estricto quizá sí que sería recomendable simular cierto crescendo comenzando por El deseo de Maria D., sin duda una de las cotas más líricas de toda la filmografía de Marian Dora, eso sí, teniendo siempre presente el muy personal concepto de belleza y la iconoclasta sensibilidad de su director. Se trata de una poética anticonvencional, dura para los sentidos, que enfrenta los aspectos más escatológicos, extremos y desagradables de la existencia, tabús que sin embargo son parte inseparable de ella al fin y al cabo. En este caso concreto se establece un marcado diálogo entre dos conceptos complementarios aunque habitualmente separados por el cine comercial, como son el eros y el thanatos, no en vano los dos ejes temáticos medulares del autor. Bien es cierto que Maria D. podría enmarcarse dentro de una serie de películas que en los últimos años se han atrevido a enfrentar al cuerpo femenino con la muerte y la decadencia, en títulos como Thanatomorphose (2012), Excision (2012) o Contracted (2013), por no olvidarnos del exponente más célebre en este terreno, la saga Nekromantik. Pero lejos de seguir una tendencia, y no olvidando que algunos de dichos films muestran diferentes intenciones, la dialéctica sexo-muerte siempre ha sido parte esencial del discurso del alemán. El título de la cinta remite en cierto modo al pseudónimo de su director, con lo que podríamos considerar que la peripecia de su protagonista no deja de ser una metáfora de la propia concepción existencial de Marian Dora, puede que no exenta de referencias autobiográficas.

    La trama de nuevo es tenue y sigue la evolución del personaje de Maria D., interpretado por Shivabel Coeurnoir, joven actriz y modelo cuya muerte se anunció el pasado 9 de julio de 2021, fatal casualidad que confiere un aura más maldita y alegórica si cabe al resultado final. Esta belleza israelí, aficionada al esoterismo y la magia, era una auténtica figura de culto por su vinculación con la escena witch house y en particular con Cosmotropia de Xam, otro de los representantes del underground teutón, convirtiéndose en uno de los rostros referenciales tanto de sus películas como de su proyecto video-musical Mater Suspiria Vision. Shivabel nos deja una interpretación soberbia que supera con sobresaliente el exigente y extenuante desafío que supone trabajar con un director como Marian Dora, que exprime al máximo la personalidad y el cuerpo de sus actores hasta el punto de la crueldad, o al menos ese es el estigma que lleva después de un rodaje tan traumático como el de Melancholie der Engel. De hecho ha declarado no haberse sentido cómodo trabajando con ella: “Tuve muchísimos problemas con Shivabel, se negaba a actuar. Cuando le pedía que mostrara emociones, se negaba. Me dijo que nunca le había ocurrido antes que un director quisiera que expresara emociones”. Y sin embargo Shivabel Coeurnoir lleva sobre sus hombros todo el peso interpretativo de la película como casi único actor de la misma, dando todo su ser, literalmente cuerpo y alma, para transmitir los complejos conceptos y navegar por todos los extenuantes niveles y registros que exige su personaje, en un inolvidable trabajo reminiscente del de Margarethe von Stern, musa del esotérico director Carsten Frank, ambos vinculados también en su momento al círculo del propio Dora. La desparecida actriz se erige en memorable psicopompo femenino que a través de la magia de la cámara nos introduce en su espacialmente limitado sancta sanctorum, pero abierto a infinitos portales de ternura, lujuria y violencia que culminan eventualmente en lo místico y lo sagrado, oficiando un auténtico ritual actoral.

    Maria D. es en realidad una sensual asceta, valga la contradicción, que desemboca en lo transcendente, quizá sin saberlo, pero de forma irreversible en el momento en que acepta su deseo y se entrega a él con todas sus consecuencias. Lo religioso y lo profano se funden y confunden en el enésimo contrapunto del director, que vuelve a recurrir a la imaginería cristiana para reforzar el impacto del mismo, en concreto la del cristianismo primitivo, con su fervor escatológico y brutal tanto en lo estético como en lo espiritual. Esta sensibilidad es la que impregna sobre todo el montaje de la primera parte del film, donde Maria D. se nos aparece en un entorno mediterráneo, abrasado por el sol, que no se especifica pero que recuerda a Grecia por la obsesiva presencia de la iconografía y el ritual ortodoxo. La protagonista se dedica a deambular por iglesias y toda suerte de lugares de culto, rodeada de devotos y turistas pero decididamente aislada de la multitud, abstraída en una atmósfera onírica pero no idílica, sino opresiva y asfixiante como lo era la de Reise nach Agatis, aunque en su fondo desesperado se respire esta vez un atisbo de melancolía que pugna por cristalizar. Es entonces cuando Maria D. profundiza en lugares más oscuros y menos transitados, principalmente panteones funerarios y osarios, entornos donde la cámara del director recupera el pulso necrófilo y la recreación en las imágenes macabras que caracterizaba a sus primeros cortometrajes (Die Toten von St.Angelo, Christian B., Subcimitero). En el abismo de las catacumbas percibimos que el personaje se siente más cómodo con los muertos que con los vivos, y así vamos conociendo la naturaleza de su soledad y como ésta es inevitable y elegida, autoconsciente. “Estoy siempre sola” dice insistentemente en el aislamiento íntimo de su casa, edén solipsista presentado con un aire infantil y vetusto, alejado de un mundo exterior que le parece hostil, donde los objetos y las sensaciones parecen tener vida propia y conformar un estado de cosas similar al de la infancia, un ensueño inocente, una nostalgia decrépita hacia no se sabe bien qué, remarcada por el implacable sonido de un reloj de pared.




    En la segunda parte de la película ya entramos en una narración plenamente intimista, con la voz en off, la música y las imágenes, lo interno y lo externo fundiéndose en una melodía audiovisual que nos va ir mostrando el ser completo (y complejo) de Maria D. a lo largo del relato de su clausura. Enseguida aparece el desencadenante, cuando la joven descubre en un edificio abandonado (de nuevo lo caduco) un cofre con unos restos mortales cuya identidad se resume en una placa con la fotografía de un hermoso muchacho, ante la que nuestra particular heroína tiene un flechazo, no se sabe si de amor o de puro deseo. Lo cierto es que a partir de aquí la película se centra en narrar las diferentes fases de la relación necrófila que se establece entre Maria D. y el cadáver, desplegando un poderoso contraste entre la suavidad etérea y la elegancia de una puesta en escena que recuerda a la de una película erótica de los años 70 (el cine exploitation como sempiterna referencia) y la crudeza en la presentación explícita de hechos escatológicos a la que Marian Dora nos tiene ya tan acostumbrados, envuelto todo en ese ambiente vaporoso y onírico que también es marca de la casa. Partimos desde el anhelo idealizado de una adolescente que descubriera el primer amor (de hecho así es, porque es la primera vez que conoce a la muerte), al que ella misma se refiere con el nombre “Thanos”, hasta la relación física cuando consigue hacerse con sus restos mortales tras pagar a un hombre para que los robe, Schroff, interpretado por el corpulento y experimentado Marco Klammer, único personaje que le sirve de enlace con el mundo exterior y que se muestra siempre primario y carente de empatía, progresivamente amenazador. Una vez reunida con su amado, Maria D. hace de su casa un templo y de su deseo una religión, desplegando todo su fervor en un crescendo de sensualidad y entrega mutua, desde el primer desnudo que abre la puerta al ciclo de intercambios sexuales entre la mujer y los huesos, para avanzar dejándose llevar por la voluptuosidad y el placer del sexo entre los cuerpos y las almas, una viva y la otra muerta, pero unidas y confundidas en un acto que tiene tanto de carnal como de místico. El desenlace tiene lugar mediante el martirio, en consonancia con la iconografía y el sentimiento católico latente durante todo el fluir fílmico, lo espiritual emergiendo cuando la sensualidad corporal sobrepasa sus límites. El dolor se suma al placer, como si hubiera que alcanzar los dos extremos para que la unión de los cuerpos se completara, condición de la trascendencia. El baile final con la muerte, casi un orgasmo visual, cierra el concepto de “danza macabra” (o cópula) que preside todo el film. Llegados a este punto no queda claro si el motivo central es el deseo o el amor, la necesidad de ambos o incluso el amor a la muerte como aceptación de su inevitabilidad, pero sin duda es esta ambigüedad una de sus mayores riquezas. Sobre ello podemos acudir de nuevo a la opinión de su director: “Al menos desde las películas de Nekromantik todo el mundo lo sabe: los necrófilos aman los cadáveres PORQUE están muertos. Pero María ama a Thanos INCLUSO AUNQUE está muerto”.




Peste de la humanidad

(Pesthauch der Menschlichkeit / Blight of humanity, 2018)

Culminar el díptico con Peste de la humanidad es aconsejable para el espectador que quiera ir en consonancia con la pretensión de epatar siempre inherente al cine de Dora, ya que si Maria D. es quizá su película más “accesible”, aquella es deliberadamente oscura y deja bastante desarmado al espectador para una posible explicación a las atrocidades contempladas. El resultado es realmente muy incómodo de ver y hace dudar de si hay en verdad un contenido detrás o si ese radicalismo gráfico no obedece sin más al afán de buscar el escándalo de forma gratuita para reafirmar su aureola de director maldito. Esta disyuntiva puede aplicarse a casi todas sus películas, pero sin embargo siempre parece inclinarse a su favor, no sólo porque las posibles razones comerciales quedarían ahogadas ante la minúscula distribución, sino porque estamos ante un autor tan visceral que sus obsesiones personales siempre acaban aflorando de un modo u otro, sin importar la brutalidad de las imágenes que utilice para distanciarnos.

    Continuando con el experimento comentado, Peste de la humanidad está íntegramente rodada en localizaciones exteriores en la provincia italiana de Varese, en los alrededores del mismo edificio donde Maria D. tiene lugar. Se trata de un paraje natural de bosques y lagos en cuya hermosura se regodea la cámara de Marian Dora, brindándonos planos de gran belleza visual, de factura casi publicitaria, demostrativos de que la madurez del alemán también es extensible a su capacidad fotográfica, sin renunciar nunca al amateurismo de los medios: “No usé cámara de cine, sino una cámara de fotos DSLR, y para las escenas de flashback de El deseo de Maria D. empleé Video 8. Algunas escenas las grabé con mi móvil cuando las baterías de la DSLR se acababan”. El tratamiento pues nos sumerge en una naturaleza casi idílica, tono bucólico que se refuerza aún más, al menos en un principio, si atendemos a lo pintoresco del comportamiento de los tres únicos personajes que van a hacer avanzar la historia: Frak (Jörg Wischnauski), un hombre maduro que parece ser un mentor o tutor que no para de dar repetitivos consejos sobre comportamiento a Marietta (Marietta Fiori), una joven de edad indeterminada, perversamente caracterizada como una niña, que muestra una pasividad y un mutismo cuyas razones no se nos explican (¿repentina orfandad?, ¿repudio familiar?) mientras carga con un cesto de mimbre (lo que remite a cierto simbolismo buñuelesco); cierra el trío Verus (Johnatan Maria von Gross), la desconcertante presencia de un enano incapaz de articular palabras inteligibles y que presenta evidentes indicios de retraso mental en su comportamiento caprichoso, impertinente e infantil. Bien pudieran ser figuras sacadas de un cuento de Lewis Carroll, entre lo lúdico y lo absurdo, pero cualquier ambigüedad victoriana que pudiera intuirse en un principio poco a poco va a ir desapareciendo para entrar en un terreno estrictamente vulgar. Una vez más la interpretación total es la que mueve el metraje, más que la inexistente anécdota argumental, una excusa para el acostumbrado ritmo progresivo de un nuevo teatro de la crueldad apoyado en la violencia hacia el cuerpo y el espíritu, algo en lo que tanto Jörg Wischnauski como Marietta Fiori poseen amplia experiencia por su trabajo con el director de porno ocultista Marco Malattia y su productora Vans La Furka Laboratories. Johnatan Maria von Gross es más desconocido, vinculado al productor Rene Wiesner, y sin duda logra convertirse en la gran estrella de la película, ya que logra una potente interpretación basculando entre la simpatía, la extrañeza y la náusea, no sólo por la naturalidad con que se sumerge en las acciones más repulsivas, sino porque la inocencia adánica, casi angelical (¿luciferina?) que logra conferir a un personaje a priori tan desagradable es fundamental para expresar el intrincado concepto que el propio Marian Dora nos escamotea a propósito con su narración.




    Durante toda la proyección seguimos al trío sin saber nada de su destino ni de sus intenciones, tan sólo asistiendo a la evolución y la metamorfosis de sus comportamientos como si de una terapia de grupo se tratase, con la naturaleza salvaje como único testigo y juez, pero también como influencia velada y eventual repositorio. Precisamente lo que supone este periplo es una regresión hacia lo primitivo, porque el aislamiento del campo, lejos de nuevo de la civilización, sin ataduras convencionales, contribuye a que aflore la auténtica humanidad, en el nihilista sentido en que la concibe Dora. Pronto la ridícula charla de adoctrinamiento moral con que Frak bombardea a la inane Marietta se revelará burda hipocresía ante la escalada en las molestas acciones de Verus, cada vez más hostil y agresivo hacia la joven. Frak le reprende al principio, incluso le golpea, pero como el enano insista en su intolerable conducta se producirá un incomprensible giro en su actitud al decidirse por dejarle hacer, excusándole primero por la supuesta inocencia de su condición, para después ir culpando a la propia Marietta de la violencia del enano. Porque este, ya no sin trabas, sino incluso con la connivencia y ayuda de Frak, llegará hasta el extremo, explorando primero su desnudez y todos sus orificios, invadiendo su cuerpo por medio de la tortura y la vejación después, hasta llegar a la aniquilación total de su ser, jugando incluso con sus restos y sus vísceras como si nada de lo que hiciera tuviera la más mínima importancia, para acabar dejando que el cadáver sea arrastrado por la corriente del río en otra alegoría de difícil comprensión. Por si esto fuera poco, el insano montaje de Dora no ha dejado de golpearnos sin piedad durante todo el nauseabundo proceso insertando imágenes de cerdos muertos y empalados en el barro del pantano, un repulsivo y estomagante paralelismo que puede llegar a exasperar al espectador por sus reminiscencias misóginas.

    Terminada la proyección, los posos de la indignación y la confusión fermentan en nuestro cerebro durante el duro proceso de buscar una explicación a lo presenciado. La primera lectura puede concluir que hemos asistido a un despliegue de torture porn con ínfulas artísticas, pero con Marian Dora nada es nunca tan unilateral: la técnica del contrapunto es de nuevo omnipresente y apela al movimiento de nuestra conciencia. La historia remite a otras alegorías primitivistas donde la presentación de edenes negativos sirve para vehicular visiones escépticas, cuando no pesimistas o nihilistas, sobre el comportamiento del hombre fuera del yugo social, como ocurre en gran parte del cine mondo. Gualtiero Jacopetti y Ruggero Deodato serían aquí los declarados referentes de nuestro director si nos quedamos con la lectura reaccionaria de este tipo de cine, no exento de paternalismo criptocolonialista, donde se especula, entre otras cosas, con que un exceso de tolerancia hacia ciertas actitudes no debería ser permisible porque desembocaría en un empeoramiento de las mismas. Además Dora elige presentar unas acciones deleznables de forma cruda, con ese realismo falseado tan característico suyo, en el que no emite opinión ni nos ofrece información sobre los implicados, una neutralidad aterradora que recuerda mucho a la elección estética de Pier Paolo Pasolini en Saló. Sobre si esta política visual está justificada, Dora es bastante claro: “¿Está justificado mostrar sacrificios con el motivo de evitar más sufrimiento? No es posible encontrar una respuesta universal, pero es cierto que la actitud del cine underground a veces es esta: en algunos casos y bajo ciertas condiciones puede estar justificado”. El realizador también afirma que el juego moral que quiere proponer es la exposición del drama natural y ecológico inherente al consumo animal, mediante la extrapolación de la tortura que sufre Marietta, polémico asunto con el que se conjuraría la posibilidad de la misoginia y se buscaría proyectar la impotencia del crimen individual en el crimen de masas que la humanidad comete diariamente sobre las diferentes especies animales para alimentarse. El título de la película refuerza esta interpretación, de modo que la especie humana sería una “peste”, una plaga para el resto de los seres vivos con los que convive en la naturaleza. A muchos les sorprenderá este enfoque cuando el alemán siempre ha sido muy criticado precisamente por la forma de tratar a los animales en sus películas, ante lo que él se excusa diciendo que estos o bien aparecen ya muertos, o bien sus muertes son provocadas por otros o simuladas mediante el juego con el montaje y la manipulación visual.

    Pero las interpretaciones no tienen por qué terminar aquí. Aparte de la influencia del mondo, es más que patente una dimensión mucho más simbólica e incluso poética, pero aún más amoral si cabe, donde la inocencia prístina es afirmada por su pureza más allá del bien y del mal. El personaje de Verus, cuyo nombre significa “verdadero” en latín, sería aquí un ejemplo de la auténtica naturaleza del hombre, su parte más salvaje pero también más sincera por fin liberada, y así tendría sentido establecer también una lectura psicológica en la que los tres personajes representaran cada una de las instancias de la consciencia freudiana: Frak sería el superyó, Marietta el ego y Verus el ello. Y por encima de todo estaría la naturaleza idílica donde los inocentes desencadenan la tragedia porque esta es parte del propio ciclo vital, planteamiento que podría remitir al de El señor de las moscas pero, viniendo del propio Dora, conectaría más bien con la aspereza lírica del “cine Pánico” de Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal (Fando y Lis, El Topo) pero sobre todo a uno de los filmes que el alemán considera uno de sus preferidos: Maladolescenza (1977) de Pier Giuseppe Murgia. Abundando más en esta paradoja podemos remitir a los últimos planos de tono trascendente del film, donde Marietta aparece en medio del lago fusionada con la naturaleza en unas hermosas tomas de dron que juegan con el efecto espejo entre agua y cielo, mientras por su parte Verus se solaza en el campo fotografiado en imágenes preciosistas que le dan la apariencia de un querubín. Aquí no hay ningún asidero religioso como en Maria D., como no sea el de un paganismo amoral o una inversión satánica, una moraleja a la contra que aceptara la grandiosidad de lo terrible. Si aquella era una afirmación de la muerte, Peste de la humanidad también podría ser vista como una afirmación de la vida, con todas sus consecuencias. Sea como fuere, al final Marian Dora nos ha vuelto a descolocar a base de no tener piedad: “Cualquiera que decida ver un film underground decide contra el escapismo y contra el entretenimiento. El underground siempre busca ser confrontacional. Por lo tanto, me gusta que haya gente dispuesta a exponerse al underground. Encarar la verdad no es el principal problema de este mundo. El problema es huir de ella”.





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