sábado, 14 de febrero de 2026

28 años después: lo bueno se hace esperar

 





El 2002 marcó un antes y un después con el aterrizaje en las salas de cine de un film que estaba destinado a crear escuela dentro del género Z.

Y es que llegó 28 días después, una película británica que fue éxito en taquilla y que traía el sello como director de Danny Boyle. Tras su gran hacer en films como Trainspotting, Boyle se lanzó a la palestra para dirigir ni más ni menos que una cinta de zombies, que sin duda daría mucho que hablar. Con guion de un joven y primerizo Alex Garland, este autor de novelas británico estaba destinado a hacer grandes proezas dentro del cine como más tarde demostraría por ejemplo con Ex Machina o Civil War.

Ahora, veintitrés años después, ambos vuelven a juntarse para traernos 28 años después. Una polémica continuación de la franquicia. Pero me estoy adelantando, ya que antes me gustaría hablaros un poco de sus predecesoras.

En 28 días después, nos ponemos en la piel de un jovencísimo y casi desconocido Cillian Murphy, que despierta en un hospital tras un accidente de tráfico sin noción de lo que ocurre. Al comienzo de la película nos muestran cómo unos activistas se cuelan en un laboratorio donde experimentan con primates y liberan sin quererlo el germen de todo lo que vendrá después. Pero volvamos con Cillian. El cuál sin entender qué pasa en su ciudad, no tardará en toparse con los primeros infectados que lo perseguirán como si fueran el mismísimo Usain Bolt, y será salvado por una pareja de extraños que le explican la situación: Londres ha caído y ha sido evacuado. Una salvaje epidemia se ha cebado con la población y todos están muertos o transformados en seres que la ira ha convertido en bestiales criaturas sedientas de sangre. Así, y para no hacer spoilers, tan solo os diré que en los casi cien minutos que dura este film encontraremos acción a raudales, muchos infectados y la mejor y peor cara del ser humano.










Continuamos ahora con la segunda película de la franquicia. 28 semanas después llegó a los cines en 2026 como secuela directa de su predecesora y tras el éxito en taquilla de la anterior.

Dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo, y protagonizada curiosamente por un actor que ya había colaborado en películas de Danny Boyle como Trainspotting: Robert Carlyle (Full Monty, Ravenous). En esta cinta, y tras haber pasado un tiempo prudencial desde la infección que puso en jaque a Reino Unido, la OTAN se propone limpiar Londres de los infectados que quedan y volver a trasladar a los supervivientes a la ciudad para repoblarla y devolver a la isla a la normalidad. El bueno de Robert es un superviviente, de dudosa moralidad, que ha hecho lo que ha sido necesario para sobrevivir. En dicha repoblación, se reencontrará con sus hijos. Y… Hasta aquí voy a leer, ya que de lo contrario os haría un spoiler como un templo de grande. Tan solo os diré, que en ella hay mucha más acción, más sangre y muchos más infectados que en la primera entrega. Lo cual no es decir poco.

Una digna continuación, para la que Fresnadillo supo estar a la altura en su dirección, y que se rumorea que tras el guion volvió a estar Garland. Aunque nunca llegara a firmarlo.









Y ahora sí, vamos a lo que muchos estabais esperando. Vamos a desmenuzar un poco la esperada y aclamada 28 años después. Como decíamos al comienzo, Danny Boyle y Alex Garland vuelven a unir fuerzas y sacar músculo para retomar una franquicia que muchos creíamos que no volveríamos a ver en las pantallas.

Eso sí. Lo hacen a lo grande: no con una película, sino con toda una trilogía. Hoy vengo a hablaros de la primera de ellas, ahora que tenemos el estreno fresquito en el cine de su continuación, 28 años después: el templo de los huesos. He de confesaros que tengo muchas ganas de ver cómo se desarrolla. Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Como decía vamos a centrarnos en la primera de las cintas.

Tras el fracaso de repoblar Londres y Reino Unido por parte de la OTAN, la isla ha quedado relegada al olvido en una cuarentena perpetua, pero vigilada a la vez de cerca por Europa para que ningún infectado escape de estas tierras. Después de 28 años, los supervivientes se han instalado y creado comunidades. Colaboran entre ellos, enseñan a los más jóvenes la vida afuera de los muros. Todo parece perfecto, pese a la adversidad. Sin embargo, no todo es lo que parece. También los infectados han evolucionado en algo más. Y ahora, son mucho más peligrosos. En esta secuela nos encontramos con Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass, Kraven: El cazador, Nosferatu) que vive en una isla en comunidad y separado de tierra por las fuertes mareas que gobiernan sus alrededores. Solo un camino cuando baja la marea, une su isla con tierra firme. Tiene un hijo de doce años y una esposa enferma que tiene delirios y momentos de escasa lucidez.

La película comienza con Jamie (Taylor-Johnson) llevando a su hijo Spike a su primer día de caza fuera de las murallas. Allí, le enseñará cómo acabar con infectados y se las verán y desearán cuando se encuentren con algo mucho más para lo que no están preparados (esto último lo evito para hacer spoilers).

Spike a su vuelta, escucha hablar de que hay un médico más allá de la isla y quiere que ayude a recuperarse a su madre. Para ello, se escapará con ella y correrá una suerte de aventuras para tratar de dar con él.

Cabe destacar dos cosas de esta película. La primera, la aparición breve pero magistral de Ralph Fiennes, al cual hemos visto en infinidad de películas como La lista de Schindler, Harry Potter o El Gran Hotel Budapest entre muchas otras. No diré mucho más de nuevo para no estropearos la sorpresa. Pero su personaje es de lo mejorcito que tiene 28 años después.

La segunda cosa es que, como trilogía, tiene un final abierto. Gran parte de las tramas secundarias quedan solucionadas, pero en cambio se abre otro abanico de posibilidades que tendremos que descubrir en las siguientes dos películas.







Con esto me despido. Espero que os haya gustado este repaso lleno de dentelladas, mucha sangre y casquería. Pero sobre todo, que os haya puesto los dientes largos por ver esta franquicia de infectados y género Z si es que, andáis algo despistados y todavía no la conocíais.

¡Hasta la próxima, amigos y amigas de Caosfera!




David P. Yuste.

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sábado, 3 de enero de 2026

Núremberg. De vencedores o vencidos



Lo bien hecho, bien parece. Tenía unas ganas inmensas de traer por aquí mi crítica de Núremberg, la nueva película de James Vanderbilt desde su última incursión cinematográfica, allá por el 2019, con la producción de Netflix Misterio a bordo. Pero esta no era una reseña que quería escribir de forma casual, cualquier domingo por la tarde, ya que toca un tema lo suficientemente serio y respetable como para que aquí, una servidora, os ofreciese no solo su opinión sobre la cinta, sino un texto aderezado con el rigor histórico que merece. Y dicho esto, ya es hora de que me moje, que es a lo que habéis venido.

    Celebrados por los aliados tras la derrota del régimen nazi, los llamados Juicios de Núremberg consistieron en una serie de procesos judiciales que marcaron un hito, sentando las bases del derecho internacional moderno y sirviendo de precedente para la creación de la Corte Penal Internacional. Por primera vez en la historia, se definieron cuatro categorías de delitos, denominadas: crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y conspiración. También se estableció que la obediencia debida a superiores no exime de responsabilidad criminal.

    Sin duda, el más conocido de estos procesos es el principal, comenzado el 20 de Noviembre del año 1945. Proceso del cual, en este 2025, se cumplieron 80 años. No obstante, se llevaron a cabo otra serie de juicios adicionales contra jueces, médicos, militares, etc. y otras personalidades de menor rango dentro del régimen.

    En el proceso principal, fueron 24 los acusados iniciales, de los que finalmente fueron a juicio 22, dado que uno fue declarado incapaz y otro se suicidó en prisión. Las sentencias finales incluyeron: 12 penas de muerte, 7 penas de prisión de 10 años a cadena perpetua, y 3 absoluciones. Hay que prestar atención clave al tema de la culpabilidad individual, ya que los acusados confiaban en que Alemania sería considerada responsable al ser el Estado para el que actuaban. Si pensamos en esto de una forma analítica nos daremos cuenta de que, realmente, aquel intento de justicia fue de bajo nivel, ya que de los miles de implicados en aquel horror que fue el Holocausto, solo una pequeña parte fueron procesados.

    Y ahora después de este pequeño repaso histórico, muy necesario, y esta breve reflexión, ha llegado el momento de diseccionar un pelín más a fondo lo que nos trae James Vanderbilt en este denso drama judicial. Núremberg nos ofrece una perspectiva algo diferente a la que estamos acostumbrados, ya que se centra en la visión de Douglas Kelley, psiquiatra y oficial del cuerpo de Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, que trabajó para determinar la lucidez de los acusados antes de su juicio. Básicamente, se le conoce como el psiquiatra de los nazis. Kelley, trató de buscar explicación científica al comportamiento monstruoso de estos hombres, llegando a la conclusión de que los prisioneros no eran diferentes a cualesquiera otras personas, no estaban locos ni tenían nada extraordinario. Kelley pasó 8 meses con los acusados, y los sometió a una serie de pruebas para obtener un diagnóstico. Cuando Kelley regresó a E.E.U.U. en el año 1946, escribió artículos y dictó conferencias advirtiendo sobre los riesgos del fascismo.

    Por desgracia, después de los juicios, el psiquiatra tuvo problemas con el alcohol, padeció depresión y, tras una discusión con su esposa, tomó una cápsula de cianuro y murió en el acto. Lo hizo, como vemos, exactamente de la misma manera en la que Göring se quitó la vida antes de ser ejecutado, lo cual evidencia el peso de la estrecha relación que se había creado entre el psiquiatra y el jerarca nazi. A modo de curiosidad cabe añadir que Kelley fue señalado como el culpable de pasar al reo alemán la cápsula de veneno, aunque dicha suposición jamás pudo probarse.

    Sostiene la batuta en el papel de Kelley, Rami Malek, ganador de un Oscar a mejor actor por su memorable interpretación en Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer). El actor nos regala una visión que cabalga a medio camino entre la fascinación y una obsesión que desemboca en un comportamiento decadente. Para preparar su rol, el actor se empapó de lleno en la figura del psiquiatra, llegando a leer su libro 22 cells in Nuremberg: A Psychiatrist Examines the Nazi Criminals.

    El duelo interpretativo se completa con la presencia de un grande entre los grandes: Russell Crowe en el papel de Hermann Göring. Una de las cosas que más me ha gustado del filme, es la inteligente visión del personaje que Crowe nos regala: un hombre afable, amante de su familia, correcto, soberbio, todo lo contrario a la persona cruel y déspota de ese asesino de masas que ya conocemos de sobra. Crowe no necesita presentación, es un actor meticuloso y amante de la perfección en todas sus formas, y así lo demuestran sus numerosos galardones (Óscar, Bafta, Globo de oro), y su popularidad bien forjada. Para Crowe interpretar a Göring fue un desafío ético, dada la importancia de evitar simplificaciones a la hora de interpretar a un villano.

    En la cinta, podemos encontrar otros nombres interesantes como los de Colin Hanks (Orange Country, 2002), Mark O´Briend (Halt and Catch Fire, 2015), Richard E. Grant (Withnail and I, 1987) o el gran Michael Shannon (Revolutionary Road, 2008) entre muchos otros. Sin embargo, la fuerza interpretativa de la cinta recae casi por completo en Malek y Crowe, que defienden sus roles con bastante responsabilidad.

    En conclusión, esta producción basada en el libro El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, nos introduce principalmente en la estrecha relación entre Kelley y Göring, alejándose del tono judicial para proponernos un viaje más íntimo y centrado, sobre todo, en la figura del primero. El uso de material histórico real unido al formato de ficción, otorga a la cinta una puntuación superior y la puesta en escena con cierta naturalidad ayuda a que el público se involucre con los personajes y pueda sacar su propia conclusión, sin entrar en juicios forzados.

    Nieves opina: No se la pierdan, sin duda una de las producciones de este pasado 2025. Por algo tuvo una gran acogida en el festival de Toronto con una ovación de pie de 4 minutos.



                                                                            NIEVES.







domingo, 7 de diciembre de 2025

La larga marcha: camina o muere

 




Hace algunos años, por motivos de tiempo y otras cosas de mucho interés para mi vida, decidí cerrar este blog no sin antes, por supuesto, dar un comunicado en redes. Lo cierto es que me costó muchísimo trabajo, pero también reconozco que estaba agotada, la falta de material me causaba ansiedad y no tenía tiempo para ver todo el cine que me gustaría. Las cosas han cambiado, y he decidido que ha llegado el momento de volver a abrir este blog con amor, sin prisas, y con el fin más bonito que existe: seguir alimentando mi pasión por el cine. En resumen: ¡Nieves ha vuelto! Y aquí la tendréis de vez en cuando, sin prisas, para hablar de cine y de todo lo que le apetezca. Y dicho esto, es hora de que Caosfera arranque:


Reconozco que el Señor King nunca ha sido santo de mi devoción, y sé bien que al decir esto me estoy ganando que unos cuántos -y cuántas- fans del género se me tiren encima cual horda de perros zombies famélicos. No importa, mi misión es hacer honor a la verdad. ¿Por qué me pasa esto? Pues porque muchos de sus libros se alargan cual chicle, con algunas escenas interminables e innecesarias y, aún a pesar de que muchas de sus premisas son interesantes, acaban soterradas por cientos y cientos de palabras que no aportan nada a las tramas. Sin embargo, he de reconocer que cuenta con algunas historias que son lo que deben ser: crudas, interesantes y breves. Es el caso de dos obras firmadas bajo el pseudónimo Richard Bachman fechadas en la década de los setenta: Rabia (1977) y La larga marcha (1979), que recientemente ha tenido una versión cinematográfica a cargo de Francis Lawrence.

    La larga marcha es una cinta de ciencia ficción en la que se nos presenta un futuro distópico donde priman la pobreza y la inseguridad económica. En este contexto, nos encontramos con una competición, o concurso, en la que los participantes deben atajar una caminata sin fin, hasta llegar al límite de sus posibilidades físicas. Solo uno podrá llegar al final y formular un deseo, el resto serán ejecutados sin compasión.

    Y con semejante premisa, ahora llega la pregunta del millón: ¿la producción alcanza altas cotas de crueldad? Sí, las alcanza, es una película dura, no apta para pusilánimes. Sin embargo, está muy lejos de poder catalogarse como una simple película de terror basada en una única premisa: camina o muere. Si algo me ha gustado de esta cinta es que va mucho más allá de eso, porque estamos ante una oda a la amistad, un guion que explora la importancia de la solidaridad y un canto al amor más incondicional. Una cinta que, a pesar de tomarse ciertas licencias narrativas, cumple con el espíritu del original de King llegando a tocar el corazón del público más curtido.

    La cinta está dotada de un alto valor narrativo y presenta, sin cortarse un pelo, situaciones terribles, incómodas, escatológicas e, inclusive, humorísticas, muy bien conseguidas gracias al excelente trabajo del elenco. Y es que nos encontramos con nombres de la talla de Cooper Hoffman (Licorice Pizza), David Jonsson (Alien: Romulus), Charlie Plummer (El asesino del nudo), Roman Griffin Davis (Jojo Rabbit), Garrett Waering (El coro) o el archiconocido Mark Hamill, que no necesita presentación. Sí, estamos ante una obra coral con un último tramo que resulta prodigioso y cuasi poético.

    En resumidas cuentas: La larga marcha me ha demostrado -tampoco sería la primera vez- que menos es más. Una obra minimalista, bastante alejada del cine-espectáculo al que nos tiene acostumbrados Francis Lawrence (Los juegos del hambreConstantine), que se apoya en una verdad devastadora: la crueldad como espectáculo normalizado, el verdadero germen de lo inhumano.

    Como os habréis dado cuenta, Nieves ha disfrutado muchísimo este estreno, mucho más disfrutable si estáis en buena compañía. Espero que esta reseña os haya gustado y que os apetezca seguir leyendo las opiniones de una servidora -que no se va a cortar un pelo- en Caosfera.


Os quiere:


NIEVES G. BRIONES






viernes, 16 de diciembre de 2022

Historias de Dämon Schwarze & Ópal Mond Volumen 7




¡Nuestro Sergio Vargsson regresa de nuevo a Caosfera! Como no, nos trae un nuevo capítulo de nuestra saga favorita. Esta vez tenemos mucho erotismo, una auténtica subida de tono...



¿Cuántas criaturas que la raza humana no conoce acoge la noche en su seno...? ¿Y cuantas de ellas son tan ajenas a la humanidad que de vivir en el mismo plano irresistiblemente causarían el colapso de la sociedad tal y como la conocemos hoy en día...?

    Hechas estas consideraciones, podemos pasar a los saludos. ¡Buenas noches, monstruitos y monstruitas...! una vez más soy yo, Dämon Schwarze, el ser más morboso y oscuro de este cementerio... que, llega a vosotros para relataros una nueva historia. Así que, acomodaos a mi lado en el interior de este viejo panteón, abrid bien vuestras orejas y disfrutad de cada palabra...

    Lentamente, aparté la mirada del marfileño círculo de la luna y echando mi mano hacia atrás ahuequé mi frondosa cabellera granate. Una leve brisa fresca pareció llegar de todas partes y de ninguna a la vez, para hacer ondear el leve camisón negro que cubría mi cuerpo. Los largos dedos del viento, como los de un amante etéreo, apretaron la vaporosa tela sobre mi silueta, delineando en el leve contraluz lunar mi breve cintura y mis largas piernas rematadas por anforadas caderas. Me estremecí agradecida de que el suave soplo de aire evaporara las pequeñas gotas de sudor que como joyas, constelaban mi suave piel en esta calida noche de agosto.

    Crucé los brazos sobre mis macizos pechos, redondos, suaves, con los pezones enhiestos y marcados que presionaban contra el fino tejido. Posé mis manos en mis redondos hombros, abrazándome... entrecerré la ardiente mirada de mis ojos verde jade intenso y al hacerlo, evoqué mi vida en los últimos años. Dejé vagar mi vista por los campos extendidos por nueva Inglaterra. La verdad, es que no había vuelto a Dunwich desde los extraños días de mi infancia. Al recordarlos, mi mente parecía salir de una extraña niebla y mostrar cada vez los detalles más claros, como una película antigua a la que se somete a reenfoque al proyectarla...

    Por lo que yo puedo recordar, mi madre era tan parecida a mí, que si estuviera viva hoy en día, probablemente, pareceríamos hermanas de una misma familia en lugar de madre e hija... oh sí!, la recuerdo alta y majestuosa. Vestida usualmente de negro, un unas altas cejas delineadas que enmarcaba unos ojos tan extraordinarios cono inteligentes. Con una figura espléndida a pesar de su edad y un cerebro privilegiado. Mi madre, estaba probablemente a un nivel que sus conciudadanos no alcanzarían nunca. Quizás fue por esto, o bien por el aire regio que revestía hasta el más mínimo de sus gestos, por lo que todo el mundo la solía llamar “la Duquesa”...

    Viuda desde muy temprana edad, mi madre era usufructuaria de enormes recursos financieros probablemente heredados de mi padre. Bienes, que nos permitían llevar una vida acomodada y sin fatigas. La familia de mi padre, por lo visto, había sufrido una extraña afección (alguna especie de virus desconocido que alguno de sus miembros había contraído en tierras extrañas), que la había extinguido progresivamente hasta no dejar más que a mi padre con vida, de forma que, al morir éste se extinguió con el linaje familiar. En cuanto a la familia de mi madre, residía toda en Europa, por lo que no pude conocerla hasta que mis viajes de estudios me llevaron allí.

    ¡Pero estoy divagando...! decía yo, que mi madre tenía una posición económica desahogada. Posición que parecía funcionar por si misma, dado que jamás vi a mi madre tomar una decisión de negocios. Una vez al mes se recibía en nuestra casa la visita de un extraño personaje al cual yo, había identificado siempre con una especie de secretario abogado que nos aportaba grandes cantidades de dinero en efectivo que servían para el pago de los criados y el sostenimiento de la hacienda.

    Este oscuro personaje era un hombre de tez clara y extraños ojos de un color indefinido entre el verde y el marrón. De estatura más que mediana y ancho de espalda. Su pelo, era de un tono rubio poco corriente y vestía siempre de negro. Parecía tener una edad comprendida entre los 25 y 35 años y jamás, por más años que pasaran, le vi envejecer ni un día. Recuerdo que un día cuando yo tenía seis años, entré en el despacho donde él y mi madre estaban hablando y girándose hacia mí con una extraña y cruel sonrisa en los labios dijo...

    ¡No puede negarse que es de la familia... !

    A lo que mi madre, después de soltar una carcajada cristalina, me hizo salir del despacho mientras continuaban hablando.

    Al cumplir los ocho años recuerdo que uno de los criados me regaló un conejito blanco al que llamé “Wally” y al que tomé un gran cariño. Desgraciadamente, un mes después sucedió un incidente que me marcó profundamente. Al levantare una mañana no encontré a “Wally” en su jaula. Lo busqué por el jardín y lo encontré entre unas matas muerto. Tenía la garganta destrozada y su cuerpo fláccido y exagüe presentaba señales de haber sido lacerado por los colmillos de una bestia feroz. Uno de los mozos de las cuadras comentó que probablemente, el pobre animal, se había escapado de su jaula para caer en las mandíbulas de alguno de los perros de guardia que de noche se soltaban por la propiedad. El incidente se grabó perennemente en mi mente infantil, y desde entonces he sido incapaz de soportar la visión de conejos en sus jaulas sin que un estremecimiento me recorra de arriba a bajo.

    Más tarde, al cumplir los doce años, fui enviada a Europa para completar mi educación. Fui llevada a un internado muy exclusivo en Suiza, donde bajo una disciplina férrea, aprendí desde Geografía e Historia hasta Física Cuántica, sin olvidar Griego, Latín, Francés, Alemán y Ruso. Tampoco podía faltar la Literatura y Filosofía, de las cuales, me doctoré en ésta última.

    También aprendí cómo debe comportarse una señorita y a tocar el piano a nivel de concertista. De hecho, la directora del internado pareció tomarse mi educación como algo personal. Era una mujer muy atractiva y casi intimidante, que podría, perfectamente, pasar por la hermana de mi madre si no fuera por algunas sutiles diferencias. De todas formas si que había algo que compartían las dos. Mi directora llevaba siempre puesta una joya antigua igual a la que siempre había llevado mi madre. Se trataba de una cadena de plata en cuyos extremos estaban fijadas sendas trencillas de lo que parecía cabello humano. A la vez que unas pequeñas figuras en miniatura de lo que parecía un extraño lagarto bípedo y alado con la cara llena de tentáculos. Los ojos de cada una de las efigies brillaban con la ultraterrenal luz que les prestaban unas amatistas engastadas en las órbitas. El metal, daba la impresión de ser muy antiguo y de tener aleado algún mineral que no era de este mundo. Al final opté por pensar que muy probablemente la Directora y mi madre se conocían y que tal vez las dos joyas procedieran de una misma fuente.

    Lentamente pasaron los años de mi aprendizaje siendo el único contacto con mi hogar, las periódicas visitas de aquel extraño hombre de negro, que parecía ostentar una gran familiaridad con la directora del centro. Y por fin, al cumplir los veintiún años fui llamada al despacho de la directora. Dónde, en presencia de ésta, el extraño secretario de mi madre, me comunicó que puesto que había cumplimentado ya mi educación, se me iba a facilitar el dinero suficiente para que viera mundo y fuera presentada en sociedad. Podría viajar tanto como quisiera y cuando me casara, sólo tendría que llamar al internado y hablar con la directora, y ésta, lo arreglaría todo para adquirir una casa, un coche y lo que necesitara en la ciudad de Europa que yo deseara. La única condición era que debía de pasar al menos un año residiendo independientemente antes de volver a mi casa en Dunwich. Se me comunicó que esto se hacía para que aprendiera a dirigir mi vida yo misma después de tantos años de dependencia de los demás.

    Así lo hice, y me dediqué durante seis meses a viajar por todo el mundo. Visité sitios tan dispares como Río de Janeiro y el Tíbet o Kenia y los bosques de Canadá. A veces, en algunos de estos diferentes parajes, me parecía entrever portadas por mujeres de singular belleza, joyas iguales a la de mi madre. Pero, si alguna vez quise comprobarlo, me fue imposible puesto que sus dueñas parecían evaporarse entre el gentío.

    Al fin decidí establecerme y escogí como ciudad París. En esta ciudad seguí las instrucciones del hombre de negro y compre un apartamento doble con vistas al Sena. Conseguí establecerme como crítica de arte en una galería y comencé a frecuentar la noche parisina... Al cabo de un tiempo era ya muy conocida tanto por mi trabajo, como por mi reputación de joven heredera millonaria. Lo cual me abrió la puerta a fiestas exclusivas de altísimo nivel y, fue allí donde finalmente lo encontré.

    Se llamaba Nikonos Arbulaitis, pero todo el mundo lo llamaba Niko. Era un joven de veintisiete años, de tez muy morena y cuerpo que haría palidecer de envidia a Apolo. Llevaba el pelo algo más largo de lo normal y recogido en una coleta. Con su profundo color ala de cuervo, todavía hacía más sensual su cara mediterránea. Un anillo de oro en su oreja izquierda le daba un cierto aspecto piratesco. Unos ojos de iris negrísimos y una boca bien delineada hacían irresistible el conjunto. A todos los efectos, era el relaciones públicas de varios de los locales nocturnos más importantes. Pero, todo en su aspecto, su traje Armani, sus colonias caras y su forma de tratar a las mujeres decía su verdadera ocupación... “gígolo”...

    Yo, ya había tenido mis experiencias con los hombres, de hecho, el viaje alrededor del mundo me había servido para evidenciar que mi figura y rostro resultaban muy atractivos para los varones. De todas formas, Niko me sedujo como nadie lo había hecho hasta el momento. Me dijo, que todas las demás mujeres eran sólo una forma de mantenerse, que la infancia, carente de casi todo en las calles de su Creta natal, le había volcado a explotar su único capital en esta vida, su físico. Que al poco de cumplir los dieciséis años se había dado cuenta que le vida le había negado. Tan solo tenía que ser amable y, complacer a las mujeres.

    Sus planteamientos llegaron a mi corazón y acabé justificando su actitud. Casi sin saber cómo, me encontré tomando la última copa con él en mi apartamento. Hacía rato que estábamos sentados en el sofá cuando de pronto, se giró a medias hacia mí para darme la cara y se me acercó. Su larga melena cayó hacia la izquierda, aún no había contacto entre nosotros.

    ¿Me deseas? —¡dijo susurrante como el oleaje¿Quieres hacer el amor conmigo...?

        —¡Sí.

    Dije trémulamente. Noté una extraña anticipación que nunca antes había sentido. Miré al fondo de sus ojos mientras mi vientre se tensaba. Pasé mi lengua por los labios resecos y noté un extraño estremecimiento en la base de la columna.

    Él, no dijo nada más. Sentí más que vi la proximidad de sus brazos mientras me envolvían. Vagamente intuí el ardor desenfrenado de la música “blues” que asomaba de fondo justo un instante antes de que sus labio cubrieran los míos. Inmediatamente mi boca se abrió bajo la suya y noté, como nuestros cuerpos, también se apretaban por entero haciéndome generar calor entre los senos, en el vientre y la unión de mis muslos.

    Casi parecí arder cuando sus labios me acariciaron el largo cuello y recorrieron la superficie redondeada de la clavícula. Sus manos tiraron de la parte superior de mi vestido. Yo, le apliqué los labios al lóbulo de la oreja y lo cosquilleé con la lengua dando vueltas y más vueltas como la última gaviota hambrienta sobre el cielo nocturno de la playa.

    Me hizo levantar los brazos y el vestido salió fácilmente por arriba. Con una mirada apreciativa a mis pechos, se inclinó adelante para lamer las axilas y continuar muy despacio hacia los enhiestos y enardecidos pezones.

    Mis dedos, con desesperación y urgencia, lo despojaron de su camisa y bajaron la cremallera de sus pantalones. Me puse en tensión de nuevo, cuando el me besó con los labios abiertos la suave curva de los senos y fue descendiendo hacia dentro en espiral.

    ¡Por favor...! —¡musité yo¡Por favor...!

    Y le hice salir de sus pantalones con el aparato genital casi erecto, con premura lo llevé a la excitación total acariciándolo delicadamente mientras él, me mordisqueaba los pezones.

    No podía esperar más. Cuando me disponía a bajarme las sutiles bragas de seda él, me detuvo y me levantó de la alfombra poniéndome una mano debajo de las nalgas y la rabadilla para dejarme caer de nuevo en el sofá. Luego, se inclinó sobre mis muslos y buscó con los labios las suaves aras internas de la misma, para moverse luego hacia arriba hasta mi monte de Venus cubierto de seda.

    Mis dedos se tornaron blancos al asir con fuerza los bordes del sofá. Su lengua, exploró la seda húmeda y yo, gemí otra vez mientras se arqueaba la espalda.

    Comenzó a lamerme salvando la tenue barrera de seda y mis manos le cogieron la cabeza acariciándole las orejas. El se movió un poco hacia arriba rodeando mi vulva con los labios a la vez que con sus manos arrancaba la seda. Yo, le arañé la espalda y crucé con fuerza mis piernas sobre su espina dorsal y, mientras me arqueaba hacia arriba, lancé un chillido inarticulado.

    A renglón seguido, y todavía húmeda y febril, le hice tenderse de espaldas cabalgando sobre él. Entonces, justo cuando sus manos se apoyaban restregando mis senos turgentes, perdí todo el dominio sobre mí misma y me llené de fuego hasta la garganta.

    Al cabo de una semana se había trasladado a mi apartamento y estabamos compartíamos una vida agitada. Por las noches, vivíamos una fiesta continua y durante el día, hacíamos el amor de una forma casi animal. Éste, era el estado de las cosa hasta que un día apareció él...

    En el umbral de la puerta se encontraba el hombre de negro. Sencillamente, alargó la mano hacia mí y me entregó un estuche de terciopelo negro. Al abrirlo, vi que dentro descansaba la antigua joya de mi madre. Le miré a los desvalidos ojos y me dijo...

    ¡Ella se ha ido... ! tras lo cual añadió—. Ha llegado el momento de que asumas el destino para el cual has sido preparada. Debes volver a Dunwich y hacerte cargo de la herencia familiar.

    Yo, seguía contemplándolo incapaz de llorar. Él me contempló impávido y añadió...

    —¡Debes hacer lo que tu interior te dicte. En todo caso, debes de saber que en el momento en que aceptes esta joya arcana, tendrás que estar dispuesta a aceptar las cosas como vengan sin fijarte ningún tipo de límite... y, vivir plena conscientemente sin sujetarte a más leyes morales que las que tu marques...

    Dicho lo cual, se dirigió a las escaleras bajando en dirección a la calle. Cuando me hube repuesto de la impresión me dirigí hacia la barandilla y miré hacia abajo, el extraño había desaparecido.

    Viví al interior del apartamento y le expliqué a Niko que mi madre había muerto y tenía que volver a los Estados Unidos, a lo que él me comentó que me acompañaría.

    Y ahora estoy aquí, en la terraza, intentando comprender el porqué de todo lo sucedido.

    Al llegar a la mansión familiar sentí el impulso de ponerme la joya y en cuanto lo hice, las cosa parecieron adquirir otra dimensión insospechada... las mentes y las almas de las personas parecían estar abiertas como libros para mí. Me estremecí al leer las verdaderas intenciones de Niko. Él, intentaba que yo lo nombrara heredero universal, y entonces, al cabo de unos meses, yo sufriría un inconveniente accidente. Después, al cabo de un tiempo, el joven heredero, podría volver a París a gastar su recién adquirida fortuna. Así se mantenía realmente, yo no sería nada más que una, en una larga lista.

    Aquella noche me vestí especialmente para él. Me puse un vestido negro que había pertenecido a mi madre, y bajo él, el más sugestivo conjunto de ropa interior que encontré en mi vestuario. Hecho lo cual y con la joya puesta, bajé al comedor. Tras una cena romántica con velas y en la que hablamos de cosas sin importancia, despedí a los criados y pasamos al salón. Allí, le hice sentar en un sofá y le pregunté si recordaba la primera vez que habíamos hecho el amor. Él me respondió...

    ¡Cómo no voy a recordarlo, fue en un sofá como este...! ¿por aquel entonces tu eras una chiquilla sin apenas experiencia...!.

    Yo le miré, entre sardónica y divertida y le dije...

    ¡Pues relájate y te demostraré lo que he aprendido...!.

    Me arrodillé ante él y le despojé de toda su ropa mientras yo me desnudaba conservando, tan sólo, e liguero y las negras medias de seda. Me incliné hacia adelante y atrapé en mi boca su masculinidad. Rodeé con los labios su glande... apretándolo suavemente. Mi lengua, lamió lasciva y suave recorriéndolo de arriba abajo mientras mi mano, acariciaba su escroto. Noté como gemía incontrolado y cada vez que él parecía eyacular yo, paraba un momento, apartaba la boca y le apretaba la base hasta que el espasmo remitía. AL final, casi borracho de placer, me pedía a gritos que terminara...

    Con un contoneo sensual me monté sobre él y cabalgando fieramente haciéndole llegar al clímax, justo en ese momento en el que la eyaculación embotaba todos sus sentidos, acerqué suavemente mi boca a su cuello y mordí violentamente su yugular con mis colmillos que creciendo de golpe, se habían desarrollado hasta tomar la apariencia de los colmillos de un lobo. Por supuesto, la neurotoxina segregada por mi saliva lo paralizó casi al instante pero, no amortiguaría para nada el dolor ni las demás sensaciones.

    Con una carcajada sardónica me bajé de su cuerpo dejándolo como una marioneta rota. Ahora que había bebido su sangre, todos sus síntomas serían los de un ataque cardíaco. En una última prueba de desdén, besé sus paralizados labios y le cerré los ojos. Por supuesto, le daría el mejor entierro que el dinero pudiese pagar, iba a ser muy estimulante pensar en su cerebro vivo por toda la eternidad mientras los gusanos hacían su trabajo.

    Y como os contaba, ahora estoy aquí, y tengo la seguridad de que mi madre no ha muerto. Probablemente se halle ahora en Suiza en un muy especial internado, y se, que cuando llegue el momento, yo también daré a luz una hija que criaré según la norma..., y tarde o temprano yo, también iré allí cuando llegue mi hora, aunque o moriré nunca, porque soy lo que los humanos llama un sucumbo, un vampiro demoníaco... una de las de la gran raza.

    Una última advertencia para todo aquel que oiga esta carta. Si alguna vez es publicada, significará que yo he abandonado la vieja casa de Dunwich y recorro el mundo cazando. Así pues, si alguna vez encontráis a una mujer que cumple lo que pensáis y nunca os atrevisteis a decir, cuidado... puedo ser yo...




¿Os ha gustado... viciosos seres de la noche...?

    En todo caso a mí si me gustó cuando lo oí. Recuerdo que me dio el manuscrito una extraña mujer que vino a depositar flores en este panteón en el que estoy sentado. Un panteón en cuya lápida pone algo así como... “Nikonos Arbulaitis... lleva mi beso durante toda la eternidad...”

    Por cierto, a menudo, en las noches tranquilas, parece que detrás de la lápida se oigan gemidos ahogados. Pero claro, seguro que se trata de las ratas... ¡Porque, nadie puede estar vivo en la mente mientras su cuerpo se corrompe! ¿no?...

    Y llega el momento de despedirse, no sin antes dedicar mis saludos a todos vosotros, los seres nocturnos…

                                                                            
Lou Cypher



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martes, 6 de diciembre de 2022

Nosferatu: a 2022 Symphony vuelve a la Filmoteca para celebrar los cien años de la película de Murnau





Tras el éxito en el Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia, el Dracula Film Festival de Brasov en Rumanía y la Filmoteca Nacional (Cine Doré) en Madrid, Los amigos de los animales vuelven a la capital murciana para deleitar a los amantes del vampiro más auténtico.


La Filmoteca Regional acogerá los próximos 9 y 10 de diciembre el espectáculo audiovisual Nosferatu: a 2022 Symphony en el que se proyectará la película de F.W. Murnau de 1922 musicada en directo por Los amigos de los animales. Ambas sesiones se grabarán para la edición de un doble álbum. 
    La orquesta estará formada por 7 músicos en escena que tocarán hasta 23 instrumentos a lo largo de la película, se trata de la formación más extensa y rica en matices empleada hasta ahora. 
    Para musicar Nosferatu, esta obra de arte del expresionismo alemán que cumple cien años, se utilizará un sistema de sonido cuadrafónico que emitirá desde las cuatro esquinas de la sala creando una experiencia inmersiva espectacular. 
    Los Amigos de los Animales regalarán a cada uno de los asistentes un código de descarga con cuatro de los temas que componen la banda sonora y que sonarán a lo largo del show y se editarán posteriormente en el disco Nosferatu: a 2022 Symphony. 


Nosferatu y la experiencia del rock cuadrafónico 

    Los Amigos de los Animales es un colectivo musical formado en Murcia en los años ochenta, compuesta por diversos músicos que evolucionarán hasta ser miembros de bandas nacionales referentes (Second, Schwarz, Ross) a día de hoy, convirtiéndose en un dreamteam del krautrock, el industrial y otras básicas básicas cinematográficas y experimentales. 
    Para este espectáculo, la banda se ha sumergido en la oscuridad que implica la creación y ejecución de la banda sonora de Nosferatu, una obra en constante evolución, basada en distintos movimientos y trasladada al público en sonido cuadrafónico. Este evento, en su gira 2022 ha pasado ya por el Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia, el Dracula Film Festival de Brasov en Rumanía y la Filmoteca Nacional (Cine Doré) en Madrid y coincide con el 100 aniversario de la película, transmitiendo con intensidad toda la melancolía, la tristeza, el terror y el amor que emite la cinta original. 
    En esta ocasión se ha intentado potenciar al máximo la experiencia sonora, como contrapunto a la película muda original, generando una experiencia cuadrafónica preparada meticulosamente a través de un sistema digital propio, capaz de transportar a la audiencia a través de los distintos pasajes de la cinta, recibiendo multitud de sensaciones únicas. Se juega con las señales en directo y con decenas de programaciones dedicadas por escenas, con el fin de crear atmósferas diferentes donde el espectador, sorprendido continuamente por movimientos circulares o diferentes planos estéreo, se sumerge por completo en la película. 
    Gracias a la cuadrafonía en directo se consigue un audio inmersivo, para generar la sensación de que el sonido puede provenir de cualquier dirección, 360 grados desde Nosferatu. El diseño de sonido ha sido desarrollado y realizado por Álex Jiménez y Antonio Eriatarka. Todo el equipamiento necesario es propio, a excepción del sistema de sonido (4 puntos) se planifica especialmente para cada evento.




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martes, 29 de noviembre de 2022

Hellraiser



 

La espera ha sido larga, muy larga, pero, finalmente, ya está aquí una de las cintas más esperadas de este 2022, año bastante prolijo en cuanto a lanzamientos tanto a nivel cinematográfico, como televisivo. La noticia era de esas que corren como la pólvora: una nueva versión de Hellraiser, clásico ya de culto que vio la luz allá por el año 1987, estaba por llegar, y además con un nuevo lavado de cara. Carne de polémica.
    
    Muchos fuimos los que, en un primer momento, esperábamos una nueva versión de la famosa novela de Clive Barker, piedra sobre la que está fundamentada el primer film, dirigido por el propio autor, pero cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que se trataría de un reboot, o lo que es lo mismo: un reinicio, aunque, eso sí, basado en los mismos conceptos. Pero antes de que este proyecto pudiese salir a flote, Barker estuvo inmerso en una interminable batalla por los derechos de la franquicia, y en el arduo intento de sacar a la luz otros proyectos inconclusos como una serie para HBO que terminó siendo cancelada (ignoro si el proyecto ha vuelto a retomarse). 

    La historia que nos presenta esta nueva versión, no tiene nada que ver con la novela original, aunque respeta su espíritu: Riley McKendry está en terapia debido a sus adicciones, pero no consigue remontar gracias a la mala influencia de su novio, Trevor, quien termina convenciéndola de robar en un almacén, donde se encuentran objetos de incalculable valor. Para su sorpresa, dan con una antigua reliquia, íntimamente relacionada con el excéntrico millonario Roland Voight. Estamos hablando, cómo no, de la famosa Configuración del lamento o Caja de Lemarchand. 

    El primer e interesante cambio, radica en la figura de los Cenobitas, verdaderos protagonistas de esta historia. La imagen de Pinhead, también conocido como Sacerdote del infierno, se acerca bastante a la original figura andrógina, descrita por Barker en su novela. Incluso la voz comparte similitudes con tono femenino que figura en el libro. En esta ocasión, las vestimentas de látex desaparecen, para dar paso a unos diseños más orgánicos con malformaciones, cortes y desfiguraciones varias pero, eso sí, más sofisticados que los diseños de antaño. La alargada sombra de Doug Bradley, nuestro Pinhead predilecto, no impide que el trabajo de Jamie Clayton (Sense 8, The Neon demon) en la piel nuevo y sibilino sacerdote, pueda ser valorado como se merece. Igualmente, cabe destacar lo acertado del casting a la hora de representar al resto de tan siniestras figuras, haciendo especial hincapié en el nuevo diseño de Chatterer, con un impresionante Jason Liles tras la máscara.

    El director David Bruckner (El ritual, The Night House), mantiene un más que correcto pulso narrativo, en este sentido se nota su experiencia y superioridad por encima de la de Barker, algo caótica debido a su condición de director amateur. Muy acertado, también, el guion de David S. Goyer aunque, por sacarle un pero, sí que es cierto que anda algo cojo en cuanto a sangre, a pesar de lo estelar de la última escena. En el aspecto visual, no se le puede poner pega alguna, pues la fotografía de Eli Born es tan preciosista como destacable. Otro punto a tener en cuenta es la excelente banda sonora de Ben Lovett que, ¡oh sorpresa! sigue manteniendo la partitura de la pieza original, compuesta por el gran Christopher Young. Para rematar, tenemos un reparto más que solvente, encabezado por Odessa A´zion (Nashville, Grand Army) en el papel protagonista, así como el aliciente de sus magníficos efectos visuales.

    El estreno mundial de Hellraiser se llevó a cabo el pasado 28 de septiembre en el Fantastic Fest de Austin, poco antes de su estreno, el 4 de octubre, a través de la plataforma Hulu, con gran éxito. No es para menos, puesto que se trata de un reinicio excelente y, podría decir incluso, la mejor entrega desde Hellbound, el único título decente antes de que la saga cayese en un pozo de mediocridad bastante profundo. 






NIEVES G. BRIONES




domingo, 20 de noviembre de 2022

Monster: The Jeffrey Dahmer Story

 


Imagen sujeta a derechos de autor


El último producto televisivo que nos llega bajo la rúbrica de Ryan Murphy, se ha convertido en toda una sensación. Un fenómeno que ha logrado, inclusive, desbancar a productos de primera línea como la exitosa serie El juego del calamar o la queridísima Stranger things. Murphy ha sabido hacerlo, algo que francamente era fácil de deducir, no obstante a lo largo de su carrera ha sabido mantenerse en la línea del éxito con títulos como American Horror Story, American Crime Story, u otros títulos que nada tienen que ver con estas series antológicas, como la reconocida Nick/Tup, Glee o Scream Queens, entre muchas otras. En definitiva: estamos ante un director con interesantes proyectos y buenas ideas que, además, ha trabajado junto a una interesante caterva de guionistas, actores, directores y gente del mundo de la producción. Por lo tanto no, no era difícil imaginar que este hombre nos traería un true crime como mandan los cánones.

    Puede decirse que el estreno de Dahmer ha sido toda una sorpresa, pues no ha gozado de grandes campañas publicitarias, sino todo lo contrario. A finales de septiembre pudimos disfrutar de su enigmático tráiler y, pocos días después, Netflix nos la ponía en bandeja. Las andanzas del carnicero de Milwaukee han despertado verdadero furor, tanto que su figura, ya de por sí mediática hasta el extremo, se ha vuelto a convertir en foco de controversias. Tratándose de un producto tan exitoso, la polémica no se ha hecho esperar: familiares de las víctimas han explotado contra su director, vertiendo contra él acusaciones de lucro, reprochándole el no haber intentado ponerse en contacto con ellos. Incluso, según algunos medios, el propio padre del asesino aseguró tener motivos de sobra para querellarse contra Netflix ya que, según sus propias palabras, al igual que el resto de familias, nunca fue contactado. No obstante, Murphy lanzó un comunicado asegurando que, tres años atrás, cuando nació la idea del proyecto, intentó ponerse en contacto con más de una veintena de personas involucradas en el caso, pero jamás obtuvo respuestas. Estas declaraciones, por el momento, parecen haber silenciado a todas las partes afectadas.

    Durante los tres años de gestación de esta serie de diez episodios, se llevó a cabo un completo trabajo de investigación. Según el propio director, un equipo de investigadores privados sacaron a la luz detalles de la vida de Jeff Dahmer que, en sus propias palabras, ignora cómo pudieron encontrar, y lo cierto es que todo ese trabajo de investigación está magníficamente representado a todos los niveles. Su puesta en escena es excelente, los escenarios están muy bien recreados y a nivel técnico se ve impecable. Si hay algo que me ha llamado la atención, especialmente, es su ambiente malsano, un ambiente que contrasta con la elegancia de ciertas escenas en las que más que mostrar, sugiere, aunque esta decisión se nota premeditada, pues no es una serie que busque única y exclusivamente el morbo.

    Pero si hay algo especialmente destacable, sin duda, es el magnífico trabajo de Evan Peters en la piel del asesino. En todo momento, Peters resulta terrorífico y gélido como un témpano. Ayuda bastante el hecho de que su caracterización sea impecable, así como su forma de involucrarse en el papel de Dahmer, según sus palabras, uno de los papeles más difíciles de su vida. Aunque no es la primera vez que vemos a Peters en estas lides, pues hasta el momento se ha puesto en la piel de un buen número de personajes perturbados. El resto del reparto también resulta convincente, haciendo especial hincapié en el maravilloso trabajo de Richard Jenkins como Lionel Dahmer. 

    Desde un punto de vista objetivo, pocos peros se le pueden sacar, tal vez su ritmo pausado y su montaje, algo complejo, fundamentado en saltos temporales. En definitiva, estamos ante uno de los mejores trabajos de los últimos años, no exento de florituras, como algunas licencias narrativas, pero que cumple con su intención o, mejor dicho, intenciones: ofrecernos una historia fascinante, dar protagonismo a las víctimas y, sobre todo, cargar contra la incompetencia de las autoridades. 

    Aprovechando el éxito desmesurado de este true crime, la plataforma decidió lanzar, con carácter inmediato, una docuserie de tan solo tres capítulos, dirigida por Joe Berlinger. Conocemos bien a Berlinger por su serie antológica Conversaciones con asesinos, estrenada en dos temporadas anteriores con Las cintas de Ted Bundy y Las cintas de John Wyne Gacy. Esta nueva temporada, titulada Las cintas de Jeffrey Dahmer, se estrenó el pasado siete de octubre, también con gran éxito. No es para menos, pues se trata de un documento excepcional que contiene fragmentos de entrevistas, algunos de ellos inéditos, con el asesino en cuestión, así como testimonios de psiquiatras, forenses, juristas y, en definitiva, personas que tuvieron una importante implicación en el caso. 

    Hemos de reconocer, para bien o para mal, que hablar de la figura de Dahmer es hablar de un icono en toda regla, recordemos que no todos los iconos tienen por qué ser positivos, y sería imperdonable terminar esta reseña sin hablar directamente de ella. Es esta la excusa perfecta para traer de vuelta a Caosfera a uno de nuestros más queridos colaboradores: Gabriel Pombo, abogado de profesión, experto en la figura de Jack el destripador, pero, sobre todo, un hombre a que le fascina desmenuzar las mentes de los más depravados asesinos en serie. Será, pues, Gabriel, quien nos ponga tras la pista del asesino, con una cuidadosa cronología. 




    Y para todas aquellas personas que deseen conocer los pormenores del proceso judicial al que fue sometido Dahmer, Caosfera les trae una grata sorpresa: Gabriel Pombo nos habla de las particularidades de este proceso, analiza la estrategia de defensa llevada a cabo por sus abogados y la actuación fiscal. Todo un lujo.





BIBLIOGRAFÍA

El hombre que no mató lo suficiente (Schwartz, Anne)

Asesinos en serie (Ressler, Robert)

Dentro del monstruo (Ressler, Robert)

Mi vida con los asesinos en serie (Morrison, Helen)

Perfiles criminales (Torre, Raúl)

Homicidios seriales (Silva, Daniel-Torre, Raúl)



LEER AQUÍ

Historias de asesinos. Gabriel Pombo

                                  ENTREVISTA A GABRIEL POMBO