viernes, 9 de abril de 2021

El cine de la zona púrpura: la corriente esotérica del celuloide

 





A estas alturas, Jose Ángel Conde no necesita presentación, pues es uno de nuestros colaboradores más habituales que, además, ha nutrido el universo de Caosfera con artículos verdaderamente interesantes e indispensables. Se le quiere. Esta semana está de nuevo entre nosotros para hablar de uno de nuestros temas preferidos: el esoterismo en el cine. Disfrutad de este artículo plagado de información y, sobre todo, tomad nota de todos los nombres que en el aparecen y de las principales producciones que todo aficionado al ocultismo y esoterismo debe disfrutar...





Ocultismo y esoterismo


La relación que vincula ocultismo y esoterismo, las llamadas ciencias ocultas, con el cine se remonta a los mismísimos inicios de este y se extiende como una corriente subterránea no siempre fácil de identificar. Quizá una de las razones de esta indeterminación sea la incomprensión del correcto significado de ambos complejos conceptos. El término “ocultismo” quedaría bien delimitado en la definición de la RAE: “Conjunto de conocimientos y prácticas mágicas y misteriosas, con las que se pretende penetrar y dominar los secretos de la naturaleza”. Pero no es tan preciso lo que se refiere allí sobre la palabra “esoterismo”, la que conviene matizar más. En su relación con las ciencias ocultas, el “esoterismo” se entendería como el conjunto de doctrinas, ritos, tradiciones o prácticas que se transmiten a una minoría de iniciados. En su sentido literal, lo “esotérico” se refiere a lo interior, lo íntimo, lo oculto, frente a lo “exotérico”, lo exterior, lo común, lo accesible. El “esoterismo” sería pues aquella rama del conocimiento que busca entender el mundo y el hombre atendiendo a sus causas internas, mientras que el “exoterismo” se referiría a las causas externas.

  ¿Qué podría entonces entenderse como cine ocultista y/o esotérico? Como certeramente expone Jesús Palacios en su artículo Cine y ocultismo: Apuntes para una visión mágica del cinematógrafo no se trata tanto de la utilización del ocultismo como recurso argumental, tan propia del cine fantástico, sino que es más bien una cuestión de intención y de forma que no se limita a un género específico. La intención tiene que ver con la convicción seria que tienen ciertos creadores de que el celuloide puede ser una suerte de proceso alquímico con el que revelar y transmitir un saber oculto que se esconde más allá de nuestra percepción habitual y nuestras concepciones establecidas. La historia del séptimo arte, como la de cualquier otra disciplina, está plagada de ejemplos de artistas vinculados a todo tipo de sociedades herméticas y cultos iniciáticos, pero esto no es condición indispensable para que algunos realizadores se sientan fascinados por su doble naturaleza mágica, mágica en su sentido más literal, por su capacidad de plasmar lo etéreo y de crear a su vez mundos y realidades propios. El cine se movería así en la “Zona Púrpura” (“Mauve Zone”), concepto acuñado por el ocultista Kenneth Grant, discípulo a su vez del célebre mago Aleister Crowley y miembro de la sociedad OTO (Ordo Templi Orientis), que se refiere a una especie de mundo introspectivo situado en los límites de la realidad, entre lo que podemos experimentar y lo que no existe, lo que sólo podemos concebir. “El artista crea misteriosamente la verdadera obra de arte por vía mística” expresa Wassily Kandinsky en su ensayo de referencia De lo espiritual en el arte (Über das Geistige der Kunst, 1911). Aquí es donde entra la cuestión de la forma, ya que la misión de los cineastas es oficiar un ritual visual con el que moldear el plasma de lo posible, explorando los caminos expresivos de la imagen, su poder simbólico y sensorial, dando como resultado obras de gran fuerza sugestiva pero de difícil comprensión racional.







La serpiente fílmica

Esta labor de exploración comienza ya dentro del movimiento que sentará las bases del lenguaje cinematográfico en general y del género fantástico en particular, el mal llamado Expresionismo alemán, ya que, y aquí coincido de nuevo con Jesús Palacios, tiene más de simbolista que de expresionista. Y es que esta corriente teutona será el resultado del trabajo pionero de numerosos artistas de vanguardia, muchos de ellos ocultistas, como es el caso del novelista Hanns Heinz Ewers, guionista, entre otras, de El estudiante de Praga (Der Student von Prag, 1913), o Albin Grau, artista, arquitecto, productor, director artístico y uno de los principales responsables de la seminal Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922) de Friedrich Wilhelm Murnau, primera versión cinematográfica no oficial de la novela Drácula. Unos y otros dejarán una marcada impronta esotérica en sus películas mediante el uso expresivo del claroscuro, innovadores y antirrealistas decorados, fantasmagóricos trucos de montaje e historias cargadas de alegorías: Robert Wiene con El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) y Las manos de Orlac (Orlacs Hände, 1924); Fritz Lang con Der Müde Tod (1921) y Metropolis (1927); o el propio Murnau con Satan (1920), Fausto (Faust: Eine deutsche Volkssage, 1926) o Amanecer (Sunrise, 1927). En esta tendencia de principios de siglo se podrían incluir también dos títulos del primer cine escandinavo, La carreta fantasma (Körkarlen, 1921) de Victor Sjöström y La brujería a través de los tiempos (Häxan, 1922) de Benjamin Christensen, aparte de las películas mudas del genio danés Carl Theodor Dreyer, en especial Vampyr (Vampyr - Der Traum des Allan Grey, 1932), aunque sus más célebres y abstractas obras sonoras tampoco dejarán de bascular entre el misticismo religioso y el ocultismo.

  Tras el doble Armagedón del nazismo y la guerra las audacias esotéricas quedarán mayormente diluidas en el cajón de sastre del cine de género y la Serie B, aunque en estos campos algunos nombres demostrarán más osadía que otros en la presentación de la temática, como es el caso de Jacques Tourneur y su trilogía de horror formada por La mujer pantera (Cat people, 1942), Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943) y La noche del demonio (Night of the Demon, 1957). La necesidad transgresora de la tendencia ocultista provocará que sus películas y autores se alejen de los circuitos comerciales y se expresen o bien en el cine de autor más arriesgado, o bien en el cine experimental y el underground, identificación que seguirá hasta nuestros días. En este sentido tenemos la figura fronteriza del órfico artista total francés Jean Cocteau y, en especial, los dos grandes profetas de la experimentación en EEUU: Maya Deren y Kenneth Anger.

  La breve obra de Maya Deren se desarrolla sobre todo en los años 40 y está cargada de espiritualidad, fusionando danza, artes plásticas, mitología y arquetipos jungianos en una serie de cortos y mediometrajes (Meshes of the afternoon (1941), Ritual in transfigured time (1946)), un documental en torno a rituales vudú en Haití (Divine horsemen: The living gods of Haiti, terminado de montar en 1977), así como varios proyectos inacabados que bastarían para dejar huella en la vanguardia cinematográfica posterior. Kenneth Anger por su parte es el auténtico gurú e icono viviente de algunas de las tendencias culturales más decisivas de la segunda mitad del siglo XX, como son el movimiento hippie y la psicodelia, la cultura pop o la militancia queer. Thelemita practicante, su dilatada y polémica filmografía se extiende hasta la actualidad y se desarrolla tan sólo en los campo del corto y el mediometraje. Su denominado “Ciclo de la Linterna Mágica” será decisivo en la creación de la disciplina del videoclip e influirá en cineastas tan importantes como Martin Scorsese, Guy Maddin o David Lynch, en especial Inauguration of the Pleasure Dome (1954), Invocation of my Demon Brother (1969) y Lucifer rising (1972), películas en las que no duda en hacer proselitismo de la religión revelada por su admirado Aleister Crowley.

  A partir de aquí la serpiente púrpura del esoterismo reptará libremente bajo la corriente fílmica, apareciendo de forma esporádica y aleatoria, adoptando todo tipo de formas, rompiendo fronteras e inspirando el daimon de numerosos visionarios de lo audiovisual. Sería interminable ahondar en las características que los distinguen, dada la vastedad del espectro abarcado. Por ello nos limitaremos a nombrar los principales nombres y títulos en un resumen lo más sucinto posible. En una esfera internacional el polifacético genio de Alejandro Jodorowsky que, más allá de las ínfulas surrealistas de sus inicios en el Grupo Pánico en su primer film, Fando y Lis (1969), nos legará una obra magna caracterizada por la plasmación de sus teorías sobre la psicomagia, inclusive en los terrenos de la literatura y el comic, con tres películas esenciales: el viaje iniciático de El Topo (1970), la metáfora alquímica de La montaña sagrada (The Holy Mountain, 1973) y el gnosticismo de Santa Sangre (1989). En EEUU el cine ultraexperimental de Harry Smith, Craig Baldwin y Edmund Elias Merhige, uno de los creadores audiovisuales más influyentes de finales del pasado siglo, merced a la alucinada alegoría monocroma de Begotten (1991) y sus innovadores videoclips para el artista Marilyn Manson, además de ser, a modo sincrónico, responsable de la revisitación del mito de Nosferatu La sombra del vampiro (Shadow of the vampire, 2000). En la mágica Gran Bretaña The Wicker Man (1973), de Robin Hardy, se convertirá en película emblemática del folk horror y el neopaganismo, y los principales druidas audiovisuales serán Nicolas Roeg, Robert Fuest y Ken Russell. En Europa del Este se harán valer las tradiciones del folklore eslavo y el mestizaje centroeuropeo, con varias películas insignia como la soviética Viy, espíritu del mal (Viy, 1967) de Konstantin Yeshov, la checa Valerie y su semana de las maravillas (Valerie a týden divu, 1970) de Jaromil Jirés, y el más reciente y conspiranoico fresco ruso Generation P (2011) de Victor Ginzburg, además de un respetable puñado de cabalistas de la disidencia: los checos Juraj Herz y Jan Švankmajer, los polacos Wojciech Has, Jerzy Kawalerowicz y Andrzej Zulawski, y el armenio Sergei Parajanov. En Japón tenemos una temprana corriente literaria muy cercana al expresionismo alemán, el movimiento Shinkankakuha (Nueva Sensibilidad) que es descrito por uno de sus fundadores, Riichi Yokomitsu, como “la directa, intuitiva sensación de una subjetividad que desgrana los aspectos exteriores naturalizados y se sumerge en la cosa en sí” y que tendrá su mejor representación en la pantalla con el clásico A page of madness (Kurutta ippêji, 1926) de Teinosuke Kinugasa. Además de los numerosos ejemplos de animes con aliento ocultista, el campo de la animación no podía faltar con la lisérgica Belladonna of Sadness (Belladonna Smutku, 1973) de Eiichi Yamamoto. Entre los devotos de la sensibilidad esotérica en Japón se encuentran el Anger nipón, el cortometrajista y pionero queer Toshio Matsumoto, y los independientes Nobuhiko Obayashi, Masahiro Shinoda y Akio Jissoji. En Latinoamérica vibra con especial fuerza la tierra chamánica de Brasil, con el santón del Novo Cinema brasileño Glauber Rocha, los aquelarres y el vudú filmados en la exploitation erótica de José Mojica Marin (aka Zé do Caixão, aka Joe Coffin) y, más recientemente, el crowleyano grupo Paraísos Artificiais, formado en 1992 y comandado por Paulo Sacramento. México contribuirá por su parte con uno de los talentos visuales más originales de las últimas décadas: Carlos Reygadas. En África el film chamánico La luz (Yeelen, 1987) del maliense Souleymane Cissé y en el mundo árabe el cine zoroastrista del pakistaní Jamil Dehlavi. Y, por supuesto, la onda expansiva mística llegará también hasta España, arrancando desde los tiempos de la postexpresionista y teosófica La torre de los siete jorobados (1944) de Edgar Neville, para impregnar después todo el fantaterror nacional, proseguir con la experimental reinterpretación de la vampirización en Arrebato (1979) de Iván Zulueta, el mesianismo en Renacer (Reborn, 1981) de Bigas Luna y el simbolismo postmoderno de La Fura dels Baus en Fausto 5.0 (Alex Ollé, Isidro Ortiz y Carlus Padrissa, 2001), culminando con los nombres propios de Agustí Villaronga y Carlos Vermut.

  En la actualidad asistimos a un nuevo renacimiento de las cuestiones esotéricas y la espiritualidad, muy propio de los tiempos de crisis, tanto económica como de valores, que por supuesto ha vuelto a eclosionar en el cine, con la diferencia de que ahora las audacias formales no estarán tan reñidas con la repercusión comercial como en el pasado, quizá en parte por el cambio de paradigma que han forzado las nuevas tecnologías. Será el caso de películas de éxito como The Witch (2015) de Robert Eggers, A cure for wellness (2017) de Gore Verbinski, Hereditary (2018) y Midsommar (2019) de Ari Aster, Under the Silver Lake (2018) de David Robert Mitchell, o el presunto remake de Suspiria (2018) de Luca Guadagnino. Todas ellas cuentan con argumentos de enorme complejidad, narraciones no lineales y hallazgos visuales que no apelan precisamente a la comprensión racional del espectador, regodeándose además sin tapujos en la imaginería esotérica. Un ejemplo muy significativo es el de la irlandesa A dark song (2016), de Liam Gavin, que en ocasiones se confunde con un manual didáctico de invocación mágica. True detective (2014), de Nic Pizzolatto, Legion (2017), de Noah Hawley o el biopic del ocultista Jack Parsons, Strange angel (2018), de Mark Heyman, demuestran que el boyante mercado de las series norteamericanas no es en absoluto ajeno a todo esto. Y aún más lejos están llegando los novicios radicales Nicholas Winding Refn, discípulo reconocido de Kenneth Anger, el enoquiano Ben Wheatley y el mago del caos Panos Cosmatos, auténticos señores de la Zona Púrpura, de una nueva creatividad que se parece a todo y a nada. El cine anticomercial por su parte adquiere mayor complejidad abriéndose a todo tipo de formatos, desde la videocreación y el collage audiovisual, hasta las instalaciones, la performance o la música electrónica, con artistas que se erigen en profetas de una suerte de arte total, siendo sus sigilos más visibles los trabajos invocadores y evocadores del thelemita Raymond Salvatore Harmond y los delirios visuales y brujeriles, mezclados con fetichismo vintage, del padrino de la música witch house, Cosmotropia de Xam. Y cada vez son más los creadores individuales que se lanzan a producir sus propios mensajes revelados con las mínimas herramientas de distribución, un underground casi casero pero de enorme valor artístico, en el que se puede incluir al alemán Carsten Frank. Parece como si en una era tan tecnológica y falsamente positivista como la nuestra los alabados cambios en la comunicación no hubiesen hecho más que alimentar la paradoja de un resurgimiento de la inquietud espiritual y que lo audiovisual se hubiese transmutado de forma inconsciente en la auténtica Opus Magna que nos prepare para el advenimiento de un nuevo eón.







El sendero del mago audiovisual

Valga este comprimido resumen de nombres y títulos como perspectiva muy general de lo más manifiestamente esotérico que ha dado la pantalla, pero se hace necesario insistir que la sabiduría oculta es un motivo ancestral que ha permeado y permeará el arte de todas las culturas. Por ello se constituye como una opción estética y conceptual por la que muchos cineastas han optado en algún momento pese a seguir luego caminos más personales. Ejemplos hay muchos y algunos de ellos se cuentan entre los más grandes exponentes que ha dado este medio: Ingmar Bergman, Stanley Kubrick, Pier Paolo Pasolini, Andrei Tarkovsky, Werner Herzog, Darío Argento, John Boorman, William Friedkin, Derek Jarman, David Lynch, Darren Aronofsky, Gaspar Noe... Quizá el caso más ambiguo sea el de Roman Polanski y su bien conocida, parafraseando a los Rolling Stones, “simpatía por el diablo”, que ha estigmatizado su carrera ya desde aquella película “maldita” que fue La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), pese a su claro escepticismo religioso. Lo suyo es más una fascinación distante e irónica, aunque uno duda de ello al ver la erudita y seria pintura que hizo del luciferismo en la menospreciada La novena puerta (The ninth gate, 1999).

  Tras lo expuesto queda claro que es complejo determinar cuándo nos encontramos ante una forma de expresión netamente “ocultista”. Quizá arrojemos algo de luz cuando en un próximo artículo analicemos la obra concreta de un artista contemporáneo que por el contenido y la manifiesta complejidad simbólica de su propuesta deja pocas dudas para ratificarle como un conocedor y practicante de la filosofía esotérica, al menos en su faceta creativa. Intentaremos descifrar y exponer por un lado el dogma, la personalidad y el conocimiento que esconde, y por otro el ritual, la magia ceremonial que utiliza para transmitirlos, del cine de Carsten Frank y quizá así consigamos averiguar en qué consiste el sendero del mago audiovisual.


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viernes, 2 de abril de 2021

El despertar: Círculo primero

 





¡Nueva entrada semanal! Vuelve a la carga Jorge Herrero Martínez, que nos trae una de sus interesantes críticas literarias. En esta ocasión, nos habla de un mundo de fantasía muy especial que, por lo que parece ser, le ha dejado muy impresionado. Para no haceros esperar más, os dejo con sus maravillosas palabras :)



Sinopsis: Sobre la arena de una playa, junto a los restos de una cruenta batalla, una joven despierta sin recordar nada de su pasado ni de ella misma. Y en su desconcierto, solo tiene claro que debe descubrir su nombre, ya que él será la clave que le devuelva la memoria. 

  Adoptada por una gata que acaba de perder a su hijo, iniciará un viaje por los territorios de la inmensa y misteriosa Nayrda, la Tierra Incontable, y sus pasos la llevarán hasta el valle de los unicornios, a la ciudad de las sirenas e incluso a los territorios perdidos donde habitan los Hymnayrdayl, humanos que un día decidieron unir su vida a la naturaleza… 

  Pero será un sabio mago quien acabará guiándola en su aprendizaje y la ayudará a comprender que en lo más simple y cotidiano se esconden las cosas más bellas, y que el poder de la magia poética puede sanar las heridas más profundas del alma. Una antigua responsabilidad y el recuerdo de alguien a quien amó le servirán de guía, y al final, la joven sin nombre descubrirá que el verdadero destino de su viaje estaba más cerca de lo que imaginaba en su propio interior, en sus sueños, y en su corazón. El camino más corto no es el más directo, sino el más bello.




Círculo primero, El despertar es el comienzo de la que es en mi opinión la mejor serie, saga o como se la quiera llamar que hay actualmente dentro de la fantasía nacional. Este maravilloso universo que ha creado de manera magistral Házael González es un mundo lleno de increíbles criaturas. Un universo plagado de detalles, imposibles de descubrir en una sola lectura. En este primer volumen, el autor sienta las bases para lo que vendrá después. 

  Se nota el cariño y el mimo con el que ha creado este vasto e inacabable mundo. El amor por el detalle es algo que se palpa desde la primera página. Una vez que el lector se adentre en este mágico e indescriptible universo con el que lleva años deleitándonos a todos los seguidores de La Tierra Incontable, no querrá volver a salir de él; viajará y acompañará a los distintos personajes que irán apareciendo a lo largo de los distintos libros que van conformando esta saga o serie. 

  Este primer volumen gira en torno a la joven protagonista de El Despertar, una chica que despierta en la orilla de una playa donde ha acontecido una gran y cruel batalla, sin saber nada, ni recordar su nombre. Será descubierta por una gata gigante que la adoptará como si fuera su hija. A partir de este suceso acompañaremos a la joven sin nombre en su búsqueda por descubrir su identidad, sus orígenes y por qué acabó tirada en esa playa donde aconteció tan cruenta batalla. 

  Pero no estará sola en su búsqueda, búsqueda, ya que a lo largo de esta increíble e inolvidable aventura será acompañada por una gran cantidad de criaturas mágicas, seres de otras razas que le ayudarán a llevar a cabo su misión con éxito. Si lo consigue o no es algo que el lector tendrá que descubrir leyendo esta gran novela, redonda: una obra que supuso, y supone ahora en su segunda vida, todo un soplo de aire fresco dentro del género fantástico con label nacional. 

  En este primer volumen, el lector se encontrará con muchos de los elementos y personajes más o menos típicos de la fantasía, como la búsqueda de respuestas y el empeño en lograr un objetivo. Durante esta búsqueda los protagonistas correrán increíbles y espectaculares aventuras, dejando una parte de ellos por el camino. También se encontrarán con seres y criaturas de otras razas: unicornios, sirenas, gatos gigantes y elfos entre otros. La peculiaridad de esta novela es que Házael ha sabido darles la vuelta y hacerlos suyos, por tanto lo que parece otra saga o serie más dentro de la fantasía, adquiere altas dosis de originalidad y frescura, dando como resultado un producto que dejará profunda huella en todos aquellos que se atrevan a visitar La Tierra Incontable

  Házsel tiene una prosa elegante, única y a la que ha sabido dotar de gran fuerza; sabe hacer unas descripciones maravillosas e hipnotizantes, y todo ello en pocas líneas, logrando crear un vínculo con el lector que no se romperá en ningún momento. ¿Qué decir de los personajes? Todos y cada uno de ellos están perfilados y desarrollados de una manera magistral, desde los principales hasta los más secundarios, convirtiéndose todos en parte importante de la historia, con sus momentos de protagonismo. No hay ni uno solo que sobre o que no tenga la personalidad bien definida. Sin duda alguna es uno de los puntos fuertes de la novela, y les puedo asegurar que El Despertar tiene muchos puntos fuertes. 

  La principal influencia del autor es sin duda alguna Alejandro Jodorowsky, se nota en todas y cada una de las páginas del libro, en la forma de narrar la historia, de describir La Tierra Incontable. Es más, el autor no lo esconde en ningún momento, y eso es algo de agradecer. 

  El Despertar tiene aventuras, acción, amor, mucho amor, tiene momentos que se quedarán grabados en la memoria del lector, y que hacen de su lectura toda una experiencia única y muy especial. La novela trata de la lucha de una mujer en pos de descubrir su nombre y sus orígenes, pero también va mucho más allá. Así mismo, se sumerge en otros temas como el descubrimiento del amor al prójimo y el amor más íntimo, el crecimiento interior de las personas, la madurez del ser y otros temas trascendentes. Este conjunto logra conseguir que El Despertar se torne en algo distinto de lo que cualquier lector podría esperar. 

  Para esta nueva edición el autor se ha unido a Dolmen, gran decisión teniendo en cuenta el trabajo de edición, que sí le hace justicia al libro. Alejandro Colucci ha realizado una espectacular portada que dejará asombrados a los lectores. También tiene material extra, como un relato inédito titulado Ypsilon o un apéndice “prescindible", según palabras del autor,  todo ello en tapa dura y con una sobrecubierta llena de detalles que hacen de este libro una compra obligatoria por parte de todos los amantes de la fantasía. Sobra decir que lo recomiendo encarecidamente. Todo un acierto por parte de la editorial Dolmen, mi más sincera enhorabuena al autor, del que soy fan y seguidor desde hace años. 








viernes, 26 de marzo de 2021

Todo un caballero






¡Viernes de relato! Si recordáis, hace pocas semanas os traje un cuento propio en cuyo título figuraba un lema plenamente unido al campo de la alquimia (no así del todo el contenido del relato, que exploraba otro tipo de "Praxis"). En esta ocasión tengo el gusto de presentaros una nueva y excelente colaboración: Manuel Juan Prieto Álamo nos trae este excelente cuento, premiado en el certamen "Cuentos ocultistas" de la editorial Cthulu. Os pido, por favor, que leáis con mucha atención, que analicéis en profundidad cada una de las personalidades presentes en este relato (y con esto ya os he dicho de más) y, sobre todo, que disfrutéis como yo de una conclusión que, no sé si fue pretendida por el autor o no, pero me dejó un sabor más dulce que amargo. ¡Leed!




Sur l'oreiller du mal c'est Satan Trismégiste 
Qui berce longuement notre esprit enchanté, 
Et le riche métal de notre volonté 
Est tout vaporisé par ce savant chimistre. 

Charles Baudelaire, Les Fleurs du Mal. 


Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto 
Que mece largamente nuestro espíritu encantado, 
Y el rico metal de nuestra voluntad 
Está todo vaporizado por este sabio químico



Era mi primer día de residente de psiquiatría en el prestigioso centro ********, en la amplia zona periférica de París que llaman el banlieue. Esperaba incluir aquella estancia en mi curriculum enfocado a mi verdadera vocación: la investigación bioquímica con nuevos antipsicóticos, menos agresivos para  el paciente. El edificio era una curiosa mezcla entre la arquitectura antigua de antes de la Segunda Guerra Mundial, todo ladrillo y molduras, con los nuevos usos más asépticos y funcionales. Entregué mis credenciales al Doctor Lenormand, un hombretón recio, de cejas anchas y rostro colorado, al que en lugar de la bata blanca le hubiera ido mejor un mono azul de metalúrgico. Me avergoncé al instante de aquel pensamiento clasista, sobre todo cuando iniciamos la entrevista de rigor, porque el director de la institución era inteligente y perspicaz. No le pasó inadvertido el libro que había colocado distraídamente en la mesa, junto a la carpeta de mis títulos y diplomas, Secretos de la Alquimia, editorial Étoile Noire, famosa por sus publicaciones sobre temas "ocultos". 

   Vaya por Dios. Un científico que juega con el pensamiento mágico. ¿Pero realmente le encuentra sentido a esas cosas? ¿No seguirá por casualidad las noches del sábado ese programa de Celine Junot, Fronteras de lo Imposible, eh? rió con franqueza, mientras se encendía un puro, a pesar de la prohibición de fumar en los recintos hospitalarios, guiñándome un ojo. Confieso que lo veo algunas veces. Me encantan las psicofonías y ese médium susurrando en las ruinas eso de ¿hay alguien ahí?, ¿cuál es tu nombre?. 

  Me sentí algo azorado por aquellos comentarios, pero al final acabé contagiándome de sus carcajadas y chanzas al novato. Compulsó mis documentos e hizo una llamada a administración. 

  —Muchacho, bienvenido a bordo. Preséntese a Madame Morbihan para que le incluya en el personal externo. Y ya que le gusta todo eso de la alquimia, pregunte por el paciente 31, Monsieur Ménard. Una herencia de mi predecesor en el cargo. Va a disfrutar aún más que con el programa de la Junot, se lo aseguro. Me quedaría más rato aquí con usted, pero me toca consulta. Ya me contará. Recuerde, Ménard, número 31. Que tenga un buen día.

  Apagó el habano contra un cenicero de grueso cristal, y me dejó allí sentado, asimilando aquel recibimiento tan poco usual. 

 La señora Morbihan rozaba los cincuenta años: elegantemente arreglada y maquillada, con corte de pelo moderno y cabello cobrizo teñido, aún resultaba bastante atractiva. Tenía aire de persona eficiente, profesional y seria. Tras entregarme la bata con la placa de identificación, me hizo de guía en un tour por todo el recinto, explicándome en detalle los pormenores y normas de cada tarea o zona de la clínica. Aunque al principio la juzgué algo antipática, poco a poco fue declinando a un aire más cordial, hasta maternal. Debía considerarme un pardillo recién licenciado que aún necesitaba algo de tablas en aquel oficio. Cuando iba a despedirse, pregunté como al descuido:

     —¿El paciente número 31?

   Formulé la interrogación con la mejor de mis sonrisas, pero aquella mujer no tenía nada que ver con las profesoras de mi facultad o las enfermeras en prácticas. 

     —¿Robert Ménard, el viejo dandy? —lo pronunció con sorna y desprecio—. Parece que el director ya le ha ido con el cuento. 

  Al observarme mejor, reparando en el libro como ya lo hiciera antes Gèrard, meneó la cabeza, y apoyada en la barra de la recepción, hizo algunas anotaciones en un papelito.

  —Que se divierta. No soporto a los tipos que odian a las mujeres.

  Y se marchó sin más, con un revoloteo de la bata que llevaba abierta. 

  ‹‹Bien empezamos. Haciendo amigos, sí señor››, pensé desolado. 

  Siguiendo las indicaciones de la jefa de personal, me hallaba algunos minutos más tarde —porque me despisté varias veces— en una amplia sala donde estaban los pacientes leves. La típica zona en la que se administra medicación y puedes ver a uno haciendo puzles, el otro ensayando algunas risas y muecas con el compañero de al lado, o la otra como embobada mirando al vacío. No me hizo falta indagar sobre él entre los celadores, porque contrastaba con toda aquella galería frenológica, lo mismo que lo haría una garza real en una jaula de loros. Era mayor, le calculé unos setenta años, de cabello cano que raleaba en la parte superior de la cabeza, con un bigotito de corte antiguo y finas gafas metálicas, enfundado en un traje algo pasado de moda, pero impoluto. Allí estaba aquel personaje. Arrellanado cómodamente en una butaca y enfrascado en la lectura de una antología de poemas de Mallarmé, Baudelaire y Rimbaud, como si fuese un pensionista de posibles en unas vacaciones de todo incluido. Antes de presentarme a él, llamé a uno de los vigilantes, un sujeto enorme con aires de Jean-Claude Van Damme, y un físico de muchas horas de gimnasio. Al nombrarlo, sonrió y me llevó aparte. 

    —Todo un caballero de los de antes. Estudios de Medicina y Química por la Sorbona, antes de la guerra. Es encantador, diga lo que diga esa harpía de la Morbihan. Un día tuvimos que reducir entre tres compañeros a un fulano —señaló vagamente a los internos —con un brote psicótico de cojones. Habló con él, con palabras suaves, lo miró a los ojos, lo tocó, y el tipo se quedó manso como un corderito. Incluso alguna vez nos ha sacado de un marrón. Paul equivocó las píldoras de aquella chica de allí. Nos citó todos los principios activos y ni siquiera nos dio tiempo a darle las gracias. Así es él. Si no fuera por su historial, casi diría que está cuerdo, el jodido. 

  —Pero, ¿qué ha hecho para estar aquí? —le sonsaqué intrigado —. No me ha dado tiempo de ver su expediente. 

  —Asesinato, y el incendio de una antigua mansión por la zona de ********. Qué se le va a hacer. Ya sabe usted lo que se cuece en estos sitios. El pobre no lo niega, como hacen otros, y menos mal que lo tomaron por chiflado. Eso le libró de la guillotina en aquellos tiempos. Perdone. 

  Dio un par de zancadas y cogió suavemente por el cogote a un tipo encanijado y orejón, supuestamente por haber susurrado obscenidades a la chica de la medicación equivocada; mientras le retahilaba una buena filípica, el orejudo me miraba a hurtadillas con sonrisas de crío picarón. Tomé asiento frente a Ménard en otra butaca, y suavemente le llamé la atención. Bajó el libro, se ajustó un poco las gafas para verme mejor y me estrechó la mano. Preguntándome qué podía hacer por mí, le comenté mi afición por la alquimia. El anciano palideció y bajó la cabeza. Luego me hizo levantarme y salimos a un jardín por unas amplias puertas acristaladas. 

   —Lenormand me tiene aquí como a una atracción de feria, pero después de muchos años sé juzgar a las personas. Si le ha mencionado todo esto, espera sin duda que le explique por qué llevo aquí tantos años, desde la década de los cincuenta. Señaló un banco de listones blancos con una mano venosa —. Ármese de valor, y por el amor de Dios, si sigue tomándome por loco, al menos deje esas porquerías esotéricas.

  sacó una petaquita de coñac y le dio un sorbo, chasqueando la lengua. Algo me dijo que era algún tipo de intercambio de favores con el personal.

  —Etienne Schumann. Nieto de un conde alsaciano, un niño rico. Fue compañero mío en la facultad. Se especializó en química. Un tipo brillante, sí, y un monstruo. La alquimia era para él más que una afición. Una auténtica obsesión. Insistía en que aún no se había dicho la última palabra sobre la Gran Obra. Debería haber visto su biblioteca. Berthelot, Ruska, las obras clásicas de los antiguos griegos y árabes, y qué decir del esplendor de la Edad Media y los siglos XVI al XVII: Flammel, el Liber Mutus, Salomón Trismosin y el Splendor Solis, Basilio Valentín, Paracelso, Van Helmont. Hasta ese chalado de Fulcanelli.... 

  ››Durante la guerra se alistó en el bando de los boches, pero no como un cualquiera. Oficial de la SS, división Carlomagno. Le perdí la pista durante años. Hasta aquel día en el café *******. Me costó reconocerle, porque parecía no haber pasado el tiempo por él. Cabello oscuro, sin arrugas. Me invitó a su mansión familiar, y maldito el día en que acepté. Entre copas empezó una disertación sobre la transmutación, el vientre de la tierra, la preferencia de la vía húmeda sobre la seca, la maduración de los cuerpos cual embriones, el mercurio filosofal como flujo o menstruo, el azufre como seminis operativum, el varón espíritu racional y la mujer materia prima y soror mystica, de cómo el alquimista perfecto no debe imitar a la Naturaleza, sino operar sobre ella.. Y sobre todo que sus predecesores habían errado en la naturaleza del atanor y del huevo. 

  Dejé a Ménard perorar a sus anchas. Conocía todos aquellos términos vagamente por la lectura superficial del librito que llevaba conmigo, pero lo que vino después... Si era un delirio, podría escribir una tesis sobre él. Si no lo era, pobre hombre... Entre resignado y angustiado, prosiguió: 

  —Al ver mi gesto de incredulidad me hizo pasar a un laboratorio contiguo al salón. Sacó de un frasco un cuerpo irregular, del tamaño de una nuez, graso, rojizo y traslúcido. Triunfante, me declaró que tenía en las manos una porción del Lapis, la mismísima Piedra Filosofal. Como siguiera tratándole con complacencia manipuló un pequeño crisol en el que fundió una cantidad de plomo, y entiendo de esas cosas, porque mabuelo era joyero. Añadió el cuerpo con algo de cera y papel, y volvió a fundirlo, con parsimonia, como un ilusionista de chaqué ante su público. Lo que quedó en el fondo del crisol de cerámica blanca refractaria... era oro. Hasta me tendió una piedra de toque y algunos reactivos para que hiciera las comprobaciones oportunas. Dijo que se inyectaba aquella sustancia licuada en excipientes apropiados, y que gracias a aquello no había envejecido un ápice. Y era cierto. 

  ››Estaba estupefacto. Le intenté convencer de que aquello era un logro histórico. Que debía darlo a conocer, y entonces se echó a reír. Para mi decepción me declaró que era imposible, y que le entendería mejor viendo lo que él llamaba su auténtico laboratorio, su capilla filosofal. Una gran cámara anexa. Aquello parecía más una mezcla entre quirófano y nave industrial. El hedor a productos químicos era casi insufrible. Me señaló un enorme bulto cubierto por una sábana, de la que brotaban cables y tubos, y en el que era audible el sonido de ciertas maquinarias que emitían sonidos rítmicos, como los del pulso humano y la respiración. Entonces oí aquel gemido lastimero, justo cuando descorrió la gran tela. 

  ››Unido de maneras imposibles a todo aquel amasijo de tubos, cables y máquinas estaba un cuerpo humano, el de una mujer de edad mediana. Monstruosamente obesa y pálida. En estado semivegetativo. Su vientre hinchado era una cubierta de cristal, como la panza de una retorta, empañada por fermentaciones y reacciones gaseosas. Aquel engendro se jactó ante mí. 

  ››¿Cómo si no, sería posible sintetizar ese milagro, mi querido Robert? ¡Este es el atanor perfecto! ¡La verdadera vía húmeda, el menstruo embrionario del mercurio sófico, la mujer-materia prima! Por eso me uní a esa pandilla de andrajosos arribistas, lacayos de ese pintor de brocha gorda. ¡No sabes cuánto "material" pusieron a mi disposición esos necios!... 

   ››¿Entiende ahora por qué le asesiné e incendié aquel antro abominable? —me agarró por un brazo con la voz temblorosa y lágrimas en los ojos —.¿Entiende cómo hice morir a aquella infeliz criatura empotrada en esa maquinaria diabólica y por qué no soporto imaginar mujeres desnudas, sin que sea un misógino ni un machista como cree Morbihan? ¿Entiende por qué odio la alquimia y por qué llevo pudriéndome aquí todos estos años, mi pobre muchacho?...



viernes, 19 de marzo de 2021

Entrevista a Manuel Gutiérrez

 






¡Viernes de entrevista! Caosfera tiene el gusto de presentaros al escritor Manuel Gutiérrez, ganador del I premio de poesía I.E.S Antonia María Calero, del primer concurso de relatos cortos de la organización El Elfo Gordo, redactor en la revista Yellowbreak y colaborador de Radio Universo Literario, entre otras muchas cosas. Dentro de poco verá la luz su primer trabajo literario, y en Caosfera hemos querido hacernos eco de esta novedad. ¡No os lo perdáis!



1. ¿Quién es Manuel Gutiérrez?

Pues yo, ni más ni menos; para bien o para mal. Un ingenuo cínico de los que entienden lo malo para tratar de valorar lo bueno, y me hace ser consciente de que soy lo suficientemente listo como para entender que no dejo de ser un idiota con potra.

  También un apasionado del cine, la literatura, los videojuegos y cualquier soporte que se use para contar una historia. Estudié comunicación audiovisual y, aunque la eterna búsqueda de una “estabilidad” me haya hecho pivotar hacia otros ámbitos, no dejo de buscar tiempo para poder hacer cositas que me llenen realmente.

  A mi nombre siempre añado el CS en redes. Un tributo a mis padres; que siempre promovieron mi pasión por la lectura.


2. ¿De dónde nace tu interés por el ámbito literario?

Supongo que, como a todos, desde muy pequeño. Desde enano me encantaba leer. Recuerdo devorar toda la sección de R. L. Stine de la biblioteca de mi pueblo, y era aquel niño con el que estabas seguro de acertar si le regalabas algo de fantasía. Con Tolkien me terminó de volar la cabeza. Si era fantástico o de terror podía pasar días leyendo. Se me olvidaba hasta comer.


3. ¿A qué edad comenzaste a juntar las primeras letras?

Desde que tengo memoria para ser sincero. Muchas veces me reimaginaba la historias o pelis que veía y trataba de darle forma escribiendo sobre ellas… ¡O me ponía yo de prota, ya que estamos! Si tenía un sueño o una pesadilla potente buscaba la forma de escribirla, y aún lo hago. Me gustaba crear historias y darles vueltas. Incluso dibujé algún cómic, aunque he de reconocer que el dibujo no era lo mío ni de coña.


4. ¿Tienes algún autor o autora de cabecera?

Lo que tengo es un cacao curioso de escritores de cabecera. Desde R.A. Salvatore hasta Pratchett. De Stephen King a Clive Barker. No solo en literatura: aún paso miedo recordando el colegio de Silent Hill, o flipo con cada red line que revienta Garth Ennis. Lo paso pipa con el humor de Rumiko Takahashi, y quedé fascinado con las historias de Marjane Satrapi. Si me evoca un sentimiento real y fuerte, estás en mi Top Ten de los mil autores de cabecera que me fascinan y guían.


5. Ahora la pregunta “inconfesable”, ¿existe algún clásico literario que no soportes?

Pues…, no caigo en ninguno. Al menos si hablamos de clásicos, claro.

  En mi niñez detestaba los que me obligaban a leer en el cole. Supongo que imperaba la “obligación” sobre el “disfrute”. Luego uno crece y ve las cosas con otros ojos cuando lo hace por uno mismo.


6. ¿Cómo ves la situación, a nivel internacional, de géneros literarios como el terror, la fantasía, la ciencia ficción u otro tipo de géneros ligados a estas ramas?

Pues mientras más, yo encantado. Aunque sí que creo que estamos bombardeados por los mismos tropos, tampoco me parece especialmente malo. Disfrutar de lo recurrente hace que nos explote más el tarro cuando nos dan una buena vuelta de tuerca; cuando nos muestran cosas a las que no estamos acostumbrados.

  Tal vez peque de bobo, pero creo que son géneros con muchísimo público. Nos abstraen de realidades más primales, y mucho menos desenfadadas que las que no expone el telediario.


7.¿Cuál es el germen de tu obra?

¿En mi caso, y omitiendo a los referentes literarios citados? El rol.

  Mi novela empezó como una trama para una partida de D&D. Me gustó como estaba quedando y quise escribirla. Cree los personajes y desarrollé los pulsos.

  Mis jugadores no podrán jugar esta partida, claro. Pero podrán leerla. Y me sé a más de uno que se verá representado en algún que otro personaje.


8. ¿Qué podemos encontrar en Crónicas del nuevo mundo: Cambios?

Magia, espadas y monstruos. A fin de cuentas, soy hijo de los noventa. También me gusta oscurecer la fantasía; hacerla más sombría y espeluznante.

  Me fascinan las líneas grises de personajes que pueden caerte como una patada en el estómago, y que se desarrollan por lados creíbles que acaban atrayendo la empatía del lector. Y eso, y al contrario, también va por los héroes. A fin de cuentas, todos somos humanos, ¿no?

  También hay bastante sangre. No busco ser escandaloso, pero creo que el ser humano es carne, ergo frágil. Y es una forma de hacer entender al lector que nadie es intocable. Ni siquiera los protagonistas.


9. ¿Cómo se te ocurrió abordar esta temática?

Una cosa que aborrezco a la hora de preparar la enésima partida de rol, de algo jugado cien veces antes, es perder el asombro por parte de los jugadores al introducirles en un mundo que ya conocen de antemano. Así que pensé en crear algo de cero, alejado del arquetipo “milenario” que tanto se usa en fantasía. Quería algo que fuera el origen y no la resolución de leyendas asentadas miles de años atrás.

  “Cambios” viene justo de eso. De lo antiguo a lo nuevo. De los que se lloran lo perdido y los que se enamoran de las posibilidades que brinda lo nuevo. Aunque sea una recesión de las virtudes y libertades obtenidas por la sociedad moderna, nunca he querido ver mi obra como algo postapocalíptico; aunque entienda que muchos de sus personajes así lo vean. También habrá otros que busquen profundizar en esas nuevas posibilidades, y son las que en su trama crearán las leyendas que sustentarán ese mundo de fantasía que, en el momento que abarca la novela, acaba de descubrir los pañales.


10. ¿Prefieres convertirte en un autor comercial o hacer lo que te dé la gana?

Pues haré honor a mi descripción y pecaré de ingenuo cínico: entendiendo que, aunque sea casi imposible, lo soñado sería hacer pasta haciendo lo que me da la gana.

  Ahora en serio, no me veo escribiendo “por encargo” salvo que sea algo que me fascine de veras. Es como lo que dije antes de cuando la “obligación” pesa más que el “disfrute”. No quisiera comerme el día de mañana mis palabras, pero no me veo escribiendo sobre algo que no me gusta.


11. Háblanos acerca del proceso creativo de tu obra.

Pues, para empezar, no soy capaz de escribir si no tengo muy claro hacia donde quiero llegar. Puedo ser escritor de brújula al empezar, pero si no quiero acabar dejando de lado la obra acabo fabricándome un mapa más temprano que tarde.

  No me da miedo improvisar, aunque me gusta tener atado el trasfondo general y una sucesión de pulsos. Soy flexible con una idea si descubro que no funciona, o que no termina de cuajar, haciéndome reescribir capítulos enteros si hace falta. Pero entiendo una creación que se sienta orgánica, y no una sucesión de guiones en un esquema, depende mucho de la personalidad de los actantes que desarrollan el argumento.


12. Explícale a nuestros lectores cómo pueden conseguirla.

Actualmente “Cambios” se encuentra en fase de preventa y puede reservarse en la página web de la editorial Titanium. Más adelante, cuando salga, podrá conseguirse desde la misma web o en librerías que trabajen con la distribuidora de la editorial. ¡Espero que llegue a muchas, y de ellas a muchas casas!


13. ¿Tienes proyectos inmediatos? Añade todo lo que desees.

Pues no dejo de escribir, aunque con tanto vaivén actual, lo haga menos de lo que me gustaría.

  Siempre tengo alguna que otra idea en la cabeza que acaba dando luz en forma de relato corto, y me gustaría juntar todos los que tengo (que no son pocos) para publicarlos.

Por otro lado, estoy terminando la segunda parte de Crónicas del Nuevo Mundo, que llevará el título de “Verde Oscuro”; a la que actualmente le falta un capítulo para su conclusión. Aunque, claro, luego tocará revisar, corregir, e incluso rescribir lo que falle y mejorar lo que funcione. El “punto final” puede llegar a tener poco significado.



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viernes, 12 de marzo de 2021

Magia con plumas (Parte 9)

 




¡Nueva entrada! Después de varias semanas, aquí tenéis un nuevo episodio de la sección Magia con plumas. ¿Qué nueva especie os presentaremos hoy? Leed lo que sigue a continuación:





ALCA TORDA


1.Fiel

2.Ágil

3.Protectora

4.Competitiva



  Perteneciente a la familia Alcidae y con una envergadura alar en torno a los sesenta centímetros, este ave es común en las colonias marinas, a pesar de ser única en su especie. Siente gran predilección por las islas y zonas rocosas, en nuestro país es raro encontrarla, mientras que es común la proliferación de ejemplares en Islandia, América del Norte, la costa Atlántica o Francia. Son criaturas buceadoras, muy ligadas al mar, y teniendo en cuenta que en esta sección hemos recalcado más de una vez el simbolismo del agua como representación del mundo de los sentimientos, podemos afirmar que en el campo de la mageia se tienen por un tótem profundamente sentimental. Tanto la hembra como el macho se hacen cargo del cuidado del nido y sus polluelos, por lo que se trata de criaturas eminentemente protectoras. También tienen un cortejo muy elaborado, lo que las designa como entregadas en el amor. La tonalidad de sus plumas es oscura, con una raya blanca muy delgada por detrás. En el resto del cuerpo pueden apreciarse tonalidades blancuzcas o tostadas. Las plumas de Alca con ideales para personas que recién han ascendido en el campo laboral y se encuentran ante nuevos retos, para padres primerizos o para personas que se encuentran emocionalmente vulnerables. Vamos a trabajar con estas tres cuestiones. 


RITUAL PARA EL ASCENSO LABORAL

  Para llevar a cabo este ritual, hoy vamos a apoyarnos también en el uso de especias, ítems muy valorados en este campo. En esta ocasión utilizaremos el perejil, amuleto de protección contra la mala suerte e ideal para la atracción de buenas energías. 

  Depende del color que sea la pluma de Alca que nos hemos encontrado, procederemos de una forma u otra. Si es negra vamos a dejar que absorba la luz lunar durante una noche completa, mientras que si es blanca la cargaremos de luz solar durante un día. En caso de que sea negra, es preferible que la coloquemos junto a la ventana durante una noche de luna en cuarto creciente, para potenciar la idea de ascensión en nuestros objetivos. 

    Una vez la tengamos recargada, la colocaremos, con la mano izquierda, en el centro de una habitación donde pasemos la mayor parte de nuestro tiempo, cortaremos el perejil en trocitos y lo esparciremos sobre la pluma. Para que el ritual funcione es importante que nos concentremos en nuestros deseos y nos libremos durante un momento de todas y cada una de nuestras preocupaciones. Solo cuando nos sintamos completamente tranquilos sabremos que nuestra ritualística se ha llevado a cabo con éxito.


RITUAL PARA PADRES PRIMERIZOS

  Para llevar a cabo esta segunda incursión nos vamos a valer del poder del centeno, que simboliza la entrada del sustento en el hogar. 

  Igual que en el caso anterior, recargaremos la pluma en función de su color y también la colocaremos en el centro de una habitación que nos ofrezca seguridad. Lo único que cambiaremos será el proceder, depositando las semillas de centeno sobre la pluma. En esta ocasión además de permanecer un rato en periodo de relajación, daremos tres vueltas en torno a la pluma, tres en alusión al significado de este número como crecimiento familiar y espiritual.


RITUAL PARA LA VULNERABILIDAD EMOCIONAL

  Vamos a utilizar en este caso una ramita de laurel en alusión a la felicidad perenne.

   Tras recargar la pluma, vamos a envolverla en un paño blanco simbolizando la transparencia de nuestros sentimientos. Junto a esta envolveremos la ramita de laurel y, cuando lo tengamos todo, procederemos a colocarlo cuidadosamente bajo la almohada. Notaremos sus efectos a través de nuestros sueños, ya que cada mañana nos despertaremos plenos de energía positiva. De no ser así, es que estamos fallando en algo.



OBSERVACIONES


  La importancia de las especias nos llega desde los albores de la historia, allá por el siglo XIV, protagonizado por malas cosechas, guerras, miseria y hambre, tenían una importancia crucial a la hora de aromatizar alimentos en mal estado para que fueran comestibles. Ni más ni menos que ingenio ante la escasez. De ahí, que su importancia a nivel mágico tenga igualmente un carácter importante. Como ejemplo de su valía hablaremos brevemente de las aquí citadas:

  Perejil: En la época de Grecia y Roma, era costumbre colocar en las tumbas una ramita de perejil para facilitar el transito del espíritu hacia el otro mundo. Es también sabido que los gladiadores portaban una ramita en su armadura para asegurarse buenos augurios y la victoria. 

    Centeno: Aunque no es una especia, ha sido utilizado aquí como símbolo del sustento del hogar, dado que su uso está muy extendido en la fabricación del pan, omnipresente en todas las mesas.

    Laurel: Ya hemos hablado de él en alguna ocasión. Consagrado al dios Apolo, en la antigua Roma el laurel era considerado como símbolo de victoria y gloria. Esta asociación se conserva incluso durante la Edad Media. Resulta un gran aliado a la hora de llevar a cabo nuestros objetivos.


NOTA FINAL


  Nuestro aspecto psicológico es muy importante a la hora de que estas acciones surtan efecto. Jamás debemos intentar nada con desesperación y escepticismo, igual que no debemos hacerlo durante etapas depresivas o cargadas de negatividad. Intentemos no complicar más las cosas y, si vemos que algo nos afecta demasiado, lo mejor es alejarse.



NIEVES


Magia con plumas parte 1

Magia con plumas parte 2

Magia con plumas parte 3

Magia con plumas parte 4

Magia con plumas parte 5

Magia con plumas parte 6

Magia con plumas parte 7

Magia con plumas parte 8




viernes, 5 de marzo de 2021

Ana Fuck

 




¡Viernes literario! Ya sabéis que en Caosfera nos encanta hacernos eco de novedades literarias y, sobre todo, nos encanta descubrir nuevos autores y autoras. Os presentamos hoy a Silvana Reyes-Vasallo que nos presenta recién salida del horno su obra titulada Ana Fuck

  Según nos cuenta la propia autora en la sinopsis del libro, Ana Fuck es la historia de amor entre una adolescente y un sicario narrada en primera persona por la propia protagonista. El libro se adentra en el campo de la denuncia social con temas como la violencia contra la mujer, el machismo, los amores tóxicos y otros temas escabrosos para la sociedad peruana.

   Editorial Trotamundos Eirl nos trae esta novedad que llega ilustrada por la pluma de Alexandra Torres Novoa. Si os ha picado la curiosidad y deseáis adentraros en el mundo de Ana Fuck, podéis adquirirlo a través del siguiente enlace:





    
   
   Os deseo una feliz semana.





viernes, 26 de febrero de 2021

¿Qué es lo lovecraftiano?: verdades y mitos sobre el Necronomicón

 





¡Viernes literario! Tengo el gusto de volveros a presentar a nuestro colaborador Francisco Negrete, alias El conde de Betancourt que nos trae esta interesante desmitificación del Necronomicón, como bien nos dice Francisco la obra más famosa de Lovecraft y sobre la que, sin duda, pesan más leyendas y supersticiones. Os invitamos a leer y sacar vuestras propias conclusiones. 



¡El Necronomicón! Quizás la obra más famosa de Lovecraft. Voy a ir directo al grano para evitar a toda costa los rodeos: este libro ha sido una de las principales causas que ha malformado por entero lo Lovecraftiano y Los Mitos de Cthulhu por igual. Basta con poner las tan temidas palabras clave en el buscador de Youtube, o de cualquier otra plataforma que albergue contenido audiovisual, para ser bombardeados con cientos y cientos de aportes sin sentido que únicamente desinforman a los ingenuos, haciéndolos pensar que esta obra se trata de un auténtico libro de hechizos.

  No voy a negar que la literatura ocultista y esotérica existe en el mundo real. Hablar sobre este tema es como intentar buscar una aguja en un pajar, siendo el asunto muy similar al de otras polémicas de porte equiparable y que no quiero mencionar porque terminaríamos por quedar varados en un punto muerto. No obstante, esto no pasa con el Necronomicón: un libro de magia ficticio que no es otra cosa que un elemento que explica varias «lagunas literarias» que existen dentro de Los Mitos Cthulhu y que los lectores de Lovecraft bien podrían aprovechar en lugar de estar actuando como imbéciles. Sí, he dicho imbéciles.

  Quizás algunos puedan estar pensando que es ahora cuando donde comenzaré a echar pestes sobre el contenido de DrossRotzank y del resto de hacedores de creepypastas, ¿cierto? Si bien merecido se lo tienen, la verdad es que la leyenda urbana del Necronomicón se remonta mucho antes del uso del internet tal y como lo conocemos en la actualidad, y esto no lo digo para sonar profundo o convincente; es que es la verdad. ¿O es que ya se olvidaron de la trilogía original de Evil Dead?

  Supongo que cualquier mexicano que se respete conocerá el tan afamado programa radiofónico de La mano peluda: unos episodios que aún hoy se transmiten durante las noches en la estación de Radio Fórmula, en donde se tocan temas de lo insólito como los espectros, los troles, y por supuesto, el Necronomicón. Al menos para mí, es imposible no reírme de la veracidad de ciertos temas aquí tratados y de algunos testimonios que han aportado determinados radioescuchas, aunque lo que sí no me causa gracia es la muerte que sufrió su más entrañable anfitrión, Juan Ramón Sáenz, misma que está rodeada de un halo macabro.

  El documento que nos deja ver con más claridad cómo Lovecraft fue construyendo El Necronomicón es la famosa carta del 27 de noviembre de 1927 que le envió a Clark Ashton Smith en donde describe levemente el fondo de la trama principal, es decir, la historia de Abdul Alhazred, el libro en sí y El horror de Dunwich, además de otros datos interesantes. Les recuerdo que gran parte de las cartas de Lovecraft han sido publicadas por Hippocampus press, todas ellas en varios volúmenes que cuentan con la participación del genial S.T. Joshi, aunque claro, cabe resaltar que el tema de la correspondencia Lovecraftiana es bastante extenso, y que hablar de él es casi imposible a raíz de que algunas misivas forman parte de colecciones privadas. En fin, según el mensaje:

  No he tenido ninguna oportunidad de producir material nuevo este otoño, pero he estado clasificando apuntes y sinopsis como preparación para algunos cuentos monstruosos más luego. En particular, he elaborado algunos datos sobre el célebre e inconfesable Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred. Parece que esta blasfemia espantosa se produjo por un autóctono de Sanaá, en Yemen, quien florecía alrededor del año 700 d.C. y hacía muchas peregrinaciones misteriosas a las ruinas de Babilonia, las criptas de Memfis y los estériles páramos llenos de diablos de los grandes desiertos del sur de Arabia — en Roba de Khaliyeh— donde afirmaba haber hallado señales de cosas más viejas que la raza humana, y aprendido la adoración de Yog-Sothoth y Cthulhu.

  El libro fue un resultado de la vejez de Abdul, que pasaba en Damasco, y el título original fue Al Azif — azif (cf. las notas a Vathek de Henley) era el nombre que se ponía a esos extraños ruidos de la noche (de insectos) que los árabes atribuyen al aullido de demonios. Alhazred murió —o desapareció— bajo circunstancias terribles en el año 738. En el año 950, Al Azif se tradujo al griego por el bizantino Theodorus Filetas bajo el título Necronomicón, y un siglo después el libro fue quemado por orden de Miguel, Patriarca de Constantinopla. Se tradujo al latín por Olaus en el año 1228, pero fue puesto en el Index Expurgatorius por el Papa Gregorio IX en 1232. El texto original se perdió antes del tiempo de Olaus, y la última copia conocida de la versión griega se estalló en Salem en 1692. La obra fue publicada en los siglos XV, XVI y XVII, pero pocas copias son existentes. Dondequiera que exista, se guarda cuidadosamente por el bien de la sensatez y bienestar del mundo. Una vez, un hombre leyó la copia en la biblioteca de la Universidad Miskatonic, en Arkham —lo leyó y huyó desenfrenadamente al campo—... ¡Pero eso es otro cuento!

  Me resulta bastante curioso cómo alguien que se dedicó a resaltar en demasía los defectos del género gótico en su célebre ensayo, El horror sobrenatural en la literatura, haya utilizado un elemento tan característico de éste al escribir el Necronomicón y atribuirle un pasado tan tumultuoso como el del Codex Gigas, sin olvidarnos de que también nos hace creer que lo que tenemos en nuestras manos es una traducción de un libro bastante añejo.

  A partir de aquí es que debo de hacer un pequeño paréntesis, ya que al contrario de lo que mucha gente piensa, Lovecraft jamás formuló esta serie de «prácticas mágicas», ya que no existe un dato en sus biografías o fuentes validadas por S.T. Joshi que haga constatar que haya concebido un libro de tal contenido. Sólo se hace mención de que escribió el relato de Historia del Necronomicón en 1938 —fecha que está muy próxima a la de la carta dirigida a Clark Ashton Smith— y cuya premisa ya mencioné por accidente. Lo pueden leer tranquilamente en el Volumen II de la Narrativa completa, impresa por Valdemar.

  Este inciso me estaba provocando un gran quebradero de cabeza, hasta que mi buen amigo Mario Garcéz —el chico que me vendió el ejemplar de Más allá de los eones— me recordó la existencia de El Necronomicón de Simon. Pero, ¿qué es El Necronomicón de Simon? Básicamente es una miscelánea del relato que he mencionado hace unos instantes y varios preceptos de la Magi(k) ceremonial de Crowley, es decir, una sofisticada estructura psicológica para entablar contacto con el Sí más elevado del iniciado, vinculando a los personajes de Lovecraft con los dioses del panteón sumerio y babilónico. De ahí que se mencionen entidades como Marduk, Pazuzu o Lilith, además de ciertas pronunciaciones fonéticas como Kutulu, destinada para nuestro cefalópodo favorito, Dios Loco del Caos para Nyarlathotep y Azag-Thoth, para el Caos Nuclear.

  Podríamos pensar que su asombrosa estructura no termina aquí, puesto que, si nos acercamos y tomamos un ejemplar de cualquier librería, seremos capaces de advertir que su estética literaria tira por emular la de determinados «grimorios» que rondan por ahí, como por ejemplo, la típica Clavícula Menor y Mayor del Rey Salomón, El Grimorio De Aka Paimon y varios ejemplares que se pueden conseguir sin mucho esfuerzo a través de la editorial Manus Sinistra. Mi amiga Nieves Guijarro concuerda en este punto. Les recuerdo que ella, además de su labor literaria, sube a su blog Caosfera lo que tiene a la mano sobre magia del caos, tótems, sin olvidar de que comulga con la doctrina del luciferismo. Tal y como lo dije en el vídeo anterior: el verdadero conocimiento arcano no se distribuye tan fácil y únicamente se limita a ser compartido por miembros de grupos muy selectos.

  Se mezclan también otros conceptos como el HADES, presente en algunas malas traducciones para el término Sheol (o Infierno judío) en las creencias cristianas y como nombre del carismático dios griego de la antigüedad. Yo sé que tras revisar las supuestas invocaciones uno se puede llegar a impresionar en demasía, pero el «¡IA! ¡IA! ¡Cthulhu!» de algunos rezos, terminan por delatarlo.





  La idea de entrelazar los caminos de Crowley y Lovecraft no es tan vieja tampoco. Si bien el blog de El espejo gótico tiene un artículo sobre ello, la información y análisis completo lo pueden consultar en la primera sección del propio Necronomicón de Simon impreso por La Factoría de Ideas —no confundirla con una antología de relatos del mismo nombre y editorial— cuyo enlace de compra en su versión digital de la Google Playstore voy a dejar en el comentario fijado.

  Cabe resaltar también, como dato curioso, que existe una secta denominada como La Orden Tifoniana que mira a nuestro hombre como un auténtico profeta. Esto último no me extraña, sabiendo que existe una religión en torno al canon de Star Wars llamada Jediismo. Ya lo comentaban los verdaderos sabios: el abuso del politeísmo llevó al monoteísmo, el abuso del monoteísmo al ateísmo, y mi aporte para tal idea es que el ateísmo se desvió hacia estas cosas. Y ahora que me atreví a mencionar al ateísmo, tengo serias cuestiones sobre lo que Lovecraft, un duro ateísta, habría pensado sobre lo que se cree actualmente de su persona si nos basamos en la declaración que le hizo a Clark Ashton Smith al momento de escribir El horror de Red Hook, diciendo que tales congragaciones no eran sino un nido de gente inculta que solía estar relacionado con los inmigrantes.

  Si voy un paso más allá, considerando una misiva hacia Willis Conover del 29 de julio de 1936, Lovecraft dice:

  Ahora bien, sobre «los libros terribles y prohibidos», me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el Necronomicón, porque inventé estos nombres yo mismo. Luwdig Prinn fue ideado por Robert Bloch y su De Vermis Mysteriis, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Robert E. Howard debe responder de Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten.... En cuanto a libros escritos en serio sobre temas oscuros, ocultos, y sobrenaturales, en realidad no son muchos. Esto se debe a que es más divertido inventar trabajos míticos como el Necronomicón y el Libro de Eibon.

  Me hace mucha gracia que De Vermis Mysteriis aparezca en el Necronomicón de Simon de La Factoría de Ideas como un trabajo de Lovecraft cuando, tal y cómo se apreció, es una inventiva de Robert Bloch que aparece en El vampiro estelar. En resumen, al menos por parte de sus verdaderos padres, no existe ningún Necronomicón, De Vermis Mysteriis o Libro de Eibon. Al menos no físicamente.

  Para rematar con la serie de inconsistencias que he estado enumerando, me gustaría citar a un «hermano gemelo» de El Necronomicón de Simón que se hace llamar Grimorium Imperium o El libro de los viejos espíritus de un tal John Dee. Creo que no existe discusión cuando una obra literaria está bien realizada, pues ésta llega a tener a varios admiradores que intentan reproducirla, algo que, como ya repasamos, también hizo Lovecraft con Dunsany, Poe y Machen. Le pasó también a Ann Radcliffe, a Cervantes y a Conan Doyle. Lo que me sorprende es que el problema no sólo persiste en el habla hispana: los angloparlantes tienen también sufren por él. Veamos, gracias a la herramienta de traducción instantánea, lo que un comprador de Amazon opina tras haberlo adquirido…

  Si nos apoyamos en una versión electrónica que tengo a la mano, veremos que aparece muchas veces la palabra de Nyarlathotep…

  Regresando al verdadero Necronomicón, al ficticio, la condición de libro maldito es algo que Lovecraft utilizó muy bien y que los más versados en el terror saben que tomó de la genial novela de El rey de amarillo, de Robert William Chambers; así que las supuestas maldiciones que podrían ocurrir tras leerlo no son lo que aparentan. Pero entonces, ¿qué son todos esos hechos inexplicables, esas calamidades que ocurren luego de que la gente lea estos supuestos conjuros? Tantas personas no podrían estar equivocadas, ¿o sí? Al menos dentro de lo poco que yo entiendo de estas cosas, esas «fuerzas misteriosas» son una manifestación del poder energético de la propia mente, y no me refiero a la sugestión y otros problemas psiquiátricos y psicológicos, sino a algo parecido al fenómeno poltergeist. Al final, lo que Juan Ramón Sáenz decía en su programa no estaba del todo tan incorrecto; únicamente mal enfocado. En serio, deberían de tenerle más consideración al poder del pensamiento humano.

  Sin embargo, me estoy olvidando de lo verdaderamente importante: del valor literario del Necronomicón dentro de Los Mitos de Cthulhu. Me sorprende que BitielAventura, un creador de contenido que se enfoca por entero a los videojuegos, entienda mucho mejor lo Lovecraftiano que otros que se dedican a subir vídeos de terror. Y es que en la comparativa que hace entre Bloodborne y la literatura de El solitario de Providence, Bitiel comenta que al igual que Los Grandes en la obra de Fromsoftware, los Great Old Ones de Lovecraft, o Los Grandes Antiguos, no son dioses en su totalidad, sino extraterrestres que se encuentran en un plano superior de la existencia y que aparentan ser deidades a nuestros débiles ojos porque no somos capaces de comprender su naturaleza. Y es aquí en donde entra Abdul Alhazred y el Necronomicón, demostrando a leguas nuestro estéril entendimiento. Los Great Old Ones son entidades a las que se les puede hacer daño, como a Cthulhu en la parte final de la novela, o a la mismísima aberración de El horror de Dunwich. De hecho, algunos piensan que los poderes de los Great Old Ones no son otra cosa que tecnología avanzada que aparenta ser magia, aspecto que se hace constatar en Las montañas de la locura con los shoggoths. Siempre que veo la litografía de H. R. Giger llamada también Necronomicón, se me viene mucho a la cabeza todo esto.

  Regresando al Necronomicón de Simon, diré que me estoy basando en la segunda edición de 2008 publicada por Editorial TOMO. Sí, he dicho bien: la marginal Editorial TOMO. Mucho he especulado sobre por qué este libro no se encuentra en mejores condiciones. Tras mirar este meme sobre Los hornos de Hitler, creo entender el motivo.

  Y es que para empezar, las mismas editoriales y librerías también han alentado a esta ola de desinformación al colocar al Necronomicón de Simon junto a los ejemplares de santería, horóscopos y tarot. El maquetado, empastado e imagen de cubierta que le dan no ayudan mucho tampoco pues aparenta ser un libro de ese estilo, sin descartar que se lo atribuyen totalmente a Lovecraft y de que tampoco tiene el nombre correcto.

  Existe, no obstante, una alternativa hispanoamericana que se ha arriesgado a darle una cara lujosa a la obra y rescatarla de esta podredumbre. Me estoy refiriendo, faltaba menos, al colectivo peruano llamado Editorial Cthulhu. Ellos lo dotaron con un empastado de madera asombroso. Honestamente, pese a las diferencias que tengo con la editora y algunos de sus escritores, animo a toda mi audiencia peruana a que lo compren, dado a que es una edición muy bonita que admito que yo mismo quisiera tener. Eso sí queridos paisanos y resto de espectadores: absténganse de preguntar en su página de Facebook sobre si hacen envíos al extranjero, que esta editorial suele mostrarse bastante hostil por ello (si lo sabré yo). Intentan ser profesionales en el ramo, aunque realmente no lo son. De cualquier modo, la mala publicidad es siempre nula.





  Los chicos de Editorial Mirlo también apuestan por darle un enfoque adecuado al Necronomicón, quiero decir, meramente literario. No tengo su creación, pero por lo que sé, se encuentra ilustrada. En mi opinión, este rasgo le da un toque muy artístico que me llama mucho la atención. Por lo poco que he visto de su índice en un par de fotos, parece que también cuenta con algunos cuentos como Los otros dioses, lo que podría reforzar la experiencia.

  Regresando a la edición de TOMO, el libro comienza muy bien con la explicación de cómo fue el verdadero proceso de imprenta de Historia del Necronomicón; según nos dicen, Lovecraft no tenía pensado publicar ya que sólo era para distribuirla a sus amigos. En 1938 se editaron 80 ejemplares como panfleto conmemorativo de la Rebel Press, después la reimprimiría Derleth en 1943 en la antología Beyond the Wall Sep y de ahí en adelante iría publicándose de manera subsecuente. Me gusta mucho un fragmento de una carta dirigida a Harry O. Fischer de 1937 que dice:

  El nombre Necronomicón (nekros: cadáver; nomos: ley; icon: imagen = Una imagen [o representación] de la ley de los muertos) se me ocurrió durante un sueño, aunque la etimología es perfectamente válida.

  Desgraciadamente, este genial punto se ve rápidamente dilapidado cuando se mezcla la historia del árabe loco sin detenerse a explicar dónde comienza la realidad y dónde la ficción. Todos conocemos la trama: Abdul Alhazred se interna en las ruinas de la vieja Babilonia, entonces, aparecen unos seres de naturaleza desconocida, que en lugar de matarlo para preservar su conocimiento, se lo transmiten a lo largo de los años. Al final, el erudito muere despedazado de día, a ojos de miles de testigos, por culpa de una bestia invisible. Las páginas siguientes son sólo un compilado de sellos, embrujos y demás rituales varios que sirven, como no, para fines netamente materialistas.

   Pero, ¿quién es Abdul Alhazred? El tipo no es más que otro alter ego de Lovecraft al igual que Randolph Carter. La creencia popular dice que es una referencia hacia Las Mil y una noches —aspecto que dudo en demasía porque no encontré ningún nombre parecido ahí en la Edición de Edhasa, la más fiel—; mientras que Spregue De Camp nos dice que no era más que un sobrenombre que Lovecraft utilizaba en su infancia durante sus juegos y que fue sugerido por un viejo amigo de la familia; y por último, S.T. Joshi nos comenta en un libro de la Hippocampus Press del 2017 —mismo que reúne todas las cartas dirigidas, nuevamente, a Harry O. Fischer— la relación del poeta loco con el libro y el motivo por el que se complementan perfectamente entre sí:

   El nombre Necronomicón se me ocurrió en el curso de un sueño. Al asignar un autor árabe a un libro de nombre griego, estaba invirtiendo caprichosamente la condición por la cual el monumental trabajo astronómico del griego Ptolomeo (Megalê Syntaxis Tês `Astronomias) se conoce comúnmente por el nombre árabe Almagesto (o más verdaderamente, Tabrir al Magesthi), el cual, se desarrolló a partir de la corrupción del título original cuando los árabes hicieron su traducción…

  A manera de conclusión, volveré a repetir de que si bien la gran mayoría de creadores de creepypastas son culpables de difundir una mala información sobre el Necronomicón, y que las ofensas que algunos le lanzan están más que justificadas —en donde algunos como Dross no les queda otra cosa sino que que admitir, en letra muy pequeña, que sus vídeos son solamente para entretener— la realidad es que los verdaderos culpables en todo esto son ustedes: los espectadores, puesto que se quedan con la primera información que encuentran sin siquiera tener la iniciativa de compararla con otra, aunque tampoco ayuda mucho si esa «otra» son también puras mentiras. Un refrán que decimos en la ingeniería que se aplica por entero aquí es que cuestionen siempre lo que escuchen. De hecho, únicamente créanme la mitad de lo que les acabo de decir y de la otra duden, pero traten de averiguarlo ustedes. Recuerden que estaba por equivocarme con el nombre de El Necronomicón de Simon.

  Quizás no soy el más original o el más pacífico al momento de mostrar mi contenido; sin embargo, si trato de ser el más honesto debido a que yo mismo pasé por esto cuando me adentré al mundo de la literatura de terror; y sinceramente, sentí mucho coraje cuando me di cuenta del tipo de ideas absurdas que tenía en la cabeza por culpa de unos idiotas. Vulgarmente diré que me vieron «la cara de oaxaco». Así que todos, en algún momento, hemos llegado a pensar que El Necronomicón es un libro real de magia y que entre sus páginas moran las fórmulas mágicas para hacer aparecer a los Great Old Ones.


versión audio en el canal de El conde de Betancourt