Mostrando entradas con la etiqueta segunda guerra mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta segunda guerra mundial. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de enero de 2026

Núremberg. De vencedores o vencidos



Lo bien hecho, bien parece. Tenía unas ganas inmensas de traer por aquí mi crítica de Núremberg, la nueva película de James Vanderbilt desde su última incursión cinematográfica, allá por el 2019, con la producción de Netflix Misterio a bordo. Pero esta no era una reseña que quería escribir de forma casual, cualquier domingo por la tarde, ya que toca un tema lo suficientemente serio y respetable como para que aquí, una servidora, os ofreciese no solo su opinión sobre la cinta, sino un texto aderezado con el rigor histórico que merece. Y dicho esto, ya es hora de que me moje, que es a lo que habéis venido.

    Celebrados por los aliados tras la derrota del régimen nazi, los llamados Juicios de Núremberg consistieron en una serie de procesos judiciales que marcaron un hito, sentando las bases del derecho internacional moderno y sirviendo de precedente para la creación de la Corte Penal Internacional. Por primera vez en la historia, se definieron cuatro categorías de delitos, denominadas: crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y conspiración. También se estableció que la obediencia debida a superiores no exime de responsabilidad criminal.

    Sin duda, el más conocido de estos procesos es el principal, comenzado el 20 de Noviembre del año 1945. Proceso del cual, en este 2025, se cumplieron 80 años. No obstante, se llevaron a cabo otra serie de juicios adicionales contra jueces, médicos, militares, etc. y otras personalidades de menor rango dentro del régimen.

    En el proceso principal, fueron 24 los acusados iniciales, de los que finalmente fueron a juicio 22, dado que uno fue declarado incapaz y otro se suicidó en prisión. Las sentencias finales incluyeron: 12 penas de muerte, 7 penas de prisión de 10 años a cadena perpetua, y 3 absoluciones. Hay que prestar atención clave al tema de la culpabilidad individual, ya que los acusados confiaban en que Alemania sería considerada responsable al ser el Estado para el que actuaban. Si pensamos en esto de una forma analítica nos daremos cuenta de que, realmente, aquel intento de justicia fue de bajo nivel, ya que de los miles de implicados en aquel horror que fue el Holocausto, solo una pequeña parte fueron procesados.

    Y ahora después de este pequeño repaso histórico, muy necesario, y esta breve reflexión, ha llegado el momento de diseccionar un pelín más a fondo lo que nos trae James Vanderbilt en este denso drama judicial. Núremberg nos ofrece una perspectiva algo diferente a la que estamos acostumbrados, ya que se centra en la visión de Douglas Kelley, psiquiatra y oficial del cuerpo de Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, que trabajó para determinar la lucidez de los acusados antes de su juicio. Básicamente, se le conoce como el psiquiatra de los nazis. Kelley, trató de buscar explicación científica al comportamiento monstruoso de estos hombres, llegando a la conclusión de que los prisioneros no eran diferentes a cualesquiera otras personas, no estaban locos ni tenían nada extraordinario. Kelley pasó 8 meses con los acusados, y los sometió a una serie de pruebas para obtener un diagnóstico. Cuando Kelley regresó a E.E.U.U. en el año 1946, escribió artículos y dictó conferencias advirtiendo sobre los riesgos del fascismo.

    Por desgracia, después de los juicios, el psiquiatra tuvo problemas con el alcohol, padeció depresión y, tras una discusión con su esposa, tomó una cápsula de cianuro y murió en el acto. Lo hizo, como vemos, exactamente de la misma manera en la que Göring se quitó la vida antes de ser ejecutado, lo cual evidencia el peso de la estrecha relación que se había creado entre el psiquiatra y el jerarca nazi. A modo de curiosidad cabe añadir que Kelley fue señalado como el culpable de pasar al reo alemán la cápsula de veneno, aunque dicha suposición jamás pudo probarse.

    Sostiene la batuta en el papel de Kelley, Rami Malek, ganador de un Oscar a mejor actor por su memorable interpretación en Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer). El actor nos regala una visión que cabalga a medio camino entre la fascinación y una obsesión que desemboca en un comportamiento decadente. Para preparar su rol, el actor se empapó de lleno en la figura del psiquiatra, llegando a leer su libro 22 cells in Nuremberg: A Psychiatrist Examines the Nazi Criminals.

    El duelo interpretativo se completa con la presencia de un grande entre los grandes: Russell Crowe en el papel de Hermann Göring. Una de las cosas que más me ha gustado del filme, es la inteligente visión del personaje que Crowe nos regala: un hombre afable, amante de su familia, correcto, soberbio, todo lo contrario a la persona cruel y déspota de ese asesino de masas que ya conocemos de sobra. Crowe no necesita presentación, es un actor meticuloso y amante de la perfección en todas sus formas, y así lo demuestran sus numerosos galardones (Óscar, Bafta, Globo de oro), y su popularidad bien forjada. Para Crowe interpretar a Göring fue un desafío ético, dada la importancia de evitar simplificaciones a la hora de interpretar a un villano.

    En la cinta, podemos encontrar otros nombres interesantes como los de Colin Hanks (Orange Country, 2002), Mark O´Briend (Halt and Catch Fire, 2015), Richard E. Grant (Withnail and I, 1987) o el gran Michael Shannon (Revolutionary Road, 2008) entre muchos otros. Sin embargo, la fuerza interpretativa de la cinta recae casi por completo en Malek y Crowe, que defienden sus roles con bastante responsabilidad.

    En conclusión, esta producción basada en el libro El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, nos introduce principalmente en la estrecha relación entre Kelley y Göring, alejándose del tono judicial para proponernos un viaje más íntimo y centrado, sobre todo, en la figura del primero. El uso de material histórico real unido al formato de ficción, otorga a la cinta una puntuación superior y la puesta en escena con cierta naturalidad ayuda a que el público se involucre con los personajes y pueda sacar su propia conclusión, sin entrar en juicios forzados.

    Nieves opina: No se la pierdan, sin duda una de las producciones de este pasado 2025. Por algo tuvo una gran acogida en el festival de Toronto con una ovación de pie de 4 minutos.



                                                                            NIEVES.







domingo, 6 de noviembre de 2022

Entrevista a Laureano Clavero

 

Laureano Clavero, en el centro de la foto


¡Nueva entrada semanal! Como ya os avisé la semana pasada, aquí os traigo una muy grata sorpresa: tengo el gusto de presentaros al escritor, cineasta, investigador y un largo etc. Laureano Clavero. Es para mí todo un honor presentaros a un hombre multidisciplinar, como Laureano, y mucho más lo es el sumergiros en sus últimas investigaciones. ¡Disfrutad!




1. ¿Quién es Laureano Clavero?

Nací en Buenos Aires en 1980. Digamos que soy un “ochenter”. Viví en muchos lugares del mundo, entre ellos Los Ángeles, Barcelona y la mencionada capital porteña. En todos estos sitioss por los que pasé, a parte de cursar estudios varios, siempre estuve rodeado de libros y películas. Tal vez esto es lo que me llevo a ser fotógrafo, director de cine y escritor. Actualmente también soy profesor de matemáticas, química y física. También, puntualmente, doy charlas sobre historia. Creo que sea con la cámara, la pluma o la palabra me considero un comunicador o contador de historia. Después de todo, antes de la televisión, antes de la radio, antes del teatro y los libros los hombres y mujeres de las cavernas el único entretenimiento que tenían era contarse historias entre ellos de lo que habían visto o vivido en la jornada. Como dijo Stephen King: “Todo el mundo tiene algo que contar. Todo depende de cómo se cuente…”


2. ¿De dónde nace tu pasión por la historia, el misterio y la investigación?

Creo que el disparador de mi pasión por indagar en los enigmas históricos nace cuando tenía unos diez años, cuando fui a vivir con mi familia a un pequeño pueblo llamado Mar del Sud en la costa atlántica argentina. Yo venía de una ciudad agobiante como Buenos Aires y de repente pasé a hacer vida en una villa balnearia de un centenar de habitantes. Ahí me crié en medio de la naturaleza y tomé contacto con la paleontología y la historia. Buscaba fósiles con mis hermanos, encontrábamos restos arqueológicos de los aborígenes que habían vivido en la zona hace miles de años, escuchaba historias de submarinos nazis que habían llegado a la costa en secreto entre muchas otras cosas. Obviamente estos temas siempre vienen cargados de misterio. Esto alimentó mi imaginación y la curiosidad de un niño como era yo en ese entonces. Esta atmosfera fue la chispa que me llevó a sumergirme en casi todos los temas que trabajé y estoy trabajando hoy en día. Por ejemplo, el tema de la paleontología me llevó a trabajar en el departamento de vertebrados del Natural History Museum de Los Angeles, California. A parte de haber excavado en varios desiertos y haber colaborado para National Geographic. Esto también me llevó a trabajar una breve temporada en los estudios Stan Winston donde se construyeron los dinosaurios de la saga de Jurassic Park como así también los robots de Terminator. Justamente en esa época, finales de los años 90, es cuando descubro las entrañas del cine y la fotografía a partir de haber entrado en contacto con dichos estudios y el National Geographic. Esto me llevó a estudiar guión, fotografía y dirección de cine en Barcelona.


3. Eres escritor ¿Qué fue lo que te animó a plasmar tus historias sobre el papel?

Cuando comencé a realizar mis primeros films documentales me di cuenta que grababa muchas horas de entrevistas a diferentes personajes históricos pero a la hora de editar el material ponía en la película una parte de esas entrevistas. Quedaba mucho material fuera que también tenía mucho valor documental e histórico. Así fue como decidí con ese sobrante comenzar a escribir libros sobre esas mismas historias. Podríamos decir que mi vertiente de escritor es producto de mi trabajo cinematógrafico. Lo mismo o parecido me pasó con la fotografía. Aquellas cosas que retrataba quería que hablasen y contasen más cosas. Así fue como me metí en el cine documental. Digamos, como profesor de matemáticas que soy, que la ecuación cronológica sería: dirección de cine es el producto de la fotografía y ambas sumadas dieron como resultado mi pasión por la escritura.


4. Si te pidiera que me nombraras un referente literario ¿cuál sería?

No tengo referentes literarios. Más bien tengo libros y cuentos que me marcaron en una época y un contexto determinado. Como son unos cuantos haré una selección de los que ahora se me vienen a la cabeza: “Viaje al centro de la tierra” del maestro Julio Verne, “Moby Dick” de Herman Melville, “El Aleph” un clásico argentino de J.L. Borges, “Aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, “Ciudad de huesos” del angelino Michael Conelly, “El silencio de los corderos” de Thomas Harris, “Del caminar sobre el hielo” del director de cine alemán Werner Herzog. También tengo comics de referencia como “El eternauta” de Germán Oesterheld, “El sueñero” de Breccia o “El almanaque de mi padre” del japonés Jiro Taneguchi. También me apasionan los cuentos para niños. Podría nombrarte “La alcancía del sol” del ruso Makhail Prishvin o clásicos como “Soldadito de plomo”. La lista es eterna pero más o menos ahí creo está mi base.


5. De todas las historias en las que te has embarcado, ¿Cuál es la que más te ha apasionado?

Pregunta dificil de responder. A todas mis historias les pongo la misma cuota de pasión cuando trabajo. Sí debo admitir que aquellas historias en las cuales investigo los hechos o indago a las personas involucradas en el mismo tienen algo más de emoción ya que vas narrando los hechos a medida que vas arrojando luz sobre el tema en cuestión. Me gustan mucho las entrevistas cara a cara con la grabadora o cámara en mano. Cuando entrevisté a expiloto de la Luftwaffe, Peter Brill fue apasionante ya que casi al final de la conversación él me confesó que había sido entrenado en secreto para bombardear Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. Esto derivó en mi película “El diario de Peter Brill”. Otro ejemplo es mi primer largometraje “1533 Km. hasta casa”, en este trababajo tuve que entrevistar a muchos veteranos de la Guerra de Malvinas. Sus experiencias y vivencias me sirvieron mucho para madurar como documentalista cinematográfico.



6. De todos tus libros, ¿cuál es la que más te ha costado escribir?

Todos me han costado más o menos lo mismo escribirlos. Las investigaciones previas son lo más complicado. Creo que mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” fue el más tiempo de investigación me ha llevado ya que he tenido que indagar en disciplinas que nunca había tocado como la criminología y la investigación policial. Tuve que leer mucho sobre crímenes, revisar autopsias y asesorarme con policías y criminólogos que me dieron una mano a la hora de entender todos los documentos.


7. ¿Por qué esa fijación con la Segunda Guerra Mundial?

Como dije anteriormente me crecí en un pueblo muy pequeño llamado Mar del Sud el cual fue testigo de la aparición de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado también fue refugio de algunos espías nazis durante los años del conflicto. Todos estos hechos históricos, y en un pueblo pequeño, crearon muchas leyendas y mitos. De alguna forma yo viví “rodeado” de estas historias las cuales fueron la chispa que encendió mi interés por la Segunda Guerra Mundial.


8. ¿Tienes algún tipo de ritual o costumbre antes de comenzar a escribir?

Sí, poner algún disco de vinilo en mi tocadiscos. Puede ser la trompeta de Miles Davis, el piano de Theloniuos Monk o alguna banda sonora que encaje, según mi criterio, con los que estoy escribiendo. Por ejemplo, con mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” ponía la banda sonora de “El silencio de los corderos” de Howard Shore.


9. ¿Podrías recomendar, en unas pocas líneas, cada una de tus obras para que nuestros lectores se animen a conocer tu producción?

Para los interesados en la Segunda Guerra Mundial les recomiendo leer “Segunda Guerra Mundial 10 historias apasionantes”, este es un compilado de algunas de mis investigaciones. Para los amantes de la fotografía y también la Segunda Guerra Mundial les aconsejo “Enfocando la Segunda Guerra Mundial” con textos de David López Cabia y prólogo de Dale Dye, asesor histórico y técnico militar de Steven Spielberg. Para los amantes del cine documental y los temas bélicos pueden ver en Amazon Prime Video “1533 Km. hasta casa” y “El diario de Peter Brill”. En la plataforma No Ficción pueden ver también “Buenos días, Sr. Presidente”. Volviendo a mis libros, para los apasionados de las investigaciones policiales, crímenes y misterio recomiendo “El enigma del Paso de Dyatlov”. Para los amantes del rugby y el deporte para leer, “Ginesta històries del rugbi català”.


10. Ahora una pregunta muy interesante: tu último libro se titula "El enigma del paso de Dyatlov", que narra un suceso acontecido en el año 1959, uno de los más extraños de las últimas décadas, diría yo. Pero quiero que seas tú quien nos hable de lo que vamos a encontrar en este libro.

El libro sobre el misterio del Paso de Dyatlov aborda uno de los enigmas más apasionantes de la antigua Unión Soviética. A finales del invierno de 1959 nueve alpinista universitarios se adentran en una expedición a los montes Urales. Su objetivo: conquitar el monte Otorten. Dicha montaña no presentaba muchas complicaciones pero las condiciones climáticas sí. Para resumir y sin spoilers diré que un mes más tarde los cadáveres de los nueves alpinistas aparecen congelados en un radio de un kilómetro cerca de la montaña que tenían que conquistar. A algunos le faltan los ojos, a otros la lengua, la tienda de campaña que llevaban aparece rasgada por los lados, los cadáveres están con poca ropa y muchos descalzos. La investigación de los hechos fue breve y el caso se cerró sin una respuesta clara. En mi libro reconstruyo el día a día de los alpinistas a partir de sus diarios de viajes, analizo las autopsias y documentos desclasificados de la investigación de 1959. También trabajo sobre algunas de las más de cien teorías que hay sobre el caso. Como dije anteriormente, un libro que recomiendo para los amates de los casos policiales sin respuesta.


11.El año pasado, sobre el mes de marzo, un articulista afirmó que dicho enigma había sido resuelto. No sé si has leído el artículo, pero, ¿qué opinas?

Siempre aparece en la prensa que alguien ha encontrado la respuesta al enigma del Paso de Dyatlov. En mi libro yo no intento resolver el caso. Sería muy soberbio que en unas cientos de páginas resuelva el caso así sin más. Lo que pretendo es trabajar con toda la evidencia empírica y hacer una decantación de las teorías que no llevan a ninguna parte. A la tragedia del paso de Dyatlov le faltan pruebas que deberían estar ahí pero por alguna razón no están. Ahí es donde hago incapié en mi trabajo. Es muy dificil completar un puzzle que le faltan piezas. Valoro el trabajo de muchos que han estudiado el tema pero creo que son todas aproximaciones a lo que podría haber ocurrido. He de decir que algunos se aproximan más que otros. De momento el caso sigue abierto y no hay una respuesta sólida.


12. Háblanos acerca de tus futuros proyectos.

Tengo muchos proyectos. Los podríamos dividir en tres grupos. Por un lado tengo muchas ideas en la cabeza que van desde temas históricos hasta temas relacionados con la astronáutica. Después está el grupo de los proyectos que tengo bocetados y los cuales en un futuro se transformarán en un libro o film documental. Y por último los proyectos que ya tengo empezados o, en el caso de las películas, en posproducción. Aquí sí te puedo dar títulos como el film documental “Road to Normandy. Reenacting D-Day” o “Hürtgen. Into the muddy battle” relacionados con la Segunda Guerra Mundial, en los cuales ya ha puesto el ojo la distribuidora hollywoodense Adler & Associates Entertaiment, Inc. y la BBC de Londres. Con respecto a libros en proceso de escritura tengo varios relacionados con el rugby (mi deporte de toda la vida), alguna cosa relacionada con crímenes reales y otro sobre la lápida de un jerarca nazi que encontramos escondida y enterrada en el jardín de una casa abandonada. Obviamente todos estos proyectos que tengo en marcha no serían posibles si la colaboración de investigadores, periodistas e historiadores que me dan una gran mano. En el tema de proyectos cinematográficos siempre están detrás mi productora MIRASUD Producciones y la productora SG Audiovisuales.


Gracias por responder esta entrevista.



ENLACES DE INTERÉS









domingo, 30 de octubre de 2022

Nazis en Mar del Sud

 



¡Ya tenéis disponible la nueva entrada semanal! David López Cabia nos habla nos habla de la investigación llevada a cabo por Laureano Clavero, Julio Mutti y el periodista Facundo Di Genova. Esta interesante entrada, es un magnífico entrante para lo que os traeré la próxima semana...



A primera vista, Mar del Sud es un pueblo apacible, remoto, donde nunca ocurría nada. Sin embargo, ¿quién iba a decir que la pequeña localidad argentina iba a ser puerta de entrada y refugio de nazis fugados de Europa? Gracias al incansable trabajo del cineasta e investigador Laureano Clavero, arrojaremos luz sobre este gran enigma.

    Todo comenzó la noche del 10 de junio de 1945. Por aquel entonces, el Tercer Reich ya había sido derrotado y, misteriosamente, el submarino alemán U-570 salió a la superficie frente a las costas argentinas. Dos días después, el también sumergible alemán U-977 emergió a la superficie. Los comandantes de ambos submarinos terminaron entregándose a las autoridades argentinas en la localidad de Mar del Plata.

    Pero, ¿qué hacían los temibles submarinos germanos merodeando tan lejos de su patria cuando Alemania ya había perdido la Segunda Guerra Mundial?

    Otto Wermouth y Heinz Schäffer, los oficiales de la Kriegsmarine que comandaban el U-570 y el U-977, negaron haber desembarcado a nazis en territorio argentino. Pero los periódicos, los testigos y la documentación disponible evidenciaba una realidad muy distinta. Un claro ejemplo es el testimonio de Osvaldo Aramendi, que afirma haber visto cómo, en julio de 1945, un submarino alemán emergía cerca del pequeño pueblo de Mar del Sud.


Otto Wermouth


Heinz Schäffer

 
    No era la primera vez que los agentes alemanes ponían pie en las playas de Mar del Sud. Ya en 1943 los espías alemanes Wilhelm Seidlitz y Friedrich Wolff llegaron a Argentina y descubrieron en Mar del Sud la clase de enclave apartado que buscaban, la puerta perfecta para la entrada de nuevos agentes nazis.

    Ambos agentes se pusieron en contacto con el empresario de ascendencia alemana Karl Gustav Eickenberg, cuyas propiedades en Mar del Sud servirían como escondrijo para los alemanes que desembarcasen en Argentina.

    De hecho, durante el invierno austral de 1945, el ciudadano argentino Justo Rodolfo Charra recordó haber visto cómo grupos de hombres salían de los submarinos para subir a bordo de los botes y echar a correr al llegar a las arenas de las playas de Mar del Sud. No solo eso, sino que también vio cómo los fugitivos se ocultaban en las propiedades del mismísimo Eickenberg.

    Pese a que era más que evidente la presencia de los nazis en Mar del Sud era más que evidente, se ordenó a los campesinos que llevaban alimentos a las propiedades de Eickenberg que mantuvieran en secreto la presencia de los misteriosos huéspedes alemanes.

    Mucho tiempo después de la llegada de los alemanes a Mar del Sud, la hija de Eickenberg fue preguntada por los desembarcos de nazis huidos de Europa. Inngeborg, la hija mayor de Eickenberg, cargó la culpa sobre alguien a quien conocían como “el piernas” debido a las prótesis que utilizaba. Ingeborg añadió que “el piernas” acusó a Eickenberg de refugiar a nazis, circunstancia por la que fue condenado a un año de cárcel.

    Más allá de los desembarcos clandestinos de nazis en Mar del Sud, el pequeño pueblo también fue lugar de residencia de un destacado jerarca nacionalsocialista.

   Todo comenzó mientras estaban realizando reformas en una apartada casa de Mar del Sud. El albañil se percató de que su taladró no le permitía perforar la superficie. Bajo el suelo halló una lápida con dos nombres alemanes Clara Probst y Richard Schmidt.


Registros del partido nazi argentino en los que figura Richard Schmidt



    Pero había más piezas de aquel inquietante rompecabezas, pues bajo el salón fueron descubiertos desgastados libros en lengua alemana. No cabía duda de que aquellas evidencias habían sido escondidas a conciencia por algún oscuro motivo.

    Fue así como Laureano Clavero decidió seguir indagando. En su investigación contó con la inestimable colaboración de Julio Mutti, quien conoce en profundidad la historia de los nazis fugados a Argentina. Así pues, Mutti se zambulló en archivos y documentos. Fue entonces cuando hallaron el nombre de Richard Schmidt en los registros del Partido Nacionalsocialista argentino.

    Schmidt era mucho más que un simple militante, pues llegó a ser el número dos de las finanzas del Partido Nazi argentino. Más aún, su nombre también figuraba en la documentación de la Sociedad Alemana de Gimnasia, una organización con estrecha relación con el nazismo.

    Laureano Clavero prosiguió atando cabos y solicitó las escrituras de propiedad de la vivienda en la que se encontró la lápida. Uno de los anteriores propietarios era Juan Jorge Leopoldo Augusto Erico Erdmann, militante del sindicato nazi DAF.






Más pruebas fueron halladas, pues dieron con numerosas fotografías de los 60 y de los 70 de los propietarios alemanes. Tras examinar los documentos relacionados con Schmidt, dos nombres llamaron la atención de Julio Mutti: Max Ratlaff y Karl Ratlaff. Ambos habían sido los primeros nazis en llegar a Sudamérica y en difundir la ideología nazi en el continente.

    Desde luego, la investigación sobre la lápida hallada en la apartada casa de Mar del Sud no termina ahí y Laureano Clavero, Julio Mutti y el periodista Facundo Di Genova aún deben ensamblar las piezas de este complejo y enigmático rompecabezas.







domingo, 9 de octubre de 2022

Frontera sangrienta

 




¡Se abre la nueva temporada de Caosfera! Con el otoño, llegan las novedades, y que mejor manera de arrancar que con un nuevo lanzamiento literario. Nuestro compañero David López Cabia, nos habla, al detalle, de su última novela: Frontera sangrienta, una obra histórica, descarnada, y muy bien documentada que no os podéis perder...




Con la contundente victoria aliada en Normandía y la liberación de París, el final de la guerra en Europa parecía encauzado. Todas estas esperanzas se vieron defraudadas en el otoño de 1944, cuando los aliados se aproximaron a las fronteras del Reich alemán.

    Una de estas amargas batallas tuvo lugar en el bosque de Hürtgen, un enclave situado al este de la frontera entre Bélgica y Alemania. Este duro enfrentamiento ha quedado olvidado. De hecho, son muchos los que parecen ver un paseo triunfal en el intervalo que transcurre desde la campaña de Normandía hasta la derrota definitiva del Tercer Reich. Por ello, para honrar la memoria de los caídos en el bosque de Hürtgen, decidí escribir mi novela Frontera sangrienta.

   Entre septiembre y diciembre de 1944, alemanes y estadounidenses se desangraron en una cruenta lucha en el barro. El bosque de Hürtgen, era un lugar frondoso, de aspecto fantasmal, poblado por un sinfín de enormes árboles, salpicado por quebradas y barrancos y escasamente poblado. El tiempo era gélido, las lluvias, el aguanieve e incluso las nevadas eran muy frecuentes, lo que hacía más miserable la vida de los combatientes, que languidecían entre el barro.

    Este es el trasfondo infernal que plantea la novela Frontera sangrienta y que deberá afrontar el teniente Boyle, un joven oficial con un incipiente pie de trinchera, al borde del derrumbe moral y con pocas esperanzas de sobrevivir. La moral de sus hombres es baja, se sienten enviados al matadero y deben obedecer las órdenes de oficiales carentes de toda empatía.

    En Hürtgen, la humedad era constante y las botas y calcetines de los soldados quedaban empapados. Todo ello dio lugar a una temida afección conocida como pie de trinchera. El roce del calzado, la humedad y la falta de transpiración de los calcetines de lana provocaban heridas en los pies que podían llegar a infectarse. Si la infección se extendía podía desembocar en gangrena y conllevar la amputación de los pies. Huelga decir que en Hürtgen, con unas lluvias casi constantes, mantener los pies secos se antojaba francamente complicado.

    Sin embargo, el pie de trinchera no fue el único problema que tuvieron que afrontar quienes combatieron en aquel bosque. La meteorología adversa, los constantes bombardeos, la pérdida de buenos compañeros, la brutalidad de la lucha y la falta de descanso podían llevar a los soldados a la locura. Era la temida neurosis de guerra, que se manifestaba en forma de llantos incontrolables, embotamiento, temblores y ataques de pánico.

    La particular dureza de las condiciones de batalla en Hürtgen provocó que proliferasen los casos de neurosis de guerra y las deserciones. De hecho, la 28ª División de Infantería, que en poco más de una semana de combate en Hürtgen sufrió más de 6.000 bajas, registró un alto índice de deserciones. Eran muchos los que preferían ganarse la vida como fugitivos en París que perder la vida en un gélido bosque.

    Resulta llamativo el caso del soldado Eddie Slovik, perteneciente a la 28ª División de Infantería. Si bien desertó antes de que su unidad fuese destinada al bosque de Hürtgen, fue arrestado y condenado a muerte. Pese a que apeló al general Eisenhower para librarse de su ejecución, el comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa ratificó la sentencia. Fue así como Slovik fue el primer soldado estadounidense en ser ejecutado por deserción desde 1864. Con su fusilamiento, los mandos aliados buscaban una ejecución ejemplar que disuadiese a los soldados de desertar.

    Sin embargo, Hürtgen fue una campaña horriblemente dirigida desde el punto de vista táctico, pues la espesura del bosque dificultaba el desarrollo de las operaciones y neutralizaba el poderío aéreo aliado. Igualmente, el general Hodges, responsable de la campaña de Hürtgen y comandante del 1º Ejército de Estados Unidos, insistió en una absurda estrategia de ataques frontales que dieron lugar a continuas masacres.

    En vista de esta funesta estrategia, no he escatimado en críticas hacia Hodges. Y estas críticas se hacen visibles a través de los protagonistas, un puñado de soldados de infantería a los que los días se les hacen años, que viven atemorizados, y que, tras desfilar triunfalmente por las calles de París, ven cómo sus esperanzas se hacen trizas en un deprimente escenario de barro, lluvia y muerte.

    No menos desesperada es la situación de los defensores alemanes. El Tercer Reich se encuentra al borde de la catástrofe. Alemania ha perdido 1.200.000 soldados en el aciago verano de 1944. Sus tropas están desmoralizadas, luchan en su propia patria y Hitler recurre a cualquier hombre. Prueba de ello es la 275ª División de Infantería alemana, formada por hombres demasiado viejos para hacer la guerra. Baste como ejemplo su denominada “compañía de los padres de familia”, donde no había un soldado menor de 45 años.

    Para colmo de males, los soldados alemanes, estaban mal alimentados, aunque pese a su estado físico, y como decía un combatiente estadounidense, tenían fuerzas para sentarse tras una ametralladora y apretar el gatillo.

    Así, en mi novela Frontera sangrienta, en el bando alemán, encontraremos a dos despiadados francotiradores. Su leyenda causa verdadero pavor entre los estadounidenses, no tienen piedad y a sus espaldas cargan con una larga lista de muertos. Se trata de dos tiradores implacables que se convertirán en los peores enemigos a los que debe enfrentarse un mentalmente castigado teniente Boyle.

    Estos son los ingredientes de Frontera sangrienta. Un bosque gélido, una lluvia constante, las astillas de los árboles volando en medio de salvajes bombardeos, un héroe que debe luchar contra sus demonios interiores y salvar el pellejo, dos francotiradores maquiavélicos y una joven que se ha ocultado de los nazis en un pequeño pueblo de Hürtgen y aguarda impacientemente el final de la guerra.

Los corazones de los hombres palpitan acelerados, mientras el vaho brota de sus bocas, cae la lluvia, las bocas de los cañones escupen proyectiles sin cesar y los soldados de infantería tratan de atisbar el peligro entre los árboles. El teniente Boyle amartilla su subfusil Thompson. ¡Ha llegado el momento de combatir!


Contacto: info@davidlopezcabia.es









domingo, 24 de abril de 2022

Operación Stösser: maniquíes sobre Stavelot

 


Imagen sujeta a derechos de autor
Imagen sujeta a derechos de autor



¡Buenas noticias! Nuestro colaborador David López Cabia regresa a Caosfera, con uno de sus excelentes artículos sobre operaciones secretas y otras curiosidades bélicas. Ya lo echábamos de menos. En esta ocasión, nos habla de una de las ofensivas Alemanas más bizarras jamás vistas: la Operación Stösser. Y lo cuenta muy bien, así que no os lo podéis perder.




A finales de 1944 la catástrofe se cernía sobre Alemania. Los aliados acechaban el Reich desde el oeste mientras que los soviéticos avanzaban desde el este. Desesperado, Hitler decidió jugar una de sus últimas bazas para dar un vuelco a la guerra. El Führer había planeado una contraofensiva en Las Ardenas, Bélgica.

    El plan consistía en concentrar el grueso de las fuerzas alemanas sobre Las Ardenas, el sector más débil de los aliados. Arrollando a los estadounidenses, llegaría hasta la estratégica ciudad portuaria de Amberes y dividirá a los ejércitos aliados. Creía Hitler que, si lo lograba, podría pactar una paz por separado con los aliados y volcarse contra su gran enemigo ideológico: la Unión Soviética.

   Como parte de la contraofensiva de las Ardenas, los alemanes echaron mano de sus fuerzas especiales, lo que incluía a los paracaidistas. Uno de sus más destacados hombres era el coronel Friedrich August von der Heydte, un audaz aristócrata alemán cuyas pasiones en la vida eran la aventura y el lujo.

    Así pues, Von der Heydte fue convocado por el mariscal de campo Von Rundstedt. Se le comunicó que debía saltar en paracaídas sobre Bélgica, tras las líneas aliadas. Para ello dispondría de 1.200 hombres, de los cuáles solo una reducida tenía experiencia en saltos de combate.


Von der Heydte



   El objetivo asignado a Von der Heydte era una encrucijada estratégica en Baraque-Michel. Debía tomar dicha encrucijada para cortar la retirada estadounidense y después enlazaría con las tropas de la 12ª División de las SS.

   Para sembrar el desconcierto entre los estadounidenses, estaba previsto lanzar maniquíes sobre Stavelot. Este alocado plan recibió el nombre de Operación Stösser.

  En una gélida noche del 17 de diciembre de 1944, los hombres de Von der Heydte despegaron desde Paderborn. La operación tenía muy escasas posibilidades de éxito, pero el ánimo de los paracaidistas alemanes era bueno y entonaban cánticos a bordo de los aviones.

    Entonces, el fuego enemigo acechó a los Ju 52 alemanes. Los inexpertos pilotos, se desviaron para esquivar las descargas antiaéreas. El lanzamiento resultó desastroso y los hombres de Von der Heydte cayeron muy diseminados.

   Ateridos, pequeños grupos de hombres trataban de reunirse en medio de un mar de nieve, abetos y pinos. Para colmo de males, en medio de tan aciago y brutal salto, eran muchos los paracaidistas que se habían fracturado algún hueso. De hecho, el propio Von der Heydte tenía un brazo roto.

    El coronel Von der Hedyte, después de dar con seis de sus hombres, caminó hacia un cruce de caminos entre Eupen, Malmédy y Vervier. Los americanos, al verlos, creyeron que se trataba de soldados amigos, por lo que no dispararon.

    El minúsculo grupo de Von der Heydte era insuficiente para entablar combate, por lo que se ocultaron en la espesura de un bosque. Pasaron las horas y a media mañana del 18 de diciembre de 1944, Von der Heydte solo disponía de 300 hombres.

    Todo lo que le quedaba era tender pequeñas emboscadas a los estadounidenses, llevando a cabo una guerra de guerrillas. Si dichos ataques no causaron grandes daños, sí que sembraron el pánico entre los norteamericanos, que creían estar combatiendo a grandes contingentes de paracaidistas alemanes.

    Pero la falta de alimento, el frío y la escasez de armas y municiones jugaban en contra de los hombres de Von der Heydte. Exhaustos, los paracaidistas germanos se dividieron en pequeños grupos para regresar a Alemania.


Imagen sujeta a derechos de autor


      Un extenuado Von der Heydte logró alcanzar la localidad de Monschau. Estaba herido, enfermo y aterido. Acogido por Herr Bouschery, cayó profundamente dormido. Poco importaba que Monschau estuviese controlado por las tropas estadounidenses, pues Von der Heydte estaba demasiado débil para proseguir la lucha.

    Un día después, entregó una nota al hijo de Herr Bouschery en la que presentaba su rendición a los norteamericanos. El muchacho dijo a Von der Heydte que era miembro de las Juventudes Hitlerianas. A pesar del entusiasmo del muchacho, el aristócrata, muy debilitado físicamente, ya no tenía fuerzas para continuar combatiendo. Mientras tanto, las unidades estadounidenses patrullaban la zona en busca de los temidos paracaidistas alemanes.

    Más tarde, dos oficiales del ejército de Estados Unidos acudieron a la casa de Herr Bouschery para arrestar a Von der Heydte. Encontraron al macilento oficial alemán aquejado de principio de neumonía y congelación en los pies. Tras ser interrogado, recibió asistencia sanitaria.

   Así concluía la desastrosa Operación Stösser, que, si bien no había logrado alcanzar sus objetivos militares, sí que había contribuido a sembrar el terror y el desconcierto entre los estadounidenses.




BIBLIOGRAFÍA

La guerra secreta, Charles Whiting

Los héroes de Hitler, Jesús Hernández

La batalla de las Ardenas, Michel Herubel

Ardenas 1944: La última apuesta de Hitler, Antony Beevor




ENLACE DE INTERÉS




sábado, 30 de octubre de 2021

Ofensiva sobre Hong Kong: mafias, sabotajes y saqueos.

 


Ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor


¡Mañana como siempre tendréis entrada especial de Halloween! Pero mientras tanto, vamos a desconectar un poquito y a tomar una ración de historia. Como siempre, nos llega a través del gran David López Cabia, que nos cuenta en esta ocasión el apoyo de la mafia china a los japoneses, en su afán por conquistar Hong Kong. Un episodio que no debemos olvidar...



Ya antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, China y Japón estaban enzarzadas en la Segunda Guerra sinojaponesa que había comenzado en 1937. Mientras tanto, Hong Kong, como colonia británica, se mantenía neutral, aunque lo cierto es que, a través de su puerto, se abastecían las fuerzas nacionalistas chinas de Chiang Kai-shek.

  A medida que transcurrían los años, Japón fue dando prueba de sus ansias expansionistas. Los británicos eran conscientes de la amenaza que se cernía sobre sus posesiones en Hong Kong, pero disponían de escasas fuerzas para defender la colonia. Doce mil soldados británicos, los voluntarios del Cuerpo de Defensa de Hong Kong y tres mil guerrilleros comunistas chinos engrosaban las filas aliadas en Hong Kong. A pesar de que los nacionalistas chinos de Chiang Kai-shek les ofrecieron ayuda, los arrogantes británicos la rechazaron. Y es que, temían que Chiang Kai-shek y sus nacionalistas aprovechasen la situación para recuperar Hong Kong.

  Mientras tanto, los japoneses optaron por sacar beneficio del sentimiento antibritánico que reinaba en un importante sector de la colonia. Así, los japoneses afincados en Hong Kong les proporcionaron información sobre las defensas británicas. Incluso reclutaron de manera una fuerza paramilitar para llevar actos de sabotaje en la colonia británica. Hasta tal punto llegaban los planes japoneses que estaban dispuestos a recurrir a la ayuda de las tríadas, las temibles mafias chinas que controlaban el juego, la prostitución y la extorsión.

  El origen de las tríadas se remonta al siglo XVII y, desde entonces, habían estado presentes en todas las capas de la sociedad china. Precisamente fue el comercio legal del opio fue lo que llevó a las tríadas a un enclave como Hong Kong, donde su poder era manifiesto. De ahí que los nipones quisieran ganarse el apoyo de aquellas temidas organizaciones criminales.

  Para poder contar con el apoyo de la mafia china, los agentes japoneses sobornaron a sus miembros. De este modo, terminaron creando una fuerza de unos diez mil hombres provistos de revólveres y granadas que se denominó Grupo del Cielo y Grupo de ayuda.

  Por su parte, el primer ministro británico Winston Churchill sabía que, si los japoneses atacaban Hong Kong, la colonia no tardaría mucho en caer. La intención británica consistía en mantener la posición hasta ser evacuados por la marina estadounidense.


Soldados canadienses en Hong Kong


  Los temores británicos no tardarían en hacerse realidad. El 7 de diciembre de 1941 los japoneses atacaban Pearl Harbor y un día después las tropas niponas iniciaban su ofensiva sobre Hong Kong.

  Cuando los japoneses atacaron, los barcos británicos recibieron órdenes de poner rumbo a Singapur. Para mayor desgracia de los defensores, no solo perdieron el apoyo naval, sino que también se quedaron sin cobertura aérea.

  No cabía duda de que los japoneses estaban logrando sacar partido del sentimiento antibritánico que mostraba buena parte de la población de Hong Kong. Los policías chinos e indios abandonaron sus puestos, al igual que los conductores chinos que trabajaban para el ejército británico. Resultaba evidente que un amplio sector de la población local no estaba dispuesto a derramar sangre por defender los intereses coloniales británicos.

  En este desastroso escenario, las tríadas irrumpieron dedicándose al sabotaje y al saqueo. Sin dudarlo un instante, los británicos ofrecieron suculentos sobornos a las tríadas para ganarse su favor. Tras reunirse con los jefes de las tríadas en el Hotel Cecil, les ofrecieron colosales cantidades de dinero para poder llegar a un acuerdo. A pesar de ello, a medida que la situación militar británica se deterioraba en Hong Kong, las tríadas fueron cambiando su lealtad, apostando finalmente por los nipones.

  Mientras los británicos perdían terreno, cientos de quintacolumnistas fueron ejecutados en las calles de Hong Kong. Prueba de ello es la matanza del callejón sangriento, donde doscientos prisioneros fueron fusilados, mientras que los hombres del almirante nacionalista chino Chan Chak acabaron con la vida de seiscientos colaboracionistas.


Almirante Chan Chak


  Las tríadas y las fuerzas paramilitares hostigaban a los británicos, hacían de guías para los japoneses y recurrían a astutos ardides, izando banderas niponas para hacer creer a los británicos que ciertas posiciones habían sido tomadas por el enemigo.

  A medida que transcurrían los días, la situación militar británica en Hong Kong se tornaba insostenible, pues el agua potable escaseaba. En vista de ello, el 25 de diciembre de 1941, el general Maltby y el gobernador Mark Aitchinson Young se reunieron con el general Sakai en el Hotel Penísula para formalizar la rendición de Hong Kong.


Famosa reunión en el hotel Península


  A la rendición británica le sucedieron saqueos, asesinatos y violaciones. Las propiedades de los europeos eran asaltadas y saqueadas. Las tríadas se sumaron al pillaje y los soldados japoneses deambularon por las calles cometiendo toda clase de atrocidades.

  Uno de los capítulos finales de la batalla de Hong Kong lo compone la épica huida del almirante Chan Chak. Pensando que los nipones no tendrían piedad, Chan Chak decidió escapar con setenta y dos oficiales británicos y varios soldados chinos a bordo de una serie de lanchas torpederas. A pesar de que las lanchas fueron atacadas y hundidas, los náufragos fueron rescatados por guerrilleros comunistas chinos y trasladados a territorio seguro.





BIBLIOGRAFÍA

-Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández

-Eso no estaba en mi libro de la guerra del Pacífico, Rubén Villamor

-Los ejércitos del dragón, Rubén Villamor

-La Segunda Guerra Mundial, Antony Beevor




ENLACES DE INTERÉS







sábado, 25 de septiembre de 2021

Peter Brill: memorias de gran altura

 


Fotograma de El diario de Peter Brill, una producción de
Amazon PrimeVídeo


¡Nueva entrada! Hoy toca una nueva lección de historia: David López Cabia regresa de nuevo a Caosfera para contarnos otra de sus apasionantes historias de la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión nos habla de Peter Brill, un piloto alemán entrenado en secreto para bombardear Nueva York. Nos presenta, también, al autor Laureano Clavero, experto en el tema y, además director del documental El diario de Peter Brill, para Amazon Prime Vídeo. ¡Atentos, porque esperamos poder hablar con Laureano próximamente! Por lo pronto, empapaos de esta curiosa y apasionante historia...




La Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a situaciones insospechadas y planes absurdos. Precisamente el cineasta y escritor argentino Laureano Clavero, desveló una de las misiones más descabelladas cuando contactó con Peter Brill, un piloto alemán entrenado para bombardear Nueva York.

  Laureano quería arrojar luz sobre el misterioso aviador alemán que se había estrellado a bordo de un bombardero en el Pirineo catalán. Así, en 2010, este enigma condujo a Laureano hasta Peter Brill Sander, un piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial que residía en la Avenida Mitre, en la ciudad de Barcelona.

  El antaño aviador de la Luftwaffe, volviendo la vista atrás, dejándose llevar por los recuerdos del pasado, comenzó a narrar sus vivencias mientras el cineasta se encargaba de rodar la entrevista para un documental que posteriormente sería conocido como El diario de Peter Brill.

  Nacido en 1924 en la localidad germana de Bald-Salzhausen, Peter Brill vivió una infancia en una Alemania castigada por los estragos de la pobreza. Para mayor desgracia, el crack del 29 trajo consigo la gran depresión y, en este contexto de descontento social y con una Alemania humillada por el Tratado de Versalles, terminó por abrirse camino el Partido Nazi, liderado por Adolf Hitler.

  Con Hitler en el poder, el 1 de septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial, un acontecimiento que cambiaría para siempre la vida de Peter Brill. Dejándose llevar por el fervor patriótico que propagaba la guerra, Brill ansiaba servir en la Luftwaffe como piloto. Pese a que sus padres le negaron aquella posibilidad, terminaron por ceder ante las amenazas de abandonar el hogar. De este modo, en 1941, este joven de tan solo diecisiete años, pasaba a engrosar las filas de la Luftwaffe.

  En sus etapas iniciales de formación como piloto se entrenó con un rudimentario planeador SG-38, que simplemente permitía volar unos cientos de metros. Llegado 1942, Peter Brill ingresó en la escuela de Fürstenfeldbruck, situada cerca de Munich. La Luftwaffe tenía planes mucho más ambiciosos para el joven Brill, pues el joven alemán fue seleccionado para participar en una misión de bombardeo sobre Nueva York.

  La descabellada operación consistía en emplear un modelo desconocido hasta aquel entonces, el Heinkel 177. En primer lugar, comenzarían utilizando cuatro motores, después dos y, al llegar a Nueva York, arrojarían las bombas sobre la ciudad y regresarían a casa.

  En 1943, en la academia de Thorn, Peter Brill continuó preparándose para bombardear Nueva York. Allí aprendió a navegar a través de las estrellas y las constelaciones. Un ambiente de secretismo rodeaba aquellos entrenamientos, sin embargo, el joven piloto aún no sabía que había sido elegido para atacar Nueva York.

  Brill formaba parte de un selecto grupo de cinco pilotos que debían golpear en el corazón de los Estados Unidos, causando una honda conmoción en el enemigo al bombardear una urbe tan emblemática. Sin embargo, los problemas que presentaban los prototipos de los aviones y la larga distancia que debían recorrer hasta llegar a Estados Unidos resultaron ser obstáculos infranqueables.

  Pese a que el proyecto de bombardear Nueva York quedó descartado, Peter Brill continuó al servicio de la Luftwaffe, participando en la desastrosa Operación Boddenplate a los mandos de un caza Messerschmitt Bf 109. Brill y sus compañeros de la Luftwaffe destruyeron numerosos aviones en tierra, pero aquel esfuerzo supuso el agotamiento definitivo de la aviación alemana. Y es que, mientras que los aliados podían reponer sus pérdidas rápidamente, los alemanes no.

  Tras el fiasco de Boddenplate, Peter Brill fue enviado a combatir a las fuerzas soviéticas. Con la guerra terminando en Europa y tratando de alcanzar la zona estadounidense, fue apresado por los rusos en Checoslovaquia. Fue así como Brill tuvo que soportar tres duros años de cautiverio en el Cáucaso, padeciendo numerosas vejaciones durante su etapa como prisionero de guerra.

  Puesto en libertad en 1948, comenzó a trabajar como curtidor, llegando a España en 1952 e instalándose en la ciudad de Valencia. En 1956, al contactar con un instructor de vuelo, le comentó su experiencia como piloto de la Luftwaffe y no tuvo ningún problema para superar todos los exámenes que requería su licencia de vuelo.

  Él y su mujer Ilse, residiendo en lugares como Barcelona, Sitges y Jávea fueron padres de dos hijos, Jochen y Werner. Sin embargo, la vida de nuestro protagonista tocó a su fin con su fallecimiento en el año 2013. Pero su historia no termina aquí, pues legó sus memorias a Laureano Clavero, que se encargó de dejar constancia de las vivencias de Peter Brill en el documental El diario de Peter Brill y en el libro de idéntico título.

  Un emotivo recuerdo permanece sobre la placa de la tumba de Peter Brill: se trata de una miniatura de un caza Bf109, como el que pilotó durante la Segunda Guerra Mundial.



BIBLIOGRAFÍA

-El diario de Peter Brill. Pere Cardona, Laureano Clavero.

-Segunda Guerra Mundial: 10 historias apasionantes. Laureano Clavero.




PARA SABER MÁS









viernes, 9 de julio de 2021

Combate en la jungla

 





¡Nuestro querido David López Cabia regresa a Caosfera! Y, como siempre, nos trae una interesante lección de historia. Como bien nos explica, Birmania es uno de los escenarios más olvidados de la Segunda Guerra Mundial, y también de los más escalofriantes a mi juicio. Toda una pesadilla para los aliados que revivimos hoy aquí, en Caosfera. 




Uno de los teatros de operaciones más olvidados de la Segunda Guerra Mundial es Birmania, la actual Myanmar. Entre sus selvas, combatieron y murieron soldados británicos, japoneses, indios, nepalís, australianos, africanos y de muchas otras nacionalidades. Pero, para los soldados aliados, el japonés no era el único enemigo, pues también debían sobrevivir a la jungla.

  Internarse en las junglas birmanas era peligroso, y desplazarse a través de ellas resultaba terriblemente complicado. El relieve estaba plagado de toda clase de accidentes geográficos, sobre todo de carácter montañoso y, en numerosas ocasiones, la densidad de la maleza ralentizaba el movimiento de las columnas.

  Así pues, el manual del Ejército de la India distinguía tres tipos de jungla que podían encontrarse en Birmania. En primer lugar, la “delgada”, donde los soldados podían desplazarse fácilmente, después señalaba que en la jungla “gruesa” un hombre necesitaría apartar la maleza con un palo para poder avanzar y por último en la selva “densa” sería imprescindible un machete para cortar la maleza y abrirse camino.

  En ocasiones, la vegetación era tan densa o se enmarañaba de tal modo que las columnas podían desorientarse y perderse. La frondosidad del paisaje hacía las marchas tan lentas que recorrer un kilómetro y medio en una hora se consideraba una buena progresión.

  El desgaste físico resultaría terrible para quienes combatieron en Birmania y las enfermedades llegarían a ser en muchas ocasiones la principal causa de las bajas. Entre las numerosas patologías que podía contraer un soldado se encontraban la anemia tropical, la fiebre amarilla, la disentería y la malaria. De entre todas las cepas de esta última enfermedad, la más temida era la malaria cerebral, que podía causar la muerte.

  Para protegerse de la malaria, las tropas aliadas disponían de quinina y de pastillas mepacrina. Ahora bien, algunos soldados aliados, creyéndose los embustes lanzados por la propaganda japonesa, prefirieron no ingerir la mepacrina temiendo que les provocase problemas de impotencia.

  Un claro ejemplo del impacto de las enfermedades son los registros de la 20ª División India después de seis meses de lucha. Esta fuerza de combate tenía 1.118 hombres hospitalizados por malaria y tifus, 197 por disentería y 210 por problemas cutáneos.


Hombres de la 20ª División en Birmania
(3 de mayo de 1945)



  No solo existía el riesgo de contraer las enfermedades anteriormente mencionadas, sino que cualquier rozadura o corte podía provocar infecciones o dolorosas úlceras.

 La malnutrición también causaba estragos entre los combatientes que subsistían en lo más profundo de la jungla. Aun así, los aliados estaban mucho mejor abastecidos que sus aliados japoneses. En este sentido, las raciones británicas contenían galletas, pasas, queso, leche en polvo, fruta enlatada, carne enlatada y huevos. Ahora bien, los gurkhas nepalís, por cuestiones religiosas, se abstenían de comer las raciones de carne de vacuno. Y si las raciones no bastaban, también había quienes echaban mano de la bencedrina para sacar fuerzas de flaqueza.

 Sin embargo, las raciones no siempre cubrían las necesidades nutricionales, sobre todo en un terreno tan exigente como el de Birmania. Por ello, muchas veces los soldados recurrían al trueque con los nativos, denominados nagas y conseguían hacerse con arroz, pollos y cerdos.

  En el peor de los casos, también podían recurrir a la propia jungla para alimentarse. Plantas, raíces, serpientes, ranas, lagartijas y palomas podían añadirse a la dieta del soldado. Las palomas resultaban especialmente sabrosas a los soldados británicos. No obstante, tras disparar con una bala de fusil Enfield a una paloma, no quedaba mucho de ella, por lo que era necesario cazar al menos seis palomas para disponer de una ración consistente.

  Las criaturas que habitaban aquellos inhóspitos parajes también representaban una amenaza para los combatientes. Birmania es un país en el que abundan las serpientes venenosas. Un claro ejemplo fue lo que le sucedió al general británico William Slim, que comandaba el 14º Ejército. Slim, en medio de la noche, se desplazó hasta la sala de mapas del cuartel general y estuvo a punto de pisar una serpiente cuya picadura era mortal. Desde entonces, Slim no caminaría por la noche sin una antorcha.


William Slim



  Los insectos eran igualmente peligrosos. Por la selva pululaban arañas, escorpiones, ciempiés venenosos y hormigas rojas y blancas cuyas picaduras podían resultar muy molestas.

  No todas las amenazas estaban en tierra, pues al adentrarse en humedales, ríos y tierras pantanosas podían sufrir las picaduras de mosquitos que transmitían la malaria. También en este tipo de terrenos húmedos las sanguijuelas se adherían a la piel, pudiendo llegar a causar úlceras. Los soldados aliados empleaban dos técnicas para desprenderse de las sanguijuelas; utilizaban sal o bien las quemaban con cigarrillos y encendedores.

  Ciertas áreas de Birmania eran verdaderamente intransitables, por lo que no se podían introducir medios mecanizados para transportar los suministros y el material pesado a través de la jungla. En este sentido, el lanzamiento de suministros y armamento desde el aire resultó fundamental para aprovisionar a unidades como los Chindit, que combatían en lo más profundo de la selva.

  En las largas marchas a través de las selvas, las bestias de carga tuvieron un papel clave. Bueyes, mulas y elefantes ayudaron a los soldados de infantería a transportar el material más pesado. Es curioso el caso de los bueyes blancos, que fueron pintados de verde para facilitar su camuflaje. En cuanto a las mulas, podían cargar con hasta 70 kilos de pertrechos. Ahora bien, era fundamental colocar correctamente los arreos de las mulas y no cargarlas en exceso.

  Existiría un gran apego entre aquellos animales de carga y los soldados. Durante la Operación Longcloth, llevada a cabo por la 77ª Brigada de Infantería india (conocida como los Chindit) en 1943, fueron varios los soldados que rompieron a llorar cuando tuvieron que ejecutar a sus mulas para poder comer.


Los Chindit en Birmania



  Los elefantes también servirían como animales de carga, aunque no podían acarrear muchos más kilos que una mula. Sin embargo, se revelarían especialmente útiles en la construcción de puentes, pues con su trompa podían levantar troncos que superaban los doscientos kilos de masa. A pesar de esta imagen romántica de los paquidermos en la guerra, se estima que unos 4.000 elefantes murieron durante la campaña de Birmania.



BIBLIOGRAFÍA

-Los Chindit y otras fuerzas británicas del frente asiático, Tim Moreman.

-Némesis, la derrota del Japón, Max Hastings

-War in the Wilderness, Tony Redding




ENLACES DE INTERÉS