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sábado, 3 de enero de 2026

Núremberg. De vencedores o vencidos



Lo bien hecho, bien parece. Tenía unas ganas inmensas de traer por aquí mi crítica de Núremberg, la nueva película de James Vanderbilt desde su última incursión cinematográfica, allá por el 2019, con la producción de Netflix Misterio a bordo. Pero esta no era una reseña que quería escribir de forma casual, cualquier domingo por la tarde, ya que toca un tema lo suficientemente serio y respetable como para que aquí, una servidora, os ofreciese no solo su opinión sobre la cinta, sino un texto aderezado con el rigor histórico que merece. Y dicho esto, ya es hora de que me moje, que es a lo que habéis venido.

    Celebrados por los aliados tras la derrota del régimen nazi, los llamados Juicios de Núremberg consistieron en una serie de procesos judiciales que marcaron un hito, sentando las bases del derecho internacional moderno y sirviendo de precedente para la creación de la Corte Penal Internacional. Por primera vez en la historia, se definieron cuatro categorías de delitos, denominadas: crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y conspiración. También se estableció que la obediencia debida a superiores no exime de responsabilidad criminal.

    Sin duda, el más conocido de estos procesos es el principal, comenzado el 20 de Noviembre del año 1945. Proceso del cual, en este 2025, se cumplieron 80 años. No obstante, se llevaron a cabo otra serie de juicios adicionales contra jueces, médicos, militares, etc. y otras personalidades de menor rango dentro del régimen.

    En el proceso principal, fueron 24 los acusados iniciales, de los que finalmente fueron a juicio 22, dado que uno fue declarado incapaz y otro se suicidó en prisión. Las sentencias finales incluyeron: 12 penas de muerte, 7 penas de prisión de 10 años a cadena perpetua, y 3 absoluciones. Hay que prestar atención clave al tema de la culpabilidad individual, ya que los acusados confiaban en que Alemania sería considerada responsable al ser el Estado para el que actuaban. Si pensamos en esto de una forma analítica nos daremos cuenta de que, realmente, aquel intento de justicia fue de bajo nivel, ya que de los miles de implicados en aquel horror que fue el Holocausto, solo una pequeña parte fueron procesados.

    Y ahora después de este pequeño repaso histórico, muy necesario, y esta breve reflexión, ha llegado el momento de diseccionar un pelín más a fondo lo que nos trae James Vanderbilt en este denso drama judicial. Núremberg nos ofrece una perspectiva algo diferente a la que estamos acostumbrados, ya que se centra en la visión de Douglas Kelley, psiquiatra y oficial del cuerpo de Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, que trabajó para determinar la lucidez de los acusados antes de su juicio. Básicamente, se le conoce como el psiquiatra de los nazis. Kelley, trató de buscar explicación científica al comportamiento monstruoso de estos hombres, llegando a la conclusión de que los prisioneros no eran diferentes a cualesquiera otras personas, no estaban locos ni tenían nada extraordinario. Kelley pasó 8 meses con los acusados, y los sometió a una serie de pruebas para obtener un diagnóstico. Cuando Kelley regresó a E.E.U.U. en el año 1946, escribió artículos y dictó conferencias advirtiendo sobre los riesgos del fascismo.

    Por desgracia, después de los juicios, el psiquiatra tuvo problemas con el alcohol, padeció depresión y, tras una discusión con su esposa, tomó una cápsula de cianuro y murió en el acto. Lo hizo, como vemos, exactamente de la misma manera en la que Göring se quitó la vida antes de ser ejecutado, lo cual evidencia el peso de la estrecha relación que se había creado entre el psiquiatra y el jerarca nazi. A modo de curiosidad cabe añadir que Kelley fue señalado como el culpable de pasar al reo alemán la cápsula de veneno, aunque dicha suposición jamás pudo probarse.

    Sostiene la batuta en el papel de Kelley, Rami Malek, ganador de un Oscar a mejor actor por su memorable interpretación en Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer). El actor nos regala una visión que cabalga a medio camino entre la fascinación y una obsesión que desemboca en un comportamiento decadente. Para preparar su rol, el actor se empapó de lleno en la figura del psiquiatra, llegando a leer su libro 22 cells in Nuremberg: A Psychiatrist Examines the Nazi Criminals.

    El duelo interpretativo se completa con la presencia de un grande entre los grandes: Russell Crowe en el papel de Hermann Göring. Una de las cosas que más me ha gustado del filme, es la inteligente visión del personaje que Crowe nos regala: un hombre afable, amante de su familia, correcto, soberbio, todo lo contrario a la persona cruel y déspota de ese asesino de masas que ya conocemos de sobra. Crowe no necesita presentación, es un actor meticuloso y amante de la perfección en todas sus formas, y así lo demuestran sus numerosos galardones (Óscar, Bafta, Globo de oro), y su popularidad bien forjada. Para Crowe interpretar a Göring fue un desafío ético, dada la importancia de evitar simplificaciones a la hora de interpretar a un villano.

    En la cinta, podemos encontrar otros nombres interesantes como los de Colin Hanks (Orange Country, 2002), Mark O´Briend (Halt and Catch Fire, 2015), Richard E. Grant (Withnail and I, 1987) o el gran Michael Shannon (Revolutionary Road, 2008) entre muchos otros. Sin embargo, la fuerza interpretativa de la cinta recae casi por completo en Malek y Crowe, que defienden sus roles con bastante responsabilidad.

    En conclusión, esta producción basada en el libro El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, nos introduce principalmente en la estrecha relación entre Kelley y Göring, alejándose del tono judicial para proponernos un viaje más íntimo y centrado, sobre todo, en la figura del primero. El uso de material histórico real unido al formato de ficción, otorga a la cinta una puntuación superior y la puesta en escena con cierta naturalidad ayuda a que el público se involucre con los personajes y pueda sacar su propia conclusión, sin entrar en juicios forzados.

    Nieves opina: No se la pierdan, sin duda una de las producciones de este pasado 2025. Por algo tuvo una gran acogida en el festival de Toronto con una ovación de pie de 4 minutos.



                                                                            NIEVES.







domingo, 6 de noviembre de 2022

Entrevista a Laureano Clavero

 

Laureano Clavero, en el centro de la foto


¡Nueva entrada semanal! Como ya os avisé la semana pasada, aquí os traigo una muy grata sorpresa: tengo el gusto de presentaros al escritor, cineasta, investigador y un largo etc. Laureano Clavero. Es para mí todo un honor presentaros a un hombre multidisciplinar, como Laureano, y mucho más lo es el sumergiros en sus últimas investigaciones. ¡Disfrutad!




1. ¿Quién es Laureano Clavero?

Nací en Buenos Aires en 1980. Digamos que soy un “ochenter”. Viví en muchos lugares del mundo, entre ellos Los Ángeles, Barcelona y la mencionada capital porteña. En todos estos sitioss por los que pasé, a parte de cursar estudios varios, siempre estuve rodeado de libros y películas. Tal vez esto es lo que me llevo a ser fotógrafo, director de cine y escritor. Actualmente también soy profesor de matemáticas, química y física. También, puntualmente, doy charlas sobre historia. Creo que sea con la cámara, la pluma o la palabra me considero un comunicador o contador de historia. Después de todo, antes de la televisión, antes de la radio, antes del teatro y los libros los hombres y mujeres de las cavernas el único entretenimiento que tenían era contarse historias entre ellos de lo que habían visto o vivido en la jornada. Como dijo Stephen King: “Todo el mundo tiene algo que contar. Todo depende de cómo se cuente…”


2. ¿De dónde nace tu pasión por la historia, el misterio y la investigación?

Creo que el disparador de mi pasión por indagar en los enigmas históricos nace cuando tenía unos diez años, cuando fui a vivir con mi familia a un pequeño pueblo llamado Mar del Sud en la costa atlántica argentina. Yo venía de una ciudad agobiante como Buenos Aires y de repente pasé a hacer vida en una villa balnearia de un centenar de habitantes. Ahí me crié en medio de la naturaleza y tomé contacto con la paleontología y la historia. Buscaba fósiles con mis hermanos, encontrábamos restos arqueológicos de los aborígenes que habían vivido en la zona hace miles de años, escuchaba historias de submarinos nazis que habían llegado a la costa en secreto entre muchas otras cosas. Obviamente estos temas siempre vienen cargados de misterio. Esto alimentó mi imaginación y la curiosidad de un niño como era yo en ese entonces. Esta atmosfera fue la chispa que me llevó a sumergirme en casi todos los temas que trabajé y estoy trabajando hoy en día. Por ejemplo, el tema de la paleontología me llevó a trabajar en el departamento de vertebrados del Natural History Museum de Los Angeles, California. A parte de haber excavado en varios desiertos y haber colaborado para National Geographic. Esto también me llevó a trabajar una breve temporada en los estudios Stan Winston donde se construyeron los dinosaurios de la saga de Jurassic Park como así también los robots de Terminator. Justamente en esa época, finales de los años 90, es cuando descubro las entrañas del cine y la fotografía a partir de haber entrado en contacto con dichos estudios y el National Geographic. Esto me llevó a estudiar guión, fotografía y dirección de cine en Barcelona.


3. Eres escritor ¿Qué fue lo que te animó a plasmar tus historias sobre el papel?

Cuando comencé a realizar mis primeros films documentales me di cuenta que grababa muchas horas de entrevistas a diferentes personajes históricos pero a la hora de editar el material ponía en la película una parte de esas entrevistas. Quedaba mucho material fuera que también tenía mucho valor documental e histórico. Así fue como decidí con ese sobrante comenzar a escribir libros sobre esas mismas historias. Podríamos decir que mi vertiente de escritor es producto de mi trabajo cinematógrafico. Lo mismo o parecido me pasó con la fotografía. Aquellas cosas que retrataba quería que hablasen y contasen más cosas. Así fue como me metí en el cine documental. Digamos, como profesor de matemáticas que soy, que la ecuación cronológica sería: dirección de cine es el producto de la fotografía y ambas sumadas dieron como resultado mi pasión por la escritura.


4. Si te pidiera que me nombraras un referente literario ¿cuál sería?

No tengo referentes literarios. Más bien tengo libros y cuentos que me marcaron en una época y un contexto determinado. Como son unos cuantos haré una selección de los que ahora se me vienen a la cabeza: “Viaje al centro de la tierra” del maestro Julio Verne, “Moby Dick” de Herman Melville, “El Aleph” un clásico argentino de J.L. Borges, “Aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, “Ciudad de huesos” del angelino Michael Conelly, “El silencio de los corderos” de Thomas Harris, “Del caminar sobre el hielo” del director de cine alemán Werner Herzog. También tengo comics de referencia como “El eternauta” de Germán Oesterheld, “El sueñero” de Breccia o “El almanaque de mi padre” del japonés Jiro Taneguchi. También me apasionan los cuentos para niños. Podría nombrarte “La alcancía del sol” del ruso Makhail Prishvin o clásicos como “Soldadito de plomo”. La lista es eterna pero más o menos ahí creo está mi base.


5. De todas las historias en las que te has embarcado, ¿Cuál es la que más te ha apasionado?

Pregunta dificil de responder. A todas mis historias les pongo la misma cuota de pasión cuando trabajo. Sí debo admitir que aquellas historias en las cuales investigo los hechos o indago a las personas involucradas en el mismo tienen algo más de emoción ya que vas narrando los hechos a medida que vas arrojando luz sobre el tema en cuestión. Me gustan mucho las entrevistas cara a cara con la grabadora o cámara en mano. Cuando entrevisté a expiloto de la Luftwaffe, Peter Brill fue apasionante ya que casi al final de la conversación él me confesó que había sido entrenado en secreto para bombardear Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. Esto derivó en mi película “El diario de Peter Brill”. Otro ejemplo es mi primer largometraje “1533 Km. hasta casa”, en este trababajo tuve que entrevistar a muchos veteranos de la Guerra de Malvinas. Sus experiencias y vivencias me sirvieron mucho para madurar como documentalista cinematográfico.



6. De todos tus libros, ¿cuál es la que más te ha costado escribir?

Todos me han costado más o menos lo mismo escribirlos. Las investigaciones previas son lo más complicado. Creo que mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” fue el más tiempo de investigación me ha llevado ya que he tenido que indagar en disciplinas que nunca había tocado como la criminología y la investigación policial. Tuve que leer mucho sobre crímenes, revisar autopsias y asesorarme con policías y criminólogos que me dieron una mano a la hora de entender todos los documentos.


7. ¿Por qué esa fijación con la Segunda Guerra Mundial?

Como dije anteriormente me crecí en un pueblo muy pequeño llamado Mar del Sud el cual fue testigo de la aparición de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado también fue refugio de algunos espías nazis durante los años del conflicto. Todos estos hechos históricos, y en un pueblo pequeño, crearon muchas leyendas y mitos. De alguna forma yo viví “rodeado” de estas historias las cuales fueron la chispa que encendió mi interés por la Segunda Guerra Mundial.


8. ¿Tienes algún tipo de ritual o costumbre antes de comenzar a escribir?

Sí, poner algún disco de vinilo en mi tocadiscos. Puede ser la trompeta de Miles Davis, el piano de Theloniuos Monk o alguna banda sonora que encaje, según mi criterio, con los que estoy escribiendo. Por ejemplo, con mi último libro “El enigma del Paso de Dyatlov” ponía la banda sonora de “El silencio de los corderos” de Howard Shore.


9. ¿Podrías recomendar, en unas pocas líneas, cada una de tus obras para que nuestros lectores se animen a conocer tu producción?

Para los interesados en la Segunda Guerra Mundial les recomiendo leer “Segunda Guerra Mundial 10 historias apasionantes”, este es un compilado de algunas de mis investigaciones. Para los amantes de la fotografía y también la Segunda Guerra Mundial les aconsejo “Enfocando la Segunda Guerra Mundial” con textos de David López Cabia y prólogo de Dale Dye, asesor histórico y técnico militar de Steven Spielberg. Para los amantes del cine documental y los temas bélicos pueden ver en Amazon Prime Video “1533 Km. hasta casa” y “El diario de Peter Brill”. En la plataforma No Ficción pueden ver también “Buenos días, Sr. Presidente”. Volviendo a mis libros, para los apasionados de las investigaciones policiales, crímenes y misterio recomiendo “El enigma del Paso de Dyatlov”. Para los amantes del rugby y el deporte para leer, “Ginesta històries del rugbi català”.


10. Ahora una pregunta muy interesante: tu último libro se titula "El enigma del paso de Dyatlov", que narra un suceso acontecido en el año 1959, uno de los más extraños de las últimas décadas, diría yo. Pero quiero que seas tú quien nos hable de lo que vamos a encontrar en este libro.

El libro sobre el misterio del Paso de Dyatlov aborda uno de los enigmas más apasionantes de la antigua Unión Soviética. A finales del invierno de 1959 nueve alpinista universitarios se adentran en una expedición a los montes Urales. Su objetivo: conquitar el monte Otorten. Dicha montaña no presentaba muchas complicaciones pero las condiciones climáticas sí. Para resumir y sin spoilers diré que un mes más tarde los cadáveres de los nueves alpinistas aparecen congelados en un radio de un kilómetro cerca de la montaña que tenían que conquistar. A algunos le faltan los ojos, a otros la lengua, la tienda de campaña que llevaban aparece rasgada por los lados, los cadáveres están con poca ropa y muchos descalzos. La investigación de los hechos fue breve y el caso se cerró sin una respuesta clara. En mi libro reconstruyo el día a día de los alpinistas a partir de sus diarios de viajes, analizo las autopsias y documentos desclasificados de la investigación de 1959. También trabajo sobre algunas de las más de cien teorías que hay sobre el caso. Como dije anteriormente, un libro que recomiendo para los amates de los casos policiales sin respuesta.


11.El año pasado, sobre el mes de marzo, un articulista afirmó que dicho enigma había sido resuelto. No sé si has leído el artículo, pero, ¿qué opinas?

Siempre aparece en la prensa que alguien ha encontrado la respuesta al enigma del Paso de Dyatlov. En mi libro yo no intento resolver el caso. Sería muy soberbio que en unas cientos de páginas resuelva el caso así sin más. Lo que pretendo es trabajar con toda la evidencia empírica y hacer una decantación de las teorías que no llevan a ninguna parte. A la tragedia del paso de Dyatlov le faltan pruebas que deberían estar ahí pero por alguna razón no están. Ahí es donde hago incapié en mi trabajo. Es muy dificil completar un puzzle que le faltan piezas. Valoro el trabajo de muchos que han estudiado el tema pero creo que son todas aproximaciones a lo que podría haber ocurrido. He de decir que algunos se aproximan más que otros. De momento el caso sigue abierto y no hay una respuesta sólida.


12. Háblanos acerca de tus futuros proyectos.

Tengo muchos proyectos. Los podríamos dividir en tres grupos. Por un lado tengo muchas ideas en la cabeza que van desde temas históricos hasta temas relacionados con la astronáutica. Después está el grupo de los proyectos que tengo bocetados y los cuales en un futuro se transformarán en un libro o film documental. Y por último los proyectos que ya tengo empezados o, en el caso de las películas, en posproducción. Aquí sí te puedo dar títulos como el film documental “Road to Normandy. Reenacting D-Day” o “Hürtgen. Into the muddy battle” relacionados con la Segunda Guerra Mundial, en los cuales ya ha puesto el ojo la distribuidora hollywoodense Adler & Associates Entertaiment, Inc. y la BBC de Londres. Con respecto a libros en proceso de escritura tengo varios relacionados con el rugby (mi deporte de toda la vida), alguna cosa relacionada con crímenes reales y otro sobre la lápida de un jerarca nazi que encontramos escondida y enterrada en el jardín de una casa abandonada. Obviamente todos estos proyectos que tengo en marcha no serían posibles si la colaboración de investigadores, periodistas e historiadores que me dan una gran mano. En el tema de proyectos cinematográficos siempre están detrás mi productora MIRASUD Producciones y la productora SG Audiovisuales.


Gracias por responder esta entrevista.



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domingo, 15 de mayo de 2022

Incidente del paso Dyatlov, más de sesenta años de misterio

 

Última fotografía de la expedición. Imagen sujeta a derechos de autor


¡Ya está aquí la entrada semanal de Caosfera! Tenemos hoy, el honor, de volver a tener con nosotros a David López Cabia, que nos trae uno de los más grandes enigmas de la historia: el Incidente del paso Dyatlov. Y no solo eso, sino que además hoy David nos presenta al autor y cineasta Laureano Clavero, a quien esperamos tener próximamente en Caosfera. No os perdáis la última obra de Laureano: El enigma del paso de Dyatlov, recomendada a todos los amantes de los grandes misterios. 



Corría el año 1959 y el mundo estaba sumido en la guerra fría. En la opaca Unión Soviética, un grupo de diez veteranos alpinistas rusos se había marcado como objetivo coronar el monte Ortoten, situado en los Urales.

    Uno de los integrantes de la expedición, Yuri Yudin, tuvo que abandonar debido a los intensos dolores de espalda que padecía. Sin embargo, sus nueve compañeros, siete hombres y dos mujeres, prosiguieron con su gélida travesía hacia el monte Ortoten.

    A comienzos de febrero, el grupo se detuvo e instaló su campamento en el Jólat Siajl (que significa montaña muerta). En la noche del 1 al 2 de febrero de 1959, los experimentados alpinistas se dispusieron a descansar.

    Pasaron los días y no había noticias de los alpinistas. Desesperados, el 20 de febrero, los familiares organizaron una operación de búsqueda.

    El 26 de febrero, entre la nieve, encontraron los restos del campamento que los jóvenes montañistas habían erigido sobre el Jólat Siajl. El tejido de la tienda de campaña estaba desgarrado y unas huellas conducían hasta un bosque próximo.

    Encontraron dos cadáveres en ropa interior y descalzos, presentando signos de haber sufrido una muerte violenta. La sangre también estaba presente en un árbol. Era evidente que ambos montañistas habían huido apresuradamente de la tienda de campaña.

    A unos 600 metros aparecieron otros tres cadáveres. De nuevo, los alpinistas mostraban signos de violencia, pues tenían los cráneos fracturados y sus posiciones parecían indicar que se habían defendido de algo o alguien.

    Meses después, en mayo, los equipos de búsqueda dieron con los últimos cadáveres. Cuatro cuerpos fueron descubiertos sepultados bajo varios metros de nieve. Las heridas de sus cuerpos indicaban que habían sufrido una agresión y sus cadáveres yacían con ropas de otros compañeros.

    Para añadir más misterio a aquel macabro suceso, uno de los miembros de la expedición mostraba elevados niveles de radiación en sus ropas.

    Las autoridades soviéticas realizaron una investigación oficial y concluyeron que la muerte de los nueve jóvenes alpinistas se debía a una “fuerza incontrolable”. En otras palabras, la versión oficial zanjaba el escabroso incidente determinando que las muertes de los nueve jóvenes se debían a un alud. El caso había sido cerrado en falso.



Imagen sujeta a derechos de autor



    Un aura de oscurantismo rodea al incidente del paso de Dyatlov (conocido así por el montañista que encabezaba la expedición). El modo en que se realizaron las autopsias presenta deficiencias, por no hablar de que los documentos relativos a la investigación se guardaron en secreto hasta los 90. De hecho, cuando la documentación salió a la luz, se descubrió que faltaban páginas.

    Resulta evidente que faltan numerosas piezas en el gran puzle de esta tragedia, sobre todo, teniendo como telón de fondo el contexto de una hermética Unión Soviética.

    Desde entonces, se han formulado muchas teorías para tratar de explicar cuál fue la causa de la muerte de Dyatlov y sus compañeros.

  Algunos atribuyeron sus muertes a los lugareños, argumentando que los mansi habían asesinado a los alpinistas. Otros creen que el frío extremo llevo a los nueve jóvenes a creer que estaban sufriendo un calor extremo, por lo que se despojaron de sus ropas y murieron de hipotermia.

    Hay quienes incluso creen que las nueve muertes se deben a un asunto relacionado con el espionaje. Los partidarios de esta versión defienden que Aleksandr Zolotariov, Aleksandr Kolevátov y Yuri Krivoníschenko, pese a trabajar para el KGB, eran en realidad dobles agentes al servicio de la CIA que debían entregar una serie de pruebas que evidenciaban la existencia de fábricas de armas nucleares.

    Las teorías más fantasiosas aluden a la presencia de una especie de yeti que atacó salvajemente hasta la muerte a los nueve alpinistas. Otros hablan de extraños experimentos de teletransporte, de la presencia de alienígenas e incluso de un pánico extremo provocado por ultrasonidos.

    En cualquier caso, los signos de violencia que presentaban los cuerpos hace que se cuestione el resultado de la investigación oficial. Son muchos los interrogantes que planean sobre el incidente del paso de Dyatlov.


    Sin duda, es difícil dar con la respuesta a este macabro embrollo. Sin embargo, el incombustible cineasta y escritor Laureano Clavero ha tenido la valentía de abordar este misterio en su libro El enigma del paso de Dyatlov.

    Frente a explicaciones dignas de obras de ficción, Clavero apuesta por un modo racional de analizar los hechos, apoyándose en técnicas de investigación forenses y policiales. Así, Clavero invita al lector a plantearse las preguntas adecuadas, preguntas que pueden ayudar a descartar conjeturas absurdas.

    ¿Qué pudo ocurrir aquella fría noche de febrero de 1959 en la Montaña de la Muerte? ¿Por qué faltan documentos oficiales? ¿Por qué se atribuye la muerte a una avalancha cuando los cuerpos presentan signos de violencia y se hallaban en posiciones defensivas? ¿Es fiable una investigación oficial que presenta varias deficiencias? ¿Por qué se dio carpetazo al incidente del paso de Dyatlov?

   Con un estilo directo y ampliamente documentado, Laureano Clavero convierte al lector en un investigador, todo ello sin dejar de lado la tragedia humana que supuso la muerte de los nueve alpinistas rusos, a quienes pone rostro.


Laureano Clavero en la presentación del libro
El enigma del paso Dyatlov.
World Trade Center, Barcelona.


    Por todo ello, les invito a acompañar a Laureano Clavero en el que es uno de los grandes enigmas del siglo XX. Acompañen a los nueve alpinistas en su trágica noche en la Montaña de la Muerte, investiguen entre las autopsias oficiales junto a Clavero y saquen sus propias conclusiones gracias a un magnífico libro como El enigma del paso de Dyatlov.


Enlace de venta en Amazon.



 

domingo, 24 de abril de 2022

Operación Stösser: maniquíes sobre Stavelot

 


Imagen sujeta a derechos de autor
Imagen sujeta a derechos de autor



¡Buenas noticias! Nuestro colaborador David López Cabia regresa a Caosfera, con uno de sus excelentes artículos sobre operaciones secretas y otras curiosidades bélicas. Ya lo echábamos de menos. En esta ocasión, nos habla de una de las ofensivas Alemanas más bizarras jamás vistas: la Operación Stösser. Y lo cuenta muy bien, así que no os lo podéis perder.




A finales de 1944 la catástrofe se cernía sobre Alemania. Los aliados acechaban el Reich desde el oeste mientras que los soviéticos avanzaban desde el este. Desesperado, Hitler decidió jugar una de sus últimas bazas para dar un vuelco a la guerra. El Führer había planeado una contraofensiva en Las Ardenas, Bélgica.

    El plan consistía en concentrar el grueso de las fuerzas alemanas sobre Las Ardenas, el sector más débil de los aliados. Arrollando a los estadounidenses, llegaría hasta la estratégica ciudad portuaria de Amberes y dividirá a los ejércitos aliados. Creía Hitler que, si lo lograba, podría pactar una paz por separado con los aliados y volcarse contra su gran enemigo ideológico: la Unión Soviética.

   Como parte de la contraofensiva de las Ardenas, los alemanes echaron mano de sus fuerzas especiales, lo que incluía a los paracaidistas. Uno de sus más destacados hombres era el coronel Friedrich August von der Heydte, un audaz aristócrata alemán cuyas pasiones en la vida eran la aventura y el lujo.

    Así pues, Von der Heydte fue convocado por el mariscal de campo Von Rundstedt. Se le comunicó que debía saltar en paracaídas sobre Bélgica, tras las líneas aliadas. Para ello dispondría de 1.200 hombres, de los cuáles solo una reducida tenía experiencia en saltos de combate.


Von der Heydte



   El objetivo asignado a Von der Heydte era una encrucijada estratégica en Baraque-Michel. Debía tomar dicha encrucijada para cortar la retirada estadounidense y después enlazaría con las tropas de la 12ª División de las SS.

   Para sembrar el desconcierto entre los estadounidenses, estaba previsto lanzar maniquíes sobre Stavelot. Este alocado plan recibió el nombre de Operación Stösser.

  En una gélida noche del 17 de diciembre de 1944, los hombres de Von der Heydte despegaron desde Paderborn. La operación tenía muy escasas posibilidades de éxito, pero el ánimo de los paracaidistas alemanes era bueno y entonaban cánticos a bordo de los aviones.

    Entonces, el fuego enemigo acechó a los Ju 52 alemanes. Los inexpertos pilotos, se desviaron para esquivar las descargas antiaéreas. El lanzamiento resultó desastroso y los hombres de Von der Heydte cayeron muy diseminados.

   Ateridos, pequeños grupos de hombres trataban de reunirse en medio de un mar de nieve, abetos y pinos. Para colmo de males, en medio de tan aciago y brutal salto, eran muchos los paracaidistas que se habían fracturado algún hueso. De hecho, el propio Von der Heydte tenía un brazo roto.

    El coronel Von der Hedyte, después de dar con seis de sus hombres, caminó hacia un cruce de caminos entre Eupen, Malmédy y Vervier. Los americanos, al verlos, creyeron que se trataba de soldados amigos, por lo que no dispararon.

    El minúsculo grupo de Von der Heydte era insuficiente para entablar combate, por lo que se ocultaron en la espesura de un bosque. Pasaron las horas y a media mañana del 18 de diciembre de 1944, Von der Heydte solo disponía de 300 hombres.

    Todo lo que le quedaba era tender pequeñas emboscadas a los estadounidenses, llevando a cabo una guerra de guerrillas. Si dichos ataques no causaron grandes daños, sí que sembraron el pánico entre los norteamericanos, que creían estar combatiendo a grandes contingentes de paracaidistas alemanes.

    Pero la falta de alimento, el frío y la escasez de armas y municiones jugaban en contra de los hombres de Von der Heydte. Exhaustos, los paracaidistas germanos se dividieron en pequeños grupos para regresar a Alemania.


Imagen sujeta a derechos de autor


      Un extenuado Von der Heydte logró alcanzar la localidad de Monschau. Estaba herido, enfermo y aterido. Acogido por Herr Bouschery, cayó profundamente dormido. Poco importaba que Monschau estuviese controlado por las tropas estadounidenses, pues Von der Heydte estaba demasiado débil para proseguir la lucha.

    Un día después, entregó una nota al hijo de Herr Bouschery en la que presentaba su rendición a los norteamericanos. El muchacho dijo a Von der Heydte que era miembro de las Juventudes Hitlerianas. A pesar del entusiasmo del muchacho, el aristócrata, muy debilitado físicamente, ya no tenía fuerzas para continuar combatiendo. Mientras tanto, las unidades estadounidenses patrullaban la zona en busca de los temidos paracaidistas alemanes.

    Más tarde, dos oficiales del ejército de Estados Unidos acudieron a la casa de Herr Bouschery para arrestar a Von der Heydte. Encontraron al macilento oficial alemán aquejado de principio de neumonía y congelación en los pies. Tras ser interrogado, recibió asistencia sanitaria.

   Así concluía la desastrosa Operación Stösser, que, si bien no había logrado alcanzar sus objetivos militares, sí que había contribuido a sembrar el terror y el desconcierto entre los estadounidenses.




BIBLIOGRAFÍA

La guerra secreta, Charles Whiting

Los héroes de Hitler, Jesús Hernández

La batalla de las Ardenas, Michel Herubel

Ardenas 1944: La última apuesta de Hitler, Antony Beevor




ENLACE DE INTERÉS




sábado, 30 de octubre de 2021

Ofensiva sobre Hong Kong: mafias, sabotajes y saqueos.

 


Ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor


¡Mañana como siempre tendréis entrada especial de Halloween! Pero mientras tanto, vamos a desconectar un poquito y a tomar una ración de historia. Como siempre, nos llega a través del gran David López Cabia, que nos cuenta en esta ocasión el apoyo de la mafia china a los japoneses, en su afán por conquistar Hong Kong. Un episodio que no debemos olvidar...



Ya antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, China y Japón estaban enzarzadas en la Segunda Guerra sinojaponesa que había comenzado en 1937. Mientras tanto, Hong Kong, como colonia británica, se mantenía neutral, aunque lo cierto es que, a través de su puerto, se abastecían las fuerzas nacionalistas chinas de Chiang Kai-shek.

  A medida que transcurrían los años, Japón fue dando prueba de sus ansias expansionistas. Los británicos eran conscientes de la amenaza que se cernía sobre sus posesiones en Hong Kong, pero disponían de escasas fuerzas para defender la colonia. Doce mil soldados británicos, los voluntarios del Cuerpo de Defensa de Hong Kong y tres mil guerrilleros comunistas chinos engrosaban las filas aliadas en Hong Kong. A pesar de que los nacionalistas chinos de Chiang Kai-shek les ofrecieron ayuda, los arrogantes británicos la rechazaron. Y es que, temían que Chiang Kai-shek y sus nacionalistas aprovechasen la situación para recuperar Hong Kong.

  Mientras tanto, los japoneses optaron por sacar beneficio del sentimiento antibritánico que reinaba en un importante sector de la colonia. Así, los japoneses afincados en Hong Kong les proporcionaron información sobre las defensas británicas. Incluso reclutaron de manera una fuerza paramilitar para llevar actos de sabotaje en la colonia británica. Hasta tal punto llegaban los planes japoneses que estaban dispuestos a recurrir a la ayuda de las tríadas, las temibles mafias chinas que controlaban el juego, la prostitución y la extorsión.

  El origen de las tríadas se remonta al siglo XVII y, desde entonces, habían estado presentes en todas las capas de la sociedad china. Precisamente fue el comercio legal del opio fue lo que llevó a las tríadas a un enclave como Hong Kong, donde su poder era manifiesto. De ahí que los nipones quisieran ganarse el apoyo de aquellas temidas organizaciones criminales.

  Para poder contar con el apoyo de la mafia china, los agentes japoneses sobornaron a sus miembros. De este modo, terminaron creando una fuerza de unos diez mil hombres provistos de revólveres y granadas que se denominó Grupo del Cielo y Grupo de ayuda.

  Por su parte, el primer ministro británico Winston Churchill sabía que, si los japoneses atacaban Hong Kong, la colonia no tardaría mucho en caer. La intención británica consistía en mantener la posición hasta ser evacuados por la marina estadounidense.


Soldados canadienses en Hong Kong


  Los temores británicos no tardarían en hacerse realidad. El 7 de diciembre de 1941 los japoneses atacaban Pearl Harbor y un día después las tropas niponas iniciaban su ofensiva sobre Hong Kong.

  Cuando los japoneses atacaron, los barcos británicos recibieron órdenes de poner rumbo a Singapur. Para mayor desgracia de los defensores, no solo perdieron el apoyo naval, sino que también se quedaron sin cobertura aérea.

  No cabía duda de que los japoneses estaban logrando sacar partido del sentimiento antibritánico que mostraba buena parte de la población de Hong Kong. Los policías chinos e indios abandonaron sus puestos, al igual que los conductores chinos que trabajaban para el ejército británico. Resultaba evidente que un amplio sector de la población local no estaba dispuesto a derramar sangre por defender los intereses coloniales británicos.

  En este desastroso escenario, las tríadas irrumpieron dedicándose al sabotaje y al saqueo. Sin dudarlo un instante, los británicos ofrecieron suculentos sobornos a las tríadas para ganarse su favor. Tras reunirse con los jefes de las tríadas en el Hotel Cecil, les ofrecieron colosales cantidades de dinero para poder llegar a un acuerdo. A pesar de ello, a medida que la situación militar británica se deterioraba en Hong Kong, las tríadas fueron cambiando su lealtad, apostando finalmente por los nipones.

  Mientras los británicos perdían terreno, cientos de quintacolumnistas fueron ejecutados en las calles de Hong Kong. Prueba de ello es la matanza del callejón sangriento, donde doscientos prisioneros fueron fusilados, mientras que los hombres del almirante nacionalista chino Chan Chak acabaron con la vida de seiscientos colaboracionistas.


Almirante Chan Chak


  Las tríadas y las fuerzas paramilitares hostigaban a los británicos, hacían de guías para los japoneses y recurrían a astutos ardides, izando banderas niponas para hacer creer a los británicos que ciertas posiciones habían sido tomadas por el enemigo.

  A medida que transcurrían los días, la situación militar británica en Hong Kong se tornaba insostenible, pues el agua potable escaseaba. En vista de ello, el 25 de diciembre de 1941, el general Maltby y el gobernador Mark Aitchinson Young se reunieron con el general Sakai en el Hotel Penísula para formalizar la rendición de Hong Kong.


Famosa reunión en el hotel Península


  A la rendición británica le sucedieron saqueos, asesinatos y violaciones. Las propiedades de los europeos eran asaltadas y saqueadas. Las tríadas se sumaron al pillaje y los soldados japoneses deambularon por las calles cometiendo toda clase de atrocidades.

  Uno de los capítulos finales de la batalla de Hong Kong lo compone la épica huida del almirante Chan Chak. Pensando que los nipones no tendrían piedad, Chan Chak decidió escapar con setenta y dos oficiales británicos y varios soldados chinos a bordo de una serie de lanchas torpederas. A pesar de que las lanchas fueron atacadas y hundidas, los náufragos fueron rescatados por guerrilleros comunistas chinos y trasladados a territorio seguro.





BIBLIOGRAFÍA

-Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández

-Eso no estaba en mi libro de la guerra del Pacífico, Rubén Villamor

-Los ejércitos del dragón, Rubén Villamor

-La Segunda Guerra Mundial, Antony Beevor




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sábado, 25 de septiembre de 2021

Peter Brill: memorias de gran altura

 


Fotograma de El diario de Peter Brill, una producción de
Amazon PrimeVídeo


¡Nueva entrada! Hoy toca una nueva lección de historia: David López Cabia regresa de nuevo a Caosfera para contarnos otra de sus apasionantes historias de la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión nos habla de Peter Brill, un piloto alemán entrenado en secreto para bombardear Nueva York. Nos presenta, también, al autor Laureano Clavero, experto en el tema y, además director del documental El diario de Peter Brill, para Amazon Prime Vídeo. ¡Atentos, porque esperamos poder hablar con Laureano próximamente! Por lo pronto, empapaos de esta curiosa y apasionante historia...




La Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a situaciones insospechadas y planes absurdos. Precisamente el cineasta y escritor argentino Laureano Clavero, desveló una de las misiones más descabelladas cuando contactó con Peter Brill, un piloto alemán entrenado para bombardear Nueva York.

  Laureano quería arrojar luz sobre el misterioso aviador alemán que se había estrellado a bordo de un bombardero en el Pirineo catalán. Así, en 2010, este enigma condujo a Laureano hasta Peter Brill Sander, un piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial que residía en la Avenida Mitre, en la ciudad de Barcelona.

  El antaño aviador de la Luftwaffe, volviendo la vista atrás, dejándose llevar por los recuerdos del pasado, comenzó a narrar sus vivencias mientras el cineasta se encargaba de rodar la entrevista para un documental que posteriormente sería conocido como El diario de Peter Brill.

  Nacido en 1924 en la localidad germana de Bald-Salzhausen, Peter Brill vivió una infancia en una Alemania castigada por los estragos de la pobreza. Para mayor desgracia, el crack del 29 trajo consigo la gran depresión y, en este contexto de descontento social y con una Alemania humillada por el Tratado de Versalles, terminó por abrirse camino el Partido Nazi, liderado por Adolf Hitler.

  Con Hitler en el poder, el 1 de septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial, un acontecimiento que cambiaría para siempre la vida de Peter Brill. Dejándose llevar por el fervor patriótico que propagaba la guerra, Brill ansiaba servir en la Luftwaffe como piloto. Pese a que sus padres le negaron aquella posibilidad, terminaron por ceder ante las amenazas de abandonar el hogar. De este modo, en 1941, este joven de tan solo diecisiete años, pasaba a engrosar las filas de la Luftwaffe.

  En sus etapas iniciales de formación como piloto se entrenó con un rudimentario planeador SG-38, que simplemente permitía volar unos cientos de metros. Llegado 1942, Peter Brill ingresó en la escuela de Fürstenfeldbruck, situada cerca de Munich. La Luftwaffe tenía planes mucho más ambiciosos para el joven Brill, pues el joven alemán fue seleccionado para participar en una misión de bombardeo sobre Nueva York.

  La descabellada operación consistía en emplear un modelo desconocido hasta aquel entonces, el Heinkel 177. En primer lugar, comenzarían utilizando cuatro motores, después dos y, al llegar a Nueva York, arrojarían las bombas sobre la ciudad y regresarían a casa.

  En 1943, en la academia de Thorn, Peter Brill continuó preparándose para bombardear Nueva York. Allí aprendió a navegar a través de las estrellas y las constelaciones. Un ambiente de secretismo rodeaba aquellos entrenamientos, sin embargo, el joven piloto aún no sabía que había sido elegido para atacar Nueva York.

  Brill formaba parte de un selecto grupo de cinco pilotos que debían golpear en el corazón de los Estados Unidos, causando una honda conmoción en el enemigo al bombardear una urbe tan emblemática. Sin embargo, los problemas que presentaban los prototipos de los aviones y la larga distancia que debían recorrer hasta llegar a Estados Unidos resultaron ser obstáculos infranqueables.

  Pese a que el proyecto de bombardear Nueva York quedó descartado, Peter Brill continuó al servicio de la Luftwaffe, participando en la desastrosa Operación Boddenplate a los mandos de un caza Messerschmitt Bf 109. Brill y sus compañeros de la Luftwaffe destruyeron numerosos aviones en tierra, pero aquel esfuerzo supuso el agotamiento definitivo de la aviación alemana. Y es que, mientras que los aliados podían reponer sus pérdidas rápidamente, los alemanes no.

  Tras el fiasco de Boddenplate, Peter Brill fue enviado a combatir a las fuerzas soviéticas. Con la guerra terminando en Europa y tratando de alcanzar la zona estadounidense, fue apresado por los rusos en Checoslovaquia. Fue así como Brill tuvo que soportar tres duros años de cautiverio en el Cáucaso, padeciendo numerosas vejaciones durante su etapa como prisionero de guerra.

  Puesto en libertad en 1948, comenzó a trabajar como curtidor, llegando a España en 1952 e instalándose en la ciudad de Valencia. En 1956, al contactar con un instructor de vuelo, le comentó su experiencia como piloto de la Luftwaffe y no tuvo ningún problema para superar todos los exámenes que requería su licencia de vuelo.

  Él y su mujer Ilse, residiendo en lugares como Barcelona, Sitges y Jávea fueron padres de dos hijos, Jochen y Werner. Sin embargo, la vida de nuestro protagonista tocó a su fin con su fallecimiento en el año 2013. Pero su historia no termina aquí, pues legó sus memorias a Laureano Clavero, que se encargó de dejar constancia de las vivencias de Peter Brill en el documental El diario de Peter Brill y en el libro de idéntico título.

  Un emotivo recuerdo permanece sobre la placa de la tumba de Peter Brill: se trata de una miniatura de un caza Bf109, como el que pilotó durante la Segunda Guerra Mundial.



BIBLIOGRAFÍA

-El diario de Peter Brill. Pere Cardona, Laureano Clavero.

-Segunda Guerra Mundial: 10 historias apasionantes. Laureano Clavero.




PARA SABER MÁS









viernes, 9 de julio de 2021

Combate en la jungla

 





¡Nuestro querido David López Cabia regresa a Caosfera! Y, como siempre, nos trae una interesante lección de historia. Como bien nos explica, Birmania es uno de los escenarios más olvidados de la Segunda Guerra Mundial, y también de los más escalofriantes a mi juicio. Toda una pesadilla para los aliados que revivimos hoy aquí, en Caosfera. 




Uno de los teatros de operaciones más olvidados de la Segunda Guerra Mundial es Birmania, la actual Myanmar. Entre sus selvas, combatieron y murieron soldados británicos, japoneses, indios, nepalís, australianos, africanos y de muchas otras nacionalidades. Pero, para los soldados aliados, el japonés no era el único enemigo, pues también debían sobrevivir a la jungla.

  Internarse en las junglas birmanas era peligroso, y desplazarse a través de ellas resultaba terriblemente complicado. El relieve estaba plagado de toda clase de accidentes geográficos, sobre todo de carácter montañoso y, en numerosas ocasiones, la densidad de la maleza ralentizaba el movimiento de las columnas.

  Así pues, el manual del Ejército de la India distinguía tres tipos de jungla que podían encontrarse en Birmania. En primer lugar, la “delgada”, donde los soldados podían desplazarse fácilmente, después señalaba que en la jungla “gruesa” un hombre necesitaría apartar la maleza con un palo para poder avanzar y por último en la selva “densa” sería imprescindible un machete para cortar la maleza y abrirse camino.

  En ocasiones, la vegetación era tan densa o se enmarañaba de tal modo que las columnas podían desorientarse y perderse. La frondosidad del paisaje hacía las marchas tan lentas que recorrer un kilómetro y medio en una hora se consideraba una buena progresión.

  El desgaste físico resultaría terrible para quienes combatieron en Birmania y las enfermedades llegarían a ser en muchas ocasiones la principal causa de las bajas. Entre las numerosas patologías que podía contraer un soldado se encontraban la anemia tropical, la fiebre amarilla, la disentería y la malaria. De entre todas las cepas de esta última enfermedad, la más temida era la malaria cerebral, que podía causar la muerte.

  Para protegerse de la malaria, las tropas aliadas disponían de quinina y de pastillas mepacrina. Ahora bien, algunos soldados aliados, creyéndose los embustes lanzados por la propaganda japonesa, prefirieron no ingerir la mepacrina temiendo que les provocase problemas de impotencia.

  Un claro ejemplo del impacto de las enfermedades son los registros de la 20ª División India después de seis meses de lucha. Esta fuerza de combate tenía 1.118 hombres hospitalizados por malaria y tifus, 197 por disentería y 210 por problemas cutáneos.


Hombres de la 20ª División en Birmania
(3 de mayo de 1945)



  No solo existía el riesgo de contraer las enfermedades anteriormente mencionadas, sino que cualquier rozadura o corte podía provocar infecciones o dolorosas úlceras.

 La malnutrición también causaba estragos entre los combatientes que subsistían en lo más profundo de la jungla. Aun así, los aliados estaban mucho mejor abastecidos que sus aliados japoneses. En este sentido, las raciones británicas contenían galletas, pasas, queso, leche en polvo, fruta enlatada, carne enlatada y huevos. Ahora bien, los gurkhas nepalís, por cuestiones religiosas, se abstenían de comer las raciones de carne de vacuno. Y si las raciones no bastaban, también había quienes echaban mano de la bencedrina para sacar fuerzas de flaqueza.

 Sin embargo, las raciones no siempre cubrían las necesidades nutricionales, sobre todo en un terreno tan exigente como el de Birmania. Por ello, muchas veces los soldados recurrían al trueque con los nativos, denominados nagas y conseguían hacerse con arroz, pollos y cerdos.

  En el peor de los casos, también podían recurrir a la propia jungla para alimentarse. Plantas, raíces, serpientes, ranas, lagartijas y palomas podían añadirse a la dieta del soldado. Las palomas resultaban especialmente sabrosas a los soldados británicos. No obstante, tras disparar con una bala de fusil Enfield a una paloma, no quedaba mucho de ella, por lo que era necesario cazar al menos seis palomas para disponer de una ración consistente.

  Las criaturas que habitaban aquellos inhóspitos parajes también representaban una amenaza para los combatientes. Birmania es un país en el que abundan las serpientes venenosas. Un claro ejemplo fue lo que le sucedió al general británico William Slim, que comandaba el 14º Ejército. Slim, en medio de la noche, se desplazó hasta la sala de mapas del cuartel general y estuvo a punto de pisar una serpiente cuya picadura era mortal. Desde entonces, Slim no caminaría por la noche sin una antorcha.


William Slim



  Los insectos eran igualmente peligrosos. Por la selva pululaban arañas, escorpiones, ciempiés venenosos y hormigas rojas y blancas cuyas picaduras podían resultar muy molestas.

  No todas las amenazas estaban en tierra, pues al adentrarse en humedales, ríos y tierras pantanosas podían sufrir las picaduras de mosquitos que transmitían la malaria. También en este tipo de terrenos húmedos las sanguijuelas se adherían a la piel, pudiendo llegar a causar úlceras. Los soldados aliados empleaban dos técnicas para desprenderse de las sanguijuelas; utilizaban sal o bien las quemaban con cigarrillos y encendedores.

  Ciertas áreas de Birmania eran verdaderamente intransitables, por lo que no se podían introducir medios mecanizados para transportar los suministros y el material pesado a través de la jungla. En este sentido, el lanzamiento de suministros y armamento desde el aire resultó fundamental para aprovisionar a unidades como los Chindit, que combatían en lo más profundo de la selva.

  En las largas marchas a través de las selvas, las bestias de carga tuvieron un papel clave. Bueyes, mulas y elefantes ayudaron a los soldados de infantería a transportar el material más pesado. Es curioso el caso de los bueyes blancos, que fueron pintados de verde para facilitar su camuflaje. En cuanto a las mulas, podían cargar con hasta 70 kilos de pertrechos. Ahora bien, era fundamental colocar correctamente los arreos de las mulas y no cargarlas en exceso.

  Existiría un gran apego entre aquellos animales de carga y los soldados. Durante la Operación Longcloth, llevada a cabo por la 77ª Brigada de Infantería india (conocida como los Chindit) en 1943, fueron varios los soldados que rompieron a llorar cuando tuvieron que ejecutar a sus mulas para poder comer.


Los Chindit en Birmania



  Los elefantes también servirían como animales de carga, aunque no podían acarrear muchos más kilos que una mula. Sin embargo, se revelarían especialmente útiles en la construcción de puentes, pues con su trompa podían levantar troncos que superaban los doscientos kilos de masa. A pesar de esta imagen romántica de los paquidermos en la guerra, se estima que unos 4.000 elefantes murieron durante la campaña de Birmania.



BIBLIOGRAFÍA

-Los Chindit y otras fuerzas británicas del frente asiático, Tim Moreman.

-Némesis, la derrota del Japón, Max Hastings

-War in the Wilderness, Tony Redding




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viernes, 29 de enero de 2021

Operación Greif: fracaso y banderas falsas.



Imagen sujeta a derechos de autor.

 


¡Nueva entrada! Y después de un tiempo volvemos con nuestra magnífica sección Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial, a cargo del gran David López Cabia.  Hoy os traemos un nuevo e  impactante capítulo bélico que se dio en los últimos albores de este gran conflicto histórico.




En el otoño de 1944 la guerra tomó un derrotero nefasto para los intereses de Alemania. Las fuerzas alemanas habían sido duramente castigadas en Normandía y tras la Operación Bagration el ejército alemán del frente oriental quedó seriamente tocado.

  Hitler buscaba un golpe decisivo que le permitiese dejar fuera de escena a los aliados. Para ello, optó por una contraofensiva en las Ardenas (Bélgica). El sector era el punto más débil de los aliados, guarnecido tan solo por el 8º Cuerpo de Estados Unidos, entre cuyas tropas se encontraban divisiones novatas como la 99ª y la 106ª. La meta final de los alemanes era romper la conexión entre los ejércitos aliados y llegar a la ciudad portuaria de Amberes. De ese modo, podrían destruir numerosas divisiones aliadas y empujar al mar a los angloamericanos.

  Con los aliados derrotados en Europa occidental, Hitler podría negociar la paz con Gran Bretaña y Estados Unidos y volcar todas sus fuerzas militares sobre su gran enemigo: la Unión Soviética. Para que la contraofensiva de las Ardenas tuviese éxito, se emprenderían una serie de operaciones especiales que la respaldasen.

Así pues, Hitler recurrió a uno de sus más audaces expertos en operaciones especiales: Otto Skorzeny, quien había participado en el rescate del dictador italiano Benito Mussolini.


Otto Skorzeny. Imagen sujeta a 
derechos de autor



  Los hombres de Skorzeny debían saltar tras las líneas alemanas vestidos con uniformes estadounidenses, haciéndose con el control de estratégicos puentes, sembrando el desconcierto y cambiando las señales de tráfico. Ahora bien, esta operación permaneció oculta, inmersa en el más absoluto de los secretos.

  Quienes tomasen parte en la Operación Greif, al vestir el uniforme enemigo podían ser considerados espías o saboteadores en caso de ser capturados. Todo ello podía costarles la vida.

  Por otra parte, era necesario que, quienes se embarcasen en la Operación Greif, hablasen inglés, de lo contrario, su coartada se derrumbaría rápidamente. No obstante, entre el grupo de hombres seleccionados había quienes solo estaban allí por tener ciertas nociones de la lengua inglesa. Por ello, se clasificó a las tropas en tres grupos: los de categoría 1, al dominar el inglés, serían quienes tuviesen que asumir un papel más activo; los de categoría 2 serían solo capaces de entender y hacerse entender en inglés, por lo que era mejor que procurasen no hablar, mientras que los de categoría 3 no tenían ninguna opción de hacerse pasar por soldados americanos.

  La unidad capitaneada por Skorzeny recibió el nombre de 150º Brigada Panzer de las SS, que disponía de varios jeeps y dos tanques Sherman, uno de los cuales presentaba importantes problemas mecánicos. Ante la insuficiencia de vehículos estadounidenses, la fuerza de Skorzeny fue completada con vehículos alemanes modificados para parecer norteamericanos. También se enviaron dos batallones de paracaidistas para complementar a la brigada de Skorzeny.


Brigada Panzer. Imagen sujeta a derechos de autor



  Existía el riesgo de que, una vez entrasen en territorio enemigo, los soldados de Skorzeny fueran hechos prisioneros. Por todo ello, se les indicó que difundiesen una serie de bulos que provocasen la confusión en las retaguardias aliadas.

  Por fin, en la noche del 13 al 14 de diciembre, la 150º Brigada Panzer de las SS fue trasladada al frente para incorporarse a la gran contraofensiva de las Ardenas. Con el comienzo del contraataque alemán, el 16 de diciembre de 1944, dotados de armas y equipo estadounidense, los hombres de Skorzeny se sumaron a la ofensiva.

  Estos comandos se dedicaron a cortar líneas telefónicas, cambiar los indicadores de carretera o a enviar columnas de vehículos estadounidenses en dirección contraria al frente. Las acciones que protagonizaron llegaron a ser en algunos momentos cómicas, mientras que pequeños detalles en el modo de hablar y de comportarse, terminaron por delatarles.


Soldados en la batalla de las Ardenas.
Imagen sujeta a derechos de autor.



 No obstante, cuatro alemanes, haciéndose pasar por americanos, disponiendo unas cintas rojas, hicieron creer a los estadounidenses que las carreteras que conducían a la línea del frente estaban minadas.

  No todos tuvieron tanta suerte. Por ejemplo, uno de los comandos alemanes, con su jeep escaso de combustible, fue a un depósito estadounidense a pedir gasolina. Uno de los alemanes dijo “petrol, please”, cuando en realidad los americanos se referían a la gasolina como “gas”, sin olvidar que “please” sobraba en aquella frase. El soldado que debía proporcionarles combustible descubrió a los alemanes. Los teutones trataron de darse a la fuga, pero, inmediatamente, patinaron con el vehículo sobre el hielo y se estrellaron contra un camión. Acto seguido, fueron apresados.

  A dos kilómetros de Poteau, un 18 de diciembre de 1944, los comandos alemanes, a bordo de un jeep, se toparon con un convoy norteamericano. Se trataba de la Tropa E del 18º Escuadrón. Llamó la atención de uno de los estadounidenses que el calzado de uno de los falsos estadounidenses no era el reglamentario. Uno de los hombres del jeep, tratando de aplacar las sospechas, respondió que eran de la compañía E. Pero en las unidades de caballería solo se denominaban compañías los escuadrones de tanques ligeros. Si hubiera querido salir indemne, el alemán debería haber dicho que eran “troop”. Este pequeño detalle significó la muerte para el saboteador germano.

  Otra situación bastante peculiar se produjo cuando un alemán se propuso desertar. El teutón buscó soldados estadounidenses a los que rendirse, pero para su desgracia, se topó con un guardia que también formaba parte de los comandos de Skorzeny.

  Aunque queda claro que la Operación Greif no logró sus objetivos, los comandos alemanes sí que lograron provocar cierto nivel de histeria en las retaguardias aliadas. Los vehículos eran detenidos en los controles de carretera y se sometía a los soldados a extensos interrogatorios sobre la cultura estadounidense o sobre deportes como el béisbol. Todo con tal de determinar si se estaba ante espías.

  Un claro ejemplo de la psicosis que existía entre los norteamericanos fue lo que le sucedió el 20 de diciembre de 1944 al general Bruce Clarke, al mando del Comando de Combate B de la 7ª División Acorazada. La Policía Militar le hizo pararse en un control de carretera. El tiempo apremiaba y Clarke debía defender St. Vith, pero los policías militares le tomaron por un espía. A pesar del estallido de ira de Clarke, los dos prebostes creyeron que se trataba de un agente alemán, por lo que fue arrestado. Finalmente, Clarke fue sacado del calabozo y, en una situación ya de por sí surrealista, uno de los policías militares le pidió un autógrafo.


General Bruce C. Clarke. Imagen
sujeta a derechos de autor



  También uno de los mandamases aliados, el general Bradley, que comandaba el 12º Grupo de Ejércitos, tuvo que someterse a esta clase de interrogatorios en los controles. Precisamente Bradley se quejaría amargamente por el tiempo perdido en este tipo de controles.

 La 150º Brigada Panzer de las SS, dotada de medios insuficientes, encontraría un amargo destino en la batalla de las Ardenas. Las bajas se acumulaban, casi todos los tanques estaban destruidos, valerosos oficiales como Von Fölkersam estaban heridos y el efecto sorpresa se había desvanecido. La brigada se había desangrado en su ataque a Malmédy. El propio Skorzeny terminó sufriendo heridas en una pierna y en un ojo. Las cosas no pintaban bien y la ofensiva alemana en las Ardenas empieza a tomar un cariz muy desesperanzador.


Imagen sujeta a derechos de autor



 Con la 150º Brigada Panzer de las SS prácticamente destrozada, el 28 de diciembre acudió el 1º Cuerpo Panzer de las SS a su relevo. El propio Skorzeny fue evacuado a Alemania y pudo salvar el ojo gracias a que la herida había sido limpia.

  El pánico fue más allá de las Ardenas, llegando incluso a París. Varios comandos alemanes capturados contribuyeron a la desinformación afirmando que su misión era capturar al general Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa. Encerrado en su cuartel, Eisenhower se guarecía de los comandos alemanes, rodeado de estrictas medidas de seguridad. Y es que, la Operación Greif, pese a ser una misión fallida, había contribuido a generar cierto nivel de histeria entre los aliados. Es más, tal era el temor a Skorzeny que llegó a ser conocido como “el hombre más peligroso de Europa”.

  A la difusión de rumores infundados también contribuyeron los medios de comunicación. Así, Radio Niza afirmó que los paracaidistas de Skorzeny habían asaltado un banco en la ciudad francesa, mientras que el periódico británico Daily Telegraph advertía de espías alemanas entrenadas por Skorzeny que habían llegado a París para seducir a las tropas estadounidenses y acuchillarlos por sorpresa con una daga.

  Quienes fueron capturados corrieron una desgraciada suerte. Al estar ataviados con el uniforme estadounidense fueron ejecutados. Así, el 23 de diciembre, tres comandos alemanes fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento. En los días siguientes, más alemanes serían capturados y fusilados tras ser apresados vistiendo el uniforme estadounidense. No todos fueron capturados y ejecutados, pues un pequeño grupo de supervivientes logró ganar la seguridad de las líneas alemanas.


comandos de Skorzen fusilados. Imagen sujeta a derechos de autor






BIBILOGRAFÍA

-Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial, Manuel J. Prieto

-Comandos y raids, Pere Romanillos

-Ardenas 1944, la última apuesta de Hitler, Antony Beevor

-La guerra secreta, Charles Whiting

-La batalla de las Ardenas, Michel Herubel

-Los zorros de la guerra, David Rooney




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