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sábado, 14 de febrero de 2026

28 años después: lo bueno se hace esperar

 





El 2002 marcó un antes y un después con el aterrizaje en las salas de cine de un film que estaba destinado a crear escuela dentro del género Z.

Y es que llegó 28 días después, una película británica que fue éxito en taquilla y que traía el sello como director de Danny Boyle. Tras su gran hacer en films como Trainspotting, Boyle se lanzó a la palestra para dirigir ni más ni menos que una cinta de zombies, que sin duda daría mucho que hablar. Con guion de un joven y primerizo Alex Garland, este autor de novelas británico estaba destinado a hacer grandes proezas dentro del cine como más tarde demostraría por ejemplo con Ex Machina o Civil War.

Ahora, veintitrés años después, ambos vuelven a juntarse para traernos 28 años después. Una polémica continuación de la franquicia. Pero me estoy adelantando, ya que antes me gustaría hablaros un poco de sus predecesoras.

En 28 días después, nos ponemos en la piel de un jovencísimo y casi desconocido Cillian Murphy, que despierta en un hospital tras un accidente de tráfico sin noción de lo que ocurre. Al comienzo de la película nos muestran cómo unos activistas se cuelan en un laboratorio donde experimentan con primates y liberan sin quererlo el germen de todo lo que vendrá después. Pero volvamos con Cillian. El cuál sin entender qué pasa en su ciudad, no tardará en toparse con los primeros infectados que lo perseguirán como si fueran el mismísimo Usain Bolt, y será salvado por una pareja de extraños que le explican la situación: Londres ha caído y ha sido evacuado. Una salvaje epidemia se ha cebado con la población y todos están muertos o transformados en seres que la ira ha convertido en bestiales criaturas sedientas de sangre. Así, y para no hacer spoilers, tan solo os diré que en los casi cien minutos que dura este film encontraremos acción a raudales, muchos infectados y la mejor y peor cara del ser humano.










Continuamos ahora con la segunda película de la franquicia. 28 semanas después llegó a los cines en 2026 como secuela directa de su predecesora y tras el éxito en taquilla de la anterior.

Dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo, y protagonizada curiosamente por un actor que ya había colaborado en películas de Danny Boyle como Trainspotting: Robert Carlyle (Full Monty, Ravenous). En esta cinta, y tras haber pasado un tiempo prudencial desde la infección que puso en jaque a Reino Unido, la OTAN se propone limpiar Londres de los infectados que quedan y volver a trasladar a los supervivientes a la ciudad para repoblarla y devolver a la isla a la normalidad. El bueno de Robert es un superviviente, de dudosa moralidad, que ha hecho lo que ha sido necesario para sobrevivir. En dicha repoblación, se reencontrará con sus hijos. Y… Hasta aquí voy a leer, ya que de lo contrario os haría un spoiler como un templo de grande. Tan solo os diré, que en ella hay mucha más acción, más sangre y muchos más infectados que en la primera entrega. Lo cual no es decir poco.

Una digna continuación, para la que Fresnadillo supo estar a la altura en su dirección, y que se rumorea que tras el guion volvió a estar Garland. Aunque nunca llegara a firmarlo.









Y ahora sí, vamos a lo que muchos estabais esperando. Vamos a desmenuzar un poco la esperada y aclamada 28 años después. Como decíamos al comienzo, Danny Boyle y Alex Garland vuelven a unir fuerzas y sacar músculo para retomar una franquicia que muchos creíamos que no volveríamos a ver en las pantallas.

Eso sí. Lo hacen a lo grande: no con una película, sino con toda una trilogía. Hoy vengo a hablaros de la primera de ellas, ahora que tenemos el estreno fresquito en el cine de su continuación, 28 años después: el templo de los huesos. He de confesaros que tengo muchas ganas de ver cómo se desarrolla. Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Como decía vamos a centrarnos en la primera de las cintas.

Tras el fracaso de repoblar Londres y Reino Unido por parte de la OTAN, la isla ha quedado relegada al olvido en una cuarentena perpetua, pero vigilada a la vez de cerca por Europa para que ningún infectado escape de estas tierras. Después de 28 años, los supervivientes se han instalado y creado comunidades. Colaboran entre ellos, enseñan a los más jóvenes la vida afuera de los muros. Todo parece perfecto, pese a la adversidad. Sin embargo, no todo es lo que parece. También los infectados han evolucionado en algo más. Y ahora, son mucho más peligrosos. En esta secuela nos encontramos con Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass, Kraven: El cazador, Nosferatu) que vive en una isla en comunidad y separado de tierra por las fuertes mareas que gobiernan sus alrededores. Solo un camino cuando baja la marea, une su isla con tierra firme. Tiene un hijo de doce años y una esposa enferma que tiene delirios y momentos de escasa lucidez.

La película comienza con Jamie (Taylor-Johnson) llevando a su hijo Spike a su primer día de caza fuera de las murallas. Allí, le enseñará cómo acabar con infectados y se las verán y desearán cuando se encuentren con algo mucho más para lo que no están preparados (esto último lo evito para hacer spoilers).

Spike a su vuelta, escucha hablar de que hay un médico más allá de la isla y quiere que ayude a recuperarse a su madre. Para ello, se escapará con ella y correrá una suerte de aventuras para tratar de dar con él.

Cabe destacar dos cosas de esta película. La primera, la aparición breve pero magistral de Ralph Fiennes, al cual hemos visto en infinidad de películas como La lista de Schindler, Harry Potter o El Gran Hotel Budapest entre muchas otras. No diré mucho más de nuevo para no estropearos la sorpresa. Pero su personaje es de lo mejorcito que tiene 28 años después.

La segunda cosa es que, como trilogía, tiene un final abierto. Gran parte de las tramas secundarias quedan solucionadas, pero en cambio se abre otro abanico de posibilidades que tendremos que descubrir en las siguientes dos películas.







Con esto me despido. Espero que os haya gustado este repaso lleno de dentelladas, mucha sangre y casquería. Pero sobre todo, que os haya puesto los dientes largos por ver esta franquicia de infectados y género Z si es que, andáis algo despistados y todavía no la conocíais.

¡Hasta la próxima, amigos y amigas de Caosfera!




David P. Yuste.

Twitter:@David_P_Yuste

Facebook:david.yuste.315 (David P Yuste)

Instagram:davidp.yuste


sábado, 3 de enero de 2026

Núremberg. De vencedores o vencidos



Lo bien hecho, bien parece. Tenía unas ganas inmensas de traer por aquí mi crítica de Núremberg, la nueva película de James Vanderbilt desde su última incursión cinematográfica, allá por el 2019, con la producción de Netflix Misterio a bordo. Pero esta no era una reseña que quería escribir de forma casual, cualquier domingo por la tarde, ya que toca un tema lo suficientemente serio y respetable como para que aquí, una servidora, os ofreciese no solo su opinión sobre la cinta, sino un texto aderezado con el rigor histórico que merece. Y dicho esto, ya es hora de que me moje, que es a lo que habéis venido.

    Celebrados por los aliados tras la derrota del régimen nazi, los llamados Juicios de Núremberg consistieron en una serie de procesos judiciales que marcaron un hito, sentando las bases del derecho internacional moderno y sirviendo de precedente para la creación de la Corte Penal Internacional. Por primera vez en la historia, se definieron cuatro categorías de delitos, denominadas: crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y conspiración. También se estableció que la obediencia debida a superiores no exime de responsabilidad criminal.

    Sin duda, el más conocido de estos procesos es el principal, comenzado el 20 de Noviembre del año 1945. Proceso del cual, en este 2025, se cumplieron 80 años. No obstante, se llevaron a cabo otra serie de juicios adicionales contra jueces, médicos, militares, etc. y otras personalidades de menor rango dentro del régimen.

    En el proceso principal, fueron 24 los acusados iniciales, de los que finalmente fueron a juicio 22, dado que uno fue declarado incapaz y otro se suicidó en prisión. Las sentencias finales incluyeron: 12 penas de muerte, 7 penas de prisión de 10 años a cadena perpetua, y 3 absoluciones. Hay que prestar atención clave al tema de la culpabilidad individual, ya que los acusados confiaban en que Alemania sería considerada responsable al ser el Estado para el que actuaban. Si pensamos en esto de una forma analítica nos daremos cuenta de que, realmente, aquel intento de justicia fue de bajo nivel, ya que de los miles de implicados en aquel horror que fue el Holocausto, solo una pequeña parte fueron procesados.

    Y ahora después de este pequeño repaso histórico, muy necesario, y esta breve reflexión, ha llegado el momento de diseccionar un pelín más a fondo lo que nos trae James Vanderbilt en este denso drama judicial. Núremberg nos ofrece una perspectiva algo diferente a la que estamos acostumbrados, ya que se centra en la visión de Douglas Kelley, psiquiatra y oficial del cuerpo de Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, que trabajó para determinar la lucidez de los acusados antes de su juicio. Básicamente, se le conoce como el psiquiatra de los nazis. Kelley, trató de buscar explicación científica al comportamiento monstruoso de estos hombres, llegando a la conclusión de que los prisioneros no eran diferentes a cualesquiera otras personas, no estaban locos ni tenían nada extraordinario. Kelley pasó 8 meses con los acusados, y los sometió a una serie de pruebas para obtener un diagnóstico. Cuando Kelley regresó a E.E.U.U. en el año 1946, escribió artículos y dictó conferencias advirtiendo sobre los riesgos del fascismo.

    Por desgracia, después de los juicios, el psiquiatra tuvo problemas con el alcohol, padeció depresión y, tras una discusión con su esposa, tomó una cápsula de cianuro y murió en el acto. Lo hizo, como vemos, exactamente de la misma manera en la que Göring se quitó la vida antes de ser ejecutado, lo cual evidencia el peso de la estrecha relación que se había creado entre el psiquiatra y el jerarca nazi. A modo de curiosidad cabe añadir que Kelley fue señalado como el culpable de pasar al reo alemán la cápsula de veneno, aunque dicha suposición jamás pudo probarse.

    Sostiene la batuta en el papel de Kelley, Rami Malek, ganador de un Oscar a mejor actor por su memorable interpretación en Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer). El actor nos regala una visión que cabalga a medio camino entre la fascinación y una obsesión que desemboca en un comportamiento decadente. Para preparar su rol, el actor se empapó de lleno en la figura del psiquiatra, llegando a leer su libro 22 cells in Nuremberg: A Psychiatrist Examines the Nazi Criminals.

    El duelo interpretativo se completa con la presencia de un grande entre los grandes: Russell Crowe en el papel de Hermann Göring. Una de las cosas que más me ha gustado del filme, es la inteligente visión del personaje que Crowe nos regala: un hombre afable, amante de su familia, correcto, soberbio, todo lo contrario a la persona cruel y déspota de ese asesino de masas que ya conocemos de sobra. Crowe no necesita presentación, es un actor meticuloso y amante de la perfección en todas sus formas, y así lo demuestran sus numerosos galardones (Óscar, Bafta, Globo de oro), y su popularidad bien forjada. Para Crowe interpretar a Göring fue un desafío ético, dada la importancia de evitar simplificaciones a la hora de interpretar a un villano.

    En la cinta, podemos encontrar otros nombres interesantes como los de Colin Hanks (Orange Country, 2002), Mark O´Briend (Halt and Catch Fire, 2015), Richard E. Grant (Withnail and I, 1987) o el gran Michael Shannon (Revolutionary Road, 2008) entre muchos otros. Sin embargo, la fuerza interpretativa de la cinta recae casi por completo en Malek y Crowe, que defienden sus roles con bastante responsabilidad.

    En conclusión, esta producción basada en el libro El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, nos introduce principalmente en la estrecha relación entre Kelley y Göring, alejándose del tono judicial para proponernos un viaje más íntimo y centrado, sobre todo, en la figura del primero. El uso de material histórico real unido al formato de ficción, otorga a la cinta una puntuación superior y la puesta en escena con cierta naturalidad ayuda a que el público se involucre con los personajes y pueda sacar su propia conclusión, sin entrar en juicios forzados.

    Nieves opina: No se la pierdan, sin duda una de las producciones de este pasado 2025. Por algo tuvo una gran acogida en el festival de Toronto con una ovación de pie de 4 minutos.



                                                                            NIEVES.







domingo, 7 de diciembre de 2025

La larga marcha: camina o muere

 




Hace algunos años, por motivos de tiempo y otras cosas de mucho interés para mi vida, decidí cerrar este blog no sin antes, por supuesto, dar un comunicado en redes. Lo cierto es que me costó muchísimo trabajo, pero también reconozco que estaba agotada, la falta de material me causaba ansiedad y no tenía tiempo para ver todo el cine que me gustaría. Las cosas han cambiado, y he decidido que ha llegado el momento de volver a abrir este blog con amor, sin prisas, y con el fin más bonito que existe: seguir alimentando mi pasión por el cine. En resumen: ¡Nieves ha vuelto! Y aquí la tendréis de vez en cuando, sin prisas, para hablar de cine y de todo lo que le apetezca. Y dicho esto, es hora de que Caosfera arranque:


Reconozco que el Señor King nunca ha sido santo de mi devoción, y sé bien que al decir esto me estoy ganando que unos cuántos -y cuántas- fans del género se me tiren encima cual horda de perros zombies famélicos. No importa, mi misión es hacer honor a la verdad. ¿Por qué me pasa esto? Pues porque muchos de sus libros se alargan cual chicle, con algunas escenas interminables e innecesarias y, aún a pesar de que muchas de sus premisas son interesantes, acaban soterradas por cientos y cientos de palabras que no aportan nada a las tramas. Sin embargo, he de reconocer que cuenta con algunas historias que son lo que deben ser: crudas, interesantes y breves. Es el caso de dos obras firmadas bajo el pseudónimo Richard Bachman fechadas en la década de los setenta: Rabia (1977) y La larga marcha (1979), que recientemente ha tenido una versión cinematográfica a cargo de Francis Lawrence.

    La larga marcha es una cinta de ciencia ficción en la que se nos presenta un futuro distópico donde priman la pobreza y la inseguridad económica. En este contexto, nos encontramos con una competición, o concurso, en la que los participantes deben atajar una caminata sin fin, hasta llegar al límite de sus posibilidades físicas. Solo uno podrá llegar al final y formular un deseo, el resto serán ejecutados sin compasión.

    Y con semejante premisa, ahora llega la pregunta del millón: ¿la producción alcanza altas cotas de crueldad? Sí, las alcanza, es una película dura, no apta para pusilánimes. Sin embargo, está muy lejos de poder catalogarse como una simple película de terror basada en una única premisa: camina o muere. Si algo me ha gustado de esta cinta es que va mucho más allá de eso, porque estamos ante una oda a la amistad, un guion que explora la importancia de la solidaridad y un canto al amor más incondicional. Una cinta que, a pesar de tomarse ciertas licencias narrativas, cumple con el espíritu del original de King llegando a tocar el corazón del público más curtido.

    La cinta está dotada de un alto valor narrativo y presenta, sin cortarse un pelo, situaciones terribles, incómodas, escatológicas e, inclusive, humorísticas, muy bien conseguidas gracias al excelente trabajo del elenco. Y es que nos encontramos con nombres de la talla de Cooper Hoffman (Licorice Pizza), David Jonsson (Alien: Romulus), Charlie Plummer (El asesino del nudo), Roman Griffin Davis (Jojo Rabbit), Garrett Waering (El coro) o el archiconocido Mark Hamill, que no necesita presentación. Sí, estamos ante una obra coral con un último tramo que resulta prodigioso y cuasi poético.

    En resumidas cuentas: La larga marcha me ha demostrado -tampoco sería la primera vez- que menos es más. Una obra minimalista, bastante alejada del cine-espectáculo al que nos tiene acostumbrados Francis Lawrence (Los juegos del hambreConstantine), que se apoya en una verdad devastadora: la crueldad como espectáculo normalizado, el verdadero germen de lo inhumano.

    Como os habréis dado cuenta, Nieves ha disfrutado muchísimo este estreno, mucho más disfrutable si estáis en buena compañía. Espero que esta reseña os haya gustado y que os apetezca seguir leyendo las opiniones de una servidora -que no se va a cortar un pelo- en Caosfera.


Os quiere:


NIEVES G. BRIONES






martes, 29 de noviembre de 2022

Hellraiser



 

La espera ha sido larga, muy larga, pero, finalmente, ya está aquí una de las cintas más esperadas de este 2022, año bastante prolijo en cuanto a lanzamientos tanto a nivel cinematográfico, como televisivo. La noticia era de esas que corren como la pólvora: una nueva versión de Hellraiser, clásico ya de culto que vio la luz allá por el año 1987, estaba por llegar, y además con un nuevo lavado de cara. Carne de polémica.
    
    Muchos fuimos los que, en un primer momento, esperábamos una nueva versión de la famosa novela de Clive Barker, piedra sobre la que está fundamentada el primer film, dirigido por el propio autor, pero cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que se trataría de un reboot, o lo que es lo mismo: un reinicio, aunque, eso sí, basado en los mismos conceptos. Pero antes de que este proyecto pudiese salir a flote, Barker estuvo inmerso en una interminable batalla por los derechos de la franquicia, y en el arduo intento de sacar a la luz otros proyectos inconclusos como una serie para HBO que terminó siendo cancelada (ignoro si el proyecto ha vuelto a retomarse). 

    La historia que nos presenta esta nueva versión, no tiene nada que ver con la novela original, aunque respeta su espíritu: Riley McKendry está en terapia debido a sus adicciones, pero no consigue remontar gracias a la mala influencia de su novio, Trevor, quien termina convenciéndola de robar en un almacén, donde se encuentran objetos de incalculable valor. Para su sorpresa, dan con una antigua reliquia, íntimamente relacionada con el excéntrico millonario Roland Voight. Estamos hablando, cómo no, de la famosa Configuración del lamento o Caja de Lemarchand. 

    El primer e interesante cambio, radica en la figura de los Cenobitas, verdaderos protagonistas de esta historia. La imagen de Pinhead, también conocido como Sacerdote del infierno, se acerca bastante a la original figura andrógina, descrita por Barker en su novela. Incluso la voz comparte similitudes con tono femenino que figura en el libro. En esta ocasión, las vestimentas de látex desaparecen, para dar paso a unos diseños más orgánicos con malformaciones, cortes y desfiguraciones varias pero, eso sí, más sofisticados que los diseños de antaño. La alargada sombra de Doug Bradley, nuestro Pinhead predilecto, no impide que el trabajo de Jamie Clayton (Sense 8, The Neon demon) en la piel nuevo y sibilino sacerdote, pueda ser valorado como se merece. Igualmente, cabe destacar lo acertado del casting a la hora de representar al resto de tan siniestras figuras, haciendo especial hincapié en el nuevo diseño de Chatterer, con un impresionante Jason Liles tras la máscara.

    El director David Bruckner (El ritual, The Night House), mantiene un más que correcto pulso narrativo, en este sentido se nota su experiencia y superioridad por encima de la de Barker, algo caótica debido a su condición de director amateur. Muy acertado, también, el guion de David S. Goyer aunque, por sacarle un pero, sí que es cierto que anda algo cojo en cuanto a sangre, a pesar de lo estelar de la última escena. En el aspecto visual, no se le puede poner pega alguna, pues la fotografía de Eli Born es tan preciosista como destacable. Otro punto a tener en cuenta es la excelente banda sonora de Ben Lovett que, ¡oh sorpresa! sigue manteniendo la partitura de la pieza original, compuesta por el gran Christopher Young. Para rematar, tenemos un reparto más que solvente, encabezado por Odessa A´zion (Nashville, Grand Army) en el papel protagonista, así como el aliciente de sus magníficos efectos visuales.

    El estreno mundial de Hellraiser se llevó a cabo el pasado 28 de septiembre en el Fantastic Fest de Austin, poco antes de su estreno, el 4 de octubre, a través de la plataforma Hulu, con gran éxito. No es para menos, puesto que se trata de un reinicio excelente y, podría decir incluso, la mejor entrega desde Hellbound, el único título decente antes de que la saga cayese en un pozo de mediocridad bastante profundo. 






NIEVES G. BRIONES




domingo, 23 de octubre de 2022

Díptico experimental de Marian Dora: "Peste de la humanidad" y "El deseo de María D.”

 



¡Estrenamos por todo lo alto! Jose Ángel Conde regresa a Caosfera, y lo hace para hablarnos de las dos últimas producciones firmadas por el controvertido director Marian Dora. Un artículo "exquisito" para los amantes del cine más crudo y difícil de digerir...



Marian Dora sigue ofreciendo una de las filmografías más incómodas, polémicas y transgresoras de lo que llevamos de siglo y que, pese a sus excesos formales y sus mixtificaciones promocionales, se nos revela cada vez más coherente y madura. En este mismo blog ya le dedicamos un extenso artículo, “Marian Dora, la melancolía de lo extremo”, donde analizábamos en profundidad el estilo y las principales obras del director de La melancolía del ángel (Melancholie der Engel, 2009), la película de culto que dio a conocer su universo extremo. A ese texto remitimos para ampliar más sobre su figura, la de un autor con devoción por los límites. El lector también encontrará muy útiles dos entrevistas en inglés publicadas por la web especializada Severed Cinema: Bending morality: the world of Marian Dora y Blight of morality: the world of Marian Dora, de la cual reproducimos algunos extractos a lo largo de este artículo.

    Las dos películas que analizamos a continuación, Peste de la humanidad (Pesthauch der Menschlichkeit / Blight of humanity) y El deseo de Maria D. (Das Verlangen der Maria D. / “The yearning of Maria D.” / “Dead center of desire”) fueron rodadas en 2018 y estrenadas en 2020 en el BUT Filmfestival de Holanda, para luego ser distribuidas en un cuidado mediabook de edición limitada a 666 copias, siendo como es el disco digital casi el único canal para un tipo de cine plenamente consciente de vivir al margen del gran público. El contenido incluye abundantes extras, como los dos documentales dedicados a cada una de las películas firmados por su productor ejecutivo y también influyente cineasta del underground alemán, Rene Wiesner: Tribut Der Unmenschlichkeit (2020) y Shooting underground (2020). El díptico supone el esperadísimo regreso al largometraje de Marian Dora tras Carcinoma, producida en 2014, un lapso de tiempo relativamente largo en el que sin embargo el realizador alemán no ha dejado de estar activo: mientras la deseada y ya maldita antología colectiva The Profane Exhibit (2013) sigue posponiendo su lanzamiento, el alemán aprovecha para pedir la retirada de su segmento Mors in Tabula, por “haber ido demasiado lejos y esto quizás podría tener graves consecuencias en Estados Unidos”, así que rueda un nuevo corto más “digestivo” y sin el material real que incluía el anterior; después de la congelación de otra película de episodios, Grimms Kinder, recupera algunas escenas de su capítulo Hänsel & Gretel y, tras la muerte de su maestro Ulli Lommel, las remezcla con escenas de la cuarta secuela de su saga Boogeyman, Boogeyman: Reincarnation (2016), donde Dora había trabajado en los efectos especiales bajo el pseudónimo “Marian Dallamano”, resultando la pieza Morbid Montage (2018), la cual se incluirá en una nueva versión extendida de Melancholie der Engel en Bluray; por último, este mismo año 2022 ha tenido lugar la premiere del que es hasta la fecha su último largometraje, Thomas und Marco, en el que vuelve a trabajar con el temperamental actor teutón Thomas Goersch.

    La idea del presente díptico es fruto de la perenne vocación experimental del director alemán. Según el propio Marian Dora, su intención era forzarse a rodar dos películas aprovechando una misma localización, una de las cuales se desarrollase de forma íntegra en exteriores y la otra en un escenario interior, un poco siguiendo las premisas que dieron origen a Reise nach Agatis (2010), que se filmó en pocos días en un yate navegando por aguas de Croacia. “Otra idea era llevar el concepto del minimalismo fílmico hasta sus extremos. Es prácticamente imposible emplear escenarios más reducidos: una película sólo con una actriz en una casa, la otra película con tres personas caminando en la naturaleza”. De hecho cada una de las dos películas comparte una secuencia que sirve de bisagra entre los dos espacios, al aparecer los personajes de ambas observándose y siendo observados a través de una misma ventana, cada grupo en su campo diegético correspondiente, un curioso y elegante juego de espejos metanarrativo que establece una unidad intencional y conceptual entre los dos relatos. Y esto es porque su objetivo común, bien que plasmado con tonos distintos y muy marcados como veremos, no deja de ser el mismo de toda la filmografía de Dora, a saber: la suspensión del juicio moral del espectador, una epojé que subvierta su sistema de valores habitual y le transporte a un estado de catarsis negativa donde todo es aceptado y los polos desaparecen para entremezclarse en una suerte de lucidez o inocencia oscura de la que no se puede escapar. El contrapunto deviene de nuevo la opción estética más lógica, en un sentido si se quiere brechtiano pero de facto más bien eisensteiniano, puesto que el montaje dialéctico es la principal arma técnica para llevar a cabo esta labor de extrañamiento, a base de promover la mayor colisión posible entre todos los elementos fílmicos a su disposición. A su cine se le suelen achacar elecciones formales ambiguas y el hacer gala de una truculencia tremendista, forzada y gratuita, y es seguro que estas dos nuevas películas no van a cambiar esa posición, pero a la hora de juzgarlo es imprescindible entender que la economía de medios resulta aquí decisiva, no menos el carácter minoritario de su cine. Porque Marian Dora se declara un creador de cine underground y esto para él significa seguir fiel a una filosofía que establece unas premisas muy concretas: autoría total (por la que el realizador lleva a cabo la mayor parte de los procesos de producción, incluida la música pese a carecer de formación en este campo, ya que al componerse ésta de forma intuitiva se consigue una mayor unidad expresiva y emocional), minimalismo técnico (ausencia de sonido directo, equipos ligeros y manejables), rodaje en continuidad (grabación espontánea y continua, es decir, filmarlo todo para luego darle sentido mediante el montaje), fisicidad en la interpretación de los actores (explotando su anatomía al máximo, fluidos incluidos) y anonimato (no sólo por razones de seguridad sino para que la obra sea apreciada por sí misma y no se vea enturbiada por el reconocimiento de la persona que la crea). La citada entrevista Blight of morality: the world of Marian Dora recoge detalles técnicos muy valiosos en torno a estas ideas y al proceso de producción de sus películas, lo que la hace muy recomendable para cineastas independientes, además de dejar en evidencia a la escolástica cinematográfica y mostrar un sabio escepticismo hacia el cine profesional, conceptos ambos con los que Dora siempre pretende (y consigue) establecer una separación militante y radical.





El deseo de Maria D.

(Das Verlangen der Maria D. / The yearning of Maria D. / Dead center of desire 2018)

Aunque el orden de visionado del díptico no debería ser estricto quizá sí que sería recomendable simular cierto crescendo comenzando por El deseo de Maria D., sin duda una de las cotas más líricas de toda la filmografía de Marian Dora, eso sí, teniendo siempre presente el muy personal concepto de belleza y la iconoclasta sensibilidad de su director. Se trata de una poética anticonvencional, dura para los sentidos, que enfrenta los aspectos más escatológicos, extremos y desagradables de la existencia, tabús que sin embargo son parte inseparable de ella al fin y al cabo. En este caso concreto se establece un marcado diálogo entre dos conceptos complementarios aunque habitualmente separados por el cine comercial, como son el eros y el thanatos, no en vano los dos ejes temáticos medulares del autor. Bien es cierto que Maria D. podría enmarcarse dentro de una serie de películas que en los últimos años se han atrevido a enfrentar al cuerpo femenino con la muerte y la decadencia, en títulos como Thanatomorphose (2012), Excision (2012) o Contracted (2013), por no olvidarnos del exponente más célebre en este terreno, la saga Nekromantik. Pero lejos de seguir una tendencia, y no olvidando que algunos de dichos films muestran diferentes intenciones, la dialéctica sexo-muerte siempre ha sido parte esencial del discurso del alemán. El título de la cinta remite en cierto modo al pseudónimo de su director, con lo que podríamos considerar que la peripecia de su protagonista no deja de ser una metáfora de la propia concepción existencial de Marian Dora, puede que no exenta de referencias autobiográficas.

    La trama de nuevo es tenue y sigue la evolución del personaje de Maria D., interpretado por Shivabel Coeurnoir, joven actriz y modelo cuya muerte se anunció el pasado 9 de julio de 2021, fatal casualidad que confiere un aura más maldita y alegórica si cabe al resultado final. Esta belleza israelí, aficionada al esoterismo y la magia, era una auténtica figura de culto por su vinculación con la escena witch house y en particular con Cosmotropia de Xam, otro de los representantes del underground teutón, convirtiéndose en uno de los rostros referenciales tanto de sus películas como de su proyecto video-musical Mater Suspiria Vision. Shivabel nos deja una interpretación soberbia que supera con sobresaliente el exigente y extenuante desafío que supone trabajar con un director como Marian Dora, que exprime al máximo la personalidad y el cuerpo de sus actores hasta el punto de la crueldad, o al menos ese es el estigma que lleva después de un rodaje tan traumático como el de Melancholie der Engel. De hecho ha declarado no haberse sentido cómodo trabajando con ella: “Tuve muchísimos problemas con Shivabel, se negaba a actuar. Cuando le pedía que mostrara emociones, se negaba. Me dijo que nunca le había ocurrido antes que un director quisiera que expresara emociones”. Y sin embargo Shivabel Coeurnoir lleva sobre sus hombros todo el peso interpretativo de la película como casi único actor de la misma, dando todo su ser, literalmente cuerpo y alma, para transmitir los complejos conceptos y navegar por todos los extenuantes niveles y registros que exige su personaje, en un inolvidable trabajo reminiscente del de Margarethe von Stern, musa del esotérico director Carsten Frank, ambos vinculados también en su momento al círculo del propio Dora. La desparecida actriz se erige en memorable psicopompo femenino que a través de la magia de la cámara nos introduce en su espacialmente limitado sancta sanctorum, pero abierto a infinitos portales de ternura, lujuria y violencia que culminan eventualmente en lo místico y lo sagrado, oficiando un auténtico ritual actoral.

    Maria D. es en realidad una sensual asceta, valga la contradicción, que desemboca en lo transcendente, quizá sin saberlo, pero de forma irreversible en el momento en que acepta su deseo y se entrega a él con todas sus consecuencias. Lo religioso y lo profano se funden y confunden en el enésimo contrapunto del director, que vuelve a recurrir a la imaginería cristiana para reforzar el impacto del mismo, en concreto la del cristianismo primitivo, con su fervor escatológico y brutal tanto en lo estético como en lo espiritual. Esta sensibilidad es la que impregna sobre todo el montaje de la primera parte del film, donde Maria D. se nos aparece en un entorno mediterráneo, abrasado por el sol, que no se especifica pero que recuerda a Grecia por la obsesiva presencia de la iconografía y el ritual ortodoxo. La protagonista se dedica a deambular por iglesias y toda suerte de lugares de culto, rodeada de devotos y turistas pero decididamente aislada de la multitud, abstraída en una atmósfera onírica pero no idílica, sino opresiva y asfixiante como lo era la de Reise nach Agatis, aunque en su fondo desesperado se respire esta vez un atisbo de melancolía que pugna por cristalizar. Es entonces cuando Maria D. profundiza en lugares más oscuros y menos transitados, principalmente panteones funerarios y osarios, entornos donde la cámara del director recupera el pulso necrófilo y la recreación en las imágenes macabras que caracterizaba a sus primeros cortometrajes (Die Toten von St.Angelo, Christian B., Subcimitero). En el abismo de las catacumbas percibimos que el personaje se siente más cómodo con los muertos que con los vivos, y así vamos conociendo la naturaleza de su soledad y como ésta es inevitable y elegida, autoconsciente. “Estoy siempre sola” dice insistentemente en el aislamiento íntimo de su casa, edén solipsista presentado con un aire infantil y vetusto, alejado de un mundo exterior que le parece hostil, donde los objetos y las sensaciones parecen tener vida propia y conformar un estado de cosas similar al de la infancia, un ensueño inocente, una nostalgia decrépita hacia no se sabe bien qué, remarcada por el implacable sonido de un reloj de pared.




    En la segunda parte de la película ya entramos en una narración plenamente intimista, con la voz en off, la música y las imágenes, lo interno y lo externo fundiéndose en una melodía audiovisual que nos va ir mostrando el ser completo (y complejo) de Maria D. a lo largo del relato de su clausura. Enseguida aparece el desencadenante, cuando la joven descubre en un edificio abandonado (de nuevo lo caduco) un cofre con unos restos mortales cuya identidad se resume en una placa con la fotografía de un hermoso muchacho, ante la que nuestra particular heroína tiene un flechazo, no se sabe si de amor o de puro deseo. Lo cierto es que a partir de aquí la película se centra en narrar las diferentes fases de la relación necrófila que se establece entre Maria D. y el cadáver, desplegando un poderoso contraste entre la suavidad etérea y la elegancia de una puesta en escena que recuerda a la de una película erótica de los años 70 (el cine exploitation como sempiterna referencia) y la crudeza en la presentación explícita de hechos escatológicos a la que Marian Dora nos tiene ya tan acostumbrados, envuelto todo en ese ambiente vaporoso y onírico que también es marca de la casa. Partimos desde el anhelo idealizado de una adolescente que descubriera el primer amor (de hecho así es, porque es la primera vez que conoce a la muerte), al que ella misma se refiere con el nombre “Thanos”, hasta la relación física cuando consigue hacerse con sus restos mortales tras pagar a un hombre para que los robe, Schroff, interpretado por el corpulento y experimentado Marco Klammer, único personaje que le sirve de enlace con el mundo exterior y que se muestra siempre primario y carente de empatía, progresivamente amenazador. Una vez reunida con su amado, Maria D. hace de su casa un templo y de su deseo una religión, desplegando todo su fervor en un crescendo de sensualidad y entrega mutua, desde el primer desnudo que abre la puerta al ciclo de intercambios sexuales entre la mujer y los huesos, para avanzar dejándose llevar por la voluptuosidad y el placer del sexo entre los cuerpos y las almas, una viva y la otra muerta, pero unidas y confundidas en un acto que tiene tanto de carnal como de místico. El desenlace tiene lugar mediante el martirio, en consonancia con la iconografía y el sentimiento católico latente durante todo el fluir fílmico, lo espiritual emergiendo cuando la sensualidad corporal sobrepasa sus límites. El dolor se suma al placer, como si hubiera que alcanzar los dos extremos para que la unión de los cuerpos se completara, condición de la trascendencia. El baile final con la muerte, casi un orgasmo visual, cierra el concepto de “danza macabra” (o cópula) que preside todo el film. Llegados a este punto no queda claro si el motivo central es el deseo o el amor, la necesidad de ambos o incluso el amor a la muerte como aceptación de su inevitabilidad, pero sin duda es esta ambigüedad una de sus mayores riquezas. Sobre ello podemos acudir de nuevo a la opinión de su director: “Al menos desde las películas de Nekromantik todo el mundo lo sabe: los necrófilos aman los cadáveres PORQUE están muertos. Pero María ama a Thanos INCLUSO AUNQUE está muerto”.




Peste de la humanidad

(Pesthauch der Menschlichkeit / Blight of humanity, 2018)

Culminar el díptico con Peste de la humanidad es aconsejable para el espectador que quiera ir en consonancia con la pretensión de epatar siempre inherente al cine de Dora, ya que si Maria D. es quizá su película más “accesible”, aquella es deliberadamente oscura y deja bastante desarmado al espectador para una posible explicación a las atrocidades contempladas. El resultado es realmente muy incómodo de ver y hace dudar de si hay en verdad un contenido detrás o si ese radicalismo gráfico no obedece sin más al afán de buscar el escándalo de forma gratuita para reafirmar su aureola de director maldito. Esta disyuntiva puede aplicarse a casi todas sus películas, pero sin embargo siempre parece inclinarse a su favor, no sólo porque las posibles razones comerciales quedarían ahogadas ante la minúscula distribución, sino porque estamos ante un autor tan visceral que sus obsesiones personales siempre acaban aflorando de un modo u otro, sin importar la brutalidad de las imágenes que utilice para distanciarnos.

    Continuando con el experimento comentado, Peste de la humanidad está íntegramente rodada en localizaciones exteriores en la provincia italiana de Varese, en los alrededores del mismo edificio donde Maria D. tiene lugar. Se trata de un paraje natural de bosques y lagos en cuya hermosura se regodea la cámara de Marian Dora, brindándonos planos de gran belleza visual, de factura casi publicitaria, demostrativos de que la madurez del alemán también es extensible a su capacidad fotográfica, sin renunciar nunca al amateurismo de los medios: “No usé cámara de cine, sino una cámara de fotos DSLR, y para las escenas de flashback de El deseo de Maria D. empleé Video 8. Algunas escenas las grabé con mi móvil cuando las baterías de la DSLR se acababan”. El tratamiento pues nos sumerge en una naturaleza casi idílica, tono bucólico que se refuerza aún más, al menos en un principio, si atendemos a lo pintoresco del comportamiento de los tres únicos personajes que van a hacer avanzar la historia: Frak (Jörg Wischnauski), un hombre maduro que parece ser un mentor o tutor que no para de dar repetitivos consejos sobre comportamiento a Marietta (Marietta Fiori), una joven de edad indeterminada, perversamente caracterizada como una niña, que muestra una pasividad y un mutismo cuyas razones no se nos explican (¿repentina orfandad?, ¿repudio familiar?) mientras carga con un cesto de mimbre (lo que remite a cierto simbolismo buñuelesco); cierra el trío Verus (Johnatan Maria von Gross), la desconcertante presencia de un enano incapaz de articular palabras inteligibles y que presenta evidentes indicios de retraso mental en su comportamiento caprichoso, impertinente e infantil. Bien pudieran ser figuras sacadas de un cuento de Lewis Carroll, entre lo lúdico y lo absurdo, pero cualquier ambigüedad victoriana que pudiera intuirse en un principio poco a poco va a ir desapareciendo para entrar en un terreno estrictamente vulgar. Una vez más la interpretación total es la que mueve el metraje, más que la inexistente anécdota argumental, una excusa para el acostumbrado ritmo progresivo de un nuevo teatro de la crueldad apoyado en la violencia hacia el cuerpo y el espíritu, algo en lo que tanto Jörg Wischnauski como Marietta Fiori poseen amplia experiencia por su trabajo con el director de porno ocultista Marco Malattia y su productora Vans La Furka Laboratories. Johnatan Maria von Gross es más desconocido, vinculado al productor Rene Wiesner, y sin duda logra convertirse en la gran estrella de la película, ya que logra una potente interpretación basculando entre la simpatía, la extrañeza y la náusea, no sólo por la naturalidad con que se sumerge en las acciones más repulsivas, sino porque la inocencia adánica, casi angelical (¿luciferina?) que logra conferir a un personaje a priori tan desagradable es fundamental para expresar el intrincado concepto que el propio Marian Dora nos escamotea a propósito con su narración.




    Durante toda la proyección seguimos al trío sin saber nada de su destino ni de sus intenciones, tan sólo asistiendo a la evolución y la metamorfosis de sus comportamientos como si de una terapia de grupo se tratase, con la naturaleza salvaje como único testigo y juez, pero también como influencia velada y eventual repositorio. Precisamente lo que supone este periplo es una regresión hacia lo primitivo, porque el aislamiento del campo, lejos de nuevo de la civilización, sin ataduras convencionales, contribuye a que aflore la auténtica humanidad, en el nihilista sentido en que la concibe Dora. Pronto la ridícula charla de adoctrinamiento moral con que Frak bombardea a la inane Marietta se revelará burda hipocresía ante la escalada en las molestas acciones de Verus, cada vez más hostil y agresivo hacia la joven. Frak le reprende al principio, incluso le golpea, pero como el enano insista en su intolerable conducta se producirá un incomprensible giro en su actitud al decidirse por dejarle hacer, excusándole primero por la supuesta inocencia de su condición, para después ir culpando a la propia Marietta de la violencia del enano. Porque este, ya no sin trabas, sino incluso con la connivencia y ayuda de Frak, llegará hasta el extremo, explorando primero su desnudez y todos sus orificios, invadiendo su cuerpo por medio de la tortura y la vejación después, hasta llegar a la aniquilación total de su ser, jugando incluso con sus restos y sus vísceras como si nada de lo que hiciera tuviera la más mínima importancia, para acabar dejando que el cadáver sea arrastrado por la corriente del río en otra alegoría de difícil comprensión. Por si esto fuera poco, el insano montaje de Dora no ha dejado de golpearnos sin piedad durante todo el nauseabundo proceso insertando imágenes de cerdos muertos y empalados en el barro del pantano, un repulsivo y estomagante paralelismo que puede llegar a exasperar al espectador por sus reminiscencias misóginas.

    Terminada la proyección, los posos de la indignación y la confusión fermentan en nuestro cerebro durante el duro proceso de buscar una explicación a lo presenciado. La primera lectura puede concluir que hemos asistido a un despliegue de torture porn con ínfulas artísticas, pero con Marian Dora nada es nunca tan unilateral: la técnica del contrapunto es de nuevo omnipresente y apela al movimiento de nuestra conciencia. La historia remite a otras alegorías primitivistas donde la presentación de edenes negativos sirve para vehicular visiones escépticas, cuando no pesimistas o nihilistas, sobre el comportamiento del hombre fuera del yugo social, como ocurre en gran parte del cine mondo. Gualtiero Jacopetti y Ruggero Deodato serían aquí los declarados referentes de nuestro director si nos quedamos con la lectura reaccionaria de este tipo de cine, no exento de paternalismo criptocolonialista, donde se especula, entre otras cosas, con que un exceso de tolerancia hacia ciertas actitudes no debería ser permisible porque desembocaría en un empeoramiento de las mismas. Además Dora elige presentar unas acciones deleznables de forma cruda, con ese realismo falseado tan característico suyo, en el que no emite opinión ni nos ofrece información sobre los implicados, una neutralidad aterradora que recuerda mucho a la elección estética de Pier Paolo Pasolini en Saló. Sobre si esta política visual está justificada, Dora es bastante claro: “¿Está justificado mostrar sacrificios con el motivo de evitar más sufrimiento? No es posible encontrar una respuesta universal, pero es cierto que la actitud del cine underground a veces es esta: en algunos casos y bajo ciertas condiciones puede estar justificado”. El realizador también afirma que el juego moral que quiere proponer es la exposición del drama natural y ecológico inherente al consumo animal, mediante la extrapolación de la tortura que sufre Marietta, polémico asunto con el que se conjuraría la posibilidad de la misoginia y se buscaría proyectar la impotencia del crimen individual en el crimen de masas que la humanidad comete diariamente sobre las diferentes especies animales para alimentarse. El título de la película refuerza esta interpretación, de modo que la especie humana sería una “peste”, una plaga para el resto de los seres vivos con los que convive en la naturaleza. A muchos les sorprenderá este enfoque cuando el alemán siempre ha sido muy criticado precisamente por la forma de tratar a los animales en sus películas, ante lo que él se excusa diciendo que estos o bien aparecen ya muertos, o bien sus muertes son provocadas por otros o simuladas mediante el juego con el montaje y la manipulación visual.

    Pero las interpretaciones no tienen por qué terminar aquí. Aparte de la influencia del mondo, es más que patente una dimensión mucho más simbólica e incluso poética, pero aún más amoral si cabe, donde la inocencia prístina es afirmada por su pureza más allá del bien y del mal. El personaje de Verus, cuyo nombre significa “verdadero” en latín, sería aquí un ejemplo de la auténtica naturaleza del hombre, su parte más salvaje pero también más sincera por fin liberada, y así tendría sentido establecer también una lectura psicológica en la que los tres personajes representaran cada una de las instancias de la consciencia freudiana: Frak sería el superyó, Marietta el ego y Verus el ello. Y por encima de todo estaría la naturaleza idílica donde los inocentes desencadenan la tragedia porque esta es parte del propio ciclo vital, planteamiento que podría remitir al de El señor de las moscas pero, viniendo del propio Dora, conectaría más bien con la aspereza lírica del “cine Pánico” de Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal (Fando y Lis, El Topo) pero sobre todo a uno de los filmes que el alemán considera uno de sus preferidos: Maladolescenza (1977) de Pier Giuseppe Murgia. Abundando más en esta paradoja podemos remitir a los últimos planos de tono trascendente del film, donde Marietta aparece en medio del lago fusionada con la naturaleza en unas hermosas tomas de dron que juegan con el efecto espejo entre agua y cielo, mientras por su parte Verus se solaza en el campo fotografiado en imágenes preciosistas que le dan la apariencia de un querubín. Aquí no hay ningún asidero religioso como en Maria D., como no sea el de un paganismo amoral o una inversión satánica, una moraleja a la contra que aceptara la grandiosidad de lo terrible. Si aquella era una afirmación de la muerte, Peste de la humanidad también podría ser vista como una afirmación de la vida, con todas sus consecuencias. Sea como fuere, al final Marian Dora nos ha vuelto a descolocar a base de no tener piedad: “Cualquiera que decida ver un film underground decide contra el escapismo y contra el entretenimiento. El underground siempre busca ser confrontacional. Por lo tanto, me gusta que haya gente dispuesta a exponerse al underground. Encarar la verdad no es el principal problema de este mundo. El problema es huir de ella”.





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domingo, 22 de mayo de 2022

German Film Fest Madrid

 



¡Nueva entrada semanal! Hoy Caosfera se hace eco de un interesante evento cinematográfico: llega, muy próximamente el Festival de Cine Alemán de Madrid, que se celebrará del 8 al 12 de junio. Una edición llena de títulos interesantes, que llega inaugurada por la cinta Whispers of war de Florian Hoffmann. Aquí tenéis toda la información, enlaces de redes y venta de entradas. 



El Festival de Cine Alemán de Madrid vuelve convertido en German Film Fest Madrid. Nuevo nombre, mismo objetivo: ampliar el imaginario del cine alemán en nuestro país. Del 8 al 12 de junio en los cines del Palacio de la Prensa (Callao). Este festival es una iniciativa de German Films con la colaboración del Goethe-Institut Madrid y de la Embajada de la República Federal de Alemania de Madrid.

    La guerra de la desinformación. Una edición que se inaugurará con Whispers of war, de Hoffmann, un minucioso trabajo de investigación y documentación sobre una de las facetas menos conocidas del conflicto kurdo-turco: la guerra mediática.


Whispers of war



    La película narra la historia de Khalil, un maestro de escuela en Berlín, que se niega a considerar que su hermana ha muerto en manos del ejército turco, y que se aferra a su desaparición con la esperanza de hallarla con vida. Khalil (interpretado por el actor iraní Hadi Khanjanpour) logra hacerse con unas imágenes de su ciudad natal kurda de Cizre. El metraje finalmente lo lleva a unirse a una red de activistas de video que luchan por obtener más atención en los medios. Al ayudarlos, espera volver a conectarse con su hermana perdida hace mucho tiempo, que trabaja como operadora de cámara en la zona de combate.

    Una película que muestra cómo la guerra impacta en nuestras vidas de una manera que no es fácil de entender. La censura sobre las informaciones de los ataques a la población civil y las agresiones cotidianas de que son objeto la población kurda, ha propiciado que las redes sociales sean los únicos altavoces de esos testimonios.

    Frente a esto, televisiones y periódicos, vinculados a lobbies de presión, ocultan el conflicto. Florian Hoffmann reflexiona por qué se informa sobre algunas guerras y otras parecen no tener suficiente valor informativo. “Hoy en día, nuestra idea de la guerra está formada principalmente por imágenes de guerra particularmente brutales, en parte también propagadas por las películas de Hollywood. Se “necesita” un cierto nivel de brutalidad para que una guerra reciba cobertura mediática” señala Hoffmann.




    El director ha preferido el formato ficción al documental, para poder mostrar el alcance del enfrentamiento en el terreno familiar, en la intimidad de una pareja, expresando hasta qué nivel se pueden modificar el comportamiento y las emociones. “Originalmente, quería canalizar todo el metraje que tenía en un documental, pero me di cuenta de que habría puesto en peligro crítico a muchas personas. Finalmente decidí entretejer la abundancia de videos que tenía en una historia parcialmente ficticia” apunta el director de Whispers of War.

    Ya sabes, del 8 al 12 de junio, German Film Fest Madrid: un repaso a la última hornada cinematográfica, con especial atención al cine más independiente y alternativo; un espacio (también) para la no-ficción; un ciclo de cortometrajes disruptivos y alguna que otra sorpresa más.



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domingo, 3 de abril de 2022

Entrevista a Max

 




Máximo Agulló Meraz -nuestro Max- se ha convertido en un nuevo valor del mundo de la interpretación, gracias a su reciente galardón como mejor actor en el FICIMAD (Festival Internacional de Cine Independiente de Madrid). El éxito le ha llegado debido a su protagonismo en el mediometraje MAX.EXE, firmado por Oscar Villalta Macián, donde compartía protagonismo junto a Elda Meraz. Llevaba mucho tiempo queriendo entrevistar a Max y hoy, por fin, es el día. Así os pido que no os perdáis lo que tiene que contar este niño lleno de talentos :).




1. ¿Quién es Max? Háblanos un poco de ti. 

Soy un niño de diez años apasionado por el cine, sobre todo el cine de los 80. Me gusta coleccionar, tocar la trompeta y jugar video juegos.


2. ¿Cuándo te entró el gusanillo por el mundo de la interpretación?

 Hace dos años, cuando se me propuso interpretar "Max.Exe". Cuando leí el guión me gustó mucho, ya que hablaba de mí y parte de mi vida .No me lo pensé dos veces.


3. Imaginabas algún día que ibas a terminar protagonizando un proyecto como Max.exe

No, la verdad que no, como te digo sólo me apasionaba el cine como un espectador, y vivirlo como actor ha sido una experiencia muy bonita.


4. ¿Cómo ha sido la experiencia de actuar? 

Ha sido muy divertida y además he aprendido cómo se hace una película de principio a fin.


5. Te han dado el premio a mejor actor en el FICIMAD 2021,  ¿Cómo has llevado esta victoria? 

Pues la verdad no me lo creí hasta que no lo vi anunciado oficialmente y me dieron el reconocimiento, me sentí muy feliz y orgulloso.


6. Háblanos sobre la experiencia de prepararte para este papel.

 Fue fácil y complicado a la vez, fácil porque prácticamente tenía que actuar sobre mi vida y complicado porque fueron muchas horas de rodaje y memorizar mucho.


7. Me han dicho que, además de actuar, te gusta la música y tocas la trompeta. ¿Te ves en el futuro iniciando una carrera en el mundo de la música? 

Sí, estuve un año en clases de música y lo dejé por la pandemia, ahora he vuelto a retomarlo, no sé aún si me dedique a esto o no, sólo me gustaría aprender a tocar mis bandas sonoras favoritas.


8. ¿Y cuales son tus directores favoritos y los músicos que más te gustan?

 Me gusta John Carpenter y Stephen King. De músicos Queen y Los Ramones.


9. ¿Qué otras cosas del mundo del arte te gustaría aprender? Háblanos de tus inquietudes.

Me gustaría aprender la edición de películas y la parte técnica .


10. Háblanos a cerca de tus futuros proyectos. ¿Tienes prevista una nueva participación? 

Al parecer sí, pero aún no sé decírtelo con seguridad.


Gracias por responder esta entrevista :)


Gracias A ti nieves por tomarte tu tiempo.






domingo, 6 de marzo de 2022

XI edición de "Sombra", Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia

 



¡Ya tenéis disponible la nueva entrada semanal de Caosfera! Se avecina una cita especial para todos los amantes del género, una cita para disfrutar del mejor cine en vena. Del 18 al 26 de marzo se vienen curvas. Razón aquí...




Demons, su director Lamberto Bava y su protagonista Fabiola Toledo inaugurarán la undécima edición de Sombra


Julien Maury y Alexandre Bustillo, Jaume Balagueró, Lone Fleming, Marian Salgado o Ángel Salas serán otros de los invitados del festival que tendrá lugar del 18 al 26 de marzo en la Filmoteca Regional y Fundación Mediterráneo


Pedro García Rex Concejal de Cultura, Turismo y Deportes del Ayuntamiento de Murcia, Carlos peñafiel director general de Competitividad y Calidad Turística, Dani Acuña diseñador del cartel y Javier García Caballero director de Sombra XI Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia, han presentado la programación de la undécima edición de la muestra.


Sombra XI contará con la presencia del director Lamberto Bava y la actriz Fabiola Toledo de la proyección de Demons (1985) en su inauguración el 18 de marzo en la Filmoteca Regional. Bava además recibirá el premio Sombra de Honor en reconocimiento a toda su carrera.


En su undécima edición, el festival bate todos sus récords de alcance nacional estando en Filmin, Dark TV, Planet Horror, Cutrecon y Rock Imperium. En total, Sombra proyectará 40 películas y 22 cortos, tendrá 20 invitados y 16 actividades paralelas.


Sombra abre con Demons, el más genuino terror gore italiano


Muchos se acordarán de la mítica película Demons de 1985 en la que un pandilla de jóvenes iban al cine y vivían su peor pesadilla. Puro terror gore italiano, Sombra no podría haberse acompañado de unos invitados mejores que el director Lamberto Bava y la actriz protagonista Fabiola Toledo. Bava es director, productor y guionista de un buen surtido de títulos de cine fantástico para los más exquisitos paladares del género, entre ellos, Demons y Demons 2.


Lamberto Bava pertenece a la dinastía Bava. Mario Bava, su padre, fue director de cine y su abuelo, Eugenio Bava, fue director de fotografía y escultor.


Otros invitados son Alexandre Bustillo y Julien Maury directores franceses de la mítica À l’intérieur (2007) y de The Deep House (2021) que se proyectará el viernes 25, momento en el que recibirán el premio Serial Killer.


Películas a concurso


Silent Night (Camille Griffin, 2021), Y todos arderán (David Hebrero, 2021), Malencolía (Alfonso Zarauza, 2021), Jacinto (Javi Camino, 2021), Spice Boyz (Vladimir Zinkevich,2021), The Advent Calendar (Patrick Ridremont, 2020) y Barbaque (Fabrice Eboué, 2021).


Los miembros del jurado son Jaume Balagueró, Txintxu Prida, Lone Fleming y Marian Salgado.


Nuevos ciclos: Asiavisión y Rock Imperium


Sombra estrena la sección del conocido festival Rock Imperium que colabora en la proyección de Deathgasm (Jason Lei Howden, 2015).


En el ciclo Asiavisión, del que forman parte las películas más conocidas del fantástico asiático, podremos ver The Medium (Banjong Pisanthanakun, 2021), Beyond Infinite Two Minutes (Junta Yamaguchi, 2020) y Prisoners of Ghostland (Sion Sono, 2021).


En el ciclo Anime, se proyectará El Tiempo Contigo (Makoto Shinkai, 2019), My Hero Academia: Misión Mundial de Héroes (Kenji Nagasaki, 2021) y Jose el Tigre y los Peces (Kôtarô Tamura, 2020).


El ciclo Culto al Culto contará con la proyección de Mulholland Drive (David Lynch, 2002) y Martyrs (Pascal Laugier, 2008).


En la sección Media Window, donde se incluyen películas financiadas con fondos europeos, se podrá ver Andra Sidan (Tord Danielsson, Oskar Mellander, 2020), Mandíbulas (Mr. Oizo, 2020) y Lamb (Valdimar Johannsson, 2021).


Alien en la Biblioteca del 16 de marzo al 14 de abril


Sombra inaugurará el 16 marzo, un mes antes de que comience el festival, una exposición para los más exquisitos y curiosos. En su undécima edición, ha elegido homenajear a una de las sagas más aclamadas en el mundo: Alien.


La exposición sobre Alien se realizará en colaboración con la Biblioteca Regional de Murcia en donde podrá ser visitada hasta el 14 de abril. La muestra está compuesta por 44 piezas traídas del museo de Alien en Barcelona. Podremos observar props, objetos que componen las escenas de rodaje, como chalecos o los famosos huevos de Alien o las piezas de merchandising más extraordinarias, cabezas, bustos, recreaciones, fotos inéditas de la grabación así como planos y stories de las películas.


Tanto para los amantes de Alien como para los curiosos del cine en general, visitar la exposición de Sombra es la mejor ocasión para adentrarse en el inabarcable mundo de Ridley Scott y H. R. Giger. Dentro de las actividades programadas durante el festival, tendremos a Dani Acuña y a Fernando Dagnino dibujando en vivo sobre el extraño pasajero.



Algunas de las actividades paralelas


El jueves 24 a las 19h en la exposición de Alien en la Biblioteca Regional, Dani Acuña y Fernando Dagnino dibujarán inspirándose en Alien.


El sábado 19 a las 12h en la sala B, tendrá lugar el coloquio Quién puede matar a un niño moderado por Reinaldo Pereira con Marian Salgado, protagonista de la película, y Alejandro Ibañez hijo del fallecido director Chicho Ibáñez Serrador.


El sábado 19 a las 18h en la Filmoteca, Bava y Toledo presentarán tres libros relacionados con la carrera del director: Omega, El Tercer día y Demons: La pesadilla retorna de la editorial Appelhead.


El ciclo Culto al Culto, cuenta con la emisión del podcast en directo Marea Nocturna con Ángel Sala, Jordi Sánchez Navarro y Xavi Sánchez Pons desde la sala B el 26 de marzo a las 11h30.

Alexandre Bustillo y Julien Maury mantendrán un encuentro con el público en la sala B el sábado 26 de marzo a las 18h.


Cortometrajes y Batalla Fílmica


La Batalla Fílmica en esta edición se enmarca en la iniciativa Jóvenes que asombran y cuenta con unos cien jóvenes de los centros de educación de Murcia. Previamente han recibido formación sobre rodaje cinematográfico con smartphones y drones para llegar al día señalado lo más preparados posible. En la Batalla Fílmica, se les revela el contenido de un guion de Sergio Espín y tienen ocho horas para hacer la grabación contando con equipos técnicos profesionales.


Para culminar, los cortometrajes se proyectarán en la Filmoteca Regional durante el Sombra y se publicarán en el canal oficial del festival en Youtube. El equipo ganador se premiará con un cheque FNAC por valor de 900€ que recibirá en la gala de clausura del festival el 26 de marzo.


Clausura Al Dual & The Strings of Horror musicando a Vampyr


Al Dual & The Strings of Horror, tocará en directo con su quinteto de cuerda la BSO compuesta especialmente para la proyección de Vampyr (Carl Theodor Dreyer, 1932) en la clausura del festival el sábado 26. Dual, es un compositor murciano del barrio del Carmen que cuenta con el premio Viva Las Vegas Rockabilly Weekend 2019 otorgado al artista rockabilly más importante del mundo.


En la gala de clausura, se entregará el premio Nosferatu a la Escuela Superior de Arte Dramático en reconocimiento a la labor de los profesionales que apoyan al festival.



Más información y entradas: https://sombrafestival.com/


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