viernes, 20 de marzo de 2020

Armin Meiwes, el "Caníbal de Rotemburgo"







¿Creíais que íbamos a faltar a nuestra cita del viernes? Hoy precisamente venimos con más fuerza debido a la situación delicada que estamos viviendo y la necesidad de ofreceros, por ello, contenidos interesantes. Hoy tenemos el lujo de recibir de nuevo a nuestro colaborador, José ángel Conde, que nos trae un interesante artículo con apuntes criminológicos y bográficos de uno de los asesinos que más impacto han causado en la sociedad: Armin Meiwes, apodado "El caníbal de Rotemburgo". Y no sólo eso, si no que también nos regala esta estupenda ilustración de su autoría. Si os gustan la escritura y el arte de José Ángel, recordad que podéis seguirle a través de su página de Facebook



Pese a no ser en propiedad un asesino en serie, la verdad es que las escabrosas y excepcionales condiciones que rodearon la consumación de su único homicidio fueron suficientes para convertir al alemán Armin Meiwes en uno de los psicópatas más inusuales jamás conocidos, y no sólo en la historia reciente. Un hecho tan macabro fue lo que animó a los medios a principios de este siglo a bautizarlo finalmente con el ya desgastado, pero sin duda adecuado, apelativo "el Caníbal de Rotemburgo" y la definición más alemana Der Metzgermeister (“El Maestro Carnicero”). 

   La "vorarefilia" (acortado "vore"), comúnmente conocida como "canibalismo", es una parafilia que se ha convertido en motivación para innumerables crímenes y la principal obsesión de muchos de los más crueles asesinos psicópatas, tanto en el mundo real (Jeffrey Dahmer, el "Carnicero de Milwaukee " o Andrei Chikatilo, el "Carnicero de Rostov") como en la ficción (el maquiavélico Hannibal Lecter, personaje principal de la serie de best sellers de Thomas Harris). Aunque la antropofagia como tal tiene un controvertido trasfondo histórico-cultural, al haber formado parte no solo del patrimonio mitológico sino también de la idiosincrasia práctica de ciertos pueblos y civilizaciones, es necesario distinguirlo del término "vorarefilia", más moderno y científico, que podría traducirse del griego como el "deseo de devorar", refiriéndose a una desviación o impulso sexual que lleva a algunas personas a sentir el deseo erótico de ser consumidos por o, a veces, de consumir a otra persona. 

  En el caso específico del "Caníbal de Rotemburgo", la ambigüedad del concepto y la extraña motivación de los involucrados fueron factores determinantes para obstaculizar el trabajo de los juristas a la hora de emitir un veredicto final. En primer lugar, en 2003, el año en que comenzó el primer juicio, el código penal alemán no tipificaba el canibalismo como delito, tal vez porque se lo consideraba un tabú impensable o demasiado perverso para su propia sociedad, pero la verdad era que suponía partir de un conflicto muy complejo en los términos. Por otro lado, y lo que sin duda es el punto más inusual en nuestra historia, el acto criminal que luego se juzgó había sido totalmente consensuado, es decir, planeado, consentido y ejecutado en la práctica por ambas partes, de modo que la verdadera dicotomía se encontraba en determinar si era un asesinato o una especie de retorcida eutanasia. 

  Armin Meiwes nació el 1 de diciembre de 1961 en la ciudad de Essen, Alemania Occidental, y disfrutó de una infancia normal con sus padres y sus dos medio hermanos. La familia solía pasar los fines de semana y las vacaciones escolares en su casa de campo en Rotemburgo, donde el pequeño Meiwes desarrolló un gran amor tanto por los animales como por la naturaleza. Sin embargo, a fines del verano de 1969, cuando tenía 8 años, fue testigo de cómo su padre abandonaba la casa de campo para no volver nunca más, lo que significó una experiencia muy traumática para el niño. Sus dos hermanastros también se fueron poco después. De repente, Meiwes se quedó solo con su madre, Waltraud, una mujer de 50 años que había pasado por tres matrimonios fallidos y que, después de este nuevo duro golpe, se aisló por completo. Al trauma emocional también se sumó la precariedad económica, ya que el padre había vaciado las cuentas bancarias de la familia al marcharse. Waltraud Meiwes vivió desde entonces encerrada en la gran mansión, creando un mundo de fantasía en el que ella y su hijo se vestían con trajes medievales y volviéndose una madre controladora que gobernaba la vida de Armin según sus propios deseos y caprichos. El niño buscó consuelo creando un hermano pequeño imaginario que, al comienzo de la pubertad, terminaría convirtiéndose en objeto de deseo sexual, al igual que los niños reales que comenzaban a despertar en él la atracción propia de su edad. El carácter extremadamente solitario del joven le dificultaba mucho establecer relaciones, por lo que comenzó a desarrollar un tipo diferente de deseo, caracterizado por la necesidad de crear un vínculo tan estrecho que la persona deseada del mismo sexo tenía que convertirse, de hecho, en una parte de él, fusión que solo podía alcanzar al comerlo. Al llevar siempre a su amigo o amante dentro de él, sentiría cómo desaparecía su soledad. Sin embargo, Meiwes nunca tuvo la intención de obligar a nadie a cumplir esta fantasía, en la que el fetiche era la carne masculina, sino que esperaba que su víctima se sacrificara de forma voluntaria, demostrando así su amor hacia él. 

  Durante su adolescencia tuvo amistad con niñas y niños, pero nunca abandonó esta fantasía devoradora de hombres. Después de un tiempo se alistó en el ejército y pasó en él doce años, obteniendo varios ascensos y siendo reconocido y aceptado por sus compañeros, socialización que tal vez, vinculada con la lejanía de la influencia acosadora de su madre, le hizo desacelerar sus impulsos caníbales. Incluso comenzó una relación con una mujer llamada Petra, a quien conoció a través de una agencia matrimonial, pero la relación no fructificó y las mujeres que conoció después nunca disfrutaron de la aprobación de su madre. Waltraud sufre en 1996 un accidente automovilístico del que nunca se recuperará, haciendo que Armin vuelva a ser responsable de su cuidado y vuelva a sufrir sus requisitos obsesivos y constantes. Finalmente fallece en 1999, por lo que Armin se siente libre para comenzar con una nueva vida. 

   Pero esta "nueva vida" suponía en realidad mantener dos vidas paralelas. Por un lado, interpretó el típico rol del vecino "normal", un técnico en reparación de computadoras que navegaba con sus amigos y montaba a caballo, cariñoso y alegre. Nicole A., quien logró una estrecha amistad con Meiwes, hasta el punto de confiarle sus cuatro hijos como niñera, dice de él: "A los niños les encantaba verle y pasaban un buen rato con él. Confiaba en él absolutamente e, incluso entonces, después de todo lo que sucedió, todavía le confiaría a mis hijos en cualquier momento". Por otro lado, libre de su madre y solo en la enorme casa de campo, Meiwes se desató por completo e internet se convirtió en su segunda vida secreta. Navegaba todas las noches y, además de ver películas de zombis e imágenes de mataderos de animales, comienza a descubrir sitios web y foros de chat sobre el canibalismo, como The Cannibal Cafe. Al principio no los tomó demasiado en serio, pero pronto comenzó a sorprenderse por la cantidad de personas que se ofrecían para ser comidos, por lo que finalmente decidió responder a algunas de las ofertas y concertó varias citas. Su primer encuentro fue con un cocinero, quien le propuso un juego de rol o simulación en el que Armin pretendía matarlo y comérselo. Otro compañero obtenía placer sexual al pegar en su cuerpo etiquetas de papel con los nombres de los diferentes trozos de carne. Meiwes dijo que incluso había personas que pedían ser asadas o troceadas, pero que ninguno de ellos estaba realmente dispuesto a materializarlo y para él era esencial contar con el consentimiento explícito. Hasta que conoció a Brandes. 

  Bernd Jürgen Armando Brandes era un ingeniero berlinés de 43 años que también tuvo un pasado traumático. Su madre se suicidó cuando tenía 5 años y desde entonces la relación con su padre se deterioró hasta romperse definitivamente cuando su hijo le confiesa que es homosexual. Al igual que Meiwes, Brandes tuvo una doble vida como empresario y aventurero sexual. Jimmy F., un ex chapero de la concurrida estación de ferrocarril de Berlín Zoo que conoció en 1995, declaró que a Brandes "le gustaba sentir dolor", siendo su mayor fantasía que "le arrancaran el pene de un mordisco". Incluso le ofreció una gran cantidad de dinero y gran parte de sus bienes para que lo hiciera. Era la víctima perfecta para Armin Meiwes, quien inmediatamente respondió a su anuncio en línea titulado, según este último, algo así como "Cena" o "Tu cena" y cuyo texto ofrecía "la oportunidad de comerme vivo". 

  El 9 de marzo de 2001 se encontraron en la estación de tren de Kassel, desde donde Meiwes conduce a su casa en Rotemburgo. Durante el viaje, Brandes se excita y comienza a tocar a Armin. Una vez en la mansión, el berlinés comienza a desvestirse y la pareja va directamente a la habitación que más tarde se denominará "matadero", el lugar donde se cometería el crimen. Allí practican sexo, pero esto no satisface a Brandes, quien buscaba el éxtasis al ser devorado vivo, y acusa a Meiwes de ser "demasiado débil" para hacerlo. Cuando estaba decidido a regresar a Berlín, Meiwes le dijo en la estación que había cambiado de opinión. Se detuvieron en una farmacia y compraron pastillas para dormir, ya que Brandes consideraba que Meiwes sólo podría amputarle el pene si se mostraba completamente drogado. De vuelta en la casa y después de varias horas de conversación, Brandes le espetó a Meiwes: "No puedo soportarlo más. ¡Córtalo!". Ya habían planeado todos los detalles antes de esta reunión, incluido el uso de una cámara de video para grabarlo todo, ya que Brandes quería mirar su propio rostro en el momento de la amputación. La primera vez no funcionó porque el cuchillo no era lo suficientemente afilado. Meiwes fue a buscar otro y finalmente logró cortar la extremidad. "La sangre salía como si fuera una fuente", recordó, pero después de unos segundos, tras el shock y el grito inicial, Brandes le dijo que ya no sentía dolor y le pidió que cortara el apéndice amputado por la mitad. Sorprendido, Meiwes obedeció y luego llevó las dos piezas a la cocina, donde las preparó y las cocinó como si fueran un guiso. Sin embargo, la carne se encogió en la sartén hasta el punto de que no quedó nada comestible; aun así Brandes intentó comerla mientras sangraba. Después, Meiwes le introdujo en una bañera llena de agua caliente y se fue a la cama a leer un libro de Star Trek, visitándole cada quince minutos. En una entrevista posterior, el hombre de Rotemburgo incluso declaró que Brandes "estaba feliz de estar inmerso en su propia sangre". Unas tres horas más tarde decide abandonar la bañera y cae completamente inconsciente, por lo que Meiwes arrastra su cuerpo de regreso al segundo piso y lo deja en la cama. Todavía recuperaría la conciencia varias veces antes de morir, unas horas más tarde, a altas horas de la noche. Meiwes dudó sobre qué hacer a continuación, pero finalmente cortó la cabeza del cuerpo, colgó el cadáver de un gancho en el techo y procedió a desmembrarlo, almacenando los trozos de carne en bolsas debajo del falso fondo de un congelador. Estos restos serían cocinados y comidos sucesivamente durante varios meses. En el juicio posterior, reconoció que había consumido unos 20 kilos de carne humana. 

  Algunas de sus impresiones caníbales fueron recogidas en la entrevista realizada para el documental de Barcroft TV "Docs: Entrevista con un caníbal": 

  “Preparé la mesa como si fuera una ocasión especial. Decoré la mesa con velas bonitas, saqué mi mejor servicio de cena y freí un trozo de filete de lomo, un trozo de su espalda, hice lo que llamo “patatas princesa" y brotes. Después de preparar mi almuerzo, me lo comí.

  El primer bocado fue, por supuesto, muy extraño. Lo cierto es que no puedo describirlo. Había pasado más de 40 años deseándolo, soñando con eso. Y ahora tenía la sensación de que en realidad estaba logrando esa perfecta conexión interna a través de su carne.
  
  La carne sabe a cerdo, pero más fuerte. Es un poco más jugosa, aunque no creo que otros noten la diferencia si la comen. Sabía muy bien." 


  Dos días después el novio de Brandes denunció su desaparición, pero este ya había eliminado todos los archivos de su computadora y con ellos todas las posibles conexiones con su asesino. Sin embargo, Meiwes continuó buscando otra víctima a través de la red durante unos meses más, hasta que sus sospechosas respuestas llevaron a un joven estudiante austriaco a presentarse ante el jefe de la Oficina Criminal Federal (BKA), la policía criminal alemana. Cinco meses después, en diciembre de 2002, 6 policías entraron en la mansión de Rotemburgo con una orden de registro y, después de una inspección exhaustiva del lugar, encontraron el macabro hallazgo además de varios objetos incriminatorios: el ordenador de Meiwes, una cámara de video y numerosas cintas, 3 cuchillos, 1 hacha y un delantal de carnicero.

  La noticia se difundió muy rápidamente, incluso a nivel mundial, causando una gran conmoción en su momento, como no podía ser de otra manera en un caso de esas características. La banda sueca de death metal Bloodbath reflejó el punto de vista de la víctima en su canción "Eaten" y los alemanes Rammstein también abordaron el tema en "Mein Teil" ("Mi pedazo"), siendo demandados curiosamente por el propio Meiwes, lo que hizo que la canción se prohibiera en Alemania durante un tiempo. Algo similar le sucedió a la película de Martin Weisz, Rohtenburg (Grimm Love Story) (2006). Otra versión de la historia fue Cannibal (2006), del extraño cineasta alemán Marian Dora.

  Las circunstancias del crimen hicieron que el primer juicio, llevado a cabo en la Audiencia Provincial de Kassel, fuera extremadamente complejo. Para empezar, como ya se ha señalado, porque no existe una ley contra el canibalismo en Alemania, y luego porque Brandes fue una víctima voluntaria, lo que demostró el video que la pareja había grabado y que fue proyectado durante la audiencia. Solo se mostraron 19 minutos de sus cuatro horas totales y algunos de los que lo presenciaron tuvieron que ser sometidos a terapia. Meiwes admitió haber comido a Brandes y expresó su pesar por lo sucedido. Los psiquiatras determinaron que ninguno de los dos tenía trastorno mental y que, por lo tanto, eran plenamente conscientes de sus acciones. La fiscalía solicitó cadena perpetua por "asesinato por motivos sexuales y profanación de restos mortales", mientras que la defensa alegó una condena por "asesinato con el consentimiento de la víctima". La primera sentencia, con fecha del 30 de enero de 2004, fue homicidio involuntario y condenó a Meiwes a 8 años de prisión.

  En 2005, la fiscalía apeló el veredicto y el Tribunal Federal Supremo (BGH) ordenó que se repitiera el juicio porque consideraba que algunas pruebas no se habían evaluado adecuadamente en el juicio anterior. Finalmente, en mayo de 2006, el Tribunal Territorial de Frankfurt declaró a Armin Meiwes culpable de asesinato y lo condenó a cadena perpetua. Actualmente cumple condena en una prisión de alta seguridad en Kassel.


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