sábado, 14 de febrero de 2026

28 años después: lo bueno se hace esperar

 





El 2002 marcó un antes y un después con el aterrizaje en las salas de cine de un film que estaba destinado a crear escuela dentro del género Z.

Y es que llegó 28 días después, una película británica que fue éxito en taquilla y que traía el sello como director de Danny Boyle. Tras su gran hacer en films como Trainspotting, Boyle se lanzó a la palestra para dirigir ni más ni menos que una cinta de zombies, que sin duda daría mucho que hablar. Con guion de un joven y primerizo Alex Garland, este autor de novelas británico estaba destinado a hacer grandes proezas dentro del cine como más tarde demostraría por ejemplo con Ex Machina o Civil War.

Ahora, veintitrés años después, ambos vuelven a juntarse para traernos 28 años después. Una polémica continuación de la franquicia. Pero me estoy adelantando, ya que antes me gustaría hablaros un poco de sus predecesoras.

En 28 días después, nos ponemos en la piel de un jovencísimo y casi desconocido Cillian Murphy, que despierta en un hospital tras un accidente de tráfico sin noción de lo que ocurre. Al comienzo de la película nos muestran cómo unos activistas se cuelan en un laboratorio donde experimentan con primates y liberan sin quererlo el germen de todo lo que vendrá después. Pero volvamos con Cillian. El cuál sin entender qué pasa en su ciudad, no tardará en toparse con los primeros infectados que lo perseguirán como si fueran el mismísimo Usain Bolt, y será salvado por una pareja de extraños que le explican la situación: Londres ha caído y ha sido evacuado. Una salvaje epidemia se ha cebado con la población y todos están muertos o transformados en seres que la ira ha convertido en bestiales criaturas sedientas de sangre. Así, y para no hacer spoilers, tan solo os diré que en los casi cien minutos que dura este film encontraremos acción a raudales, muchos infectados y la mejor y peor cara del ser humano.










Continuamos ahora con la segunda película de la franquicia. 28 semanas después llegó a los cines en 2026 como secuela directa de su predecesora y tras el éxito en taquilla de la anterior.

Dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo, y protagonizada curiosamente por un actor que ya había colaborado en películas de Danny Boyle como Trainspotting: Robert Carlyle (Full Monty, Ravenous). En esta cinta, y tras haber pasado un tiempo prudencial desde la infección que puso en jaque a Reino Unido, la OTAN se propone limpiar Londres de los infectados que quedan y volver a trasladar a los supervivientes a la ciudad para repoblarla y devolver a la isla a la normalidad. El bueno de Robert es un superviviente, de dudosa moralidad, que ha hecho lo que ha sido necesario para sobrevivir. En dicha repoblación, se reencontrará con sus hijos. Y… Hasta aquí voy a leer, ya que de lo contrario os haría un spoiler como un templo de grande. Tan solo os diré, que en ella hay mucha más acción, más sangre y muchos más infectados que en la primera entrega. Lo cual no es decir poco.

Una digna continuación, para la que Fresnadillo supo estar a la altura en su dirección, y que se rumorea que tras el guion volvió a estar Garland. Aunque nunca llegara a firmarlo.









Y ahora sí, vamos a lo que muchos estabais esperando. Vamos a desmenuzar un poco la esperada y aclamada 28 años después. Como decíamos al comienzo, Danny Boyle y Alex Garland vuelven a unir fuerzas y sacar músculo para retomar una franquicia que muchos creíamos que no volveríamos a ver en las pantallas.

Eso sí. Lo hacen a lo grande: no con una película, sino con toda una trilogía. Hoy vengo a hablaros de la primera de ellas, ahora que tenemos el estreno fresquito en el cine de su continuación, 28 años después: el templo de los huesos. He de confesaros que tengo muchas ganas de ver cómo se desarrolla. Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Como decía vamos a centrarnos en la primera de las cintas.

Tras el fracaso de repoblar Londres y Reino Unido por parte de la OTAN, la isla ha quedado relegada al olvido en una cuarentena perpetua, pero vigilada a la vez de cerca por Europa para que ningún infectado escape de estas tierras. Después de 28 años, los supervivientes se han instalado y creado comunidades. Colaboran entre ellos, enseñan a los más jóvenes la vida afuera de los muros. Todo parece perfecto, pese a la adversidad. Sin embargo, no todo es lo que parece. También los infectados han evolucionado en algo más. Y ahora, son mucho más peligrosos. En esta secuela nos encontramos con Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass, Kraven: El cazador, Nosferatu) que vive en una isla en comunidad y separado de tierra por las fuertes mareas que gobiernan sus alrededores. Solo un camino cuando baja la marea, une su isla con tierra firme. Tiene un hijo de doce años y una esposa enferma que tiene delirios y momentos de escasa lucidez.

La película comienza con Jamie (Taylor-Johnson) llevando a su hijo Spike a su primer día de caza fuera de las murallas. Allí, le enseñará cómo acabar con infectados y se las verán y desearán cuando se encuentren con algo mucho más para lo que no están preparados (esto último lo evito para hacer spoilers).

Spike a su vuelta, escucha hablar de que hay un médico más allá de la isla y quiere que ayude a recuperarse a su madre. Para ello, se escapará con ella y correrá una suerte de aventuras para tratar de dar con él.

Cabe destacar dos cosas de esta película. La primera, la aparición breve pero magistral de Ralph Fiennes, al cual hemos visto en infinidad de películas como La lista de Schindler, Harry Potter o El Gran Hotel Budapest entre muchas otras. No diré mucho más de nuevo para no estropearos la sorpresa. Pero su personaje es de lo mejorcito que tiene 28 años después.

La segunda cosa es que, como trilogía, tiene un final abierto. Gran parte de las tramas secundarias quedan solucionadas, pero en cambio se abre otro abanico de posibilidades que tendremos que descubrir en las siguientes dos películas.







Con esto me despido. Espero que os haya gustado este repaso lleno de dentelladas, mucha sangre y casquería. Pero sobre todo, que os haya puesto los dientes largos por ver esta franquicia de infectados y género Z si es que, andáis algo despistados y todavía no la conocíais.

¡Hasta la próxima, amigos y amigas de Caosfera!




David P. Yuste.

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sábado, 3 de enero de 2026

Núremberg. De vencedores o vencidos



Lo bien hecho, bien parece. Tenía unas ganas inmensas de traer por aquí mi crítica de Núremberg, la nueva película de James Vanderbilt desde su última incursión cinematográfica, allá por el 2019, con la producción de Netflix Misterio a bordo. Pero esta no era una reseña que quería escribir de forma casual, cualquier domingo por la tarde, ya que toca un tema lo suficientemente serio y respetable como para que aquí, una servidora, os ofreciese no solo su opinión sobre la cinta, sino un texto aderezado con el rigor histórico que merece. Y dicho esto, ya es hora de que me moje, que es a lo que habéis venido.

    Celebrados por los aliados tras la derrota del régimen nazi, los llamados Juicios de Núremberg consistieron en una serie de procesos judiciales que marcaron un hito, sentando las bases del derecho internacional moderno y sirviendo de precedente para la creación de la Corte Penal Internacional. Por primera vez en la historia, se definieron cuatro categorías de delitos, denominadas: crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y conspiración. También se estableció que la obediencia debida a superiores no exime de responsabilidad criminal.

    Sin duda, el más conocido de estos procesos es el principal, comenzado el 20 de Noviembre del año 1945. Proceso del cual, en este 2025, se cumplieron 80 años. No obstante, se llevaron a cabo otra serie de juicios adicionales contra jueces, médicos, militares, etc. y otras personalidades de menor rango dentro del régimen.

    En el proceso principal, fueron 24 los acusados iniciales, de los que finalmente fueron a juicio 22, dado que uno fue declarado incapaz y otro se suicidó en prisión. Las sentencias finales incluyeron: 12 penas de muerte, 7 penas de prisión de 10 años a cadena perpetua, y 3 absoluciones. Hay que prestar atención clave al tema de la culpabilidad individual, ya que los acusados confiaban en que Alemania sería considerada responsable al ser el Estado para el que actuaban. Si pensamos en esto de una forma analítica nos daremos cuenta de que, realmente, aquel intento de justicia fue de bajo nivel, ya que de los miles de implicados en aquel horror que fue el Holocausto, solo una pequeña parte fueron procesados.

    Y ahora después de este pequeño repaso histórico, muy necesario, y esta breve reflexión, ha llegado el momento de diseccionar un pelín más a fondo lo que nos trae James Vanderbilt en este denso drama judicial. Núremberg nos ofrece una perspectiva algo diferente a la que estamos acostumbrados, ya que se centra en la visión de Douglas Kelley, psiquiatra y oficial del cuerpo de Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, que trabajó para determinar la lucidez de los acusados antes de su juicio. Básicamente, se le conoce como el psiquiatra de los nazis. Kelley, trató de buscar explicación científica al comportamiento monstruoso de estos hombres, llegando a la conclusión de que los prisioneros no eran diferentes a cualesquiera otras personas, no estaban locos ni tenían nada extraordinario. Kelley pasó 8 meses con los acusados, y los sometió a una serie de pruebas para obtener un diagnóstico. Cuando Kelley regresó a E.E.U.U. en el año 1946, escribió artículos y dictó conferencias advirtiendo sobre los riesgos del fascismo.

    Por desgracia, después de los juicios, el psiquiatra tuvo problemas con el alcohol, padeció depresión y, tras una discusión con su esposa, tomó una cápsula de cianuro y murió en el acto. Lo hizo, como vemos, exactamente de la misma manera en la que Göring se quitó la vida antes de ser ejecutado, lo cual evidencia el peso de la estrecha relación que se había creado entre el psiquiatra y el jerarca nazi. A modo de curiosidad cabe añadir que Kelley fue señalado como el culpable de pasar al reo alemán la cápsula de veneno, aunque dicha suposición jamás pudo probarse.

    Sostiene la batuta en el papel de Kelley, Rami Malek, ganador de un Oscar a mejor actor por su memorable interpretación en Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer). El actor nos regala una visión que cabalga a medio camino entre la fascinación y una obsesión que desemboca en un comportamiento decadente. Para preparar su rol, el actor se empapó de lleno en la figura del psiquiatra, llegando a leer su libro 22 cells in Nuremberg: A Psychiatrist Examines the Nazi Criminals.

    El duelo interpretativo se completa con la presencia de un grande entre los grandes: Russell Crowe en el papel de Hermann Göring. Una de las cosas que más me ha gustado del filme, es la inteligente visión del personaje que Crowe nos regala: un hombre afable, amante de su familia, correcto, soberbio, todo lo contrario a la persona cruel y déspota de ese asesino de masas que ya conocemos de sobra. Crowe no necesita presentación, es un actor meticuloso y amante de la perfección en todas sus formas, y así lo demuestran sus numerosos galardones (Óscar, Bafta, Globo de oro), y su popularidad bien forjada. Para Crowe interpretar a Göring fue un desafío ético, dada la importancia de evitar simplificaciones a la hora de interpretar a un villano.

    En la cinta, podemos encontrar otros nombres interesantes como los de Colin Hanks (Orange Country, 2002), Mark O´Briend (Halt and Catch Fire, 2015), Richard E. Grant (Withnail and I, 1987) o el gran Michael Shannon (Revolutionary Road, 2008) entre muchos otros. Sin embargo, la fuerza interpretativa de la cinta recae casi por completo en Malek y Crowe, que defienden sus roles con bastante responsabilidad.

    En conclusión, esta producción basada en el libro El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, nos introduce principalmente en la estrecha relación entre Kelley y Göring, alejándose del tono judicial para proponernos un viaje más íntimo y centrado, sobre todo, en la figura del primero. El uso de material histórico real unido al formato de ficción, otorga a la cinta una puntuación superior y la puesta en escena con cierta naturalidad ayuda a que el público se involucre con los personajes y pueda sacar su propia conclusión, sin entrar en juicios forzados.

    Nieves opina: No se la pierdan, sin duda una de las producciones de este pasado 2025. Por algo tuvo una gran acogida en el festival de Toronto con una ovación de pie de 4 minutos.



                                                                            NIEVES.