viernes, 18 de diciembre de 2020

Érase una vez un vampiro: revelaciones (parte 2)

 



Imagen sujeta a derechos de autor



¡Viernes de relato! Es un grato placer presentar cada semana tan especiales colaboraciones. Regresa nuestra Dahlia de Vargsson con una de esas historias vampíricas que tanto nos apasionan. Recordad que podéis disfrutar de la primera parte de la historia en este enlace ¡Echadle un ojo pero ya! 





Y allí estaba, sentada en la mesa de un gran comedor decorado con un estilo muy de los años 20. La sirvienta le había traído café, tostadas con mermelada, croissants, tortitas con sirope de arce y huevos, pero ella era incapaz de comer nada, tenía el estomago cerrado y unas pocas náuseas. Seguía con una taza de café negro en la mano de la cual casi ni había bebido. 

    —Deberías comer algo —dijo Erik—, sobre todo después de la cantidad de alcohol que bebiste anoche… alcohol y…. 

    —¿Qué más? ¿me has drogado? ¿por eso estoy así de débil? —preguntó asustada Sira. 

    —No amor, no te he drogado—le contestó Erik—, o al menos de la manera en la que tú estás pensando. 

    —¿Qué quieres decir con eso? 

    Un silencio absoluto dominó la habitación de repente.     

    —Por favor Erik, si es que te llamas así realmente, dime qué me pasó anoche… ¿Y dónde está mi móvil? tengo que llamar a mis amigas, estarán preocupadas, no saben nada de mí desde que me dejaron en el bar contigo. 

    No te preocupes por eso, ya saben que estás indispuesta y que te tomarás el fin de semana de relax. 

    —¿Ya saben?, ¿pero qué has hecho? ¿llamar a mis amigas? 

    Bueno les he dicho que estabas con resaca y que necesitabas tomarte las cosas con algo más de calma y recuperarte para el lunes. ¿Acaso no es así? 


    —¡SÍ, PERO ES POR TU CULPA…...NO SÉ QUÉ ME HAS HECHO!!! 


    —Por favor, relájate y deja de gritarme, no reacciono bien a los gritos —dijo Erik con una voz calma, pero a la vez muy contundente—. Acábate el café, come algo y luego hablaremos. Y para que lo sepas, sí, mi nombre es Erik …Erik Ulfsson. Quizás hayas oído algunas historias sobre mí y mi familia 

    En ese momento no sabía qué hacer:  quedarse y averiguar su historia o salir corriendo. Aunque si realmente él era quien decía ser no podría dar ni un paso a menos que la dejase marchar. Había escuchado muchas historias sobre él y su familia y la mayoría eran muy difíciles de creer, hasta fantásticas pensó ella. Toda la ciudad les temía porque las malas lenguas decían que eran vampiros que se habían afincado en la Ciudad Condal desde hacía más de 300 años. 

    —Pero, ¿cómo van a ser vampiros si tanto él como sus hermanos han sido vistos a la luz del día, y ahora mismo él está en la ventana mirando el sol y no se quema ni se ha convertido en cenizas? —pensó ella. 

    Entonces, a pesar de que cada fibra de su cuerpo le decía que saliera corriendo y que intentara olvidar todo lo que había ocurrido desde que saliera del bar —o al menos lo poco que recordaba de ello— decidió quedarse y así poner algo de luz donde en ese momento solo había oscuridad. 

    Finalmente acabó su café, mordisqueó un croissant y decidida se levantó de la mesa… 

    —¿Ya he acabado, ahora podemos hablar? 

    Erik se volvió hacia ella sonriendo y con sus ojos color avellana la miró de arriba abajo 

    —Claro… Acompáñame a mi despacho 

    Sira temblando le siguió hasta llegar a unas puertas de estilo francés y color oscuro. Él abrió estas puertas y la invitó a pasar con un gesto… 

    La habitación era bastante grande con una mesa de despacho enorme de color nogal que parecía desgastada por el paso de los años, presidida por un sillón de cuero negro. También pudo ver un chéster de color oscuro. Toda la habitación emitía un aroma a historia. 

    —Siéntate —le dijo Erik señalando el chéster.

    Sira se sentó en el borde con las manos entre sus rodillas. Él cogió una de las sillas que había delante de la mesa del despacho y se sentó casi delante de ella. 

    —¿Bueno tú dirás, qué es lo que quieres saber? —dijo Erik. 

    —¿Me dirás la verdad? —preguntó Sira. 

    —La gran pregunta es: ¿estás preparada para la verdad? 

    —Sí —dijo ella con voz tenue 

    —De acuerdo, empecemos entonces…. 

    —¿Es cierto lo que dicen sobre vosotros? —preguntó ella con voz temblorosa. 

    —JAJAJAJAJAJA!!! ¿en serio esta es la primera pregunta que tienes para mí? —se rió Erik.

    —¿Por qué te ríes de mí? —preguntó ella mientras sintió que la risa de Erik le resonaba en la cabeza como si de una gran campana se tratara.

    —Porque pensaba que querías saber qué te pasó anoche. 

    —Bueno sí, pero …. 

    —¿Pero qué? 

    —Nada, déjalo no tiene importancia.

    Había algo que le hacía sentir el cuerpo como entumecido. 

    —Créeme que en cuanto te lo explique todo, muchas de tus preguntas serán contestadas. 

    —Vale —dijo ella más asustada todavía.

  —Empezaré desde el momento en que les dijiste a tus amigas que te quedabas para tomar una copa más conmigo. Nos tomamos esa copa y algunas más. Sobre las 4 de la madrugada me dijiste que ya era hora de irte a casa, que necesitabas descansar después de una semana muuuy larga. Después de unos 10 minutos recibiste una llamada del conductor del taxi y saliste del local, yo te quise acompañar, pero me dijiste que no hacía falta que era un conductor habitual y que estarías bien…. Yo acabé mi copa y salí para dar un paseo hasta mi casa…. 

    Mientras él le estaba contando lo que había pasado, ella se seguía sintiendo extraña, como si no estuviera dentro de su cuerpo, y observara la escena desde fuera 

  —Después de caminar unas 3 manzanas te encontré desorientada, sangrando y te desmayaste en mis brazos. 

    —¿Sangrando, que había ocurrido? 

  —Realmente no lo sé, parecía que hubieras sufrido una agresión. 

  —¿Una agresión?, no recuerdo nada, y entonces ¿me llevaste a un hospital? 

   —No, no te lleve a un hospital, no creí que fuera oportuno dado quien es tu familia y lo rápido que estaría la prensa intentando averiguar lo que pasó o más bien inventando lo que pasó. 

    —¿Entonces? 

    —Entonces te di de beber mi sangre…. 

    —¿ME DISTE A BEBER EL QUÉEE???? 

    En ese momento Erik se levanto de la silla y se le acercó tanto que ella se tuvo que echar para atrás. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que los ojos de Erik habían perdido su color avellana: ahora eran rojizos, parecían estar inyectados en sangre y le asomaban unos afilados colmillos… 

    —Ya te dije una vez que no reacciono bien a los gritos… 

    —Eres… eres… un…. vampiro, por favor no me mates…. 

    —¿Matarte? Si hubiera querido matarte ya lo habría hecho esta madrugada y no habría esperado a que estuvieras en mi casa. ¿Por qué crees que quiero matarte? —preguntó Erik. 

    —Porque eres un vampiro —dijo ella susurrando. 

    —¿Y quién te ha dicho que los vampiros matamos así porque sí? 

    —Lo siento, pero… 

    Era incapaz de asimilar la información con claridad, no sabía si él le decía la verdad o se estaba riendo de ella, pero había visto los colmillos y el cambio en sus ojos, ¿podía ser que realmente la hubiera drogado y que por eso se sintiera tan eufórica y a la vez tan débil? 

    —¿Pero qué? —preguntó Erik 

   —No sé cómo procesar esta información, ¿qué quieres de mí?, ¿por qué salvarme y traerme a tu casa? 

    —Porque habría sido inhumano dejarte en medio de la noche tal y como estabas, sería como abandonarte a los lobos. 

    —¿Lobos?, ¿también existen los hombres lobo? 

   —Jajajajaja, ¿no puedes manejar el que yo sea un vampiro, pero quieres saber si existen los hombres lobo? 

    —Quizás tengas razón. 

    —Pues sí la tengo —dijo Erik sonriendo. 

    —Entonces, ¿puedo irme a mi casa? —preguntó Sira.

    —Sí podrás irte, pero no ahora. Aún no estás del todo recuperada, además todavía tienes mi sangre en tu organismo. 

    —¿Y por qué me diste tu sangre? 

    —Porque estabas a punto de morir, y nuestra sangre tiene poderes curativos en los humanos, entre otras cosas. 

    —¿Otras cosas? 

    —Sí, pero no es algo que deba preocuparte. 

    —¿Y qué pasa si aún tengo tu sangre en mi organismo? 

  —Por lo que veo no sabes absolutamente nada de todo esto… ¡Qué raro! 

    —¿Raro? 

    —Sí, cuando te dije quién era supuse que estarías al tanto de las habladurías de la ciudad, todo el mundo habla de mis hermanos y de mí... 

    —¿Y todos lo saben? no entiendo. He vivido muchos años alejada de Barcelona y de todo lo que ocurre aquí, y así habría seguido si mi padre no hubiera insistido en que volviera. 

    —No, realmente no, solo lo sospechan, aunque nunca nadie ha podido probar nada ni podrá. ¿Y por qué quería tu padre EL GRAN GABRIEL KNIGHT qué volvieras? —dijo él con sarcasmo. 

    —No lo sé, algo de no sé qué legado familiar, pero a mí no me interesan los negocios de mi padre y mi hermano Aiden, yo quiero seguir con mi trabajo y quizás pronto abrir mi propio negocio en Barcelona. 

   —¿Negocio, que tipo de negocio? 

   —He estudiado filología inglesa y literatura, y me encantaría abrir mi propia tienda de libros especiales. 

   —Libros especiales… Qué interesante. 

  —Sí, pero ahora quiero irme a mi casa por favor, necesito una ducha, cambiarme de ropa y descansar. 

    —No te preocupes aquí te puedes duchar, cambiar de ropa y todo lo que necesites. 

   —¿En serio pretendes que me quede aquí hasta que te canses de tenerme en tú fabulosa casa? 

    —Amor, jamás me cansaría de ti, tienes algo que te hace especial, aunque tú no lo veas 

   —No me gusta que me llames “amor”, yo no soy nada tuyo… 

    —Bueno, esta conversación le tendremos que dejar para otro día, mandaré a alguien que te traiga ropa limpia y algo para comer. Cualquier cosa que necesites se lo puedes pedir a Jordi, mi ghoul… ¡Ay perdón!, mi mayordomo. Tengo que salir, pero en unas horas volveré y si quieres seguiremos hablando. 

    —¿Cuándo podre irme? … ¡Por favor! 

  —Mañana por la mañana podrás irte si eso es lo que deseas, para entonces ya habrás eliminado mi sangre de tu organismo, así que te recomiendo que descanses, te relajes y pronto todo esto habrá pasado. 

    Al final hizo caso, se dio un baño con agua caliente y algunos de los productos que encontró en el estante: muy buena calidad, pensó ella sorprendida:  

    —Quién me iba a decir que a un vampiro le gustaría darse baños con productos de lujo —dijo ella sonriendo. 

    Con la ayuda del agua caliente y los aromas del aceite de lavanda empezó a sentirse mejor, más relajada. Cerró los ojos y simplemente disfrutó de ese momento de tranquilidad a pesar de lo extraño de la situación en la que se encontraba. 

    Después de un buen rato el agua estaba empezando a enfriarse así que decidió salir, se arropó con el albornoz que había encontrado —era tan suave que parecía una nube esponjosa— se tumbó en la cama y no tardó nada en dormirse... 


Estos capítulos son un avance de un proyecto mayor que actualmente está en fase de desarrollo. Espero sinceramente que os hayan gustado, al igual que espero despertar vuestro interés por la obra íntegra.



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