viernes, 17 de mayo de 2019

Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond, volumen 4





¡Viernes de relato! Y por fin tenemos una nueva entrega de nuestras Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond a cargo de nuestro querido Sergio Vargsson (conversaciones con un vampiro). Recordad que podéis seguir la saga completa en los siguientes enlaces: Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 1Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 2 e Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 3




Estaba cansada del ruido, las luces y los olores de la ciudad. Necesitaba huir de aquella cárcel de cemento y aglomeraciones humanas. 

  Decidí viajar y, sin saber el motivo, elegí como destino un antiguo balneario situado en el interior de un denso bosque. En aquel lugar idílico pude disfrutar de hermosos amaneceres, y de noches oscuras y silenciosas que adquirían un encanto especial cuando brillaba la luna llena. 

  No quise llevar mucho equipaje, cogí lo estrictamente necesario y algo fundamental para mí: la plateada joya arcana labrada con una especie de trenzas de cabello humano en sus cierres. De estos cierres colgaban unas extrañas figuritas con la forma de una deidad exótica parecida a un largarto bípedo con alas de murciélago y el rostro lleno de tentáculos.  En los ojos tenía incrustadas dos amatistas de un venenoso color violeta, que destacaban sobre el frío brillo del metal. La valiosa joya había sobrevivido generación tras generación, y desde que la heredé no podía desprenderme de ella. 

  Una de aquellas oscuras noches en las que solía salir a pasear por los alrededores, noté que alguien me perseguía. Sentí un tacto frío recorriendo mi espalda. 

  Buenas noches. —Noté cómo mientras acariciaba mi pelirrojo cabello comenzaban a endurecerse mis pezones—. Como te prometí, siempre estaré cerca de ti, deseándote como tú me deseas. 


  Me giré lentamente hacia él.

  Quiero que sea aquí y ahora, no puedo esperar ni lo deseo.

  Y mirando sus ojos de indescriptible color, leí su mente. 


  Me estaba amando como jamás nadie lo había hecho, llenándome de pasión y desenfreno, arrastrándome hasta los límites de la perversión. 

  Con su dedo pulgar acarició mis labios y, tras humedecer  mi boca, se convirtió en una figura evanescente que me atravesó, dejando mi cuerpo completamente húmedo. 


  Regresé al balneario jadeando y sin dejar de pensar en lo sucedido. A lo lejos, en la entrada, divisé a un hombre corpulento vestido con uniforme. A medida que me iba aproximando percibía cómo el portero vigilaba mis pasos minuciosamente. 

  Buenas noches, señorita. ¿Está usted alojada en este recinto?  

  Su voz era grave. Con la más encantadora inocencia le respondí:


  Sí, pero, me gustaría que me tratase de una forma más cercana, ya que supongo que tras este pequeño y casual encuentro nos volveremos a ver de nuevo. Así lo deseo...

   Pareció encantado con mi pequeño atrevimiento. 


  Gracias, porque no podría dejar de mirar esos ojos verdes y profundos que hieren el alma. 


  Me cedió el paso caballerosamente y, consciente de mis  alabados atributos, contoneé las caderas sensualmente y le regalé una última mirada antes de  regresar a mi alcoba. 

  Dos días después, coincidí casualmente con aquel apuesto portero en una de las múltiples saunas nocturnas. Entablamos una conversación que se tornó acalorada, ayudada por las altas temperaturas, el sudor de nuestros cuerpos y la densa niebla de vapor que nos envolvía. 

  Tras un largo rato de conversación, decidí ir a por algo que nos refrescase un poco. Mientras regresaba con dos vasos de agua fresca sonreí maliciosa al recordar cómo, minutos antes, mi acompañante me había intentado conquistar de forma sutil. De repente sentí que algo me llamaba desde los más profundo de la bóveda celeste. Era ella, la poderosa e irresistible luna llena, que con su brillo hizo que mis ojos se iluminasen, despertando mis más oscuros instintos. 

  El metal de la adorada joya ardía en mi pecho y las amatistas de sus ojos parecían cobrar vida. Vibré de pura energía y regresé rápido a la sauna. Cada uno de mis pasos estaba envuelto en una magia tenebrosa y excitante.

  Abrí la puerta de la sauna y, tras una ola de vapor, vi a mi acompañante bañado en sudor. Le miré a los ojos y, mientras me aproximaba lentamente, tiré al suelo la toalla que cubría mi cuerpo. Alcé la mano y le dije 

   Tienes sed. 

  Él se incorporó lentamente. Sus ojos se clavaron en los míos, como si estuviese bajo los efectos de un hechizo. 

  Sí. 

  Respondió seguro de sí mismo y derramé el agua por mi cuerpo mientras sus ojos contemplaban cómo las gotas se iban evaporando lentamente sobre mi piel. Me tomó entre sus brazos y comenzó a lamer las gotas que se deslizaban por mi cuerpo. La temperatura continuaba subiendo. Me senté sobre él y comencé a poseerle. Entonces fue cuando comenzó lo bueno... 

  Mis uñas desgarraron su espalda. Le besé con ansia mientras gritaba y vi que sus ojos continuaban bajo aquel extraño hechizo. Sus manos oprimían con fuerza mis senos. Nos revolcamos por el suelo como si de dos fieras se tratase y, cuando parecíamos alcanzar el clímax del placer, mordí su cuello y dejé que su sangre impregnase mi cuerpo. 

  Seguía vivo cuando le arranqué las cuerdas vocales. Lo sé porque vi cómo abría los ojos, horrorizado. 

   No mereces morir. Mírame a los ojos por última vez. No los olvides por toda la eternidad, ya que serán los únicos que hieran tu alma.

  Acaricié con ternura su cabello y, tras abrirle los párpados, clavé mis uñas en sus dos preciosos globos oculares. El líquido intraocular empapó las yemas de mis dedos y se deslizó por sus ensangrentadas mejillas. Extraje con cuidado las pequeñas esferas, que pendían de un fino hilo de nervios oculares.

  Mientras lamía mi cuerpo impregnado con la sangre de aquel ser, pensé en que realmente jamás me olvidaría. Precioso. Lo que sí tenía claro es que sus perdidos ojos se vendrían conmigo mientras que él permanecería en una eterna oscuridad.





Saludos, adoradas criaturas de la noche. En especial a ti Dämon Schwarze, el señor de mi cuerpo, mente y alma.

  No os dejéis engañar, pero si por casualidad os ocurre, que no sea por los ojos de una mujer inocente y de mirada profunda. Las apariencias engañan...




Opal Mond





No hay comentarios:

Publicar un comentario