viernes, 21 de junio de 2019

Valquiria parte 2




    
  Continuamos con la segunda parte de "Valquiria", el segundo de los relatos que nos llegaron durante nuestra convocatoria splatterpunk. 

      AUTOR: Samir Karimo.

      IMAGEN: Julian Manuel Cambero Sánchez, de la colección Necroarte


 

  Tras esta traumática experiencia, comieron pasteles acompañados con unas palomitas y gaseosa. 

     Supongo que os estaréis preguntando por qué mis padres no cortaron la cabeza de tres de esas criaturas para culminar su misión. Es sencillo, tales seres no tenían la pureza suficiente para servir como sacrificio.

   Continuaron su viaje, y cuando les quedaban escasos kilómetros para llegar a su destino se toparon con la llamada nube asesina. Se trataba de una nebulosa inmensa y terrorífica. Vieron multitud de cráneos y huesos rotos esparcidos por el suelo. Mis padres comprendieron que aquellos restos óseos pertenecían a las valquirias demoníacas. Les pareció irónico que una nube gigante fuese la primera en tratar de aniquilar a esa maldita especie. 
 
    Teniendo en cuenta el apetito voraz de la nube por los cadáveres de aquellos monstruos con piel de cordero decidieron, sabiamente, tomar la poción fuera del territorio nebuloso. No tardó en actuar y quedaron convertidos en dos criaturas hermosas y malignas. Por supuesto, habían llegado a suelo valquirio.

    El territorio era frío e inhóspito. No existía flora ni fauna, su aspecto era vacío y triste.

     Camuflados por el nuevo aspecto que les había conferido la poción, se mezclaron con las criaturas y conocieron sus costumbres. Entre otras cosas, les gustaba bañarse en un lago helado de color púrpura mientras tomaban unas infusiones de sabor inclasificable. 

    Eran adictas a unas sustancias bastante fuertes. De hecho, casi siempre iban drogadas. Para su asombro, descubrieron su forma de procrear y dar a luz: tomaban una pastilla que las hacía entrar en éxtasis, quedarse encinta y alumbrar seiscientas sesenta y seis hijas a la vez. Estas hijas recibían el nombre de Draconianas. No se trataba de un parto normal, sino que alumbraban huevos que se convertían en capullos. Del interior de estas gelatinosas crisálidas salían las famosas muchachas infernales. 

   Mis padres comprendieron que se trataba de una especie tremendamente evolutiva y, durante un momento,  sintieron tener que aniquilarla.

   Como ya he dicho, les encantaba bucear en el maligno lago helado. Podían hacerlo debido a que tenían una piel especial capaz de resistir tanto las altas como las bajas temperaturas. 

  Habían pasado dos días y mis padres no habían encontrado la oportunidad de decapitar a tres criaturas. Era hora de actuar. La mejor solución era aplicar el ungüento de Carlomaño en sus bustos mientras conciliaban el sueño. Ardua tarea, ya que apenas dormían.

  Finalmente llegó el día en que sus cuerpos no pudieron más. Fue entonces cuando mis progenitores lograron iniciar su plan. 

  Sin embargo, los cuerpos de aquellos extraños seres contaban con un mecanismo de defensa. De sus sienes salieron unas pinzas mortíferas y mis padres estuvieron a punto de perecer hechos trizas. Las pinzas contaban con unos garfios acabados en punta capaces de desgarrar todo tipo de tejidos. 

  Alertadas, las valquirias despertaron de su sueño. Identificados como traidores, mis padres fueron perseguidos por una horda de iracundas criaturas. 

   Por desgracia, fueron alcanzados y algo les golpeó hasta dejarles sin sentido. Cuando abrieron los ojos se encontraron de frente con el ser más hermoso y maligno de todos: la Valquiria madre, que lucía un traje engalanado y se tomaba un bebistrajo o brebaje especial. 

   Así fue como empezó la mutación de aquella regia criatura: sus ojos se le volvieron rojos, de su frente emergieron unas astas puntiagudas y la piel se transformó en un manto escamado y gelatinoso. Miraron con temor sus uñas afiladas y aquel pelo azulado que trazaba ondas en el aire gélido. De su pecho emergían unos pegajosos tentáculos. 

  Se vieron perdidos y sumidos en una amalgama de golpes que dejó sus cuerpos doloridos e inútiles. Mi padre tomó la mano de mi madre y la miró fijamente. De repente recordó que, camuflada bajo aquella falsa túnica que cubría su transformado cuerpo, guardaba la minicucharrracuchillaeléctrica que pensaba usar para decapitar a esos monstruos. ¿Cómo podía haberlo olvidado? Con un último esfuerzo, introdujo la mano bajo sus ropajes y sacó de su faltriquera el afilado artilugio. El acero se expandió en el aire y mi padre, con ánimo resolutivo, dio un grito y se abalanzó sobre la Valquiria madre. Cuando el filo traspasó su pecho el monstruo lanzó un terrible alarido y cayó. Mi progenitor levantó ambos brazos y, de un golpe, amputó su codiciada cabeza. 

  Tras haber matado a la reina Valquiria, vieron como el resto de monstruos retrocedían horrorizados. Mi padre se envalentonó y corrió tras ellos. Lanzó la minicucharrracuchillaeléctrica y atravesó a una de las criaturas por la espalda. Se acercó corriendo al cadáver y, tras arrancar de la carne el afilado arma, le amputó la cabeza. Igual que un guerrero, continuó persiguiendo a los avernales seres y volvió a lanzar su arma como si de una jabalina se tratase. Esta vez tuvo más tino, y atravesó el cráneo de otra de las criaturas, que cayó fulminada. Extrajo con fuerza el arma e, igual que los casos anteriores, amputó su cabeza. Por fin había cumplido su misión, por lo que dejó de perseguir a los asustados seres. 
  
  Recogió las cabezas ensangrentadas y ayudó a mi madre, que todavía permanecía malherida a los pies del cadáver de la Valquiria madre.

   —Debemos irnos rápido.

   Con la muerte de su líder, el territorio valquirio comenzó a destruirse, pero mi padre logró escapar con su esposa antes de que llegase la hecatombe. Tras adoptar su verdadera forma, deshicieron el camino para regresar a casa de Xamane. 

  Ante todo, mis padres eran honrados y visitaron  a los amigos de Xamane para devolverles los objetos que les habían prestado. Ninguno de ellos quiso aceptar la vuelta de estos presentes. Por el contrario, les ofrecieron comida y alojamiento además de curar a mi madre. 

   Cuando por fin lograron llegar a casa de Xamane, este les recibió con los brazos abiertos. 

  —Tal y como nos dijiste, hemos descabezado a tres de esos terribles seres. Entre ellos a su líder.

       Xamane sonrió y fue conciso:

        —La maldición ha concluido.

    En efecto, así fue. La mujer con forma de estatua se debilitó  y mi alma, transmutada en su interior, fue liberada. Inmediatamente, llamé a mi Aura y esta abandonó el cuerpo de aquel amable sepulturero para volver a componer mi esencia. 

    Mi gélido cuerpo, postrado en la cama, volvió a cobrar vida, recuperé mis ojos y, por fin, pude abrazar a mis progenitores, los verdaderos héroes de esta historia. 

      —Hijo, tengo un regalo muy especial para ti.

     Mi padre estaba muy emocionado mientras decía estas palabras.

       Me entregó la cabeza de la reina de las malditas, disecada sobre una peana de roble labrada con forma de hojas de acanto. 

           Con orgullo la coloqué sobre la pared y después me senté a escuchar a mis padres, que me refirieron la increíble historia que os he contado.


viernes, 14 de junio de 2019

Valquiria parte 1


Imagen sujeta a derechos de autor


¡Seguimos con nuestra ronda de relatos splatterpunk! Y en esta ocasión tenemos un invitado que no necesita presentación: Samir Karimo, colaborador habitual y autor de las antologías Sobrenatural y Okulto, amén de otras publicaciones. Podéis seguir su contenido en sus páginas de facebook Okulto y Sobrenatural. Podréis leer Valquiria en dos partes. Recordad que al final de esta entrada tenéis la opción de, si os gusta, votar este relato ;)


  Un día mientras paseaba por la calle, me topé con un cartel muy interesante: «Se vende casa con tres pisos, cuatro baños, dos cocheras y tres dormitorios. Teléfono 666666666». 



  Me sentí tentado por la oferta, tanto que contacté con su misterioso propietario y le firmé un cheque por el inmueble. ¡No siempre se encuentran ofertas como esta! Además, ya era hora de que me independizase. 

 Una vez el inmueble fue mío, contraté a una empresa constructora para que remodelase mi futuro hogar. Me apetecía cambiar la estructura del edificio y la reparación de desperfectos era urgente. Además de darle un buen lavado de cara, cambié totalmente la decoración, acorde con mis gustos. Los trabajos de remodelación duraron dos meses tras los cuales me instalé por fin en la mansión. 

  Describiré cómo era mi nuevo hogar: En el jardín coloqué unas estatuas parecidas a las que podemos observar en el palacio de Versalles; en el segundo piso colgué unos cuadros originarios de la India además de colocar unas estatuillas de Buda y Pitágoras. En el tercer y último piso podían verse unas pinturas de Van Goce, el hermano de Van Gogh y unos lienzos muy raros de Pica Eso, padre de Picasso. 

  Recuerdo que una noche mientras dormía escuché un ruido que me alarmó, como si algún objeto se hubiese hecho añicos. Me puse las zapatillas de estar por casa y fui a averiguar qué pasaba. No encontré nada y volví a la cama. A los diez minutos noté que me habían destapado, ¿cómo podía ser eso? Volví a dormir hasta que, de repente, me despertó la voz ponzoñosa de una mujer afligida:  ¿de dónde salió esta tía?, pensé yo. 

  ¿Quién eres tú? 

  Soy la estatua de tus sueños… 

  En efecto, se parecía a la estatua de Venus que había colocado en el mausoleo familiar. 

  Sí, pero, ¿qué quieres de mí? 

  ¡Quiero poseerte! 

 La idea me horrorizó y sufrí el castigo de ser convertido en una estatua.

  Eso fue lo que creí al principio, pero realmente me estaba transformando en un rígido cadáver. Mis manos morenas se volvieron azules y pude sentir cómo la sangre se coagulaba en mis venas. Estaba totalmente petrificado, no lograba mover ni un sólo músculo. Sólo mi vista había escapado al terrible hechizo. 

  El demonio femenino se asemejaba a Diana y sonreía dejándome ver su insidia y sed de sangre. Iba vestida con un sujetador de cuero rojo y un catsuit negro. No era ni pelirroja ni rubia, podría definirla como una curiosa mezcla entre las mujeres orientales descritas en los cuentos de hadas y las hermosas damas nórdicas. 



  Dentro de mí se libró una terrible lucha entre mi alma y aquel fatal sortilegio. Ambas partes asumían distintos papeles en esta cábala: poseídos y poseedores. No sabía a qué atenerme.


   Mientras se daba esta lucha interior, recordé el consejo que me dio mi padre la primera vez que me acompañó de compras y vio la estatua: 

  No te la compres.

 Pensé que lo que me estaba ocurriendo era culpa de mi obcecación, a pesar de los consejos.

  Escuché a lo lejos unos gemidos y unos gritos desesperados. Detrás llegó el sonido de unas cadenas que se arrastraban. 

  ¿Quiénes son? ―pregunté

  Sí, amigos míos, aunque parezca incongruente podía mover la boca...

  ¡Son mis esclavos! ―,dijo con arrogancia.... 

 Con horror, pude ver desde donde estaba que esas criaturas de aspecto pretendidamente humano no tenían ojos y lucían un profundo agujero en el pecho, a la altura del corazón.

  La diabólica Diana se cambió de ropa y apareció de nuevo ante mis ojos vestida con una túnica griega. Llevaba una diadema de diamantes y portaba un largo estilete y una correa afiladora. Recordé la imagen de las criaturas con el pecho agujereado y sentí terror.

  ¿Me hará lo mismo que a ellos?, pensé.

  Me pareció escuchar la voz de mi alma:

 No sé si lograré vencer este hechizo. Está destruyéndome completamente. 

  ¡Qué quieres que haga yo!  le contesté

 Mira, tengo una idea. Sabes que sobre mí está el Aura. Intentaré arrojarla fuera del cuerpo y le pediré que vaya a buscar ayuda. Mientras lo logra, continuaremos con nuestra lucha.

  ¡De acuerdo!

  Noté un olor agradable: ¿qué podrá ser, tal vez mi merienda?, pensé con ironía.

  ―Espero que te guste el aroma de mi sopa, hecha de ojos y corazones ―, me dijo aquel pérfido demonio―, después me untaré el cuerpo con grasa humana.

   ¿Por qué habría de untarse el cuerpo con grasa?, ¿Sería verdad que esa noche perdería los ojos y el corazón? No quería creerlo, pero sabía que sucedería. 

  ―¿Eres necio o no has comprendido que me estoy ungiendo para empezar tu sacrificio. Por qué sino iba a embrujarte?

  Al escuchar estas palabras me dio un patatús y sentí que el corazón se me paraba.

 Me dijo con socarronería: 

 ―Me has ahorrado tiempo. Ahora sólo me quedan tus ojos.... 

 Finalmente, el embrujo venció a mi alma y, literalmente, se la tragó:

 Perdí una batalla, pero no la guerra.

  La bruja preparaba el altar:

  ―Te mataré aquí, sobre esta encimera llena de  ojos, riñones de cerdo, sesos y otras cosas que no puedes imaginarte. Regaré todo con limón y agua.

  No podía hacer nada. Todo quedaba en manos de mi aura.

  Finalmente me sacó los ojos con el estilete y mis cuencas quedaron vacías. 

 La escuché recitar unos extraños salmos y luego empezó la ablución. Mi alma ya no formaba parte de mi cuerpo, me sentía huérfano. ¡Cómo podría ser que mi esencia fuese defenestrada por esa mujer! Además, me considero un ser humano que se preocupa por el prójimo, jamás hice mal alguno.

  Por cierto, todavía no conocía su misteriosa identidad: 

  ―¿Quién eres? 

  ―Soy todo lo que conoces. Para vivir necesito absorber el terror de los hombres. Y no estoy sola.... 

  Me sentía indefenso y estaba completamente ciego. Escuché el ruido de lo que parecía una licuadora y un murmullo gelatinoso. Comprendí que el pérfido súcubo estaba preparando un repugnante batido con mis globos oculares y el resto de viscosas viandas.

  Oí como apuraba la repugnante mezcla y, de repente, experimenté la sensación más extraña que he tenido en mi vida. Me había transmutado en el interior del cuerpo de esa cosa. 

 Ahora formaba parte de su ser gracias a que le había entregado mis ojos y mi corazón. Contacté con otras almas que fueron víctimas del hechizo. Sin embargo, seguíamos sin saber quién era. Ninguna de ellas conocía el origen de aquella bruja impía ni su motivación. 

  Mientras tanto, mi aura intentaba buscar un cuerpo donde habitar, de lo contrario la historia terminaría para siempre. Vagó incansable hasta que se encontró con un sepulturero que daba santo entierro al cuerpo de un joven. Se le acercó y este, asustado, le preguntó: 

  ¿Qué quieres de mí? 

  Tu cuerpo. 

 ¿Mi cuerpo, por quién me tomas? 

  Entonces mi aura le explicó el motivo de su petición. 

 Es que mi amo murió a manos de una mujer loca… 

  Vale. Pero no perderé mi identidad ni mi libertad.

  ¡Por fin mi aura tenía un cuerpo! 

  Mientras tanto yo seguía en el cuerpo de Lestrigona, así la bauticé.Tras vagar por aquellos interminables espacios viscosos y fétidos, llegué al cerebro y comprobé que su memoria era confusa. Después de varios fogonazos de recuerdos inconexos, descubrí algo asombroso: un portal hacia otra realidad protegido por un carcelero. Me abalancé sobre él y lo reduje. Se escuchó un grito, y deduje que la mujer recipiente esta experimentando una jaqueca temporal.

  Una vez crucé el portal, comprobé que existía una colonia entera de brujas que parecían reproducirse por arte de magia. Eran antropófagas, y las identifiqué como descendientes de las Iblisias, valquirias demoníacas. 

  No pude averiguar nada más, porque el guardia que creí muerto había resucitado y logró reducirme. 

  Pero, ¿por qué esas criaturas fagocitaban ojos, corazones y almas? 

  Debido a su hermoso aspecto creí encontrar una explicación lógica: esta "dieta" les permitía rejuvenecer y mantener su engañoso y bello físico.

    Sentí de repente una nostalgia tremenda al verme indefenso y me concentré. Logré contactar con mi familia. 


   ¡Papi, mami!


   ¿Quién nos llama?


   ¡Soy yo! o ya no lográis reconocer a vuestro hijo.


   ―No podemos verte...

   ¡Papi, es que estoy dentro de un cuerpo! Me ha ocurrido algo sobrenatural. Una mujer...


   Te he dicho que no seas calavera...


   ―Nunca fui calavera...


   ―¿Y esa mujer de la que hablas?


   Era una broma... 


  Bueno, sigue con tu relato.


  ―Una mujer me comió el corazón, los ojos y el alma. La única que se salvó fue mi aura y ocupó el cuerpo de un sepulturero. ¿Recordáis cuando decidí vivir solo? ¡Por qué nos os escucharía! El día que quise ser independiente me ocurrió esto.


  Pero dinos, ¿quién es esa chica?


Y les respondí que aún no sabía quién era.

  No te preocupes. Iremos a Xamane, un amigo nuestro  sabe de estas cosas.


  Prepararon el equipaje y se fueron.

 El viaje fue muy fatigoso. Menos mal que cogieron el transporte de moda, llamado transpormorfo. Se trata de un tipo de transporte que se transforma a gusto del usuario.

  Una vez llegados al PULMÓN DEL MUNDO cogieron un taxi que les llevó a casa del mago. Durante el camino se toparon con  anacondas, microaligátores apirãnados y cabezas rodando.
  Mis padres le tendieron la mano a su amigo. Este les preguntó qué hacían en aquél lugar tan inhóspito y ellos le contaron lo sucedido.


  ―Aunque parezcan humanas, esas mujeres son unas criaturas enviadas por el DEMONIO para provocar DESEO y TERROR. Habitan en una región terrible llamada RAGNAROK, rodeada por una nube plomiza en el centro de nuestro planeta. Bueno, no en el centro exactamente, sino a cincuenta kilómetros.


  Sí, pero ¿cómo podremos llegar ahí?


  Primero deben tomar esta bebida y crearan un campo energético que perdurará tres días.Tienen tres días a partir de hoy hasta recuperar a su hijo.


  Sí, pero, ¿qué podemos hacer para liberarlo?


  Deberán decapitar a tres de esos seres demoníacos y extraerles el cerebro para preparar un ungüento. No deben olvidar tomar esta pócima que les convertirá en Iblisias. Se fiarán de ustedes.


 Tomaron la bebida y se sintieron fuertes.

  Sólo una cosa, ustedes se convertirán en esas cosas cuando entren en su territorio. Pero antes, deben ir a visitar a algunos amigos míos que pueden ayudarles.


  Primero viajaron a Ayudadivinal a encontrarse con Tótem. Era una ciudad muy bella. Estaba rodeada por una muralla dorada y respandeciente. Las casas habían sido construídas bajo una cúpula de cristal que les permitía protegerse contra la contaminación existente en nuestro mundo. Las calles estaban hechas de hielo. No existía la pobreza ni la riqueza, todos los ciudadanos eran iguales. 


  Se dirigieron al Palacio Totemesko para hablar con el rey Tótem. Le dijeron que venían de parte de Xamane y se alegró.

  ―Los amigos de mi amigo son también mis amigos. Pero díganme, ¿qué desean? 


 Es que nuestro hijo está atrapado en el interior de un cuerpo que no le pertenece…


  ―Comprendo. Es obra de esas malditas arpías que viven cerca del centro de nuestro planeta.


  Sí,  el señor Don Xamane nos dijo que poseía algo que nos ayudaría a derrotarlas mejor.


  ―Por supuesto. He aquí la minicucharrracuchillaeléctrica, que les permitirá descabezarlas…


  Tras cenar en el palacio, descansaron un poco.

  Mientras tanto yo añoraba aquellos tiempos en los que era un niño sin preocupaciones.

  Dos horas después mis padres se despertaron y continuaron el viaje. 

  La próxima parada era Dioéxiste, situada a trescientos kilómetros de la antigua Atlántida.

  Fueron en aerostato hacia el palacio ministerial y la reina GUAPETAS accedió a recibirles. Tras un breve diálogo les dio un taladro para que pudieran perforar la costra terrestre.

  Esta reina era distinta a las demás, muy amada por su marido y sus tres hijos. El mayor se llamaba Atlas, el más joven Poseidón y su única hija Selena. 

  La familia ofreció a mis padres una gran cena formada por jabalíes cocidos, pollos asados, huevos fritos y demás viandas.

  Por fin llegaron a su último destino: VADE RETRO, ciudad localizada entre los Pirineos y Roncesvalles. Se llamaba así porque estaba bañada por un río tocado por la mano divina. La gente acudía a purificarse.

  Estaba situada en la cumbre de una pequeña montaña y su acceso era complicado. Pero mis padres son valientes y gracias a su corazón lograron cumplir la misión.

  Allí fueron recibidos por el representante del pueblo, ya que no había gobernadores debido a que los ciudadanos eran sumamente inteligentes y no aceptaban la corrupción. Este representante se llamaba Carlomaño.

  Les regaló un ungüento especial y les explicó de qué forma debían usarlo.

   También les advirtió que los demonios femeninos aparecían con facilidad porque nuestro mundo atravesaba una grave crisis mundial.

  Así terminó la primera parte de su misión. Ahora debían usar el taladro para llegar al fin del mundo. Al primer lugar donde llegaron fue a un pueblo llamado Quemaduras. Se llamaba así porque estaba habitado por criaturas antropomorfas que tenían la piel completamente calcinada. 

  Lo que más les fascinó fue su cálida acogida. A pesar de todo mis padres desconfiaron. Y estaban en lo cierto. Las criaturas se transformaron en monstruos con garras afiladas y dientes halitósicos.

  Se acercaron con miedo a los coléricos seres y lograron tocar a algunos con las manos impregnadas en el ungüento especial que les había regalado Carlomaño. Los monstruos gritaron y se retorcieron, sus cuerpos comenzaron a convulsionar y la piel se desprendió de la masa muscular.

  Los ojos se les salieron de las cuencas, sus huesos crujieron y su cuerpo se pudrió a una velocidad inusitada.

  Poseían un organismo completamente diferente al nuestro. Ya no tendrían que preocuparse, porque mis padres los habían enviado de vuelta al infierno...


                                                        CONTINUARÁ

viernes, 7 de junio de 2019

Lemegeton (parte 4)




ANDRAS 


Imagen sujeta a derechos de autor


¡Ya está aquí de nuevo nuestro compañero Milos de Azaola para hablarnos una vez más de la cohorte demoniaca! Recordad que podéis disfrutar de esta sección mensualmente en Caosfera ;)




  

Un Marqués de los Infiernos especialmente letal. Tiene el cuerpo de un ángel y la cabeza de un cuervo o un búho. Monta a lomos de un gran lobo negro, y en sus manos resplandece una terrible espada. Su voz es suave, aunque también puede ser como un silbido. Su filosofía consiste en matar a los enemigos, y es experto en suscitar discordias. Es enteramente destructor, y resulta tan peligroso que puede llegar a matar incluso al mago que lo invoca. Avisados estáis. Comanda 30 legiones. 



  —Mi mayor deseo es acabar con Pedro Sánchez —dijo el líder de un conocido partido político de derechas al demonio, frotándose las manos con avidez—. Dime cómo... 

  Pero no pudo terminar la frase, porque Andras, rápido como un relámpago, desenvainó la espada y le cortó la cabeza de un tajo. 

  —¡Eso por invocarme! ¡No me gusta que me interrumpan en mitad de una sesión de tortura! ¡Ahora te enseñaré modales! 

  Cogió del suelo la cabeza, todavía boquiabierta, y regresó con ella al Infierno. 






ANDREALPHUS

Imagen sujeta a derechos de autor


  Marqués con la apariencia de un hermoso pavo real. Entre sus especialidades figura la de enseñar matemáticas, especialmente geometría, por lo que es un demonio especialmente insufrible. También transforma a las personas en aves. Se presenta produciendo un terrible ruido, pero éste se atenúa y desaparece cuando se le pide que adopte forma humana. Comanda 30 legiones. 


  

  —Andrealphus, mi hijo es un idiota —dijo el hombre desesperado—. Yo quiero que sea ingeniero el día de mañana, pero es una completa nulidad en lo que a matemáticas se refiere. Le he apuntado a clases particulares, ha tenido los mejores maestros, pero no ha servido de nada, sigue sacando ceros... ¡ya no sé qué hacer!
  —A lo mejor es de familia —observó el pavo—. ¿Cuál es la raíz cuadrada de 16? 

  El hombre, que no se esperaba ese giro de la conversación, dudó.

   —Eh... ¿5?

  —Respuesta incorrecta.

  El hombre fue transformado en pollo y el demonio adoptó su verdadero aspecto, relamiéndose.

  —¡Ah, la cena!




PARA SABER MÁS


viernes, 31 de mayo de 2019

El secreto de Blancanieves




  
 Sabemos que estáis deseando leer los relatos que nos llegaron con motivo de la convocatoria de nuestra antología splatterpunk, Gritos sucios. ¡Por fin ha llegado el momento! Esta semana os traemos un macabro cuento de nuestra compañera Mandragora Brujah, a quien podéis seguir los pasos en La mansión del doctor Clock y en el grupo de facebook El pueblo maldito del Doctor Clock, donde podéis encontrar interesantes aportaciones y compartir vuestras inquietudes. Sin más os dejo con este perverso homenaje a los cuentos que marcaron nuestra infancia.



  Se dice que algunos libros los inspira el demonio. No sabemos si esta afirmación puede ser cierta, pero el relato que os voy a referir hará que esta apreciación cobre fundamento. 



  Sucedió hace mucho tiempo en una lejana comarca donde gobernaba un rey llamado Siriaco. Dicho rey vivía en un inmenso castillo con su hijo, el príncipe Rodrigo. A diferencia de su padre, un hombre valiente y grande, Rodrigo era pequeño, miedoso y de rostro inocente. Siriaco solía burlarse de él y, además, le reprochaba el parecido con su madre y difunta esposa. La reina murió durante el parto, y su marido tenía la terrible costumbre de cargar a su hijo con esta ominosa culpa. 

  Para demostrarle a su padre que estaba equivocado y probarse a sí mismo, Rodrigo se marchó a la guerra. Su experiencia en el campo de batalla le hizo cambiar por completo. Fue la primera vez que vio la muerte de frente. Jamás imaginó que el verdadero infierno era obra de los hombres. Para su desgracia, aquel horror que tanto le impresionaba logró insensibilizarle y poco a poco se acostumbró a los alaridos de dolor que impregnaban el aire. Las terribles visiones de la carne cercenada ya no le impresionaban, el olor de las vísceras palpitantes le excitaba y disfrutaba haciendo rodar las cabezas de sus enemigos. Sonreía al ver los pequeños trozos de extremidades colgando entre las ramas. Inmerso en su ira inaplacable, continuó derramando océanos de sangre. La podredumbre se adueñó de aquella tierra fértil y el zumbido de las moscas se convirtió en un himno macabro. Aquella cruzada sangrienta era lo mejor que le había pasado. Borró los recuerdos de su niñez y sintió que renacía en el cuerpo de un hombre regio y poderoso. 

  Cuando llegaron los tiempos de paz, tuvo que regresar; mas pronto experimentó el aburrimiento. Necesitaba adrenalina, esto le llevó a sumergirse en el alcohol y el vicio. Organizaba fiestas donde la violencia era una constante. Su sed de sangre le llevó a inventar unos “juegos" macabros apoyados por sus amigos de la nobleza. Las víctimas solían ser prisioneros y campesinos. Mandaba traer a sus pobres familias y las hacía correr en un campo cercado. Unos salvajes perros de montería se encargaban de atraparlos. Magullados y moribundos, los cuerpos eran atados con sogas y arrastrados hasta la muerte. Como premio, tiraba los restos a sus fieles canes. Pero su perversión iba mucho mas allá y en ocasiones él mismo se cubría con pieles de lobo y se unía a la jauría para disfrutar del macabro festín. 

  A las mujeres les esperaba otro destino no menos terrible. Las llevaba a un cuarto oscuro para desnudarlas y cubrirlas con túnicas blancas. Les hacía danzar y les obligaba a comportarse como animales para después arrancarles sus exiguas vestimentas y poseerlas ferozmente. 

  Le encantaba coleccionar trofeos. Sus favoritos eran las cabezas. Las exhibía con orgullo en una vitrina y disfrutaba con la visión de sus rostros desencajados. Se excitaba acariciándolas mientras contemplaba sus cuencas vacías y el color verdoso de la carne descompuesta. Para inmortalizar su pasión, mandó llamar a un artista llamado Jeremías, el cual le hizo un retrato a tamaño natural. Posó desnudo sobre un altar de cráneos con su espada en la mano. La ferocidad de su rostro y la brutal erección de su miembro viril eran imponentes, tanto que los invitados se paraban a contemplar la escena a medio camino entre la fascinación y el pavor.

  —¡Ya es tiempo que te cases y me des un heredero! 

  Fue la determinante orden de su padre, que amenazó con desheredarlo. Para más inri, le advirtió que si en el plazo de un mes no había elegido a su futura esposa, él mismo lo haría. Desesperado, pensó en buscar a las vírgenes más hermosas del reino. Tal era su egolatría, que a pesar de conocer la fama de apolíneo y arrogante que lo definía, pensó que cualquier mujer moriría de amor por él. 

  Malhumorado por la determinación de su progenitor, marchó a una taberna. Allí se mofó de unos borrachos que, entre biliosos vómitos y rebuznos, le contaron una increíble historia. Esta historia hablaba de una extraña hembra que habitaba el bosque. Pero no una mujer cualquiera, sino una de las mas bellas que se hubiesen visto. Unos afirmaban que era un ángel perdido, otros un hada bondadosa. También había quienes aseguraban que se trataba en realidad de una bruja, pero jamás pudieron dar crédito a ninguna de estas afirmaciones. 

  —¡Eso son mentiras! —gritó Rodrigo—. No existe ninguna mujer así.

   —Si la hubieras visto con estos —dijo uno de los borrachos tocándose los ojos—, cogiendo moras en el bosque no dirías eso. Sabrías que es muy real. 

  Comenzó a describirla con pelos y señales, utilizando palabras lascivas y vulgares propias de su vocabulario.

  Rodrigo emitió una carcajada.

  —¡No te creo! pero aún así iré en su busca. Si lo que dices es cierto te pagaré con una bolsa de oro, de lo contrario espera a mi verdugo. 

  —Te tomo la palabra. Para encontrarla deberás ir hasta un lejano lugar llamado paraíso.

  Todos miraron a Rodrigo. Ninguno de los presentes habló, solo hicieron muecas burlonas mientras el hombre se marchaba.

  A primera hora partió a lomos de su alazán. Les acompañaba una neblina persistente. Atravesaron extensos campos y se adentraron en bosques tenebrosos donde se escuchaban sonidos inquietantes y desconocidos. Imaginó que cabalgaba a través de rocosos desiertos y sorteaba pantanos delos cuales emanaban fétidos hedores. Creyó enloquecer, y comprendió que todas esas alucinaciones no eran sino fruto de un encantamiento. La fiebre quemaba su frente, pero su obsesión era más fuerte y le dio fuerzas para continuar. Su mirada estaba plagada de destellos rojizos e infernales, el viento susurraba infamias e imprecaciones a sus espaldas.

  Escuchó el familiar sonido de un cauce y lo siguió. Descubrió un pequeño arroyo y sació su sed. Los rayos solares impactaban sobre las prístinas aguas. Cegado por los maravillosos destellos, empezó a experimentar un inexplicable sopor y no pudo evitar quedarse profundamente dormido. Despertó alertado por los sonidos inquietos del caballo y vio que le habían robado la espada. A pesar de sentirse indefenso continuó con su aventura.

  Tras largo tiempo cabalgando divisó un claro en el bosque y, al fondo, vio lo que parecía un extraño muro de piedra repleto de moho y musgo. Quiso escalar el muro, pero era demasiado alto, así que lo fue bordeando hasta que encontró varias hayas que crecían próximas y vio la oportunidad perfecta. Se acercó junto a los árboles y, dispuesto a trepar por el más cercano, se subió de pie sobre el caballo y comenzó a agarrarse con fuerza a las ramas. Cuando logró cierta altura no pudo creer lo que vio: se trataba de hermoso un jardín iluminado por una luz tenue y rosada. La deliciosa fragancia que emanaba de exóticas flores invadió sus pulmones. Tuvo la certeza que ese era el lugar del que le habló aquel sucio aldeano. Se aferró a la rama más próxima y saltó sobre el muro con cuidado de no caer. Creyó apreciar sobre la hierba las huellas de unos pies que identificó como delicados y femeninos. Sonrió al pensar que había encontrado a la hermosa mujer.

  Se aferró a uno de los coloridos árboles frutales que encontró junto al muro y, por fin bajó al jardín. Siguió los delicados pasos, que le llevaron a un estrecho camino. Al final del sendero se topó con una pequeña cabaña. Golpeó la puerta que, para su sorpresa, se abrió fácilmente. Los muebles eran pequeños y todo estaba muy limpio. Sobre una mesa encontró toda clase de frutas. Cogió una manzana y la devoró. Estaba exquisita, tanto que decidió comerse el resto de la fruta. Cuando estuvo satisfecho, se acostó en una de las pequeñas camas y cayó rendido. 

  Cuando despertó le atrajo un aroma dulce y persistente. Alzó la vista y quedó ensimismado: una hermosa mujer lo miraba fijamente. Era la mujer más bella que había visto nunca. Sus cabellos eran largos y negros como el ala de un cuervo y la expresión de su rostro era dulce y lánguida. Sintió un deseo irrefrenable de de besarla y acariciarla. Se acercó a ella y la besó. Intentó desnudarla, pero entonces sintió un fuerte golpe en la nuca y quedó inconsciente.

  Cuando volvió a recuperar la conciencia percibió un olor rancio y sintió un terrible dolor en todo el cuerpo. Permanecía sentado sobre una silla, amarrado de pies y manos. A su alrededor se amontonaban unos hombrecillos que llevaban grandes gorros. Eran horribles, reían y se relamían. Advirtió el brillo maligno de sus pupilas y sintió pánico. Percibieron el olor del miedo y se burlaron con sus voces chillonas:

  —¡Aquí llega Blancanieves! la mujer a la que tanto buscabas...

  La joven adquirió un aspecto siniestro y se acercó con unos movimientos mecánicos. La expresión de su rostro era fría. Cuando abrió los labios, una mezcla de sangre y bilis le resbaló por las comisuras. Se agachó sobre su víctima y le bajó las mallas. Echó la cabeza atrás para mostrar sus afilados colmillos que, deseosos de sangre, perforaron el pene de aquel orgulloso incauto que se deshizo en alaridos. En cuestión de minutos quedó exhausto por culpa de la hemorragia y su boca se silenció para siempre. 

  Un hombre vestido con una capucha de cuero marrón y el torso desnudo comenzó a afilar los cuchillos que había sobre la mesa. Sonriente, profirió estas palabras: 

  —¡Hola hijo, te estaba esperando junto a toda la familia, ahí tienes a tu abuela! 

  Señaló a una anciana mendiga que acababa de llegar. Estaba envuelta en vapor y, sentada en el piso, murmuraba algo incomprensible. Clavó las uñas en la raída madera y dibujó un pentagrama a sus pies. Un cuervo entró por la ventana, se posó sobre el pentáculo y dijo con voz cavernosa: ¡Nunca mas! 

  —Sabia que ibas a encontrar la mujer correcta para ti. ¿Has visto qué hermosa se ha puesto tu hermana? 


  Desde el interior de un armario donde había colgado un espejo enorme, se asomó una niña vestida con una caperuza roja. La niña llegó acompañada de un lobo. Juntos, esperaban participar del suculento banquete. 

  Todos miraron a la hermosa Blancanieves, que besó los labios pálidos de su difunto hermano, Rodrigo. El hombre de la capucha asintió y dejó que el ritual se completase antes de lacerar aquella carne joven y varonil. 

  La luna de sangre anunciaba un nuevo comienzo. 





viernes, 24 de mayo de 2019

Entrevista a Julián Manuel Cambero




Reconozco que puedo preciarme de haber conocido a lo largo de mi vida personas singulares y extraordinarias. Sin duda alguna, Julián Manuel Cambero Sánchez es una de ellas, cuando conozcáis su talento comprenderéis lo que digo. No dejéis de visitar su página Necroarte y maravillaros. De momento os dejo con esta estupenda entrevista.





1. ¿A que edad tomaste la decisión de dar rienda suelta a tus instintos artísticos?
  

  Empecé a dibujar cuando era muy pequeño, tendría en aquel entonces 8 o 9 años. 


2. ¿Qué te llevó a hacerlo?

  Era mi manera de llamar la atención.


3. ¿Tuviste algún referente?

  No, en esa época de mi vida yo no sabía nada de arte, mi único cometido era llamar la atención de las personas que me interesaban.



4. ¿Cuál dirías que es el artista gráfico y/o ilustrador más emblemático del siglo XXI?

  Nunca he sido mitómano. Los hay buenísimos, personas capaces de crear una firma propia; pero si debo destacar uno, diré el nombre de H.R Gigger.


5. ¿Y el más polifacético?

  ¿Más que Gigger? Imposible.


6. Salvador Dalí dijo: "Saber mirar es una forma de inventar". ¿Estás de acuerdo?

  Totalmente. Para crear hay que saber mirar, y lo más importante: ver más allá.


7.¿crees que el mundo del arte está en declive?

  
  Definitivamente no, siempre habrá movimiento creativo y calidad. Que el público separa valorarla o no, es otra cosa.


8. ¿Qué consejo o consejos les darías a las nuevas generaciones?

  Que crean en sí mism@s, que nunca dejen de soñar y que luchen por esos sueños.


9. Ahora vamos a hablar de tu producción artística. ¿De dónde surge el concepto "Necroarte"?

  Poco te puedo contar a ti que no sepas (risas). Cada uno tiene sus fetiches y obsesiones, los míos son la pintura y los huesos, ¿qué otro nombre podría haber elegido?


10. ¿Qué te animó a darle forma?

  Después de ver por primera vez mi casa llena de huesos y no salir despavorida, te lo puedes imaginar (risas). Evidentemente, en mi círculo familiar esto no era tan comprendido y decidí buscar el modo de ahuyentar su rechazo. La solución era crear arte, y lo demás lo sabes (risas).


11. Este tipo de arte tan particular pone de manifiesto tu alta capacidad como diseñador. ¿En qué parámetros te basas a la hora de decantarte por un diseño u otro?

  En un principio elegía diseños que pudiesen gustar a los demás, pero poco a poco los propios huesos me fueron enseñando a trabajar. Sus formas naturales ponen límites a ciertas formas y colores, ha llegado un punto en que los miro de frente y, directamente, veo el diseño de forma instantánea.



12. ¿Cuáles son tus materiales favoritos para trabajar?

  Los materiales acrílicos y la fibra de vidrio para reconstrucciones, les sientan muy bien.


13. He podido verte en varias exposiciones y me he maravillado. ¿Podremos verte en alguna sala próximamente? Háblame sobre tus futuros proyectos y añade todo lo que quieras.
  

  Por ahora no tengo idea de hacer ninguna exposición. Durante un tiempo no pude conseguir huesos, pero ahora vuelvo a tener material y nuevas ideas. También llevo un tiempo pintando sobre pizarra, se trata de diseños más comerciales que me absorben menos tiempo, pero tengo muchas ganas de seguir metiendo caña...



viernes, 17 de mayo de 2019

Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond, volumen 4





¡Viernes de relato! Y por fin tenemos una nueva entrega de nuestras Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond a cargo de nuestro querido Sergio Vargsson (conversaciones con un vampiro). Recordad que podéis seguir la saga completa en los siguientes enlaces: Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 1Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 2 e Historias de Dämon Schwarze and Opal Mond volumen 3




Estaba cansada del ruido, las luces y los olores de la ciudad. Necesitaba huir de aquella cárcel de cemento y aglomeraciones humanas. 

  Decidí viajar y, sin saber el motivo, elegí como destino un antiguo balneario situado en el interior de un denso bosque. En aquel lugar idílico pude disfrutar de hermosos amaneceres, y de noches oscuras y silenciosas que adquirían un encanto especial cuando brillaba la luna llena. 

  No quise llevar mucho equipaje, cogí lo estrictamente necesario y algo fundamental para mí: la plateada joya arcana labrada con una especie de trenzas de cabello humano en sus cierres. De estos cierres colgaban unas extrañas figuritas con la forma de una deidad exótica parecida a un largarto bípedo con alas de murciélago y el rostro lleno de tentáculos.  En los ojos tenía incrustadas dos amatistas de un venenoso color violeta, que destacaban sobre el frío brillo del metal. La valiosa joya había sobrevivido generación tras generación, y desde que la heredé no podía desprenderme de ella. 

  Una de aquellas oscuras noches en las que solía salir a pasear por los alrededores, noté que alguien me perseguía. Sentí un tacto frío recorriendo mi espalda. 

  Buenas noches. —Noté cómo mientras acariciaba mi pelirrojo cabello comenzaban a endurecerse mis pezones—. Como te prometí, siempre estaré cerca de ti, deseándote como tú me deseas. 


  Me giré lentamente hacia él.

  Quiero que sea aquí y ahora, no puedo esperar ni lo deseo.

  Y mirando sus ojos de indescriptible color, leí su mente. 


  Me estaba amando como jamás nadie lo había hecho, llenándome de pasión y desenfreno, arrastrándome hasta los límites de la perversión. 

  Con su dedo pulgar acarició mis labios y, tras humedecer  mi boca, se convirtió en una figura evanescente que me atravesó, dejando mi cuerpo completamente húmedo. 


  Regresé al balneario jadeando y sin dejar de pensar en lo sucedido. A lo lejos, en la entrada, divisé a un hombre corpulento vestido con uniforme. A medida que me iba aproximando percibía cómo el portero vigilaba mis pasos minuciosamente. 

  Buenas noches, señorita. ¿Está usted alojada en este recinto?  

  Su voz era grave. Con la más encantadora inocencia le respondí:


  Sí, pero, me gustaría que me tratase de una forma más cercana, ya que supongo que tras este pequeño y casual encuentro nos volveremos a ver de nuevo. Así lo deseo...

   Pareció encantado con mi pequeño atrevimiento. 


  Gracias, porque no podría dejar de mirar esos ojos verdes y profundos que hieren el alma. 


  Me cedió el paso caballerosamente y, consciente de mis  alabados atributos, contoneé las caderas sensualmente y le regalé una última mirada antes de  regresar a mi alcoba. 

  Dos días después, coincidí casualmente con aquel apuesto portero en una de las múltiples saunas nocturnas. Entablamos una conversación que se tornó acalorada, ayudada por las altas temperaturas, el sudor de nuestros cuerpos y la densa niebla de vapor que nos envolvía. 

  Tras un largo rato de conversación, decidí ir a por algo que nos refrescase un poco. Mientras regresaba con dos vasos de agua fresca sonreí maliciosa al recordar cómo, minutos antes, mi acompañante me había intentado conquistar de forma sutil. De repente sentí que algo me llamaba desde los más profundo de la bóveda celeste. Era ella, la poderosa e irresistible luna llena, que con su brillo hizo que mis ojos se iluminasen, despertando mis más oscuros instintos. 

  El metal de la adorada joya ardía en mi pecho y las amatistas de sus ojos parecían cobrar vida. Vibré de pura energía y regresé rápido a la sauna. Cada uno de mis pasos estaba envuelto en una magia tenebrosa y excitante.

  Abrí la puerta de la sauna y, tras una ola de vapor, vi a mi acompañante bañado en sudor. Le miré a los ojos y, mientras me aproximaba lentamente, tiré al suelo la toalla que cubría mi cuerpo. Alcé la mano y le dije 

   Tienes sed. 

  Él se incorporó lentamente. Sus ojos se clavaron en los míos, como si estuviese bajo los efectos de un hechizo. 

  Sí. 

  Respondió seguro de sí mismo y derramé el agua por mi cuerpo mientras sus ojos contemplaban cómo las gotas se iban evaporando lentamente sobre mi piel. Me tomó entre sus brazos y comenzó a lamer las gotas que se deslizaban por mi cuerpo. La temperatura continuaba subiendo. Me senté sobre él y comencé a poseerle. Entonces fue cuando comenzó lo bueno... 

  Mis uñas desgarraron su espalda. Le besé con ansia mientras gritaba y vi que sus ojos continuaban bajo aquel extraño hechizo. Sus manos oprimían con fuerza mis senos. Nos revolcamos por el suelo como si de dos fieras se tratase y, cuando parecíamos alcanzar el clímax del placer, mordí su cuello y dejé que su sangre impregnase mi cuerpo. 

  Seguía vivo cuando le arranqué las cuerdas vocales. Lo sé porque vi cómo abría los ojos, horrorizado. 

   No mereces morir. Mírame a los ojos por última vez. No los olvides por toda la eternidad, ya que serán los únicos que hieran tu alma.

  Acaricié con ternura su cabello y, tras abrirle los párpados, clavé mis uñas en sus dos preciosos globos oculares. El líquido intraocular empapó las yemas de mis dedos y se deslizó por sus ensangrentadas mejillas. Extraje con cuidado las pequeñas esferas, que pendían de un fino hilo de nervios oculares.

  Mientras lamía mi cuerpo impregnado con la sangre de aquel ser, pensé en que realmente jamás me olvidaría. Precioso. Lo que sí tenía claro es que sus perdidos ojos se vendrían conmigo mientras que él permanecería en una eterna oscuridad.





Saludos, adoradas criaturas de la noche. En especial a ti Dämon Schwarze, el señor de mi cuerpo, mente y alma.

  No os dejéis engañar, pero si por casualidad os ocurre, que no sea por los ojos de una mujer inocente y de mirada profunda. Las apariencias engañan...




Opal Mond