viernes, 9 de marzo de 2018

Nápoles, ciudad de huesos




El 1 de octubre de 1943, interminables columnas de vehículos y soldados entraron en Nápoles. La primera unidad aliada en penetrar en las calles de Nápoles fue un escuadrón de la Guardia de Dragones del Rey. Horas después, el ególatra general Mark Clark, que comandaba el 5º Ejército de Estados Unidos, hacía su entrada triunfal en la ciudad. 

  En las proximidades de la Plaza del Plebiscito, los napolitanos aguardaban con entusiasmo para recibir a sus libertadores. En aquella emblemática plaza era tradición que hiciesen acto de presencia los vencedores. Entre gritos de júbilo, la población lloraba, abrazaba a sus nuevos héroes y se arrodillaban ante ellos. 

  Clark, un hombre espigado, de grandes orejas y nariz prominente, se sentía exultante tras su victoria en Nápoles. Su alegría era proporcional al infierno que había pasado junto a sus tropas desde que desembarcaron en Salerno. Tal era la alegría que embargaba a Clark, que se permitió escribir a su mujer la siguiente felicitación de cumpleaños: «Te regalo Nápoles para tu cumpleaños. Te quiero, Wayne». 

  Pero la llegada de los aliados no iba a suponer el fin de los problemas para los napolitanos. Una ciudad peligrosa, insalubre, dominada por la hambruna y la miseria, aguardaba. En su retirada, los alemanes se habían encargado de demoler las instalaciones portuarias y dejar numerosos explosivos listos para estallar. 

  Las cloacas habían sido dinamitadas, los depósitos de agua de la ciudad habían sido drenados y el acueducto había sido volado en siete puntos distintos, privando a los napolitanos de agua corriente. 

  Las demoliciones no solo afectaron al suministro de agua. Las comunicaciones habían sido saboteadas, y los generadores y las subestaciones corrieron la misma suerte. La oleada de demoliciones que perpetraron los alemanes en su retirada también conllevó la destrucción de tres cuartas partes de los puentes de la ciudad y de las instalaciones industriales. 

 La barbarie de la guerra no solo afectó a las infraestructuras. Una ciudad tan rica en tesoros culturales como Nápoles sufrió terribles pérdidas. Un batallón alemán prendió fuego a la biblioteca de la Real Sociedad Italiana. Los archivos municipales y cincuenta mil volúmenes de la Universidad de Nápoles terminaron siendo pasto de las llamas. Los bombardeos aliados también causaron estragos, provocando daños en Castel Nuovo, el Palazzo Reale y la Biblioteca Nacional. Los grandes hoteles como el Continental, el Vesubio o el Excelsior, tampoco se libraron de los bombardeos aliados ni del vandalismo incendiario de los alemanes.

Explosión en la oficina de correos de Nápoles

El puerto había sido arrasado. Grúas volcadas o arrojadas al agua y vagones de tren obstaculizaban el tránsito. Los edificios de las inmediaciones fueron demolidos y los montículos de escombros se extendían a lo largo del puerto. Para dificultar los trabajos de reconstrucción, los alemanes colocaron explosivos, minas y tanques de oxígeno en las instalaciones portuarias.

  Precisamente, las numerosas trampas explosivas se convirtieron en un quebradero de cabeza para los aliados. El 7 de octubre de 1943 estalló la primera bomba alemana de efecto retardado. La detonación tuvo lugar en la oficina de correos, en Vía Monteoliveto. La onda expansiva desató una lluvia de cascotes y acero que acabó con la vida de setenta soldados y civiles.

  Durante tres semanas, los artefactos de efecto retardado continuaron estallando y sembrando el pánico entre los italianos y el personal militar. Incluso en los cuarteles del Príncipe de Piamonte se encontró casi una tonelada de explosivos programados para ser detonados el 19 de octubre de 1943.

  Los edificios reducidos a escombros y las atrocidades culturales no eran los únicos problemas de los napolitanos. El hambre y la sed debilitaban a la población civil. Los habitantes de Nápoles se sentían tan famélicos, que terminaron devorando los peces del acuario municipal. La hambruna era tal que la población de gatos en la ciudad se vio considerablemente reducida. Miles de italianos acudían a los abrevaderos salobres o a las conducciones rotas de aguas residuales para apaciguar la sed. Los ingenieros aliados lograron instalar una veintena de grifos, pero los altercados que se produjeron alrededor de los mismos obligaron a los militares aliados a enviar soldados provistos de rifles con bayoneta.

  Para paliar la hambruna, se enviaron 26.000 toneladas de trigo desde África y Oriente Medio, pero la delincuencia estaba a la orden del día en Nápoles. Los ladrones robaron los alimentos que llegaban al puerto y los precios aumentaron hasta cuadruplicarse en un mismo día. Los napolitanos, desnutridos, llegaron a padecer tifus. Para contener la epidemia de tifus, los aliados se vieron obligados a espolvorear a 1.300.000 personas con insecticida DDT.

  La llegada de los ejércitos aliados, compuestos por miles de soldados, renovó la vitalidad de la ciudad. Los restaurantes volvieron a estar abiertos, ofreciendo ternera a la milanesa, que en numerosas ocasiones resultaba ser carne de caballo. En aquellos restaurantes, muchos clientes italianos se sentaban a la mesa vistiendo abrigos hechos con mantas robadas a los ejércitos aliados.

  El material de los ejércitos aliados desaparecía rápidamente de los almacenes. El robo de neumáticos era un negocio especialmente suculento. Norman Lewis escribió en su diario que las tapas de las alcantarillas habían alcanzado cierto valor comercial, por lo que las carreteras estaban plagadas de agujeros.

  La miseria que reinaba en Nápoles fue terreno abonado para la prostitución. Muchas mujeres se vieron obligadas a prostituirse para poder comer. En la Piazza Garibaldi, los niños hacían de alcahuetes para las prostitutas.

  Tan extendida estaba la prostitución en Nápoles, que el cómico Tommy Trinder, que se encargaba de entretener a los soldados británicos en las zonas de retaguardia, protagonizó un peculiar incidente. Un proxeneta le abordó en el puerto y le ofreció “una chica bonita”. Trinder replicó que no quería una chica bonita, que quería al jefe del puerto. El italiano, extrañado, dirigiendo la vista el cielo respondió que era muy difícil, pero que lo intentaría.

  Según un informe redactado por los aliados en abril de 1944, de 150.000 mujeres en edad núbil, se calculaba que 42.000 se dedicaban a la prostitución. Precisamente, en un lugar de retaguardia como Nápoles, muchos de los soldados que regresaban de las batallas de Anzio y Montecassino, frecuentaban la compañía de las prostitutas. La prostitución terminó por provocar que las enfermedades venéreas se propagasen entre los más descuidados, como ocurrió en Navidad, cuando se desencadenó una epidemia de gonorrea.

  Precisamente el comportamiento de muchos soldados aliados no fue ejemplar, sino todo lo contrario. En los laboratorios de la Universidad de Nápoles destruyeron las jaulas de los animales, emplearon las conchas marinas a modo de candeleros y sustrajeron la colección de minerales. Algunos incluso se pasearon en sus vehículos con tucanes, loros, águilas y avestruces disecadas. 

  Los soldados provocaban altercados, se peleaban con los proxenetas y también terminaban uniéndose al mercado negro, pues eran muchos los que vendían equipo militar en Nápoles para hacer su agosto. Tan peligrosa era Nápoles que un paracaidista llegó a afirmar que «no era seguro ir a la ciudad sin una pistola».

  Al tifus, la delincuencia y la miseria que abundaban en Nápoles se sumó una catástrofe natural: la erupción del Vesubio. El 18 de marzo de 1944 un mar de lava anaranjada brotó del volcán y se deslizó por las laderas. La lava engulló las primeras casas en San Sebastiano. Los italianos recurrieron a la religión, encomendándose a San Gennaro, patrón de Nápoles. La población enarbolaba estandartes religiosos mientras la lava avanzaba y los campesinos lloraban al ver sus tierras arrasadas por el fuego líquido.


Erupción del Vesubio en el año 1944

  La virulencia de la erupción fue tal que el 21 de marzo, mientras los soldados disfrutaban en un cine de la proyección del musical Sing as we go, sintieron una brusca sacudida. El pánico cundió y los hombres se agolparon en las puertas del cine. 

  Se registraron veintiséis muertes por las erupciones del Vesubio, parte de ellas causadas por el peso de la ceniza que se acumuló sobre los tejados. Los ferrocarriles quedaron bloqueados durante varios días y la lluvia de ceniza y lava destruyó ocho bombarderos B-25 en el aeródromo de Pompeya. 

  El transporte militar también se vio afectado. La ceniza, mezclándose con la lluvia, terminó por conformar un lodo abrasivo que averió los tambores de los frenos. La falta de repuestos causó graves restricciones en el transporte de los ejércitos aliados. 

  La miseria, la guerra, la delincuencia e incluso las catástrofes naturales se habían cebado con Nápoles.






David López Cabia, escritor de novela bélica y redactor de artículos bélicos y economía. Para saber más:



O en Caosfera:










viernes, 2 de marzo de 2018

Dave made a maze







Título original: Dave Made a Maze

Nacionalidad: USA | Año: 2017

Director: Bill Watterson

Guion: Bill Watterson

Intérpretes: Meera Rohit Kumbhani, Nick Thune, Adam Busch



¡Qué experimento tan extraño! Hacía meses que no veía nada que pudiera catalogar como raro de cojones, y Dave Made a Maze ha venido para solucionarlo. La película trata sobre un amargado treintañero en crisis, aquejado por el paro y la falta de eso que denominan "autorrealización personal". Algo de lo más importante, porque sin estabilidad personal somos presa fácil de la depresión, y de ella, amigos míos, cuesta mucho escapar. La meta del protagonista es precisamente esta, hacer algo de lo que sentirse orgulloso. Pero su reto más inmediato es solucionar el lamentable estado psicológico en el que se encuentra, y para ello construye un laberinto que representa su atormentado mundo interior.


  La paradoja es tremenda, pues esta es la historia de un hombre que se pierde en su propio laberinto. Subrayo: ¡en su propio laberinto! En Dave made a maze Hay muchísima simbología subrepticia que habla de conceptos tan interesantes como la pérdida de identidad social, la baja autoestima, el asesinato o el suicidio. Cuando los amigos de Dave organizan una partida de búsqueda y rescate para salvarle de sí mismo, lo que encuentran es un laberinto lleno de trampas mortales y seres vivos con muy mala uva. Estos homúnculos planean matar a Dave, y hacen aún más urgente la misión de sus amigos. Al igual que en el mito cretense, reconoceremos la figura del minotauro. ¿Por qué Dédalo construyó el laberinto? ¿Por qué Dave construye el laberinto? Finalmente, comprendemos, el minotaruo se erige como la parte autodestructiva de Dave. Pero Dave, no es sólo culpable de dar forma al monstruo que desea destruirle, también lo es de no haber terminado de construir su propio laberinto, del mismo modo que no terminó nada de lo que empezó a lo largo de su vida. Cada pasadizo, es parte de la personalidad de Dave, creado para restañar una a una sus heridas mentales.



  Dave made a maze es mucho más de lo que crees que es. Una historia grande solventada con escasos medios, una analogía visual importante, creada para alguien que desee ver algo diferente y que no tenga prejuicios con montajes cutres. Cuenta también con una gran cantidad de ideas: artísticas, vergonzosas, originales, estúpidas y geniales. Y momentos, algunos para reír, otros llenos de tensión, otros para llorar, y otros que encogerán vuestro corazón. Es una historia que, pese al ritmo desastroso que gasta y la saturación visual que produce con tanto cartón y papel, merece ser vista al menos una vez. Yo no sé si tendré los santos huevos de repetir, pero sí los tengo para recomendarla. Y si no os gusta, aquí os espero.





A favor:
-Su tremenda originalidad. Es una obra de arte. 
-Los actores son geniales, ninguno tiene desperdicio. La pareja protagonista pese a su carácter de comediantes mantienen un dramatismo bien resuelto. 
-Sería igual de buena con mayor presupuesto. 


En contra: 

-Problemas importantes de ritmo en mitad del nudo. 
-Con menos minutos habríamos llegado a la misma conclusión y nos habríamos ahorrado mucho momento tontorrón que más que gracia, da vergüenza. 
-El final es estúpido y forzado, parece que se quedaron sin ideas para acabarla. 




7/10

Fdo: Redrum




viernes, 23 de febrero de 2018

El chocolate zombi





Estaba caminando por la calle cuando vi cómo caía un pequeño meteorito y se estrellaba contra el suelo. Al acercarme, el objeto asumió la forma de mi chocolate favorito, como si antes me hubiese leído el pensamiento. Tenía mucha hambre, por lo que no logré contener el impulso y me lo zampé de un bocado. ¡Qué chocolate tan rico! Pero entonces, lo DIABÓLICO hizo acto de presencia: perdí el control de mi cuerpo y empezó a dar sacudidas como si me hubiese vuelto loco; allá por donde iba, las chicas se volvían demoniacas y los hombres caían al suelo destrozados en mil añicos, y sus trozos se transformaban luego en pequeños zombis que devoraban todo tipo de insectos. ¿Qué podía hacer? Comprendí que el chocolate interestelar tenía las trazas de una reina seductora que encontraba su alimento en el alma humana, especialmente en la de hombres calentorros que no podían controlar su apetito. Todo cuanto podía hacer era… 




Fdo: Samir Karimo, escritor y traductor. Podéis leer a Samir en los siguientes enlaces:


viernes, 16 de febrero de 2018

Agares



©Imagen sujeta a derechos de autor




Esta semana Caosfera abre sus puertas a Milos de Azaola. Consigo trae el Lemegeton, Libro de los Espíritus o Clavícula de Salomón, en cuyas páginas iremos conociendo a los setenta y dos demonios sometidos por el antiguo rey, así como los sellos mágicos para invocarlos.


Agares es un duque del Infierno cuyo poder está en el Este. Se le considera un ángel caído, vinculado antiguamente al orden de las Virtudes (ángeles de la segunda jerarquía). Adopta la forma de un distinguido sabio, montado en un cocodrilo y portando un gavilán. Sorprendentemente, también puede adoptar la forma de una joven hermosa de piel delicada y cabello rubio, que nos hablará con la voz más suave que hayamos escuchado nunca. Puede proporcionar el don de dominar todas las lenguas pero, y aquí oculta el buen demonio su engaño, sólo para hablar de asuntos inmorales u ofensivos. También puede originar terremotos y reducir la talla de hombres importantes a su mínima expresión cuando se le piden tales cosas. Este ser malhablado comanda treinta y un demonios, pero se basta solo para afrontar sus infames campañas, que suele librar siempre con descripciones y expresiones aberrantes, hábilmente disfrazadas de buena palabra. 



   —Maestro Agares, gracias por enseñarme a hablar el francés como un puto puerco.

    —Tu querer es poder. Querías hablar como Paul Marie Verlaine y ya puedes dirigirte a "su alma pura y buena" como ella merece. 




viernes, 9 de febrero de 2018

Super Dark Times






Título original: Super Dark Times

Nacionalidad: USA - 2017

Director: Kevin Phillips

Guión: Ben Collins, Luke Piotrowski

Intérpretes: Owen Campbell, Charlie Tahan, Elizabeth Cappuccino


Los límites son difíciles de definir. ¿Cuándo se es adulto o cuándo se es un niño? La adolescencia es justo la última etapa antes de la vida adulta. En ella se es demasiado mayor para jugar pero también demasiado joven para ser totalmente libre. Es una etapa en la que predominan los riesgos, no por un exceso de curiosidad, tal y como le sucede al preescolar, sino derivados de esa extraña (y ridícula) sensación de inmortalidad que nos acompaña en este periodo de la vida. Cuando somos adolescentes pensamos que lo improbable es eso que le sucede a los demás y enfrentamos los peligros del mundo desde un falso escaparate de cristal de azúcar.
  




  Super Dark Times habla de esto. A día de hoy, me sigo preguntando en qué pensaba Phillips cuando rodaba Super Dark Times. Quiero decir que tanto la historia como la fotografía son las propias de una película de terror. El uso de pesadillas, de continuos elementos surrealistas —especial mención merece el guiño al Antichrist de Von Trier en el pack (filme del que somos todos muy fans en Caosfera)—, abundan en el género, pero luego juega con la confusión, sacando a escena un drama teen plagado de detalles realistas que rompen con la estrategia inicial. Y después, cuando parece otra película, asistimos a un nuevo giro que nos devuelve al principio. Super Dark Times navega en un mar inestable, en el que nada es lo que parece por mucho tiempo. No estamos ante una película complaciente; lo fácil habría sido meterse en la piel de Josh, interpretado por Charlie Tahan, y contar cómo sucedió todo en una escalada lineal que nos habría conducido al esperado final. Y no habría estado mal, pero ni habría impactado, ni habría suscitado el interés suficiente que justifique el rato que he dedicado a escribir esta reseña. La perspectiva del personaje conocido como Zach es el verdadero timón de la película. Son los ojos de un personaje vibrante, muy bien interpretado por Owen Campbell; profundo, inocente, marchito en la sima de un mundo que le viene grande.




  Un segundo visionado más pausado de la película puso de relieve ciertos detalles que enriquecen la obra, como ese bucle intencionado (¡ATENCIÓN SPOILER!) con el que el director abre y cierra la historia centrado en el personaje interpretado por Elizabeth Capuccino, que es testigo de excepción de la brutalidad —justificada, misericorde…— que sufre un pobre ciervo herido de muerte al principio de la película, así como del trágico y no menos brutal final que ese mismo universo tiene reservado a sus amigos. El modo en que afrontará la trágica resolución, soltándose el pelo de la coleta con aire resuelto, sólo puede significar una cosa: que la vida, pese a la muerte, debe continuar (FIN DE SPOILER).



  Super Dark Times es una gran película y la recomiendo encarecidamente por el impacto que ha tenido en mí. Fue la primera vez a lo largo del pasado 2017 que usé esta palabra, impacto, para referirme a una película. Dejad de perder el tiempo y poneos a ver esta maldita joya ¡ya! 



A favor:
-Hace mucho tiempo que una película no me pone en tensión como lo ha hecho esta. 
-Atmósfera lúgubre, oscura, acorde con la historia. 
-Actores magistrales: brillante la actuación de Campbell y brutales las caras de Charlie Tahan al final. 
-Hay imágenes que se os grabaran en la retina y el título de esa imagen, no se os olvidará: SUPER DARK TIMES. 



En contra:

-Me hubiera gustado ver mucho más movimiento con ese sable. 






8,5/10

Fdo: Redrum





viernes, 2 de febrero de 2018

Jack Ketchum, el genio de la contracultura literaria





Con motivo del reciente fallecimiento del escritor Jack Ketchum Caosfera publica un breve homenaje a cargo de nuestro querido Vincen Hamett, consumidor de Saplatterpunk y de cualquier cosa que esté bien escrita, como es el caso del maestro de Nueva Jersey.



El 24 de enero recibimos la triste noticia del fallecimiento del escritor Dallas Mayr (nombre real de Jack Ketchum). La muerte le sorprendió a sus setenta y un años en los Estados Unidos de Norteamérica, nación que lo vio nacer, crecer, enseñar y colaborar. Desde aquí queremos rendir homenaje y enviarle nuestro pésame a toda su familia. Y la mejor forma de hacerlo ―o la única que sabemos― es expandiendo y fomentando su obra. 

  Hablar de Jack Ketchum (y pienso seguir utilizando el presente a pesar de que desde el 24 de enero su vida pasase a ser pretérito) es hablar de uno de los más controvertidos novelistas de todos los tiempos, además de ser uno de los autores más apreciados por nosotros, enfermos del splatterpunk y el gore.

  Su literatura es una de las más dificiles de asimilar, por su marcada violencia y un afán constante de explorar las facetas más oscuras del ser humano y los mecanismos de la injusticia social.

  El ejemplo más representativo es su libro The girl next door (La chica de al lado) de 1989, inspirado en la tortura y asesinato de Sylvia Likens. Se trata de una obra muy dura, plagada de momentos que pondrán a prueba la resistencia del lector por su crudeza y la malsana amoralidad que desprenden muchos de sus pasajes. He de decir que a mí me costó acabarla, supongo que debido a que empaticé mucho con las dos protagonistas, la adolescente Meg y su hermana tullida Susan. También porque al estar basada en hechos reales, las violaciones y vejaciones descritas en la obra, perpetradas al principio por una familia de acogida, y más tarde por el barrio entero, cobran una dimensión difícil de manejar para cualquier individuo medianamente sano. ¿Cómo es posible que este tipo de cosas ocurran de verdad? ¿En qué pensaban estas personas -idénticas a cualquiera de vuestros vecinos- cuando cometieron semejantes aberraciones con un semejante? Es un misterio que ni los mismos investigadores de la época consiguieron resolver.

  Llegados hasta aquí, queda claro que Jack Ketchum es de esos escritores que te cogen por el cuello para golpearte luego con su historia. No quiero hacer aquí una apología ostentosa del splatterpunk, pero quiero matizar ciertos detalles que me llaman mucho la atención de la trayectoria de Ketchum, y que lo señalan como un escritor distinto, inteligente y especial.

  Desde su infancia fue un apasionado de los cómics y de los libros de terror. Se graduó en la escuela de Livingston en 1964. En su adolescencia se hizo amigo del escritor Robert Bloch, autor de Psicosis, que se convirtió en su mentor. Antes de publicar su primera novela trabajó como actor, comerciante y maestro, incluso llegó a ser el representante literario de Henry Miller, el célebre autor de la novela Trópico de Cáncer.

  Su ópera prima, Off Season (Al acecho-1980), fue condenada por la prestigiosa revista The Village Voice, acusada de difundir pornografía violenta, a pesar de que la obra se publicó bajo una versión censurada. Sin embargo, Stephen King se desvivió en elogios hacia su compañero de letras, convirtiéndose en uno de sus máximos defensores y, con el tiempo, en uno de sus mejores amigos.

  A día de hoy, la edición revisada y sin censurar de Off Season, es uno de los pilares fundamentales en los que se apoyan los escritores splatterpunk. Sobre todo porque es una obra que dignificó el género y lo elevó a otro nivel. Cuando hablo de literatura con la gente, siempre les digo que pagaría por ver una versión cinematográfica de Off Season, realizada por alguna productora francesa sin miedo a la censura. Quizá bajo la batuta del director Xavier Gens «Frontière(s)», Pascal Laugier «Martyrs», o Julien Maury y Alexandre Bustillo «À l'intérieur», o incluso ―por qué no― el mismísimo Gaspar Noé «Irréversible». Sería algo memorable de ver en la gran pantalla. 

  Jack Ketchum incluso se atrevió con literatura sobre el viejo Oeste, regalándonos The Crossings (Al otro lado del río), una novela corta donde narra las peripecias de una chica mexicana, que quiere rescatar a su hermana y vengarse de sus captores. Es una historia al más clásico estilo del wéstern de los años dorados del pulp, aderezado con elementos y recursos del horror moderno. The Crossings, en opinión de Stephen King (ya es la segunda vez que lo nombro), es el mejor libro de su carrera: «Ketchum se ha convertido en una especie de héroe para todos aquellos que escribimos relatos de terror y suspense. Es sencillamente uno de los mejores del género».

  Ketchum es de los pocos escritores que no tiene una mala novela, son todas muy disfrutables (mejoran con la relectura), y si te gusta el gore te van a fascinar. Aunque seguramente os estaréis preguntando por qué cito solo tres títulos. ¿Qué pasa con el resto de obras? ¿Ha escrito Jack Ketchum más libros? Por supuesto, y como acabo de decir, toda su bibliografía es y será siempre una fuente de inspiración, pero por desgracia muchos de sus títulos están sin traducir al castellano.

  ¿Quién sabe?, puede que algún día, nuestra suerte cambie y podamos volver a leer otra novela suya en español. Hasta que eso ocurra, seguiremos imaginando a un Jack Ketchum transgresor asomado a cualquiera de sus macabras historias. ¡Adiós amigo! Serás siempre nuestro motor estés donde estés. Te queremos.


viernes, 26 de enero de 2018

Operación Gunnerside





  
  El célebre Albert Einstein advirtió al gobierno de los Estados Unidos sobre la posibilidad de que la Alemania nazi lograse fabricar su propia bomba atómica. Para ello, los estadounidenses se pusieron manos a la obra e iniciaron el llamado Proyecto Manhattan, que estuvo bajo la dirección del físico Robert Julius Oppenheimer.

  Pero los aliados no solo trabajaron para tener su bomba atómica antes que los alemanes. También planificaron una serie de trabas que permitirían retrasar los progresos de los alemanes.

  Los servicios secretos británicos estaban al tanto de los esfuerzos alemanes en su proyecto atómico. Corría el año 1942, en la Noruega ocupada, los alemanes estaban incrementando la producción de agua pesada. Todo ello atrajo la atención de los británicos hacia la fábrica de agua pesada en Vermork, situada en la región de Telemark. Dicha instalación había sido inaugurada por la compañía Norsk Hydro en 1934. Con la invasión alemana de Noruega en 1940, la planta terminó cayendo en poder de las fuerzas germanas.

  El agua pesada es un elemento fundamental en la elaboración de una bomba atómica, pues permite moderar los procesos de fisión nuclear. De ahí que la fábrica de agua pesada atrajese la atención de los británicos. Así pues, los británicos eran conscientes del peligro que representaba la posibilidad de un arma atómica en manos de los nazis, por lo que se pusieron manos a la obra para sabotear los esfuerzos alemanes.

  Inicialmente, el primer ministro británico Winston Churchill propuso un bombardeo aéreo sobre la fábrica de Vermork. Sin embargo, la resistencia noruega advirtió de los peligros que entrañaba un ataque de los aviones de la Royal Air Force. Existía la posibilidad de que las bombas no alcanzasen su objetivo y terminaran diezmando la cercana población de Riukan. El gobierno noruego en el exilio salió en defensa de sus compatriotas y logró que los británicos descartasen la opción del bombardeo.

  Rechazada la propuesta de un ataque aéreo, se decidió enviar un grupo de comandos para destruir las instalaciones de Vermork. Para semejante cometido, los británicos dispondrían de la ayuda de Einar Skinnarland, que había trabajado para la compañía Norsk Hydro. Skinnard, saltó en paracaídas sobre la Noruega ocupada e informó de todo cuanto acontecía en Vermork. Las noticias que enviaba Skinnard a los británicos desataron todas las alarmas, pues avisaban de importantes cantidades de agua pesada preparadas para ser enviadas a Alemania.

  Los británicos reaccionaron y pusieron en marcha la Operación Grouse. El 19 de octubre de 1942, cuatro comandos noruegos saltaron en paracaídas sobre Noruega. Desafortunadamente, aterrizaron muy lejos de su objetivo, por lo que tras reunir todo el material con el que habían sido lanzados, se pusieron en marcha hacia Riukan, atravesando los gélidos glaciares y lagos. Después de tres semanas lograron alcanzar su objetivo. Sus órdenes eran preparar la llegada de un nuevo contingente de comandos británicos.

  El 17 de noviembre de 1942 despegaron de Escocia los bombarderos que debían remolcar a los planeadores. La meteorología adversa provocó que dos planeadores terminasen estrellándose. Los supervivientes de tan abruptos aterrizajes terminaron siendo capturados por los alemanes y fueron fusilados. La Operación Freshman había resultado ser un rotundo fracaso. Para mayor desgracia de los aliados, los alemanes se percataron de las intenciones británicas de destruir la planta de Vermork, por lo que reforzaron las defensas en torno a tan importante instalación.

  Londres se negó a tirar la toalla. Se planificó la Operación Gunnerside, un ataque de comandos a la fábrica de Vermork. Esta incursión sería llevada a cabo por comandos noruegos. Por fin, el 16 de febrero de 1943 seis noruegos, liderados por Knut Haukelid saltaron de un bombardero Halifax. Tras cuatro días de búsqueda, lograron reunirse con los cuatro noruegos que habían tomado tierra en octubre de 1942. Así pues, ya totalizaban diez hombres para el ataque a Vermork.


Saboteadores del ataque a Vermok.



  La fábrica de agua pesada estaba ubicada en una elevación de terreno rocoso, en un valle flanqueado por montañas. El acceso no iba a ser sencillo. Solo había dos formas de penetrar en las instalaciones. La primera era a través de un puente que salvaba una caída de doscientos metros, mientras que la segunda consistía en descender un barranco hasta llegar al río y después ascender la pared contraria hasta llegar a las vías del tren. 


  Finalmente, el 25 de febrero de 1943, los comandos noruegos abandonaron su guarida ataviados con uniformes blancos, y marchando sobre sus esquíes recorrieron una distancia de 70 kilómetros. Instalados en una cabaña abandonada próxima a Riukan, ultimaron los detalles del sabotaje. 

  La noche del 27 de febrero, tras descender un barranco, vadear el río y escalar un precipicio, alcanzaron la puerta de la fábrica. Valiéndose de una cizalla, lograron penetrar en las instalaciones de Vermork. Una vez en el interior de la fábrica, llegaron hasta la planta de electrólisis. Allí se toparon con un empleado que cooperó de manera entusiasta.

  Los comandos noruegos se encargaron de colocar los explosivos en las cámaras de electrólisis de agua pesada. Para evitar represalias entre la población civil, se decidió dejar un subfusil británico. De ese modo, los alemanes creerían que se trataba de una operación exclusivamente británica.

  Los explosivos estallaron. A continuación se desencadenó el estridente sonido de las alarmas y las tropas alemanas salieron en su búsqueda. Pero para entonces, los comandos noruegos habían huido hasta la vía del tren. Una vez llegaron a la vía férrea, descendieron la pared de piedra, vadearon el río, ascendieron la pared contraria y huyeron valiéndose de sus esquíes.




  
  El sabotaje de los comandos noruegos había sido un éxito, pero los teutones, rápidamente comenzaron con los trabajos de reparación. Seis meses después, las instalaciones volvían a estar operativas.

  Los alemanes, aprendiendo de sus errores, procedieron a reforzar la seguridad en Vermork, instalando obstáculos en las carreteras que llevaban a Riukan y colocando más minas en los campos próximos a la pequeña localidad. Para camuflar las tuberías de alimentación se plantaron árboles a su alrededor, de tal manera que dificultase la visibilidad de los aviones de la Royal Air Force.

  La reconstrucción de la fábrica de Vermork fue una mala noticia para los aliados, que se percataron de que una operación de comandos no era suficiente. Tenían que arrasar la fábrica. Para ello, Vermork debía ser bombardeada desde el aire. Así pues, el 16 de noviembre de 1943, las llamadas fortalezas volantes, los B-17, volaron hacia Noruega. Un total de 143 bombarderos despegaron para arrasar la planta de la Norsk Hydro. El bombardeo no fue muy preciso, pero las bombas que lograron impactar en el objetivo consiguieron destruir la fábrica de agua pesada.

  Los daños causados por las fortalezas volantes provocaron que los alemanes decidiesen dar por finalizada la producción de agua pesada y enviar a Alemania todas las reservas de tan codiciado elemento. Nada más y nada menos que 14 toneladas de agua pesada estaban preparadas para ser transportadas hasta Alemania. Winston Churchill, percatándose de la importancia de semejante cargamento, optó por su destrucción.

 El trayecto que debía seguir la valiosa mercancía presentaba una excelente oportunidad para los aliados. En el lago Tinn, no era posible transportar por ferrocarril los barriles de agua pesada, por lo que el cargamento debía ser transportado en un ferry. La opción de los aliados pasaba por volar el ferry, hundiéndolo con su preciada carga.

  El 20 de febrero de 1944, los saboteadores noruegos lograron colocar explosivos en el ferry. Las cargas estallaron en el transbordador SF Hydro y la embarcación se fue a pique con las existencias de agua pesada. Desgraciadamente, un total de catorce civiles fallecieron en este acto de sabotaje.


Transbordador SF Hydro

    El sabotaje al SF Hydro supuso el epílogo a la denominada “Batalla del Agua Pesada”, que concluyó con la victoria de los aliados, mientras que la Alemania nazi no pudo conseguir su propia bomba atómica.


David López Cabia, escritor de novela bélica y redactor de artículos bélicos y economía. Para saber más:


o en Caosfera:




BIBLIOGRAFÍA:

-Raids y comandos, Pere Romanillos, Editorial Robinbook 

-Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández, Editorial Nowtilus

-Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial, Manuel J. Prieto, Editorial La esfera de los libros