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sábado, 25 de diciembre de 2021

Mi princesa

 




¡Han llegado por fin las navidades! Esas épocas mágicas, familiares, y, sobre todo, esas épocas tan disfrutables para los más pequeños de la casa. Y precisamente para ellos es que va dedicada esta entrada. Hace ya algún tiempo, no sé si lo recordaréis, os traje un cuento de cosecha propia que escribí con motivo de la invitación de Toni López a su espacio radiofónico, espacio que hoy día se ha convertido también en mi casa. La princesa y el demonio, que así se llamaba el cuento en cuestión, es una historia con una envoltura infantil pero aderezada con tintes muy oscuros. Hace ya unos meses tuve que desarrollar un proyecto de cuento motor, y con esa escusa hice una nueva versión de este relato, mucho más infantil y con instrucciones para que pudiera ser interpretado por los pequeños. Hoy os traigo aquí esta versión, por si os apetece llevar a cabo este divertido juego con vuestros hijos, leerlo o, simplemente, escucharlo en la maravillosa voz de Toni López (al final del texto os he dejado el enlace de escucha). Espero que disfrutéis de esta pequeña creación y, sobre todo, deseo de corazón que tengáis unas cálidas fiestas familiares. Con todo mi cariño. 





Era como un bello y exótico pajarito. Un pajarito encarcelado en una jaula de oro llena de caprichos y maravillas procedentes de todas partes del mundo. La hermosa princesita lloraba sabiéndose esclava, sintiéndose sola. (Aquí el educador o educadora pregunta: ¿cómo lloraba la princesita? Y los niños deben imitar el llanto)

 Los amaneceres le regalaban la luz de un sol radiante y cálido que proyectaba sus rayos a través de la ventana de piedra. Cada vez que abría los ojos contemplaba la belleza de su cuarto. Lo primero que veía era el hermoso tocador donde, día a día, peinaba su abundante melena (aquí se pregunta: ¿cómo se peinaba la princesita? Y los niños imitan la acción de peinar). En la mesita reposaban horquillas doradas, un peine de cristal con forma cuadrada y un montón de collares de plata y otras joyas preciosas. Lo primero que hacía al despertar era vestirse con un precioso vestido de seda y tratar de abandonar la tristeza cantando una hermosa canción. (Aquí: ¿cómo cantaba la princesita?: y los niños tararearán).

  No recordaba cuánto tiempo llevaba encerrada en aquel torreón, solo sabía que cada vez que miraba por la ventana el alma le dolía al comprobar la terrible distancia que la separaba de la verde hierba. Le gustaba escuchar el canto de los pajaritos (¿Cómo cantaban los pajaritos? Y los niños imitan el canto de los pajaritos).

  Muchos fueron los príncipes que acudieron con intención de rescatarla, pero la suerte de todos ellos era la misma: ¡una terrible y feroz bestia alada abría sus tremebundas fauces y se los tragaba enteritos! (¿Cómo rugía la bestia? Los niños imitan el rugido).

  ¿Qué era esa terrible criatura que la privaba de libertad?

  Tuvo que esperar mucho pero, un día, por fin comprendió los planes que les tenía reservado el destino. Una luna llena de color fuego se recortaba en el cielo oscuro. La noche estaba iluminada por millones de estrellas que parecían brillantes y lejanas luciérnagas. Los grillos cantaban con insistencia: “Cri, cri, cri”. (¿Cómo cantaban los grillos? Los niños deben imitar el sonido). Se asustó y notó cómo se le aceleraba el corazón. Escuchó un ruido fuerte y lejano, como el sonido de unos tambores: “Pum, pum, pum”. (¿Cómo era el ruido? Los niños deben imitar el sonido de los tambores) seguido de un coro de cantarinas voces (Los niños deben emitir cánticos).

  Corrió hacia la ventana con el rostro lleno de lágrimas. La visión que tuvo fue hermosa: los planetas se alineaban en círculo, formando una curiosa mezcla de colores. Las estrellas bailaban entre hermosos destellos.

  Una brisa cálida acarició su rostro. Contempló una enorme sombra recortada en la oscuridad. La sombra emitió un tremendo bramido. (Los niños emiten un bramido). Entonces la sombra dejó de ser sombra y se presentó ante ella una criatura enorme en cuyo lomo podían verse dos alas de gran tamaño. El ser le tomó la mano y, curiosamente, ella no tuvo miedo. Después la condujo en brazos hasta su tocador. Sus pasos hacían “pom, pom” (Los niños imitan el gesto de andar y hacen ruido con sus pies).

  La princesita se miró en el espejo; su rostro se había vuelto afilado y su piel era casi transparente. Descubrió el brillo de sus pupilas amarillentas y alargadas. A pesar de todo, se sentía hermosa. La criatura resopló en el oído de la niña (los niños imitan el sonido del soplido) y pudo escuchar su voz grave:

  —Sé libre. Ahora conoces la verdad que se esconde dentro de ti.

  Siguió el ritmo de los tambores: “Pom, pom, pom” (los niños imitan el sonido) y corrió hacia la luz. Sus alas se desplegaron: “¡Plaf!” (imitan el sonido de las alas y el gesto al desplegarlas) como dos gigantescas velas púrpuras y la convirtieron en una lejana estrella.


NIEVES.



VERSIÓN AUDIORELATO. VOZ: TONI LÓPEZ







viernes, 17 de septiembre de 2021

Silvina Ocampo o el terror más cotidiano

 



Son muchos los cuentos y novelas que he podido leer en los cuales la inquina, el dolor la envidia u otros sentimientos negativos han conducido a sus protagonistas a situaciones extremas e incluso terroríficas. Sin embargo, si existe un relato que refleja como pocos, un sentimiento irracional, sin duda es este Radamanthos, un excelente cuento corto de la escritora y poeta argentina Silvina Ocampo. La menor de las seis hermanas Ocampo, familia perteneciente a la aristocracia argentina, ha pasado por méritos propios a ser considerada como una de las grandes figuras de la literatura argentina, a pesar de que su figura fue injustamente relegada por la de su hermana, Victoria Ocampo, una también reconocida intelectual. Premio municipal de literatura en el año 1954 y nacional de poesía en el 62, destacó por una imaginación inigualable, mordaz y surrealista. Precisamente, si hay algo que la marcó profundamente fue el surrealismo, ya que antes de comenzar sus andanzas literarias, Silvina estudió dibujo en París donde conoció a dos de los principales precursores del movimiento surrealista: Fernand Léger y Giorgio de Chirico. Los temas más recurrentes a lo largo de su obra son la infancia, el autoconocimiento o la transformación de sus personajes en otros personajes o incluso en objetos. Tal ha sido la influencia de esta autora en el ámbito artístico que existen varias películas y telefilmes, la más reciente de 2017, titulada Los que aman odian, dirigida por Alejandro Maci.

  Tras haber repasado de forma necesaria la trayectoria y características de la obra de Silvina, me referiré a una obra que me encandila especialmente, Radamanthos, un relato donde lo absurdo e irracional toma forma en una resolución patética e inesperada. ¿Quién podría escribir cartas de amor para emponzoñar la memoria de una muerta? ¿Quién podría sentir envidia por una muerta o, mejor, por el recuerdo de una muerta? La protagonista, Virginia, podría ser perfectamente la propia narradora de esta historia, ya que el narrador o narradora cuenta con la presencia de este personaje en la mayor parte del relato. Es por eso que podemos pensar que se trata de un análisis interno de la propia Virginia. Tal vez, lo que más nos desvele los motivos de la insana relación entre la protagonista y la difunta es el propio título de la historia: Radamanthos, en alusión a Radamantis, hijo de Zeus y Europa y hermano de Minos y Sarpedón. 

  Radamantis fue Rey de Creta antes que Minos y llegó a ser un monarca querido y admirado. Es por eso que Minos lo expulsó, lleno de celos. Fue Virgilio quien habló por primera vez de Radamantis como juez de las sombras. La vengadora Tisífone sería la encarga de azotar a los culpados por este. En ambos casos advertimos un sentimiento de revancha, aunque no conocemos el motivo. Mediante expresiones como : Yo he sufrido tanto, soy pura, no me he suicidado y nadie vela por mí, lo vemos mucho más claro. Se trata de la historia de una rivalidad posiblemente de clases, ya que ciertos detalles revelan la posición social de Virginia y de la difunta, aunque sin duda existen otras rencillas abiertas de las que jamás tendremos conocimiento.

  Como podéis ver, el terror que encontraréis en los cuentos de Silvina no es un terror hacia lo desconocido, sino a todo lo que nos rodea. Sin duda, os recomendaría también que leyeseis La casa de azúcar, El mal, La red o la sorpresiva Los funámbulos.

  Si todavía no la conocéis, os dejo aquí en forma de audiorelato su cuento titulado Los funámbulos, en la voz de una servidora. Disfrutad.





viernes, 3 de septiembre de 2021

La verdadera historia de Jack el destripador

 




El pasado martes, 31 de agosto del año 2021, se cumplieron 133 años de uno los crímenes más tristemente célebres de la historia: el cruel homicidio de Mary Ann "Polly" Nichols, la primera víctima de Jack el destripador. La leyenda negra había dado comienzo, trasladándose, inevitablemente, muchos años después, a la ficción en forma de cómics, libros o peliculas. A día de hoy, los crímenes de este asesino siguen siendo un misterio, además de muy rentables. Se trata de un fenómeno sin precedentes, una cruel historia que hoy queremos rememorar en Caosfera con la ayuda, como no, de nuestro colaborador y gran experto: Gabriel Pombo. 

 En esta ocasión, os traemos un curioso relato titulado La verdadera historia de Jack el destripador, relato que podemos encontrar a su vez dentro de la novela más conocida de Gabriel: El animal más peligroso. Sin más dilación, aquí lo tenéis:


Aquel otoño de 1888 había sido espantoso para los habitantes de Londres. Y no porque la niebla y el frío resultasen más agobiantes que de costumbre, pues al mal clima los ciudadanos británicos estaban acostumbrados. Lo que llenaba de terror a la población inglesa consistía en unos sucesos mucho más macabros. No era para menos. Desde aquel mes de agosto los periódicos no paraban de informar que en los barrios bajos del este de la capital -sobre todo en el maltrecho distrito de Whitechapel- un maníaco venía asesinando a mujeres de vida alegre. Los crímenes tuvieron su inicio en la noche del 7 de agosto cuando Martha Tabran murió violentamente, tras recibir treinta y nueve puñaladas. A esa desdichada la acompañaron en fatídico destino Mary Ann Nichols, el 31 de agosto, Annie Chapman, el 8 de septiembre, Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, ambas durante la madrugada del 30 de ese mes y -después de una engañosa interrupción- la joven y bella Mary Jane Kelly el 9 de noviembre.

  Con cada nuevo homicidio el ejecutor se tornaba más feroz y más convencido de que nunca lo iban a detener. La espantosa lista de víctimas, lejos de concluir, proseguía agrandándose, y la policía británica -la famosa Scotland Yard- se mostraba impotente para capturar al sádico delincuente. Por si fuera poco, esa tarde se volvió inesperadamente sombría: una falla en el sistema de farolas a gas, que por entonces iluminaba a la Inglaterra gobernada por la reina Victoria, sumergió a los londinenses en la más tétrica de las penumbras.

  Ese atardecer, el asesino que la prensa bautizaba con el alias de "Jack el Destripador" estaba decidido a atacar de nuevo. Se vistió muy despacio con elegantes ropas oscuras: pantalón, camisa y saco negro, y corbatín de seda gris. Por último, tras echar encima de sus hombros una amplia capa, se cubrió la testa con su sombrero de copa favorito.

  Salió de su residencia con paso firme, casi presuroso, sin olvidar llevar consigo el maletín de cuero -similar al que usaban los médicos de esa época- en cuyo interior escondía un juego de cuchillos de recia empuñadura que, con mucho esmero, acababa de afilar. Una vez que avanzaba sobre las adoquinadas calles llamó su atención la cerrada oscuridad que inundaba todo a su alrededor, aunque aún faltaba bastante para que cayera la noche.

  —¡Maldito apagón! —, se dijo contrariado.

  Esperaba que la ausencia de luz no perjudicara el trabajo en las tabernas. Allí era donde solía ir a beber una copas, y desde las barras de esos antros escudriñaba a las prostitutas.

  Cuando las mujeres se marchaban con algún cliente, las acechaba sigilosamente y aguardaba que el ocasional compañero de aquellas se retirase. Instantes después, por sorpresa, sin darles tiempo a oponer la menor resistencia, se abalanzaba sobre ellas y les cercenaba la garganta.

 —Esta noche no va a ser la excepción —pensó, y una cruel sonrisa se dibujó en su rostro.

  Sin embargo, esta vez Jack, quien usualmente apenas bebía alcohol, precisaba un trago de whisky. No lo necesitaba a fin de infundirse coraje antes de matar, pues para él la vida humana nada significaba. Deseaba ingerir una generosa ración de licor antes de ponerse a conversar con un extraño al cual contarle las ideas que rondaban por su cabeza. Quería jactarse de sus tristes hazañas, y anunciar a otros las maldades que, en un futuro cercano, planeaba cometer.

 —Uno será muy asesino, pero es un ser humano al fin y al cabo —se dijo.

  La ocasión le venía de perillas porque no se veía nada a causa del apagón, por lo cual nadie lo iría a reconocer ni podría, por ende, denunciarlo. Llegaría a una taberna, pediría al cantinero que le sirviera un trago, y hallaría a algún parroquiano a quien hacer partícipe de sus confidencias y, de paso, pegar un gran susto.

  Caminó y caminó, hasta advertir unas luces muy tenues cuyo reflejo le permitió vislumbrar una entrada. Una taberna abierta y oscura, sin duda. Ingresó, y enseguida oyó el parloteo de varias personas dialogando. Voces masculinas todas ellas, ninguna voz femenina alcanzó a percibir.

 Tal cosa era normal porque a esa hora tan temprana las mujeres de vida alegre aún no comenzaban su labor. Sólo había hombres: marineros, oficinistas aburridos, y obreros que cansados de su jornada en las fábricas acudían a las cantinas para relajarse bebiendo licor.

Tropezó en medio de la penumbra con una silla sobre la cual se sentó, al tiempo que se quitaba su sombrero de copa.

 —¡Boby! —llamó con voz autoritaria.

 Cuando no conocía el nombre del tabernero nunca le fallaba requerir ser atendido por algún empleado que se llamara Boby, dado que el diminutivo de Robert era muy común en la Inglaterra victoriana.

 No fue diferente esta vez, y de inmediato escuchó el rumor de unos pasos aproximarse.
—¿Qué se le ofrece mister?

—Pues que me sirvan una jarra de cerveza. ¡No! mejor sírveme un vaso de whisky. Escocés por supuesto. Esta noche tengo muchas ganas de hablar con alguien, y beberme un whisky será un buen comienzo.

 Hizo una pausa mientras procuraba distinguir entre las sombras las facciones de su interlocutor.

  —En realidad mister, no creo que aquí podamos ayudarlo. Si usted busca con quien hablar deberá dirigirse a otro sitio.

  Fue la fría respuesta.

  Jack hirvió en cólera. Era hombre de pocas pulgas al cual le disgustaba que lo contradijesen.

 —Claro que me servirás, cantinerito de cuarta —, rugió con mal humor. —Me traerás el trago que te ordeno, y me escucharás muy atento, te guste o no.

  Realizó un paréntesis a fin de dar más énfasis a sus amenazas.

  —¿Sabes con quién estás tratando mocito? Pues nada menos que con el tipo al cual todos llaman Jack el Destripador. No necesito aclararte porqué me apodan así. ¿No crees?

 Las rudas palabras del criminal parecieron surtir efecto. El sujeto anónimo pareció tragar saliva, y cambiando de tono le dijo respetuosamente:

 —Disculpe usted. Con esta tremenda oscuridad uno no puede saber con quien está tratando. Claro que haremos todo lo posible por servirlo.

  Repuso, y con un gesto rápido de su mano llamó a un compañero. Cuando unos pasos se aproximaron Jack oyó que el primero le decía al otro:

  —El señor es Jack el Destripador. Nos hace el honor de visitarnos. Ve a la trastienda en busca de una botella de scotch, de la máxima calidad.

 Más calmado, al comprobar que sus órdenes eran obedecidas, el delincuente prosiguió:

  —Bien muchacho, así está mejor... Bueno, como te decía, no sé porqué razón, pero mientras caminaba rumbo a esta taberna me vinieron una enormes ganas de hablar con alguien, con un desconocido. Y ahora que te has puesto amable creo que te elegiré a ti para hacerte algunas confesiones...

Jack pudo sentir que la respiración de su anónimo oyente se tornaba más pesada... 

  —Este pobre cantinerito debe estar muerto de miedo, ja, ja. 

  Pensó, y esa idea lo puso de ánimo alegre. Siempre resultaba bueno sentirse distendido en aquellas noches cuando se aprestaba a salir a "trabajar" provisto de sus filosos cuchillos. Consideraba cosa positiva la adrenalina que le corría al oír los gritos de sus víctimas, y mientras emprendía la huida por las estrechas callejuelas burlando a los estúpidos policías. No obstante, sabía que soportar mucho stress era malo para su salud.

  —Lo escucharé con toda la atención que usted se merece. 

 Respondió suavemente el otro.

 —Bien Bobby, te contaré porqué maté a la primera. A esa gorda fea, la cual,al día siguiente leyendo los periódicos, supe que se llamaba Martha Tabran. Yo estaba en la taberna "El Angel y La Corona" y me aprontaba para retirarme cuando la mujer iba saliendo del brazo con un guardia de la Torre de Londres. Un muchachito que, se veía a la legua, estaba gozando de su día franco, y al cual no se le ocurrió mejor idea que gastarse la paga con una apestosa como esa. ¿Sabes? La muy furcia estaba borracha, y al pasar me dio un pisotón. Sé que lo hizo sin querer. Pero, ¡por mil diablos! ¡cómo me dolió!, me apretó justo la uña encarnada. Bueno, claro que no decidí matarla sólo por eso. Pero la seguí hasta la calle para insultarla a ella y al mequetrefe que tenía por cliente, y al aproximarme logré verle bien la cara...y ahí fue que me vinieron unas ganas bárbaras de cortar su grueso pescuezo. ¿Quieres saber por qué?

 — No me puedo imaginar. Dígamelo Mister

 —Pues porque la cretina era idéntica a mi tía Etelvina. La muy zorra de mi tía que me hacía la vida imposible cuando yo era chico. La vieja hace años que está muerta. De niño siempre quise vengarme de ella, pero se murió antes de que yo llegase a ser adulto. Y ahora, al verle el rostro bajo la luz de aquella farola a gas a Martha Tabran, supe que mi tía se había reencarnado en ella. Esa fue la primera vez que lo hice. Treinta y nueve tajos le pegué. Tuve que darle tantos para liquidarla porque el puñal lo llevaba desafilado.
Después de esa vez siempre voy preparado y llevo al menos un par de cuchillos bien afiladitos, ja, ja.

  —Y a las demás mujeres: ¿También las asesinó porque se parecían a su tía?

  —No te hagas el chistoso Bobby Las maté porque le agarré el gustito a la sangre, ja,ja. Además, con lo idiota que es nuestra policía de seguro nunca me van a atrapar,

  —No tengo el gusto de compartir su mala opinión sobre la policía de Londres.

  —¿Y tú que sabes de eso infeliz?

  Como ya hemos dicho al criminal no le agradaba que lo contradijeran.

  —Aquí en Inglaterra todos los policías son idiotas, ¿me oyes? Y dicho sea de paso: ¿para cuándo el whisky?

  —Disculpe Mister, mi compañero demora porque fue hasta la bodega a buscar un whisky acorde a la calidad de un distinguido visitante como usted.

  —Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganas por beber un buen trago. Como te venía contando, una vez que uno le agarra la mano a esto de cortar cuellos y destripar ya no se puede parar.

  Hizo una interrupción teatral para asustar a su interlocutor, y remató:

  —Y esta noche, cuando salga de esta taberna, pienso despachar a un par de prostitutas más, por lo menos.

  Se quedó aguardando el efecto que surtían sus amenazas. 

  —El tipo a esta altura debe haberse hecho encima de los pantalones , ja,ja.

 Supuso, mientras saboreaba la agradable sensación de causar miedo. Sin embargo, un nuevo comentario de "Boby" volvió a sacarlo de sus casillas.

  —Como ya le dije, pienso que la policía de acá no es tan tonta como usted cree. Es más, me parece que su carrera criminal ha terminado, y que ya no podrá asesinar a ninguna mujer más.

  Le retrucó con inesperada serenidad el otro.

  —Claro que seguiré despanzurrando prostitutas a diestra y siniestra. ¡No dejaré de matarlas hasta que me harte!

  Bramó el homicida múltiple.

  —¿Quién se piensa este desgraciado que es? —se dijo—. Como me siga llevando la contraria abriré mi maletín, tomaré uno de mis cuchillos y le rebanaré el cuello. Lástima que no puedo verlo con esta maldita oscuridad...

  Pero antes de que pudiera ejecutar movimiento alguno escuchó a su oponente repetir:

  —Le aseguro que su carrera criminal ha terminado y que ya no volverá a lastimar a nadie más.

  El timbre del otro sonaba curiosamente muy seguro.Tanta rabia le provocó esa afirmación y el tono con que la misma fue dicha que, por instinto, Jack adelantó sus manos con ambos puños crispados amenazando hacia las sombras, hacia donde provenía la voz de aquel impertinente fastidioso.

  —¿Cómo te atreves a decirme que ya no podré volver a matar a quien a mí se me antoje?

  Rugió totalmente fuera de sí el Destripador.

 —Porque usted no se encuentra dentro de una taberna. ¡Estas son las oficinas de la jefatura de policía de Scotland Yard!

  Le espetó secamente el agente, al tiempo que cerraba un par de esposas en torno a las muñecas del atónito asesino en serie.


 Si sois más de audiorelatos, aquí tenéis la versión narrada de esta historia por parte del equipo de Lux Ferre Audios:




 También podéis escuchar los especiales de Martes de terror, con los relatos de Robert Bloch: Atentamente Jack el destripador, y Un juguete para Juliette, amén de la intervención de Gabriel Pombo:







OTROS ENLACES DE INTERÉS






viernes, 13 de agosto de 2021

Crónicas marcianas, o crónicas de una humanidad imperfecta







Con la llegada del verano, las vacaciones de los colaboradores y un sinfín de pormenores más, me veo obligada a desarrollar más contenido propio y rescatar antiguos textos del cajón. Lo importante es no parar. hace algún tiempo, os preparé un especial sobre el gran autor Ray Bradbury para el programa Informe Enigma, y hoy publico aquí una revisión del contenido que desarollé para este especial. No os perdáis el enlace del final, si sois fans del formato audiorelato. 



Crónicas marcianas es una antología publicada en el año 1950 y considerada uno de los mejores libros del autor. El común denominador de todas estas historias es el mismo: La conquista de Marte por parte de los humanos.

  El primer relato que la compone se titula El verano del cohete que, a su vez, pertenece al apartado titulado Las cuatro expediciones. La primera vez que El verano del cohete vio la luz fue en el año 1947 en la revista Planet Stories. Se trata, como veis, de la poética historia de un invierno que se convierte en verano debido a la temperatura extrema que emite el cohete al despegar. El cuento actúa como prólogo para el resto de historias que están por llegar, como, por ejemplo, Ylla, una de las que más me apasionan, publicada por vez primera en el año 1950 en Maclean´s. Ylla, es la historia de una marciana que sueña con la llegada de la primera expedición al planeta. Su celoso marido tramará una venganza ciertamente esperada por los lectores, venganza que hundirá a nuestra protagonista.

  A continuación analizaré la estructura de la obra y los temas que subyacen de fondo, más allá de su tono de ciencia ficción. Tras el primer capítulo dedicado a las cuatro expediciones, podemos disfrutar del apartado: Humanos en Marte, compuesto por 13 relatos, que comienza con la llegada de los primeros Colonos a Marte. En este apartado podemos encontrar una crítica más que notable y ácida a la colonización y el racismo. 

  La última parte, titulada La guerra, nos muestra la destrucción del planeta tierra por causa de un terrible conflicto nuclear. Cuando los humanos viajan de nuevo a la Tierra para ver por última vez a sus familiares y amigos, Marte se queda completamente desolado. En esta parte queda evidenciada el ansia destructiva del hombre, su despreocupación y su nulo respeto por todo lo que le rodea. Aunque la primera edición contaba solo con estos tres apartados, en el año 2005 Hill house publicó una nueva edición con un último apartado titulado Nuevas Crónicas Marcianas, en la cual se incluían varias historias inéditas. Según dijo el biógrafo oficial de Bradbury, Sam Wellers, existen cuatro capítulos más del libro que todavía no se han publicado.

  Suponemos que desengañado por a condición humana, Bradbury quiso presentar con pesimismo, la expansión del ser humano por el universo y las fatales consecuencias de su espíritu destructor. A decir verdad, conceptos no muy alejados de nuestra problemática actual, aunque sí plasmados por la elegancia derivada de la pasión del autor por Las uvas de la ira de Steinbeck.

   A continuación os dejo aquí el enlace de escucha del programa número 44 de Martes de terror, donde pueden escucharse los relatos El verano del cohete, como os dije al inicio, la primera historia que compone esta antología, e Ylla. ¡Disfrutad!







viernes, 15 de enero de 2021

La princesa y el demonio




 


Hoy os quiero presentar un cuento oscuro, un relato de mi autoría que escribí en el año 2018 expresamente para la voz de Toni López. Espero que disfrutéis de esta fantasía con un ligero toque tenebroso e infantil que, como os digo, podéis escuchar en la voz de Toni López. Os dejo también el enlace al final del post ;)



Era como un bello y exótico pajarito. Un pajarito encarcelado en una jaula de oro llena de caprichos y maravillas procedentes de todas partes del mundo. Puede que existan quienes piensen que una condena semejante bien podría ser el paraíso, pero para ella tenía el significado estricto de la palabra. El sabor amargo de sus lágrimas la transportaba a lugares en los que el cielo lloraba lágrimas de sangre. 

  Los amaneceres, prístinos, le regalaban el fulgor que un sol radiante y cálido proyectaba a través de la pétrea ventana. Cada vez que abría los ojos contemplaba desesperada la belleza de aquella estancia ordenada y llena de hermosas pertenencias. Lo primero que veía era el hermoso y barroco mueble, lleno de cajoneras y ribetes dorados, donde guardaba sus secretos de belleza. En la parte superior, un enorme espejo ovalado con los bordes bañados en plata y un coro de angelitos tallado alrededor le servía para acicalarse. En la encimera reposaban horquillas doradas, un peine de cristal con forma cuadrada y varios frascos de cerámica, dentro de los cuales guardaba collares de plata y otras joyas preciosas. El ritual que realizaba cada mañana, nada más despertar, era siempre el mismo: se levantaba de la cama, cubierta por un dosel de madera labrada del que colgaba una cortina sedosa y transparente. Al lado de su lugar de descanso, sobre un pequeño diván aterciopelado, solía encontrar cada día un lujoso vestido y un frasco de perfume con los que engalanaba y daba un olor seductor a su delicado cuerpecito. Después se sentaba en el tocador y acicalaba su bello rostro. 

  No recordaba cuánto tiempo llevaba encerrada en aquel Torreón, solo sabía que cada vez que miraba por la ventana el alma le dolía al comprobar la terrible distancia que la separaba de la verde hierba. No era capaz de recordar nada, por eso a menudo se preguntaba cuán terrible debía haber sido su falta para verse condenada a esa privación de libertad tan terrible e incierta. 

  Muchos fueron los príncipes que acudieron con intención de rescatarla, pero la suerte de todos ellos era la misma: una terrible y feroz bestia alada abría sus tremebundas fauces sobre las cabezas de los incautos, que morían decapitados y convertidos en irreconocibles amasijos de carne. 

  ¿Qué era esa terrible criatura que la privaba de libertad? No acertaba a comprender por qué aquel monstruo asesino no se había cebado en sus carnes. Cuando la más profunda desesperación se apoderaba de su frágil alma solo pensaba en terminar con su vida, pero nunca tenía el valor suficiente. Recordaba que una vez se sintió tan triste y cansada que, cegada por la agonía, asomó medio cuerpo por la ventana con la intención de arrojarse al vacío. Escuchó un feroz bramido y palideció, después sintió cómo una sombra se cernía sobre su cabeza y un tajante golpe la conducía al mundo de los sueños. Cuando despertó de la conmoción estaba tumbada sobre la sedosa colcha y todo seguía como siempre. Jamás volvió a cometer una locura semejante. 

  Pero ella no comprendía que los planes que le tenía reservado el destino sobrepasaban su imaginación. Aquellas noches fueron las últimas en las que lamentó su mundana existencia. Una luna llena de color fuego refulgía en aquel firmamento oscuro. La negrura de la noche estaba iluminada por millones de estrellas; brillantes y lejanas luciérnagas que iluminaban su dulce pena. El mundo le parecía hermoso a pesar de sentirse más inquieta. La tercera noche experimentó la más asombrosa de todas las sensaciones: se sentó en el tocador y comenzó a peinarse, entonces advirtió que sus pupilas estaban inusualmente dilatadas. Se asustó y notó cómo se le aceleraba el corazón. Un lejano aunque contundente ruido la puso en guardia. El sonido creció hasta convertirse en un ritmo acompasado y poderoso. Volvió a mirarse en el espejo y de su garganta brotó un grito desgarrador. El ritmo se había transformado en una melodía rápida y siniestra acompañada de un coro de voces ambiguo y siniestro. 

  Corrió hacia la ventana con el rostro lleno de lágrimas. La visión que tuvo fue hermosa y sobrecogedora a un mismo tiempo: los planetas se alineaban en círculo, formando una curiosa conjunción cromática. A su alrededor, las diminutas luciérnagas dibujaban diferentes figuras que danzaban y se contorsionaban con viveza. Contempló el espectáculo en silencio, impertérrita y fascinada. Parecía una bella estatua desprovista de emociones. 

  Los coros se convirtieron en un estruendo; sintió entonces una brisa cálida y comprendió que no estaba sola. Atemorizada, contempló la enorme sombra que, recortada en la oscuridad, la observaba con un brillo maligno en sus ojos. La criatura abandonó las tinieblas, mostrando su gran tamaño y su piel cartilaginosa. En el lomo tenía dos enormes alas huesudas surcadas por capilares. El engendro se arrodilló y le tomó la mano. Curiosamente, ella había dejado de sentir miedo. 

  El ser volvió a levantarse, la tomó en brazos y la condujo frente al tocador; ella volvió a contemplar su imagen, pero esta vez con orgullo: su rostro se había vuelto afilado y su piel casi transparente, el tegumento estaba trazado por un mapa de arterias y capilares. Las amarillentas y alargadas pupilas le ofrecían una percepción desconocida del mundo. A pesar de todo, se sentía hermosa. Una cálida vibración recorrió su anatomía cuando el aliento fétido de la criatura resopló en su oído y pudo escuchar aquella voz aberrante y, a la vez, gloriosa: 

  —Sé libre.. 

  Siguió el ritmo de los tambores ceremoniales y corrió hacia la luz. Sus alas se desplegaron como dos gigantescas velas púrpuras y la convirtieron en una lejana estrella.